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cultura - 106. página

Necesidad intelectual

Yo auguraría a los artistas y escritores argentinos una prosperidad mayor que la que les va a importar esta ley, si todos los argentinos supiesen leer y escribir; si todos tuvieran necesidad intelectual de poseer en su casa una pequeña biblioteca.
(Enrique Dickmann, en ocasión de su discurso parlamentario en la sanción de la ley 11.723 de Propiedad Intelectual, en 1933. Leído en derechoaleer.org)

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La película El Cosmonauta, un exitoso proyecto crowdfunding

El término crowdfunding hace referencia a la cooperación colectiva, atención y confianza de personas que colaboran y reúnen dinero, normalmente a través de Internet, para apoyar esfuerzos iniciados por otras personas u organizaciones.

“El Cosmonauta” es un largometraje producido por la española Riot Cinema Collective que plantea un nuevo modelo de financiación, producción y distribución, aprovechando en todas sus vertientes las herramientas de comunicación disponibles: Internet, redes sociales, comunidades y móviles.

Se habla de esta película como uno de los proyectos crowdfunding más exitosos de la historia, que hasta el momento consiguió el 57% del total del costo de la película, de la que ya concluyó la filmación para entrar en la etapa de posproducción.

La historia que se narra en “El Cosmonauta” comienza en 1967 con la llegada de Stas y Andrei, dos jóvenes amigos, a la recién construida Ciudad de la Estrellas, donde los primeros cosmonautas rusos se entrenan para ir al espacio, en una carrera contra reloj para batir a los americanos por la soberanía del espacio.

Los creadores del proyecto lo explican de este modo:

En definitiva, lo que buscamos es darle una vuelta a la manera en que hasta ahora se entendía el cine, marcado por los productores y distribuidores, para comenzar a entender el cine tal y como lo entiende el público, principal protagonista. Hemos buscado la manera de producir exactamente como queríamos hacerlo, con toda la libertad creativa posible, y de generar una serie de sinergias con nuestra audiencia mediante las cuales poder, antes que todo, escucharles, saber que quieren ver, cómo y cuando. Hemos buscado la forma de darles esos contenidos de la manera en que a nosotros nos habría gustado consumirlos. En darles la oportunidad de participar en aquellas cosas en las que a nosotros nos habría encantado. Y de animarles también a aportar su visión creativa sobre nuestras ideas. “El Cosmonauta” es un cambio de paradigma en la forma de entender como se financia, se produce y se distribuyen las películas. Un cambio en cómo se ven y se consumen. Un pequeño paso hacia un modelo mucho más creativo, más libre y completamente adaptado al espectador.

Se trata de una película de excelente factura, tal como lo demuestra el trailer oficial que vió la luz esta semana:

Sin lugar a dudas, se trata de toda una experiencia innovadora tanto por el tema que aborda como por la forma en que marca el rumbo de una manera novedosa de hacer cultura.

Más información en el sitio oficial de la película, en www.elcosmonauta.es

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Una ley luddita

El movimiento luddita fue un fenómeno breve -duró menos de dos años- pero de enormes implicacias, en los inicios de lo que tiempo después se dió en llamar la Revolución Industrial. La sustitución radical de antiguos valores y creencias por la idea de progreso a cualquier precio que traían aparejados los desarrollos tecnológicos llevó a estos grupos, integrados principalmente por obreros textiles desempleados y por ende, caídos en la miseria, a la destrucción de los nuevos telares automáticos. El término luddita se convirtió desde entonces en un símbolo de la oposición a los avances tecnológicos y al progreso.

Que la aparición de los celulares en la escuela necesita de un profundo debate no es una novedad. Un tema que tiene tantas y tan variadas aristas, requerirá para ese debate de la intervención de especialistas de muchas áreas para lograr conclusiones y decisiones lo más acertadas posibles. Cuestiones como la inseguridad, los riesgos -si los hubiera- para la salud, los nuevos hábitos que promueven, y aun el uso pedagógico de las nuevas tecnologías -incluído el celular, claro-, son temas pendientes de una discusión que aparece como cada vez más lejana, al menos en la provincia de Santa Fe.

Paso a explicar. Volvió en estos días a circular en las escuelas, no sin visos de coerción, el texto de la Ley 12686 de la provincia de Santa Fe, sancionada en diciembre del año 2006, que en su artículo 1ro. declara:

Prohíbese el uso de aparatos de telefonía celular o equipos similares, cualquiera sea su tecnología, por parte del personal docente, no docente y alumnos en los establecimientos escolares dependientes del Ministerio de Educación de la Provincia, durante los horarios de dictado de clases.

¿Por qué nos parece que esta es una ley ludditta? Porque prohíbe sin más, destruyendo al objeto tecnológico sin ninguna consideración previa ni posterior. Por favor, amigo lector, antes de emitir cualquier juicio sobre esta afirmación, piense en esto: no estamos hablando de un delito, sino de nuevos hábitos de comunicarnos utilizando un artilugio tecnológico que los generó.

Lo paradójico, por llamarlo de alguna manera, es que tiempo después de sancionada esta ley provincial participamos con alumnos de una escuela en el “Campamento Digital 2009″, organizado por el Gobierno de la provincia de Santa Fe -con un ejecutivo de signo diferente al que gobernaba en el momento de sancionarse la susodicha ley-, en el que entre todas las maravillosas experiencias con tecnologías que disfrutamos los presentes -yo mismo le reconocí un enorme valor en su momento- había una experiencia con… ¡celulares! Si, así como lo lee, amigo lector.

La experiencia consistía en entregarles celulares con cámara a los chicos -adolescentes del secundario- para que recorrieran el lugar tomando fotos de cosas y lugares que les llamaran la atención, para después bajarlas en una computadora, editarlas con un graficador y publicarlas en la web. Magnífica experiencia, pero que llevada a una escuela santafesina es ilegal.

Me sucedió un tiempo antes, compartiendo una red social con otros docentes de TIC, que me acerqué a una experiencia maravillosa con celulares de una docente de Plástica en una escuela de Buenos Aires. Una vez más, llevarla a cabo aquí hubiera sido imposible.

Finalmente, como para impedir que una horda de ludditas siglo 21 me destruya este post, quiero reiterar mi total acuerdo con que se deben analizar y discutir cuales son las dificultades y beneficios de estas nuevas tecnologías en la escuela. ¿Riesgo para la salud? Demos datos, analicemos. ¿Riesgos ante la inseguridad que produce temor en los padres? Debatamos, creemos redes confiables que nos permitan abordar esa problemática. ¿Distracción? Discutamos sobre las causas. Busquemos soluciones.

Pero claro: estas propuestas en las actuales condiciones, nos ponen al borde de la desobediencia civil por causa de una ley luddita, pergueñada sobre la base de la simple pero devastadora decisión de primero prohibir y después ver.

Algunas lecturas y referencias:
– Los luditas y la tecnología. Lecciones del pasado para la sociedad del presente.
– Texto de la Ley 12686.
– Nuestra crónica del Campamento Digital 2009.
– La experiencia de Plástica: Uso de celulares en el aula como recurso educativo.

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La PC cumple 30 años

Ayer, 12 de agosto, se cumplieron 30 años del lanzamiento de la primera PC (Personal Computer). Aquellas innovaciones que IBM introdujo en el artefacto en cuestión, tres décadas después van más allá de una cuestión tecnológica, hundiendo sus raíces en un cambio que es sin dudas cultural. Aunque claro, esté perdiendo hoy la batalla frente a la computación ubicua.

La IBM Personal Computer 5150 de 1981 costaba U$S 1.565. Esta fue tal vez la verdadera revolución, ya que sólo 20 años antes una computadora IBM podía cotizarse en millones de dólares, esto sin entrar en detalle de las condiciones, personal necesario y espacios requeridos para su instalación. Esta reducción dramática de costos, junto a los avances en términos de velocidad de procesamiento y facilidad de manejo, puso la computadora al alcance de todos.

Las invenciones de IBM crearon productos que sin dudas han transformado el modo en que vivimos y trabajamos: la computación corporativa (1950), el cajero automático y la lectora de código de barras (’70s), Bill Gates y Steve Jobs (si, también son un invento derivado de la IBM PC), el primer disco duro (1956), el disquete (1971), la memoria DRAM (1966), el lenguaje FORTRAN (1957) y el desarrollo de internet son parte de la fabulosa historia de la contribución de IBM a esta revolución tecnológica y cultural.

Lo que continúa en un cono de sombras es la vergonzante aplicación del modelo IBM Hollerith.

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El corto que entró al Guinness

Este corto de Lucas Figueroa ganó más de trescientos premios en todo el mundo, algunos muy prestigiosos, otros menos, pero todos importantes en la consideración del propio cineasta. Este record de reconocimientos hizo que este trabajo, titulado «Porque hay cosas que nunca se olvidan», ingresara en el libro Guinness de los Records como el cortometraje más premiado de la historia.

Creador de un film lleno de guiños y portador de un humor negrísimo, este realizador argentino radicado en Madrid recibió también nominaciones a los premios Oscar y Goya por su trabajo. Un tipo muy jóven que seguramente nos seguirá sorprendiendo en el futuro, embarcado como está ahora en proyectos de largometrajes.

PORQUE HAY COSAS QUE NUNCA SE OLVIDAN – SUBTITULOS EN ESPAÑOL from lucas figueroa on Vimeo.

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