Saltar al contenido

Cultura

Expresiones culturales diversas.

El uso de tecnología no exime de responsabilidad intelectual

En estos días alcancanzó notoriedad en las redes el caso de la publicación de un libro en formato papel sobre Derecho, escrito por profesionales del area, que incluye párrafos en los que se evidencia el uso de inteligencia artificial en la elaboración del texto.  Frases como «Si quieres te lo separo en párrafos…» o «Te gustaría profundizar en…», típicos en el uso de IA para la elaboración de textos, quedaron impresos en el papel y detonaron las redes con comentarios de lo más variados, algunos acusando y otros justificando a los autores una vez hecho público el caso.

El uso de distintas fuentes no es extraño, claro, en un trabajo de investigación. Para estos jóvenes abogados autores del texto, a la multitud de libros, artículos y otras medios de referencia existentes y a la mano, se les suma la que se ha convertido en la herramienta de consulta por excelencia en este primer cuarto de siglo, la Inteligencia Artificial. 

Pero intuímos que el problema de base no es haber dejado esos párrafos allí, sino la falla de varios de los actores que tomaron parte de la publicación. Es decir, la responsabilidad intelectual -o la falta de ella- más allá de la herramienta elegida para la tarea.

Primeramente, la lectura y relectura por parte de los autores mismos. Luego, el pase de manos a la Editorial, con sus editores y correctores. Sigue la prueba de galera, es decir la maqueta del texto para un último contro de calidad.

Toda esa cadena falló.

Luego, el o los prologuistas: ¿escribieron sobre lo que no leyeron? ¿también pasaron por alto la referencia de la IA?

Este caso, que no es el único, es usado por algunos comentaristas y críticos, ya sea adrede o involuntariamente, para confundir más aun al observador desprevenido con opiniones que mezclan el uso lícito de una herramienta tecnológica novedosa -y sus conflictos aún irresueltos- con la necesaria responsabilidad intelectual al momento de su utilización.

Culpar a la tecnología es un error, porque la IA, como toda tecnología, necesita de la educación y el control humano.


Fuente de la imagen: CincoDías

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

La IA consumirá en 2030 el equivalente al consumo de 1.300 millones de personas

Los científicos de la ONU alertan de que “se está minusvalorando” el coste medioambiental de una tecnología que exige cada vez más recursos naturales.

Para 2030, el consumo de agua asociado al uso de la inteligencia artificial (IA) será equivalente al de 1.300 millones de personas del África subsahariana, mientras que requerirá casi el triple de la potencia energética que gastan al año Pakistán, Bangladesh y Nigeria, países que suman 650 millones de habitantes.

En cuanto a las emisiones de dióxido de carbono, estas podrían alcanzar los 400 millones de toneladas de CO₂ equivalente, comparables a las emisiones totales de Reino Unido. El funcionamiento de la IA implicará la ocupación de 14.500 kilómetros cuadrados, entre infraestructuras y cadena de suministro, el doble del área metropolitana de Yakarta, una megaurbe con más de 32 millones de habitantes, o 10 veces la de Ciudad de México (21 millones).

Estas son algunas de las cifras que esgrimen los autores de un informe publicado este miércoles por el Instituto Universitario de Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH). Además de esas proyecciones, basadas en estimaciones conservadoras de crecimiento, también tienen datos llamativos sobre la situación a día de hoy: si los centros de datos en los que se computa la IA fueran un país, su consumo eléctrico actual (448 teravatios hora, TWh) estaría al nivel del de Francia.

La institución ya había publicado antes informes alertando de las emisiones de carbono que implica el creciente uso de la IA. En esta ocasión, los investigadores han tenido en cuenta también la energía y el agua consumidas por los centros de datos que alimentan la IA (en el caso del agua, se incluye tanto la empleada para refrigerar sistemas como la dedicada a generar electricidad). “Este informe no va contra la IA”, dice el profesor Kaveh Madani, director del UNU-INWEH. “Es un llamamiento a usar esta tecnología de forma responsable y un intento de evaluar sus impactos indeseados para hacer que sea sostenible y equitativa. Debemos intentar asegurarnos de que esta revolución tecnológica se desarrolla dentro de límites planetarios”.

“El informe es un recordatorio importante y oportuno de que la IA no se limita a modelos y algoritmos, sino que también tiene un impacto físico y medioambiental real, determinado por los centros de datos, los sistemas eléctricos, los sistemas de abastecimiento de agua, el uso del suelo y las cadenas de suministro de hardware”, apunta Shaolei Ren, profesor de ingeniería computacional de la Universidad de California, Riverside, y especialista en sostenibilidad de la IA, que no ha participado en el estudio.

Los autores del informe destacan varios mensajes clave. Uno de ellos es que el coste medioambiental de la IA se está minusvalorando sistemáticamente. La mayoría de análisis publicados se centran en las emisiones de carbono asociadas con el entrenamiento de los modelos (el proceso previo al lanzamiento de estos en el que se computan durante varias semanas, día y noche, decenas o centenares de millones de parámetros sobre gigantescas bases de datos). “Sin embargo, cada kilovatio-hora de electricidad que se consume para entrenar o hacer funcionar un sistema de IA conlleva también una huella hídrica (asociada a la refrigeración y la generación de energía) y una huella territorial (infraestructuras energéticas y las cadenas de suministro)”, subraya el informe.

La huella de carbono puede variar hasta un 70%, por ejemplo, si se pasa del carbón a la bioenergía como fuente de generación de la electricidad que alimenta la IA. Pero eso, a su vez, multiplicaría por 30 la huella hídrica y por 100 su impacto territorial. La complejidad de gestionar la huella medioambiental de la IA es muy alta. Bajas emisiones no equivale a bajo consumo de agua o a bajo impacto territorial. Evaluar el impacto medioambiental de la IA con una sola métrica puede esconder sus efectos nocivos y trasladarlos a otras regiones. “Si solo nos basamos en las emisiones de carbono, podríamos pensar que las renovables hacen que la infraestructura de la IA sea limpia, pero eso supone resolver un problema al tiempo que se crean otros, a menudo en lugares que no lo han solicitado”, opina la autora principal del estudio, Miriam Aczel.

Qué usos contaminan más

El informe aporta otra conclusión interesante. Hasta hace poco, el consenso mayoritario era que la parte más importante del consumo energético asociado a un modelo de IA se producía durante el proceso de entrenamiento (es decir, antes de que lo empiece a usar el público). Los datos del equipo de Aczel, sin embargo, refutan eso: el proceso de inferencia (los cálculos ejecutados cada vez que se hace una solicitud al modelo para que pueda responder a las órdenes o prompts) supone el coste dominante, entre el 80% y el 90% del consumo total. El éxito de estas herramientas, que suman centenares de millones de usuarios diarios, ha cambiado las tornas.

Los investigadores también han evaluado el consumo energético asociado a distintos usos de la IA. Así, una conversación estándar con un chatbot como ChatGPT o Gemini gasta 200 veces más que una función básica de la IA, como es la clasificación de emails sospechosos en la carpeta de spam. Siguiendo con esa referencia, generar una imagen sintética gasta 1.400 veces más, mientras que un vídeo corto puede llegar a suponer 200.000 veces más energía. “Este es uno de los informes técnicos más completos sobre el impacto medioambiental de los sistemas de IA actuales, pero las conclusiones se centran en el impacto de GPT-4, que es un modelo de hace más de tres años. Y tres años en el sector de la IA es una eternidad”, señala Álex Hernández, investigador del Quebec AI Institute (MILA) que dirige Yoshua Bengio, profesor de la Universidad de Montreal y que no ha participado en el estudio.

El hecho de que las conclusiones del informe se basen en datos de modelos antiguos, dice Hernández, habla de la poca transparencia del sector. “La principal limitación del estudio es la dificultad de obtener datos concretos del consumo de los sistemas actuales”, añade.

Otra de las conclusiones del estudio es la desigualdad en el reparto de los beneficios y las externalidades negativas de la IA. En Irlanda, por ejemplo, cuyo laxo régimen fiscal lo convierte en el país de la UE preferido por la mayoría de las grandes tecnológicas para ubicar sus sedes, los centros de datos ya suponían en 2023 el 21% del consumo energético total. Eso ha hecho que el país ponga en marcha moratorias en la construcción de nuevas infraestructuras de este tipo en Dublín. En Uruguay, los planes de construcción en 2023 de un gran centro de datos con un consumo intensivo de agua coincidieron en el tiempo con una sequía que acabó con las reservas de agua potable de Montevideo, lo que provocó que el agua del grifo no fuera apta para el consumo.

Por otra parte, los autores estiman que, para 2030, la infraestructura de la IA generará 2,5 millones de toneladas anuales de basura electrónica (procesadores obsoletos, básicamente), y que mucha de esa basura se acumulará en países con bajos recursos.

El informe habla también de desigualdad.

Únicamente el 16% de los países dispone de infraestructura especializada para computar IA, y dos de ellos (EE UU y China) concentran el 90% de toda la capacidad instalada. Mientras la basura electrónica, las emisiones de carbono y el consumo de agua se reparten entre muchos países, los beneficios (es decir, el uso de las aplicaciones de IA) se quedan en pocos.

Como la mayoría de informes patrocinados por la ONU, este también incluye recomendaciones de actuación. Por ejemplo, a los gobiernos les pide que exijan a los operadores informes estandarizados de la huella medioambiental de la IA. A los desarrolladores, que favorezcan la selección de modelos adecuados a cada tarea (intentar que no se usen los más grandes, que necesitan más recursos, para solucionar problemas sencillos). Esa “eficiencia por diseño” y aumentar la transparencia son las dos principales peticiones a la industria.

Hernández, del MILA, cree que es importante que la ONU se implique en la publicación de informes sobre una cuestión, la huella medioambiental de la IA, reservada hasta ahora principalmente a la academia y a la investigación periodística. “Este informe parece que aspira a tener la legitimidad de un artículo académico y al mismo tiempo a llegar al ámbito de la política”, opina.


Fuente: Diario El País

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

La tecnología hoy, sus realidades y sus conflictos

Comparto una entrevista en el programa «Frecuencia Libre» (Radio SPORT FM 98.3 de S. M. de Tucumán). En una extensa charla conversamos con su conductor, Gastón Lucena, sobre tecnología y también sobre medios y mi actividad radial.

En este recorte de la conversación abordamos cuestiones referidas a la tecnología, sus realidades y sus conflictos.

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

La discusión inacabable sobre los celulares en el aula

Invitados por Aldo Rufinengo en su programa «Radio Abierta», que se emite de lunes a viernes a las 10hs. por FM 104.3 Radio La Hormiga de Rosario, hablamos sobre la cuestión de los celulares en el aula, a partir de un artículo de Carlos Del Frade, «La atención de la pibada argentina» sobre la prohibición del uso de celulares en la provincias de Salta y Neuquén luego del receso de invierno de 2025.

El artículo de Del Frade se puede leer haciendo clic aquí. A continuación, el audio de la charla:

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

Otra internet es posible

En otra columna para el programa «De columnas y faroles» de Radio La Hormiga de Rosario, que se emite los lunes a las 15 hs, hablamos sobre internet, sus orígenes, su sentido inicial, qué es internet hoy y cuales son las alternativas a esta internet actual.

Si dudas internet ha adquirido una centralidad innegable en nuestra vida cotidiana. Nos conecta con nuestras amistades, obtenemos de ella información, almacenamos información, accedemos a nuestras cuentas bancarias, compramos y otras muchas actividades que hasta hace poco nos hubieran resultado imposibles o materia de alguna novela de ciencia ficción.

Pero toda esta maravilla también tiene su costado oscuro: al usar internet vamos dejando un rastro de información personal en toda la red. Una amplia gama de dispositivos en el ámbito doméstico, laboral y educativo nos permite acceder a ella, y aquella información puede ser usada para fines positivos pero también para satisfacer el afán de lucro privado excluyente y el control social.

Sin embargo otra internet es posible, y de esto hablamos en nuestra columna, que se pude escuchar aquí:

El acceso al sitio de Internet Ciudadana mencionado en la columna, es el el siguiente: https://al.internetsocialforum.net/

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo