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Corrector se busca

Educación textual

El uso de tecnología no exime de responsabilidad intelectual

En estos días alcancanzó notoriedad en las redes el caso de la publicación de un libro en formato papel sobre Derecho, escrito por profesionales del area, que incluye párrafos en los que se evidencia el uso de inteligencia artificial en la elaboración del texto.  Frases como «Si quieres te lo separo en párrafos…» o «Te gustaría profundizar en…», típicos en el uso de IA para la elaboración de textos, quedaron impresos en el papel y detonaron las redes con comentarios de lo más variados, algunos acusando y otros justificando a los autores una vez hecho público el caso.

El uso de distintas fuentes no es extraño, claro, en un trabajo de investigación. Para estos jóvenes abogados autores del texto, a la multitud de libros, artículos y otras medios de referencia existentes y a la mano, se les suma la que se ha convertido en la herramienta de consulta por excelencia en este primer cuarto de siglo, la Inteligencia Artificial. 

Pero intuímos que el problema de base no es haber dejado esos párrafos allí, sino la falla de varios de los actores que tomaron parte de la publicación. Es decir, la responsabilidad intelectual -o la falta de ella- más allá de la herramienta elegida para la tarea.

Primeramente, la lectura y relectura por parte de los autores mismos. Luego, el pase de manos a la Editorial, con sus editores y correctores. Sigue la prueba de galera, es decir la maqueta del texto para un último contro de calidad.

Toda esa cadena falló.

Luego, el o los prologuistas: ¿escribieron sobre lo que no leyeron? ¿también pasaron por alto la referencia de la IA?

Este caso, que no es el único, es usado por algunos comentaristas y críticos, ya sea adrede o involuntariamente, para confundir más aun al observador desprevenido con opiniones que mezclan el uso lícito de una herramienta tecnológica novedosa -y sus conflictos aún irresueltos- con la necesaria responsabilidad intelectual al momento de su utilización.

Culpar a la tecnología es un error, porque la IA, como toda tecnología, necesita de la educación y el control humano.


Fuente de la imagen: CincoDías

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No caer en la trampa de la viralización falaz

Recorriendo Facebook encuentro en el muro de un conocido el siguiente cartel, sin ningún comentario o aclaración al respecto. Creo suponer que en la actual coyuntura de crisis, con colegios tomados en la ciudad de Buenos Aires, la lectura que podría hacerse de la publicación es la de una feroz crítica no solo a la actitud de los alumnos, sino también hacia un supuesto deplorable estado de la educación que los llevaría a escribir de manera tan brutal.

Dado que habitualmente chequeo el origen de las publicaciones sin una fuente o referencia clara y confiable, hice lo propio con este cartel: busqué la referencia o el origen de la publicación. El modo de lograrlo es sencillo: solo basta hacer un clic con el botón derecho del mouse y seleccionar Buscar imagen en Google. 

Me costó la búsqueda, algo complicada por las decenas de sitios que replican este cartel junto a otros que contienen errores groseros de ortografía, pero finalmente lo encontré:

No solo se trata de una foto publicada originalmente en un medio nacional en 2012, sino que además el cartel fue groseramente modificado para cargarlo de un metamensaje que evidentemente no tiene. 

Es importante no caer en la trampa de la viralización falaz y malintencionada, para no ser difusores involuntarios de tales cosas. El uso responsable de las redes sociales debería obligarnos a ser veraces en lo que compartimos, coincida o no con lo que pensamos. 

Ser ciudadanos digitales responsables, es la consigna. 

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Es la corrección, estúpido

Parafraseándo al norteamericano James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton -su frase exacta fue «la economía, estúpido», popularizada luego para destacar lo esencial en determinada situación-, nos permitimos destacar, frente a la pobreza editorial de algunos medios, la importancia de informarse antes de informar, tanto como para no desinformar.

Le contamos -o recordamos- a nuestros lectores que Rosario es una ciudad situada en el sureste de la provincia de Santa Fe, en la República Argentina. Es la ciudad -no la capital- más poblada de la provincia y la tercera ciudad más poblada del país, solo detrás de Buenos Aires y Córdoba, con 1.690.816 habitantes (censo 2010). Constituye un importante centro cultural, económico, educativo, financiero y de entretenimiento. Pero claro, algunos medios no lo saben.

 

En El País (España):

 

En El Faro de Vigo (España)… Y gracias por el «bautismo»:

 

Y finalmente, uno que no tiene perdón… La Nación… Si, de Argentina:


Fuente: Wikipedia. No hacía falta mucho más…
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Los diarios argentinos conmemoran Malvinas con un papelón

Es probable que no sean muchas las personas en estos lados del planeta las que sepan que el 1 de abril el mundo anglosajón y parte de Europa celebra el April Fools’ Day, algo así como el «Día de los inocentes» que ¿celebramos? por estos lares en diciembre, bromas incluidas.

Pero que varios medios periodísticos no lo sepan y caigan en la trampa, es grave. Sobre todo, porque no se tomaron ni siquiera el tiempo de googlear el nombre del supuesto especialista que lo anuncia, un tal Loof Lirpa. Tal vez así se hubieran enterado que el fulano no existe. Claro, el nombre solo es la frase «April Fool» al revés.

En fin. Cómo diría un conocido, es lo que hay.

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Vendedores de humo

Suelo pensar que con las encuestas se puede decir, justificar o explicar cualquier cosa. Y también con las estadísticas.

Hay mucho humor escrito al respecto, como aquel chiste que se burla de las encuestas afirmando que de cada 100 hombres, 50 son la mitad, o que la principal causa de divorcio es el matrimonio. Lo mismo sucede con las estadísticas: podría demostrarse que en el Vaticano hay 4 Papas por kilómetro cuadrado -si se tiene en cuenta que hay dos pontífices, uno en ejercicio y otro emérito, y la superficie del Estado Vaticano es de medio kilómetro cuadrado-, y también que si un hombre tiene dos vacas y usted ninguna, el promedio es una vaca por persona.

El ejemplo a continuación podría explicar las razones -todas menos las científicas- detrás de ciertas estadísticas. Si uno fuera vendedor de humo, claro. 

 

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