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Una aproximación al impacto de la IA en la educación

Actualmente, nos encontramos en la era de la Inteligencia Artificial, la misma que está impactando diversos sectores, entre ellos el educativo. Ese impacto se evidencia en la necesidad de modificar procesos de enseñanza tradicionales y aun reinventarlos.

Uno de los objetivos del uso de este avance tecnológico sería el de contar con aprendizajes adaptativos y personalizados que permitan desarrollar estrategias para los alumnos e impartir conocimientos de forma eficaz y puntual, los que podrán ser implementados en sus futuros empleos. Estas habilidades se volverán trascendentales para los empleos del futuro debido al alto nivel de procesos automatizados que pueden llegar a existir. Un individuo que cuente con habilidades tecnológicas, pero también blandas (soft skills), será considerado más competente.

Lo cierto es que el tema genera mucha preocupación, no sólo en la escuela, porque hablamos de tecnologías generativas (rama de la inteligencia artificial que se enfoca en la generación de contenido original a partir de datos existentes) que están al alcance de todos y conllevan una infinidad de riesgos.

De todo esto hablamos en esta columna:

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La serie ‘Adolescencia’ y una alerta ante el desconcierto adulto

Crédito imagen: Netflix

En mi columna sobre tecnologías, en esta ocasión hago un primer intento de reflexionar sobre un tema que está muy presente en los medios en estos días, y que está relacionado con la serie que se ha estrenado en la plataforma Netflix en este mes de marzo, que lleva por título «Adolescencia». La serie ha tenido una gran repercusión, decíamos, por el impacto que ha causado su temática. Me interesó reflexionar sobre el significado y de la importancia de tratar de entender cuál es el mensaje de la serie.

¿Qué tiene que ver esto con una columna sobre tecnología? Justamente, el eje de toda esta situación se explica a partir del uso de determinadas plataformas y de ciertos códigos que los adolescentes manejan en ellas. Pero lo particular y que realmente tiene un impacto profundo en aquellos que han visto la serie, es el desconcierto de los adultos frente a estos nuevos códigos.

Toda esta temática es una verdadera invitacióna reflexionar acerca de cuánto estamos entendiendo del mundo adolescente, sobre todo quienes tenemos algún tipo de intervención como es el caso de los docentes y de los padres de adolescentes.

Queda hecha la invitación a pensar entre todos.

Escuchá nuestra columna sobre este contenido:

Algunas referencias mencionadas en la columna:

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Tecnología móvil y escuela: una nueva oportunidad perdida, y van…

Argentina, tierra de (perder) oportunidades, está a las puertas de perder una más, y una vez más en el campo de la educación y las nuevas tecnologías.

La realidad es que nuestros chicos incorporaron hace ya tiempo la tecnología digital móvil a lo cotidiano, entonces estamos lidiando en parte con la dificultad de los chicos pero mucho más con la dificultad del adulto en generar nuevos modelos que produzcan un cambio real en  la educaciónLa llegada del ChatGPT y las tecnologías de inteligencia artificial al aula es otro caso: interpela, no tanto a los chicos sino a nosotros y nuestras prácticas.

Ya en marzo de 2006 veníamos advirtiendo que «hay cuestiones que la escuela no puede -y a veces no sé si quiere- manejar, porque la resistencia a las nuevas tecnologías fue históricamente casi un paradigma. ¿Cuánto tiempo tardó en aceptar el bolígrafo? ¿Cuánto se está tardando en construir espacios que acomoden a todos, aun a los de diferentes capacidades? ¿Cuánto tiempo se va a tomar discutiendo sobre los celulares?»

Por si no lo recuerda, estimado lector, estamos hablando de móviles como estos:

Vale destacar que aquel debate, aunque incipiente, ya se estaba anticipando a lo que vendría: muchos expertos anunciaban (y alertaban) sobre lo que sería posible con esa tecnología, que aunque aun en pañales ya se vislumbraba como la revolución móvil que finalmente fue. 

Al año siguiente, 2007, participé en una mesa-debate televisiva junto a especialistas de diferentes disciplinas, acerca de los celulares y la dependencia tecnológica. Allí también se anticiparon muchos de los logros y dificultades que vendrían con estas tecnologías incipientes. Por cierto, la dependencia hacia esos aparatos que ya se anticipaba en aquel debate, se cumplió y con creces.

Anticipando el futuro

En ese mismo año, la publicación económica MateriaBiz publicaba un extenso artículo sobre «el celular del futuro», en el que todo lo que se anticipaba sobre el futuro del móvil se ha hecho realidad hoy.

Tiempo después analízábamos el problema de la incorporación de las nuevas tecnologías desde otro ángulo, el de los significantes, hablando sobre la importancia de los contenidos más que de las modas:

«El libro, el pizarrón, la tiza, el banco, el aula, el taller, la escuela (…)  estas eran algunas de las tecnologías que usábamos en mi época de escolar. Muchas de ellas cambiaron radicalmente en función de un cambio de teoría: a modo de ejemplo, el banco fijo en hilera del conductismo dio paso al más constructivista pupitre libre con silla, en franca evidencia de que la escuela -a diferencia de lo que afirman algunos iluminados– sí sabe que hacer con las tecnologías, aunque a veces se sobresalte y no reaccione de inmediato, porque entiende que ellas acompañan formas y modos de educar, y también ideologías, según sean aceptadas y utilizadas o desechadas (…) El problema de la incorporación de los cambios tecnológicos en la escuela, y de las nuevas tecnologías en particular, parece ser que también se espera que cambie la forma en que suele cambiar, valga el juego de palabras. La tecnología en la escuela siempre cambió cuando se «llenó» de contenido -nuevas teorías, nuevos usos, nuevas disciplinas, nuevas necesidades. Ahora parece no hacer falta el contenido: con que esté de moda basta. Cuando hablan los tecnólogos, «mercadólogos», economistas, gurúes y otras especies dentro de la fauna de opinólogos– la escuela siempre está errada. Pero no nos equivoquemos: la escuela va a incorporar todas estas tecnologías nuevas cuando pueda -podamos- ‘llenarlas’ de contenidos en función de mejorar los aprendizajes, razón última de ser de la escuela.»

Todo esto sucedía, vale aclarar, en el contexto de la prohibición del celular en las aulas por parte del poder legislativo santafesino en el año 2006. Aparentemente esto no hizo mella en el municipio rosarino, dado que en 2009 llevó a cabo su Campamento Digital usando celulares. Contradicción pura, y en el medio los docentes, los chicos y la escuela.

¿Qué podía salir mal? Por desgracia, casi todo.

Los riesgos que ya se avizoraban

Sigamos. En el año 2010, un estudio del Ministerio de Educación alertaba sobre que el 95% de los chicos no creía en los riesgos de Internet, mientras que el 75% de ellos sostenía que todo lo que se dice en la red es cierto. Cómo una respuesta a esta problemática, el programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación publicó en Internet una guía titulada «Los adolescentes y las redes sociales», un trabajo en el que se brindaba un panorama de los riesgos de la Web y consejos para saber cómo manejarse en Internet manteniendo la seguridad personal. La doctora Roxana Morduchowicz, una de las autoras del trabajo, anticipaba en aquel momento que «de acá a cinco años, los chicos van a acceder más a Internet por el celular que por la computadora. Y como el celular es personal, va a ser más difícil saber para qué lo usan».

Repito: año 2010. Suena familiar, ¿no es cierto?

Volviendo al año 2008, en otra mesa de debate que participamos cuyo eje era la capacitación docente en las nuevas tecnologías, se elaboraron algunas conclusiones y propuestas a la necesidad de dicha capacitación.

Se dijo que, teniendo en cuenta que los chicos sabían usar muy poco y sin un sentido claro como funcionan y para qué sirven esas tecnologías, y que como consecuencia necesitaban entender sobre los beneficios y también sobre los riesgos en su uso, comprendiendo además que hay una gran carga de autonomía y libertad en el uso de estas herramientas, los chicos necesitaban adquirir nuevas competencias, por lo que se requería de docentes formados para proveerlas -en el sentido de aprovisionarlos, de darles lo necesario para el resto del camino.

¿Cuál fue la respuesta? Se quitó la materia Computación de la currícula, de modo tal que a partir de allí ya no hubo espacio ni la consiguiente capacitación de docentes para el área específica. 

El celular, ese enemigo

En 2012 arreció la batalla contra los celulares.  Asunto muy mediatizado, tuve oportunidad de participar en algunos informes elaborados por los medios en los que ya observaba claramente que esta contienda era de muy difícil resolución y se daba principalmente en la escuela. Vaya paradoja, justamente en el ámbito que se les temía hasta el rechazo y la prohibición.

En este rincón, aquellos que se apresuraban a prohibir todo dispositivo digital en la escuela, ludditas involuntarios producto de su propia ignorancia más que de una reflexión sesuda. En el otro rincón, aquellos que veían en las nuevas tecnologías la solución a todos los males de este mundo. Y en el medio los niños dentro de un aula que, por centenaria, todavía dependía -y depende-, de una pizarra, de fotocopias y de la buena voluntad de un docente tan abrumado como todos por la imposición -o carencia- de soluciones tecnológicas.

Pareciera ser, además, que ante la falta de un árbitro -siguiendo con la metáfora boxística- competente, informado y formado en estas cuestiones de la realidad del aula, los medios toman ese lugar y plantean con más o menos buenas intenciones el problema, convirtiéndose así en uno de los pocos lugares públicos para debatir estas cuestiones. Aunque, convengamos, no sería el indicado.

Salir de la incertidumbre

Muchos planteamos en reiteradas ocasiones la necesidad de resolver las contradicciones y de establecer acuerdos en cuanto al uso de las nuevas tecnologías en el aula. La resistencia del sistema ya fue vencida: ya se metieron de prepo en lo cotidiano y, sin dudarlo, en la escuela. Porque claro, que es la escuela sino el reflejo de la vida como un todo, no solo de lo que pasa entre sus paredes.

Reivindicar hoy el espacio-aula como el lugar más relevante de la escuela por encima del valor de los recursos digitales, se parece mucho a una confesión de incertidumbre. La escuela, los adultos que la habitan, se exigen cerrarse sobre si mismos y proteger ese territorio que temen perder. Pero años después la realidad nos demuestra que aquella resistencia fue vencida y el mundo digital se metió con toda su prepotencia en la escuela.

Aquella incertidumbre convirtió a sus referentes adultos, en tal vez demasiados casos, en espectadores absortos que solo atinan a criticar aquello que los confunde: la nueva realidad de chicos hiperconectados que reclaman nuevas maneras de organizarse, de aprender, de cuestionarse, de actuar y aún de ser.

Y qué decir de lo vivido durante la pandemia de 2020/21, con docentes casi quemados por la sobreexigencia, familias confundidas y asustadas pero igualmente demandantes, y escuelas expuestas en contextos tan disímiles que hicieron improbable un aprendizaje igualitario.

Haciendo un intento por analizarlo,  decíamos que existió, «por un lado el solucionismo, como lo llama Evgeny Morozov, esto es, pensar que todo se soluciona a partir de un sistema informático, que la solución a todas las cosas mágicamente sucede porque hay un algoritmo trabajando. Es una fantasía, porque en realidad técnicamente puede funcionar, pero hay toda una cuestión social detrás de eso que, si no se contempla, termina frustrando a todo el mundo. Y por otro, el «imposicionismo». El investigador Fernando Trujillo decía por aquellos días en Twitter, “¿no hubiera sido hermoso que, en lugar de lanzarnos a una docencia online inmediata, improvisada, nos hubieran dado las instrucciones para trabajar?” . 

Pero no, en la mayoría de los casos fue pura imposición, «hay que hacerlo y ya».

Nuevos riesgos, nuevos desafíos

Ahora, a los riesgos y dificultades que se presentan por no haber desactivado esta bomba a tiempo, se suma la ludopatía en los niños y adolescentes, un problema que se acrecienta y afirma a partir de la facilidad de acceso a los sitios de apuestas y la influencia de personajes nefastos a los que los jóvenes tienen acceso por su presencia en las redes sociales.

Suena a paternalismo advertir, «se los dijimos», pero lo cierto es que diferentes actores y entidades venimos enfatizando desde hace años sobre la necesidad de trabajar estos contenidos desde espacios específicos en todos los niveles académicos, a fin de abordar no solo la problemática técnico-cientifica de la materia, sino y fundamentalmente, las cuestiones sociales que son, en definitiva, la principal causa de las trabas que aparecen al pretender hacer un uso práctico, funcional y concreto de los medios que nos provee la tecnología. 

Ya se perdió mucho tiempo en debates superficiales y el mal manejo político del problema. Es tiempo de hacer. No perdamos esta nueva oportunidad.


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Una solución sin debate, un debate sin solución

El asunto sería más o menos así: están aquellos que se apresuran a prohibir todo dispositivo digital en la escuela, por un lado, ludditas involuntarios producto de su propia ignorancia más que de una reflexión sesuda. En el otro rincón de este ring deteriorado que es la educación, aquellos que ven en las nuevas tecnologías la solución a todos los males de este mundo. Y en el medio los niños, dentro de un aula que, por centenaria, todavía depende de una pizarra, de fotocopias y de la buena voluntad de un docente tan abrumado como todos por la imposición -o carencia- de soluciones tecnológicas.

Pareciera ser, además, que ante la falta de un árbitro -siguiendo con la metáfora boxística- competente, informado y formado en estas cuestiones de la realidad del aula, los medios toman ese lugar y plantean con más o menos buenas intenciones el problema, convirtiéndose así en uno de los pocos lugares públicos en los que se debaten estas cuestiones.

Por eso no asombra que, días atrás, el medio español El País publicara el artículo que referenciamos aquí, con una bajada algo temeraria pero que plantea otro eje del debate que nos debemos: según un estudio, quienes usan más los dispositivos digitales para tareas escolares presentan peor comprensión lectora. 

El último informe internacional sobre habilidades lectura PIRLS, un estudio internacional sobre el rendimiento en comprensión lectora de niños de 9 a 10 años que realiza cada cinco años la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo (IEA), plantea la cuestión del impacto de los dispositivos digitales en los niños.

La evaluación internacional mostró que en un promedio de los 57 países participantes, los alumnos que utilizan dispositivos electrónicos más de media hora al día para para buscar y leer información y hacer tareas escolares, obtienen peores resultados que aquellos que los utilizan menos tiempo. 

¿En qué basan esta cuasi-certeza? En que en nueve países de la Unión Europea que no utilizan los dispositivos -Finlandia, Dinamarca, Irlanda, Alemania, Francia, Italia, Austria, Portugal y la República Checa, presentan mejor comprensión lectora que quienes los utilizan más de media hora al día.

Los autores de PIRLS mencionan algunos factores que podrían haber influido en los resultados de su evaluación: es posible que quienes utilizan más de media hora al día un dispositivo para hacer tareas escolares sean alumnos a los que se les impone trabajo extra porque su rendimiento regular es bajo, que sean «lectores más lentos» y por ello necesiten invertir más tiempo delante de la pantalla, o que simplemente «se distraigan más».

Por esto, algunos especialistas coinciden en no apresurar conclusiones, dado que ante todas estas variables el estudio podría considerarse sesgado.

El artículo remite a comentarios de algunos padres reticentes, que afirman no faltos de razón que no es lo mismo darle un libro a un niño y decirle que tiene que leerlo que darle una tableta sin que las tareas estén bien pautadas y supervisadas.  Cómo no coincidir.

Lo cierto, según se plantea, es que las diferencias entre la lectura digital y en papel no han sido todavía suficientemente estudiadas.

Lo interesante del estudio, y que los autores del artículo destacan, es que el debate parece dirigirse a una cuestión de grados y de velocidad de progresión hacia las nuevas tecnologías, antes que a una disyuntiva entre dispositivos digitales o papel. Lo cual, decimos nosotros, se parece más a una estrategia de marketing que a una cuestión pedagógica a resolver.

Se informa además en el citado artículo, que en Suecia y Dinamarca, dos países con gobiernos de signos diferentes, los responsables educativos han pedido más información en torno a las evidencias sobre el efecto del uso de dispositivos digitales para el aprendizaje de los niños, ante el temor de que puede incurrirse en un exceso digital en detrimento del papel.

«El problema es que los nuevos dispositivos se están introduciendo en muchos casos sin pedir a las empresas tecnológicas que demuestren beneficios».
Catherine L’Ecuyer, doctora en Educación y Psicología.

Es indudable, coincidimos con los autores nuevamente, que la escuela no puede permanecer al margen de este debate necesario. La propia naturaleza de su existencia le demanda preparar a los niños y a las niñas para desarrollar las competencias necesarias que les permitan sacar provecho de esos dispositivos y no caer en usos que les impidan aprender e incluso pongan en riesgo cuestiones como su propia seguridad.

«Los dispositivos son instrumentos de desarrollo personal, y hay que enseñarles [a los niños] a utilizarlos como hay que enseñarles a leer libros y otras mil cosas. De la misma manera que usar una calculadora no elimina la conveniencia de desarrollar el cálculo mental.»
César Coll, catedrático emérito de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad de Barcelona.

Aquellos especialistas que sostienen la importancia de mantener los libros en papel en la etapa escolar, aseguran que para la adquisición de la lectura es importante no reemplazarlos. Leer en papel, aunque se pueda combinar con un dispositivo electrónico, facilita el proceso y se gana en comprensión lectora. Al leer en un libro tenemos de forma directa un mapa conceptual, mientras que en formato digital se avanza de otra forma, por trozos. El papel nos ayuda a hacernos un esquema del contenido de manera sencilla y óptima, según afirman.

Finalmente, una consideración no menor que entorpece todo el proceso del salto digital: tenemos que llevar nosotros mismos los dispositivos, tanto los profesores como los alumnos, porque no los paga la escuela. ¿Cuántos actores de nuestro sistema educativo pueden permitirse esto? La experiencia de Conectar Igualdad y otros planes en este sentido -decimos nosotros nuevamente-, fueron una experiencia positiva en varios aspectos pero que perdieron peso específico a medida que se enredaba en limitaciones tanto técnicas como sociales y políticas.

La deuda -tanto de debate como de implementación- queda pendiente.


Fuente: El País (España)

Otras lecturas recomendadas:

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Tecnología y educación a la salida de la pandemia

Invitados por su conductora Silvana Graziutti, conversamos sobre estas cuestiones en el programa «S.O.S Sociedad», que se emite los sábados por FM 89.7 Radio Uruguay. Temas como el uso de las tecnologías en pandemia, la respuesta de las escuelas, los docentes y las familias durante la cuarentena, el después de la crisis y la seguridad en internet recorrieron la amena charla.

¡Muchas gracias, Silvana!

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Una reflexión sobre las nuevas tecnologías y otra cultura posible

Hay encuentros (o reencuentros, este es el caso), que nos marcan. Con Daniel Krichman, un pionero en la implementación de las TIC en sus experiencias educativas, me une no solo una amistad de muchos años sino charlas, eventos, proyectos, virtualidades y presencialidades varias, y de todas ellas he salido diferente. Me explico: me resulta imposible no quedar tocado por alguna idea, algún tema, alguna reflexión compartida con él, sea en una conferencia o tomando un café en un bar, como esta mañana.

La ocasión: me entregó un ejemplar de su libro «Escenas de otra vida cotidiana. Tecnologías de Información y Comunicación, transmisión, aprendizaje y cultura de uso».  Como refiere la Dra. en Historia Marianela Scocco en la contratapa, el libro «es crítico, incisivo, pero profundamente humano y consciente (de conciencia social) porque, entre otras cosas, no olvida que el pensamiento necesita validarse colectivamente, ni la condición de trabajadores de las y los docentes que debemos llevar a cabo esos cambios.»

Le agradecí la deferencia de reproducir en el libro un texto que me pidiera originalmente para su espacio en la web Red Aprender & Cambiar, un detalle para nada menor porque pone en evidencia una vez más su concepción de las cosas. Claro, pocos como Daniel para hacernos comprender que nadie se salva solo, que la labor cotidiana necesita y merece espacios de resistencia, espacios que necesitamos construir, sostener y defender entre muchos. 

Más detalles sobre la publicación, haciendo clic aquí.

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Una mirada sobre IA y la formación docente

Diego F. Craig es Mgter. en Tecnología Educativa y Competencias Digitales, Licenciado en Tecnología Educativa, Profesor de Educación Técnico-Profesional y Diplomado Superior en Educación y Nuevas Tecnologías. Entre otros trabajos, ha publicado el libro en formato digital que aquí compartimos, titulado «Tercero en Discordia, Reflexiones ante la irrupción de ChatGPT en la Formación Docente», en el que el profesional reflexiona sobre la disponibilidad de la Inteligencia Artificial en la formación docente.

Ante la irrupción, para muchos intempestiva por lo inesperada, de las tecnologías de inteligencia artificial, creemos conveniente referirnos a bibliografía como esta. Coincidiendo o no, totalmente o en modo parcial, bibliografía como la que compartimos seguramente será de gran ayuda para terminar de comprender el fenómeno y cómo nos afecta a los educadores.

Se accede al libro haciendo clic aquí.

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Memoria de la pandemia: solucionismo e imposición en cuarentena

[Comparto aquí mi intervención en el Foro de ADICRA 2023 en Rosario]

Alguien alguna vez dijo que el estado natural del usuario de informática es la frustración, y un poco en broma y un poco en serio, esto hace que haya tanto mouse y teclado roto… Más allá del chiste, está la cuestión de que se nos sometió y somete a una manera de trabajar que tiene tantas limitaciones y tiene tantas frustraciones.

Por un lado, el solucionismo, como lo llama Evgeny Morozov, esto es, pensar que todo se soluciona a partir de un sistema informático, de que la solución a todas las cosas mágicamente sucede porque hay un algoritmo trabajando. Es una fantasía, porque en realidad técnicamente puede funcionar, pero hay toda una cuestión social detrás de eso que, si no se contempla, termina frustrando a todo el mundo.

Y por otro, lo que yo llamo «imposicionismo». El investigador Fernando Trujillo decía por aquellos días en Twitter, “¿no hubiera sido hermoso que, en lugar de lanzarnos a una docencia online inmediata, improvisada, nos hubieran dado las instrucciones para trabajar?”

Eso es la imposición. Yo tenía a mi madre en Buenos Aires y la última vez que estuve con ella, en enero del 2020, había recibido recientemente la tarjeta del banco con su jubilación, pero iba todos los meses a cobrarla al banco, y fue un descubrimiento cuando la llevé al cajero y le mostré como usarla y como comprar y pagar con ella. Todo un mundo que para ella no existía. De hecho, la tarjeta estaba vencida, hubo que pedirla de nuevo. Y era una ventaja, un servicio, era una ayuda que tenía desde hacía varios años. Entonces, no funciona imponer la tecnología, como no funciona tampoco pensar que es la solución a todos los males.

Dicho esto, ¿qué pasaba con esta cuarentena? Nos caían encima toneladas de consultas de gente que se encontraba en la obligación de hacerlo, y en el 99% de los casos con la pasión detrás de querer hacerlo, pero con la limitación del solucionismo y la imposición, que hacen que sea más un estado de frustración que de satisfacción por la solución tecnológica.

Sabemos que la tecnología tiene sentido cuando brinda una solución. Cuando trae un problema, ya es otra cosa. Como escribiera David Dickson en el clásico Tecnología Alternativa, «los problemas sociales asociados a la tecnología no provienen de la propia naturaleza de la tecnología sino de cómo se usa». Por eso no se produce un cambio genuino.

Hacemos lo mismo pero le cambiamos el soporte, y no sé si es esa una transformación real. Es decir, filmarnos en un pizarrón y subirlo a YouTube o mandar como tarea leer un libro digital en lugar de leerlo en papel, está bien, no estoy criticando. Lo que estoy diciendo es que cambiar el soporte únicamente no sirve. Tiene que haber una transformación real, un valor añadido que le pueda dar a esto que estoy utilizando.

Es decir, en lugar de buscar un mapa usar Google Earth y viajar por el mundo, o usar un sitio de un museo en 360 grados por ejemplo, ese tipo de cosas le dan el valor agregado que no tenemos en otros soportes. Pero para eso se necesita estar informado, estar enterado, estar capacitado, saber que existen esas cosas, porque si no nos quedamos en esto de reemplazar el soporte, que no deja de ser válido porque tiene su comodidad, tiene sus ventajas, pero no es la transformación profunda que estamos proponiendo.

En plena implementación del programa Conectar Igualdad participé de un encuentro en el que expuso alguien de la UNR, que actuaba como entidad veedora para nuestra región, y mostraba orgulloso como, en una escuela en una isla frente a la central de Itaipú los chicos usaban netbooks en vez de libros. Yo le pregunté, “Bárbaro, ¿Y? ¿Cuál es el cambio?”  Pero claro, el riesgo de esto es el de ser tildado de ludita

Leer a Michel Serres y su Pulgarcita me produjo una pequeña revolución, porque lo que plantea ahí es que en realidad el problema está en que los que quieren reformar parten de modelos que ya son perimidos. No hay una revolución en esto. Entonces estamos tratando de modificar la situación basándonos en modelos que ya no tienen más vigencia.

Un ejemplo muy gráfico: se prohíbe el celular en la escuela. Entonces, en lugar de incorporar la herramienta, se prohíbe, ¿Por qué? Porque los que plantean esas cosas lo hacen en base a modelos que ya hace tiempo son perimidos, que ya no tienen más vigencia. Entonces nos chocamos con esto: si queremos modificar y estamos escasos de ideas es porque en realidad no tenemos de dónde abrevar para tomar esas ideas.

Y, por otro lado, cuando hay una bajada de línea es por imposición. Y qué decir del hecho de que mientras la provincia de Santa Fe prohibía por ley en 2006 el uso de celulares en el aula, el municipio rosarino hacia sus “Campamentos digitales” en 2009 incluyendo magníficas experiencias justamente, con celulares. Nuevamente releyendo a Dickson: no hay tecnología sin intencionalidad. Seguramente política, en este caso.

Nuestros chicos ya incorporaron esta tecnología hace muchos años, entonces, no estamos lidiando con la dificultad de los chicos sino con la dificultad del adulto de generar nuevos modelos que produzcan un cambio realmente revolucionario en la educación. La llegada del ChatGPT y las tecnologías de inteligencia artificial al aula es otro caso: interpela, no tanto a los chicos sino a nosotros y nuestras prácticas.

Tiempo atrás, estaban arreglando una escuela en Oklahoma, Estados Unidos, y al derribar una pared apareció un pizarrón que tenía más de 100 años, de 1917. Se veían ahí los mismos dibujos, los mismos textos y las notas musicales escritas en el pizarrón, tal como se ven hoy en tantas escuelas.

El pizarrón de 1917

Entonces digo, desde el más profundo respeto, esto: si pensamos en un auto o en una computadora, o en un avión, en 100 años ha habido una revolución impresionante. En la escuela todavía seguimos con el pizarrón y la tiza. Entonces, los que tienen que bajar línea lo están haciendo desde un modelo que ya no existe más, en un mundo que no existe más, con unos pibes que no existen más. Ese es el conflicto que se presenta.

No culpo al docente, una de las vocaciones más nobles que hay. Pero ejerce en un sistema que parece estar complotado para frenar. Es un carro con ruedas cuadradas, todo es burocracia, todo es papeles. Y la gente creativa realmente queda un poco relegada a todo esto. Hay que llenar un libro antes que sentarse a estudiar o sentarse a crear, a diseñar.

En muchos casos todavía hay que presentar el cuaderno firmado y corregido, y no es que sea malo, de hecho ha permanecido por más de 100 años. No es que sea malo, es que el mundo es otro. Entonces, hay otra realidad por la cual moverse y con la cual encontrar soluciones para esto. ¿Cuántos de ustedes trabajaron durante la pandemia creando libretas e informes digitales para que los docentes llenen y envíen a las familias? Yo fui uno de esos. Apenas terminada la pandemia se volvió a las libretas de cartón. Y qué decir de los videos, charlas, explicaciones, etcétera, que fueron nuestro pan de cada día…

Y hay una cuestión que tiene que ver con apurarse para prohibir también, es más fácil prohibir que investigar, que buscar, que ser creativo.

Supuse que justamente, esta situación de pandemia y de exigencia nos pondría a pensar, y que lo primero que sucedería sería capacitar a los docentes, no por si pasa de vuelta una pandemia, sino porque hemos aprendido que hay otro mundo que todavía no habíamos explorado y que tiene que ver con el uso de las nuevas tecnologías para la educación para realmente producir una revolución digital. Pero no.

Sin embargo, solo era cuestión de escuchar:

En lo personal, quise pensar que más allá de o por encima de lo que pudiéramos aprender de esto tuviéramos memoria de lo que aprendimos, que no nos olvidemos de que hemos aprendido mucho en esta instancia y que vamos a sacarle provecho; que no volvamos otra vez a lo mismo, sino que volvamos dándonos cuenta de qué falta y qué falló para poder seguir evolucionando y creciendo.

En definitiva, para trabajar mejor, para trabajar más cómodos, más contentos y sobre todo para darle a nuestros chicos un producto que les sea legítimo, que no sean parte de un sistema, sino que realmente sean ciudadanos del siglo XXI con todas las competencias que necesitan. Que el cambio sea cultural y no solamente de soporte tecnológico.

Muchas gracias.

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Estupenda jornada sobre informática y docencia en el Foro ADICRA 2023

Necesaria y con una enorme suma de aportes y aprendizajes, así fue la jornada junto a colegas en el Foro de ADICRA 2023 en Rosario. Notables ponencias, talleres y una mesa de debate que en lo personal disfruté mucho.

Gracias a los Prof. Gustavo Cucuzza y Ricardo Leithner por la invitación a participar de la mesa de debate, y al Prof. Alberto Lombardi por la organización, tan al detalle. Y por supuesto, a todos los miembros de ADICRA que pusieron tanta dedicación en la tarea.

Una audiencia muy atenta y participativa y las adecuadas instalaciones de la UTN terminaron de redondear un momento valioso y necesario. Aquí, algunos momentos de la jornada. Un placer además, poder compartir el evento con colegas que aprecio.

Prof. Fabio Gonzalez: «Medición del Pensamiento Computacional (una experiencia local)».

Prof. Franco Cardigni: «Importancia de la Informática desde la escuela para los Estudios Superiores -Un experiencia universitaria-»

Prof. Hugo Rojas – «Educación STEAM para mejorar la enseñanza de la Informática en el nivel primario».

Taller con el Prof. Francisco Mendez: «Diseño e Impresión 3D y su aplicación en las clases de Informática».

Taller con el Prof. Gustavo Cierra – «Hacer posible la robótica en el aula».

Dr. Pablo Bongiovanni: «Inteligencia Artificial y Educación ¿Aliados o Enemigos?».

El Prof. Alberto Lombardi habló de la situación de #LaInformáticaComoMateria en Santa Fe.

Mi intervención fue una memoria de la pandemia, y las contradicciones del solucionismo y el «imposicionismo» que marcó a fuego la experiencia de la cuarentena.

El cierre estuvo a cargo del actual Presidente de la ADICRA, Prof. Gustavo Cucuzza, quien hizo un análisis comparativo de la situación de #LICM en todo el país.

Por supuesto también hubo momentos de compartir algunas delicias entre colegas.

Todo esto en un marco de participación importante de colegas e interesados, que hizo del encuentro un momento de mucho  aprendizaje para todos.

¡Hasta la próxima!

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Más sobre el Foro de ADICRA en Rosario

Anunciábamos en una entrada anterior, que el próximo sábado 10 de junio se llevará a cabo la edición 2023 del Foro de ADICRA (Asociación de Docentes de Computación e Informática de la República Argentina) en Rosario, en las instalaciones de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).

Conversamos con el tesorero de la Asociación, Prof. Alberto Lombardi, para conocer detalles del evento, durante la emisión del programa radial Gigantes Gentiles (lunes, 20hs. por FM 104.3 de Rosario):

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