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datos - 10. página

Un desafío ético en arenas movedizas legales

El título del artículo en lainformacion.com ya plantea desde el título el nudo de la cuestión: Un proveedor de Internet sueco desafiará las leyes ‘anonimizando’ todo el tráfico de sus clientes.

El proveedor de Internet sueco Bahnhof, nombre que trascendió mundialmente a partir de que el año pasado hospedó a Wikileaks en sus máquinas en su centro de datos de Estocolmo, ha vuelto ahora a las primeras planas con una propuesta para eludir la Directiva Europea de Retención de Datos. Esta polémica directiva obliga a todos los proveedores a guardar información sobre las conexiones de sus clientes, de allí el desafío de la propuesta. Así se explica en el mencionado artículo:

La directiva en cuestión se aprobó hace años en el parlamento de la Unión Europea, y en el caso de Internet se refiere a datos de los clientes y su navegación por la red. En los servidores del proveedor quedan normalmente archivados datos tales como las direcciones IP que visitan, el nombre y dirección del usuario y la hora, fecha y duración de las comunicaciones. La idea original tras esta legislación es que esos datos pueden ser utilizados únicamente para la «detección, investigación y persecución» de delitos relativos al terrorismo y al crimen organizado, por ejemplo comprobando por dónde navegaron en días anteriores los criminales tras producirse un atentado o un crimen de importancia similar.

Lo que van a hacer en Bahnhof es hacer pasar todo el tráfico de los clientes por una VPN (Red Privada Virtual) completamente cifrada mediante técnicas criptográficas seguras. De este modo, ni siquiera los propios operadores de Bahnhof sabrán por dónde navegan los usuarios, dado que no habrá registros (logs) que guardar: su navegación será anónima a todos los efectos. Esto, según sus directivos, ‘no hará muy felices a los lobbies de la propiedad intelectual’ que persiguen a quienes presuntamente infringen sus derechos solicitando sus datos personales para saber quiénes son, qué contenidos alojan y por dónde navegan.

La idea es sencilla: como el proveedor no sabrá lo que hace la gente, no habrá datos que guardar, ni nada útil que entregar ante el requerimiento de un juez. Nada menos.

Haciendo gala de una excepcional capacidad de ironizar sobre la situación, Bahnhof ofrecerá un servicio extra al que los clientes podrán optar voluntariamente: ‘dejar que te espíe el gobierno costará unos 8 dólares más al mes’.

Fuente: lainformacion.com

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La doble moral de Amazon apesta

Amazon revocó el contrato de hospedaje de Wikileaks aduciendo que el sitio de filtraciones no era propietario de los documentos que publicaba. Esta situación infringiría las condiciones de uso de AWS (Amazon Web Services). Sin embargo, ahora Amazon ha decidido lucrar vendiendo los mismos documentos que motivaron la expulsión de Wikileaks. Amazon ha decidido lucrar vendiendo los mismos documentos que motivaron la expulsión de Wikileaks. En ésta página, Amazon del Reino Unido vende por 7,37 libras esterlinas los documentos del denominado Cablegate filtrados por Wikileaks. Para despertar el interés de posibles compradores, Amazon presenta el material con el siguiente título: ‘WikiLeaks documents expose US foreign policy conspiracies’ (Documentos de Wikileaks dejan al descubierto las conspiraciones de la política exterior estadounidense).
DiarioTi, informando ayer sobre la burrada -con perdón de tan noble animal- de Amazon.

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Hillary, la desmemoriada

También estamos apoyando el desarrollo de nuevas herramientas que permiten a los ciudadanos ejercer sus derechos a la libertad de expresión saltándose cualquier censura con motivaciones políticas. […] Tanto los ciudadanos americanos como las naciones que censuran Internet deben comprender que nuestro gobierno está comprometido a ayudar a promover la libertad en Internet.
Hillary Clinton en enero de 2010. No, no estaba hablando de WikiLeaks. Gracias, Microsiervos.

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Wikileaks, o el lado para el que gira el mundo

Hoy se entregó Julian Assange a las autoridades británicas, en momentos en que pesaba una orden de captura sobre el atribulado editor de Wikileaks por un asunto que nada tiene que ver con la difusión de los ahora famosos documentos diplomáticos.

Digo atribulado, porque el hombre no tiene tranquilidad desde que difundió esa especie de radio pasillo de la diplomacia mundial: le cancelaron la cuenta de PayPal con la que recauda los aportes para su proyecto, le cerraron sus cuentas en Suiza -algo bastante insólito, por cierto, si se tiene en cuenta las características del sistema bancario de ese país-, entre otras varias delicias. ¿El sistema entero contra el bueno de Julian? Mmm… puede ser.

La cuestión es que ninguno de los documentos revelados va a cambiar el estado actual de cosas, tal la entidad de ellos. Esta primera tanda de documentos, cargados de obviedades y cuestiones menores, sólo mantienen a la movediza Hillary dando más explicaciones que su esposo Bill en ocasión del famoso asunto del cigarro, y a los políticos de todo el mundo enmudecidos por el temor a lo pudieran decir los documentos que Wikileaks difunda en el futuro. Y claro, justifican las muchas caras largas de los políticos, quienes creyeron que la charla entre amigos era posible.

Pero no mucho más que eso. Es decir, nada que una buena novela de Graham Greene o John Le Carré no hayan dicho ya, y en forma mucho más entretenida por cierto. Otro notable silencio es el de las organizaciones de derechos civiles.

Tal vez lo único rescatable en todo esto, y que realmente tiene unas implicancias notables por lo novedoso, es la cuestión de la democratización de la información. «No more secrets», pregonaba en una vieja película el personaje de Robert Redford, en la que el susodicho se enfrascaba en una sorda lucha con lo más subterráneo del poder. Ese parece ser el sentido de esta pequeña revolución en nuestra forma informarnos para entender para que lado gira el mundo.

Parece, digo. Cuando se difundan documentos que realmente digan cosas, tal vez podamos sacar alguna conclusión más seria.

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Aquellos que todavía creen que borrar en Facebook es fácil, deberían leer esto

Me acerca @aletorto un artículo de Gawker.com -en inglés- que me apuro a traducir y reseñar para nuestros lectores. Lo dicho: aquellos que todavía creen que borrar en Facebook es fácil, deberían leer esto.

El artículo en cuestión se titula: «‘Borrar’ en Facebook puede tomar 16 bochornosos meses», y explica cómo una foto causante de cierto bochorno que Facebook nos permite eliminar de nuestro perfil, puede permanecer en sus servidores durante casi un año y medio.

La prueba de esto la ofrece Jacqui Cheng, del blog de tecnología Ars Technica: una foto que eliminó en mayo de 2009 -y acerca de la que escribió en julio de 2009- está todavía en los servidores de Facebook hoy, más de 16 meses más tarde. Afirma la autora del artículo, que:

La red social eliminó el enlace a la imagen de inmediato, pero nunca llegó a quitar el archivo real, es decir, alguien que tuvo o pudo obtener la URL de la imagen puede obtenerla igual de Facebook

Facebook le aseguró a Cheng en julio de 2009, que la imagen se eliminarían en un «plazo razonable» y que el resto de las personas no podrían verla. Pero la autora asegura que ambas afirmaciones resultaron falsas. El portavoz de Facebook Simon Axten le respondió a Ars por correo electrónico esta semana, afirmando lo siguiente:

Para todos los propósitos prácticos, la foto ya no existe, y no nos sería posible encontrarla si se nos solicita e incluso si se nos obliga a hacerlo. Esto es similar a lo que ocurre cuando se elimina la información del disco duro de su ordenador.

Lo que parece no tener en cuenta Axten, como bien se hace notar en el artículo en cuestión, es que a diferencia de los archivos de FB, nuestro disco rígido no está indexado por Google, ni en el caché de los navegadores, o a la mano de hackers. Y se asegura que si alguien está decidido a encontrar una foto embarazosa eliminada, tendrá mejores probabilidades de lograrlo si se publicó alguna vez a Facebook.

La imagen que Cheng borró era muy inocente -su rostro tomado por su webcam-, pero las personas con fotos más comprometidas seguramente deberían preocuparse por el hecho de que a Facebok le haya tomado 16 meses eliminar un archivo público enlazado desde un sitio de tecnología destacado. Como concluye Cheng,

Facebook tiene que hacer del «eliminar», realmente «eliminar». Ya tiene suficientes problemas protegiendo a los usuarios de las filtraciones de privacidad que se supone no deberían suceder; no hay razón para que haya filtraciones en la infraestructura de Facebook por su diseño.

Fuente: Gawker.com

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