La Comisión Europea tiene previsto presentar antes del verano una propuesta legislativa para proteger el derecho al olvido en Internet. (…) Tanto buscadores como servicios y plataformas con base social destacan que les sería imposible optimizar su servicio al consumidor si no retuvieran de él una serie de datos sensibles. Tengan o no razón, la norma que resulte deberá ponderar ante todo los intereses del ciudadano, tanto en intimidad como en eficacia en los servicios que contrata.
De «El derecho al olvido: borrar los datos personales de Internet», por Antonio Delgado, publicado en Eroski Consumer
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Fuga de datos
El agregado de datos personales en línea establece el escenario para un ‘WikiLeaks para tu vida’. El hallazgo del tesoro de los datos personales de cada uno de nosotros está creciendo a niveles inesperados, y la fuga de grandes porciones de esos datos puede ser personalmente devastador.
Michael Fertik, director ejecutivo de Reputation.com, una empresa que cobra por manejar la privacidad de las personas en línea. Citado por The New York Times
Visión completa, modo empleador
Nosotros, para todo puesto de jefatura hacia arriba chequeamos Facebook y Linkedin. Siempre se ‘googlea’ el nombre. La ventaja es tener una visión completa de la persona, incluyendo gustos, hobbies y tipos de amistades. Pero la verdad es que la gente no toma conciencia de que todo lo que se escribe en un blog, en Fotolog o se comenta en mi muro, si no está configurado con reglas de seguridad, automáticamente pasa a ser público y cualquiera accede a eso.
Pablo Molouny, gerente general de Trabajando.com, citado por Fernanda Sandez en ‘Prisioneros del pasado, los riesgos de la cibermemoria’.
Más allá de la nube, que nunca falte un buen respaldo
El caso de Google de estos días pasados, en el que por un error borraron varios miles de cuentas de correo, muestra que nadie está a salvo de una pérdida de datos, y que sólo puede resolver tal catástrofe un buen respaldo en soportes físicos off-line.
Para el caso que nos ocupa, la solución fue recuperar la información de cintas magnéticas.
Lo notable del caso es que hubo algunos periodistas de medios importantes, que presentaron la noticia como un enfrentamiento «Nube vs. Discos» o algo parecido, en una especie de «periodismo Harry Potter»: en vez de explicar la ciencia detrás, alimentan la fantasía (y los temores) de los legos con declaraciones sin sentido.
Por ejemplo, el periodista de rtve.es que trató la noticia dice: «por paradójico que parezca, Google, el gigante del cloud computing (computación en la nube), recurre a soportes físicos para salvar los datos en caso de error tecnológico». ¿Y en dónde quieres que guarden la información? Y, ¿qué es la propia nube, sino información almacenada en medios físicos accesibles desde la red? ¿O acaso la tan mentada «nube» es un ente, etérea, flotando por allí, a cuyo arbitrio de borrar o no nuestra data nos sometemos?
La cuestión de la nube (cloud computing, en inglés) viene a cuento en este caso porque Google brinda una gran cantidad de servicios on line: Gmail, Docs, Blogger y otros (entre los más conocidos), en los que el usuario no tiene control del soporte físico que almacena sus datos, sino que están guardados en sistemas que pertenecen (y por lo tanto, controlan) las propias compañías que brindan esos servicios.
En fin. Menos mal que los chicos de Google hacen respaldo de los datos. Sus ingenieros recurrieron a las cintas magnéticas en las que guardan offline (esto es, que no están en línea y por lo tanto no pueden ser accedidos desde el exterior) todos los datos, a fin de protegerlos ante cualquier falla física, lógica o un error humano. De este modo, los correos electrónicos no se perdieron porque estaban guardados en soportes físicos.
A próposito, usted, ¿cuándo fue la última vez que hizo (o pidió que le hagan) un respaldo de la información importante en su computadora? Mire que echándole la culpa al técnico, los datos no se recuperan…
Aplicaciones iPhone comprometen la seguridad
publicó en su sitio las reveladoras conclusiones a las que llegó un grupo de investigadores, en cuanto a ciertas aplicaciones de iPhone que comprometen la seguridad de la información personal, apoderándose de nuestros datos.
Bajo el título de «¿Quieres seguir a la gente? Hay una aplicación para eso», el artículo explica que «más de la mitad de todas las aplicaciones para el iPhone recopilan y comparten un código único que se podría utilizar para rastrear a los usuarios sin su conocimiento, según informa un estudio reciente».
La investigación fue llevada a cabo por un estudiante de doctorado en la Universidad Técnica de Viena junto a otros tres investigadores. Ellos examinaron más de 1.400 aplicaciones para el iPhone para observar y comprender como manejan los datos de los usuarios: 825 aplicaciones disponibles de forma gratuita en la App Store de Apple y otras 582 aplicaciones en el almacén Cydia, un servicio para aquellos usuarios que liberaron el teléfono.
Algunas de las conclusiones:
- Treinta y seis de las aplicaciones examinadas accedían a la ubicación del dispositivo sin informar al usuario.
- Otras cinco extraían datos de la libreta de direcciones del usuario sin permiso.
- Más de la mitad de las aplicaciones para el iPhone estudiadas recogían el ID de dispositivo (número hexadecimal de 40 dígitos que sirve para identificar a un teléfono en particular).
- Más de 750 de las aplicaciones estudiadas utilizaban algún tipo de tecnología de seguimiento.
- En unos 200 casos, el desarrollador creó una manera de hacer un seguimiento del código de identificación del dispositivo; el resto de las aplicaciones utilizaban esta funcionalidad a partir de la publicidad o haciendo un seguimiento de la biblioteca de software.
Manuel Egele, uno de los investigadores, afirma que «el código identificado no está ligado a un nombre de usuario, pero se puede vincular a una cuenta de Facebook». Eso permitiría a los desarrolladores del software acceder a una gran cantidad de información sobre el usuario, «incluyendo su verdadero nombre», concluyó.
Apple asegura supervisar las aplicaciones, pero en el artículo se afirma que es poco lo que se sabe sobre el método que utiliza la compañía para comprobar cada aplicación: según Charlie Miller, experto en seguridad entrevistado para la nota, el iPhone limita automáticamente lo que pueden hacer los programas, los que no provienen de grandes desarrolladores sino de gente común, usando algo denominado como «caja de arena», aunque estas restricciones no son muy estrictas: «Se ejecutan en una caja de arena, pero es un recinto de seguridad poco severo».
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