El primer tsunami que todos pudimos seguir al instante nos muestra una vez más que en esta era de lo impensable, de la historia veloz y la incertidumbre más profunda, lo único que no podemos decir es que no nos enteramos de lo que está pasando. Que lo podamos elaborar, repensar o sacar conclusiones a la misma velocidad, es otra cosa.
Gustavo Sierra, corresponsal, analizando la cuestión de los medios y el terremoto en Japón.
La última misión
En la foto, el transbordador espacial Discovery (STS-133) toca tierra el 9 de marzo de 2011 en el Kennedy Center en Cabo Cañaveral, Florida, completando su último vuelo.
Desde 1984, el Discovery voló 39 misiones, pasó 365 días en el espacio, orbitó la Tierra 5.830 veces y viajó 148.221.675 millas.
Nuestro homenaje y reconocimiento a una maravilla de la tecnología.
Crédito de la info y foto: NASA
Más allá de la nube, que nunca falte un buen respaldo
El caso de Google de estos días pasados, en el que por un error borraron varios miles de cuentas de correo, muestra que nadie está a salvo de una pérdida de datos, y que sólo puede resolver tal catástrofe un buen respaldo en soportes físicos off-line.
Para el caso que nos ocupa, la solución fue recuperar la información de cintas magnéticas.
Lo notable del caso es que hubo algunos periodistas de medios importantes, que presentaron la noticia como un enfrentamiento «Nube vs. Discos» o algo parecido, en una especie de «periodismo Harry Potter»: en vez de explicar la ciencia detrás, alimentan la fantasía (y los temores) de los legos con declaraciones sin sentido.
Por ejemplo, el periodista de rtve.es que trató la noticia dice: «por paradójico que parezca, Google, el gigante del cloud computing (computación en la nube), recurre a soportes físicos para salvar los datos en caso de error tecnológico». ¿Y en dónde quieres que guarden la información? Y, ¿qué es la propia nube, sino información almacenada en medios físicos accesibles desde la red? ¿O acaso la tan mentada «nube» es un ente, etérea, flotando por allí, a cuyo arbitrio de borrar o no nuestra data nos sometemos?
La cuestión de la nube (cloud computing, en inglés) viene a cuento en este caso porque Google brinda una gran cantidad de servicios on line: Gmail, Docs, Blogger y otros (entre los más conocidos), en los que el usuario no tiene control del soporte físico que almacena sus datos, sino que están guardados en sistemas que pertenecen (y por lo tanto, controlan) las propias compañías que brindan esos servicios.
En fin. Menos mal que los chicos de Google hacen respaldo de los datos. Sus ingenieros recurrieron a las cintas magnéticas en las que guardan offline (esto es, que no están en línea y por lo tanto no pueden ser accedidos desde el exterior) todos los datos, a fin de protegerlos ante cualquier falla física, lógica o un error humano. De este modo, los correos electrónicos no se perdieron porque estaban guardados en soportes físicos.
A próposito, usted, ¿cuándo fue la última vez que hizo (o pidió que le hagan) un respaldo de la información importante en su computadora? Mire que echándole la culpa al técnico, los datos no se recuperan…
Maestro Siruela
Siempre escuché a mi abuela llamar a alguien «Maestro Ciruela» (con «C», al menos asi lo interpretaba yo), cuando el sujeto en cuestión hablaba con autoridad de un tema acerca del cual era totalmente ignorante. Como yo era chico y no entendía muy bien que tenía que ver ser un chanta con esa fruta que a mi me gustaba tanto (las rojas, sobre todo), nunca le presté mayor atención al asunto.
Con los años la frase cayó en desuso, y creo que no volví a saber de ella hasta esta mañana: alguien comentó algo al respecto en un post que estaba leyendo, haciendo la aclaración «maestro siruela (no, no es un error ortográfico)». Y claro, esas cosas disparan mi curiosidad hacia la red/libro/artículo/etc., lo que sea que sirva para resolver el desafío me planteó la aclaración. Desafío sencillito, claro, pero útil para desasnarse un poco.
Finalmente, me quedé con un artículo de La Nación del 8 de marzo del 2009, escrito a partir de la avalancha de correo que recibió la redacción del diario a causa de lo que muchos lectores consideraron una desafortunada falta de ortografía por parte del humorista Nik: le había hecho decir a Gaturro, «maestrita Siruela».
Según el artículo en cuestión, la expresión nada tienen que ver las ciruelas. Siruela es un pueblo de la provincia extremeña de Badajoz y el maestro Siruela es un personaje proverbial, surgido del ingenio popular. Se desconoce si el dicho corresponde a un hecho real o fue inventado y quedó para siempre como una crítica burlona sobre la persona ignorante que habla u opina sobre una cosa que desconoce.
Según afirmó el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, consultado para la ocasión, el refrán original es «como el maestro de Siruela que no sabía leer y puso escuela». El lingüista comentó además que «ya el maestro José María Sbarbi, en su gran diccionario de refranes, aclaraba en la década del 40 que la gente suele confundir el pueblo de Siruela con la ciruela».
Parece claro que no hay en el refrán ninguna referencia histórica ni intención de burlarse de los maestros del pueblo de Siruela. Una simple rima, es todo.
En donde nace y muere la tecnología
Más allá de la literalidad de mi título, tiene su gracia verlo de este modo, ¿no es cierto?
Empleados de la fábrica de Rizhao Hidear Electronics probando los nuevos televisores LED.
Basurero transportando desechos para ser reciclados en un centro especializado, en Hanoi.
La cantidad de sueños, esfuerzos, trabajo, ingenio y aun dificultades que hay entre estos extremos es enorme, tan transitorios todos ellos. Como la vida misma, claro.
Fuente: rtve.es
Pensando en voz alta
CeBIT 2011: presentan pantalla totalmente inalámbrica
Informa la edición digital de MuyInteresante, que la firma Fujitsu ha presentado en el CeBIT 2011, el evento internacional más grande de la industria digital, la primera pantalla totalmente inalámbrica del mundo.
Este monitor de 22 pulgadas integra la tecnología SUPA (siglas de Universal Power Smart Access), desarrollada por el Instituto Fraunhofer, que suministra electricidad mediante inducción magnética desde la antena del transmisor, la que queda integrada en los paneles de escritorio o de la oficina.
La electricidad de la antena está concentrada en un hot spot. Aseguran que esta tecnología es completamente segura, como las placas de cocina basadas en la inducción o los cargadores eléctricos de los cepillos de dientes. La pantalla capta las imágenes a través de un USB inalámbrico desde un ordenador de sobremesa o portátil, con un alcance de hasta 10 metros. La nueva pantalla sin cables recibirá el Universal Design Award 2011.
Fuente: MuyInteresante
Materializando lo inmaterial
Transformar en material lo inmaterial. Maravilloso modo de mostrar en que medida estamos atravesados por infinidad de ondas de todo tipo. En este caso, detectando las redes WiFi que atraviesan una ciudad en Noruega.
En un modo casi romántico, sus autores lo denominan «Luz pintando WiFi», y el método utilizado por estos estudiantes noruegos es por demás original: uno de los miembros del equipo recorre la ciudad con una larga vara con LED’s, capaz de detectar las señales Wi-Fi y marcar su potencia. Los demás miembros van tomando fotos de larga exposición. Así de simple. Así de complejo.
En el video a contunuación, los llamativos e impactantes resultados de tal experiencia:
Immaterials: Light painting WiFi from Timo on Vimeo.
Fuente: Microsiervos
La tristeza, a la basura
Aquella mujer cogió su tristeza, la dobló cuidadosamente, la metió en la bolsa de la basura, cerró la bolsa —no sin alguna dificultad, puesto que no todas las tristezas caben en una bolsa de basura de tamaño normal—, salió a la calle y tiró la bolsa en el contenedor.
Brillaba el sol y su vestido parecía nuevo. Curiosamente, el mundo también le parecía nuevo a ella. La calle relucía con un esplendor de cuadro recién pintado, los perros de la calle orinaban chorrillos de luz en las farolas y las viejecitas de la calle se encorvaban como un signo de interrogación trazado temblorosamente por un niño que estuviera aprendiendo a escribir.
Y ella misma se sentía resplandecer. ¿Qué te has hecho?, le preguntaban sus amistades. Pareces otra.
Nadie formulaba la pregunta correcta: ¿de qué te has deshecho?
Pero si la respuesta es buena, la pregunta es lo que menos importa.
«De como responder bien a las malas preguntas», microcuento de Miguel Ibáñez de la Cuesta, recopilado por Carlos G. Barba en “Otros 100 cuentos pequeñitos”
Realidad
Me desperté a las tres de la madrugada sobresaltado, bañado en sangre, con un puñal clavado en el medio de mi pecho. ‘¡Menos mal!’, me dije, ‘es sólo una realidad’. Y seguí durmiendo…
«Una realidad», microcuento de Fabián Vique, recopilado por Carlos G. Barba en “Otros 100 cuentos pequeñitos”
Diferencias
-Yo ladro como vos y, sin embargo, el hombre a mí me persigue.
Y el perro contesta al lobo.
-Pero, ¿olvidas que yo, además de ladrar, sé lamer la mano?
«La ciencia», microcuento de Álvaro Yunque, recopilado por Carlos G. Barba en «Otros 100 cuentos pequeñitos»
Calles que atraen a dibujantes de todo el mundo
Las calles del barrio porteño de Palermo atraen a dibujantes de todo el mundo. En el video de Lanacion.com, una muestra:
Fuente: Lanacion.com
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