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Desde Mendoza y ‘a pesar de’: el Colegio Edison y su proyecto de educación digital

En la revista Viva del diario Clarín se publica hoy, como cada domingo, el Calendario del compromiso con la Comunidad. ¿De qué se trata? Es una iniciativa de la Fundación Noble y la Red Solidaria que apunta a complementar el espacio que tiene la solidaridad en la agenda cotidiana de los medios. Durante todo el año, se publica semanalmente en la Revista Viva del Diario Clarín y en Internet, y ofrece un lugar identificable y sistemático para aquellas instituciones y personas de todo el país que trabajan por los demás.

El tema de esta semana es «Por una educación digital igualitaria», cuya consigna principal es que «el avance de Internet y de la sociedad de la información exige encontrar las mejores prácticas en la educación para promover una alfabetización digital que alcance a alumnos de todos los sectores». El documento completo se leer en la revista. También puede bajarse en formato .pdf desde el sitio del Calendario.

Lo que deseo destacar está relacionado con el caso modelo que acompaña a la consigna. Se trata del Colegio Tomás Edison, de la ciudad de Guaymallén, en mi querida y siempre recordada provincia de Mendoza. En referencia a la experiencia de esta institución, se dice que,

Se convirtió en la primera experiencia de educación digital de Latinoamérica. Pese a sus techos de chapa y patios de tierra, esta escuela primaria tiene conexión de Internet inalámbrica y, a partir de este año, cada alumno de 5º grado en adelante cuenta con una computadora personal.

Los primeros equipos llegaron cuando los alumnos –en su mayoría provenientes de familias con pocos recursos- decidieron por unanimidad destinar la plata recaudada desde primer grado para el viaje de egresados a comprar 20 Tablet PC usadas, en un remate que realizó un banco de Miami.

El proyecto Aula Digital nació hace cinco años por una iniciativa personal de la directora de la escuela, Graciela Bertancud que comenzó a analizar cómo usaban las nuevas tecnologías los estudiantes y se preguntó qué podía hacer para incluir en el colegio la alfabetización digital.

En el año 2005 el Colegio obtuvo el primer Premio Nacional a la Calidad Educativa por este proyecto, distinción otorgada por el Ministerio de Educación de la Nación y reconocida, además, por la Empresa INTEL.

Lo notable es que estos chicos sacrificaron el dinero recaudado desde primer grado para el viaje de egresados, para comprar 20 Tablet PC usadas. Seguramente hicieron semejante sacrificio con gusto, pero me pregunto, ¿dónde están las laptops del proyecto OLPC que llegaron al país hace tanto tiempo, y que sólo vimos en fotos?

Juro que si estuviera a mi alcance, haría todo lo posible para que esos chicos recuperen el dinero de su viaje, porque me da vergüenza ajena que nuestras autoridades, aquellas que se llenaron la boca hablando de alfatización digital y de una computadora por niño, miren para otro lado mientras se suceden estos esfuerzos en aras de mejorar las oportunidades para nuestros chicos.

Ya sea que tengan plataforma Sugar, Tuquito, Windows o lo que sea -digo, por buscar una excusa en la morosidad de la implementación-, las laptops del proyecto OLPC que llegaron al país para estas cuestiones no aparecen cuando se las necesita.

¿Dónde estás las laptops?

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Agrego hoy 28-07, buenas nuevas desde Guaymallén:

Recibo un mail de la directora del Colegio Tomás Edison, Graciela Bertancud, en el que me dice,

Quiero contarle que los alumnos recibieron el viaje gracias a la empresa Microsoft, que invitó al grupo de alumnos a la Feria del Libro, el año pasado, experiencia muy significativa e inolvidable.

Sin dudas, una buena noticia y un premio al esfuerzo de la comunidad educativa del colegio mendocino. ¡Felicitaciones!

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No pierda el tiempo leyendo. Pregunte, ¡y listo!

El mundo gira vertiginoso; todo avanza muy rápido.

Mejor explicame vos, que no tengo tiempo. No, no lo puedo leer, lo necesito rápido. No, contestame vos, que lo sabés. ¿Para que voy a leer el manual, si es una pavada? Che, ¿para que sirve este botón? ¿Qué dijo? No escuché. ¿Cuando lo explicó? ¡Yo ese día falté! ¿Por qué ponen eso? ¿Estaba escrito ahí? Mirá vos. No, diferente no quiero. ¿Tengo que aprender todo de nuevo?

Esas parecieran ser las consignas.

Monsieur Voltaire dijo: «No tengo el arte de ser claro para quien no quiere estar atento». Adhiero a eso. Sin embargo nos empeñamos en mirar para otro lado cuando alguien está explicando, o en volver a preguntar lo que hace instantes se dijo. Después decimos «no me lo explicó» o «no se entiende lo que dice», y el problema no estuvo en el arte de quien dice, no sé si me explico.

Todas estas pavadas, que tal vez nadie lea porque no creo que alguien tenga tiempo para leer pavadas, surgen de la lectura, hace sólo unos minutos, de los comentarios a una noticia que publiqué hace un tiempo en uno de mis sitios. Pero se repite bastante en otros espacios, propios y ajenos.

La cuestión es así: reproduje parte de una nota del Diario de Madryn, sobre un proyecto de producción de biodiesel con algas en la provincia de Chubut. Cuando comencé a recibir comentarios pidiendo detalles sobre el proyecto, como creo que corresponde respondí a cada uno con mensajes del tipo «no tenemos relación con el proyecto, sino que nos limitamos a reproducir…» etc. etc. Pero siguieron apareciendo preguntas similares, asi que puse una leyenda que aclaraba que «ante las reiteradas consultas que recibimos luego de la publicación del presente artículo, informamos que…» etc. etc. Como siguieron llegando preguntas, puse la leyenda al comienzo del artículo y en color rojo. Llegué a comunicarme con una persona en España que tiene un proyecto similar, como para que los interesados pudieran comunicarse con otra fuente, y nada, siguen apareciendo preguntas.

Las dos últimas no las respondí.

Pero después me pregunté, ¿por qué razón habría que perder el tiempo leyendo, estudiando, averiguando, buscando, informándose? Y me acordé de Eco. Lo cito:

Los medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión?

(…) Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).

(…) El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones. El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.

Preguntar parecería ser bueno cuando sirve para ampliar, entender, dudar, aclarar, disentir, dudar. Pero me da la impresión de que fracasa estrepitosamente cuando se usa para reemplazar.

Por eso siempre recomiendo primero la lectura. Después hablamos.

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Pobreza, deformación y economía del lenguaje no son sinónimos

En una de las ocasiones en que participé en «Plan A» como panelista, había en el programa una invitada de lujo: la escritora Angélica Gorodischer. Desde hace un tiempo tenía ganas de publicar, vía transcripción, algunos de los conceptos que la escritora virtió en sus intervenciones. En estos días de quejas varias hacia los nuevos medios me pareció oportuno hacerlo.

Al preguntársele si «las tecnologías, como el teléfono celular, internet, los mensajes, el chat, ¿deforman el lenguaje? ¿tienen una influencia negativa sobre él?», la escritora respondió:

A mi esas cosas no me preocupan demasiado porque el lenguaje vive deformándose, porque resulta que el lenguaje está vivo. Menos mal que se deforma. Menos mal que se agregan nuevas palabras de otros idiomas. En realidad el castellano que nosotros hablamos es un idioma extranjero. El idioma no es puro, por suerte; no hay nada puro ni en la naturaleza ni en la cultura. Y es una suerte que el idioma sea mestizo e impuro porque se va acrecentando, va creciendo, va evolucionando.

Todas las palabras que usamos vienen de otros idiomas. De repente una vidriera dice: ‘Gran Parrilla El Churrasco Argentino’, y abajo dice ‘Delivery’. Me parece perfecto. ‘Delivery’ es mucho más práctico que ‘Reparto a domicilio’. Y algún día ‘delivery’ estará en el diccionario, como estará ‘sale’ o como estará cualquier otra cosa, y se convertirán en palabras castellanas. Si yo le digo a usted ‘tráigame un almohadón’, estoy diciendo una palabra árabe; y si yo le digo que Fulano ‘hizo un gol’, estoy diciendo una palabra inglesa. Y si hablo del ‘budín’ o si hablo de ‘fideos al graten’, estoy usando una palabra francesa.

Hay otra cosa que a mi me preocupa, que es el empobrecimiento del idioma. Eso si me preocupa y mucho. Quiero decir que de los 380.000 vocablos que tiene el castellano, la gente joven está usando 400 y mal. Cuando a mi un profesor me dice ‘mirá, encontré en la tarea de una muchacha una palabra de tres letras con dos errores de ortografía. Digo, ‘no puede ser’. ‘Si’. ‘¿Qué palabra?’ ‘Decía: ‘oi llueve».

Cuando el conductor sugirió, «no sé si pobreza, pero sí economiza el lenguaje la tecnología…», la respuesta de Gorodischer fué una pregunta que quedó en el aire: «¿Y adonde está el límite?»

Pensando en esto

Reflexionando sobre estas cuestiones, es interesante considerar la transferencia que los chicos hacen entre diferentes modelos y soportes en la comunicación. Esto es, en muchos casos trasladan las formas a las diferentes instancias sin adecuar el estilo a las particularidades específicas de la comunicación en la que están interviniendo.

No es extraño que los docentes leamos en un examen respuestas del tipo ‘eso es cuando vos hacés tal cosa…’ -que además demuestran una grave dificultad para conceptualizar-, o que usen abreviaturas al estilo SMS en un artículo o en un trabajo práctico. Esa imposibilidad de reconocer estilos y formas adecuadas a determinadas instancias de comunicación no parecen ser culpa del medio, sino el producto de una falta de criterio. Pero ese criterio se aprende.

En todo caso, no estaría mal que se comuniquen como deseen en el chat o el SMS -en ese estilo que les permita la necesaria identificación con el grupo-, pero deben saber que al cambiar el receptor deben adecuar el estilo, no por una pérdida de libertad sino para una mejora sustancial en la forma que interactúan con los otros fuera de la tribu.

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‘Se busca interrumpir el ciclo de marginalización y aislamiento’

Con este objetivo, Amartya lanza a partir del mes de Abril de 2008 la III Edición de su Proyecto Doncel «Integración Sociolaboral de Jóvenes Residentes en Instituciones».

Amartya es una empresa social que busca promover modelos de negocios que sean social y ambientalmente sustentables. Según declaran en su sitio web, son «una organización especializada en la investigación y gestión de la responsabilidad social».

Explican así el proyecto en la gacetilla que recibimos:

Se trata de un programa cuyo objetivo es brindar nuevas oportunidades laborales a jóvenes de entre 17 y 21 años que están en situación de vulnerabilidad y que viven en Hogares o Institutos de Argentina. A través de este programa se busca interrumpir el ciclo de marginalización y aislamiento al que se arriba por la falta de redes sólidas y el bajo nivel educativo de los jóvenes.

Amartya pondrá especial énfasis en lograr el aumento de la cantidad y la calidad de las opciones de empleo, para lo cual buscará lograr un fuerte y estrecho lazo entre los sectores público y privado. Con esto además, fortalecerá la relación entre los Hogares e Instituciones y la comunidad. Las actividades principales del programa tendrán una fuerte base en la generación de una red en la cual distintos referentes del sector público y privado se comprometen con acciones concretas de responsabilidad social a través del otorgamiento de practicas laborales y capacitaciones que permitan aumentar la empleabilidad de los jóvenes, y de este modo, prepararlos para el momento en el que egresen de las Instituciones cuando cumplan los 21 años.

El programa genera una excelente oportunidad para que empresas, pymes y otras organizaciones puedan iniciar acciones no asistencialistas de responsabilidad social incluyendo a jóvenes en situación de riesgo en sus ámbitos laborales. Para materializar esto, contarán con su propio know how y con el acompañamiento del equipo técnico del programa tanto para el joven como para el empleador-capacitador. Para el 2008 el Programa planea incluir 105 jóvenes residentes en Hogares e Institutos de Buenos Aires

Para participar de Doncel los interesados pueden contactarse a través de www.amartya-ar.net, o llamar al teléfono (011) 4952-4779.

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Lessig: El deseo de cambio

Dice Lawrence Lessig, catedrático de derecho en Stanford y creador y principal impulsor de las licencias Creative Commons, en una entrevista de Andres Lomeña publicada por Versvs.net:

Si Obama gana, sí, muchas cosas son posibles. Y si él pierde, mucho menos será posible. No creo que veamos un movimiento general hacia Open Office todavía. Desgraciadamente, para mí sería suficiente si Estados Unidos parara sus prácticas de tortura.

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