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Un tecnólogo en Macondo - 13. página

Desbaratando el pensamiento mágico en la tecnología

La polilla es un bicho

Se conoce como bug -«bicho»- a aquel error o falla en un sistema informático que desencadena un resultado indeseado. Justamente por esto, los programas que ayudan a la detección y eliminación de errores de programación de software, los denominados «depuradores» en español, conservan la referencia en inglés: debuggers.

El primer «bug» del que se tiene conocimiento ocurrió en 1947. Grace Murray Hopper trabajaba como programadora en el laboratorio de cálculo de la Universidad de Harvard y cuando trataba de averiguar la causa de un fallo descubrió que era debido a una polilla que se había colado por entre los contactos de unos de los relés del equipo. Hopper tomó nota del incidente en su cuaderno: «Primer caso real de bicho -bug, en inglés- que se ha hallado».

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La hoja de anotaciones -con la polilla- está expuesta en el museo Naval Surface Warfare Center Computer de Dahlgren, en Virginia, EE.UU.

Entre las numerosas incidencias notables causadas por este tipo de error se incluyen la destrucción de la sonda espacial Mariner 11 en 1962 y del Ariane 5 en 1996, entre muchos otros.

Fuentes:
Wikipedia
Errores históricos

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Vic Gundotra dejó Google

El anuncio, hecho ayer por el propio Gundotra en el servicio que él mismo creó, Google+, sacudió al mundillo tecnológico.

Ya se barajan varios nombres para sucederlo, pero según se rumorea en las redes no será ninguno de los esperados -por caso, su segundo Bradley Horowitz- sino el vicepresidente de ingeniería Dave Besbris.

En su mensaje de partida, titulado «And then», Gundotra apela a la emotividad usando una anécdota personal y agradeciendo a todos sus colaboradores en Google.

Con cierta obsesión por leer entre líneas, me llamó la atención que Vic agradezca a Page y ni siquiera mencione a Brin en el mensaje. El bueno de Larry devolvió las atenciones alabando al ahora ex empleado y asegurando que G+ seguirá adelante.

Y una duda: G+ no logra ganar terreno frente a FB y Twitter. ¿Tendrá algo que ver eso con esta partida?

Lo cierto es que habrá que esperar algunos días, probablemente, para conocer los planes futuros del renunciante empleado VIP de Google.

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Internet para pocos

Si asumimos que en el 2013 el mundo contaba con 7.200 millones de habitantes (según la ONU) y con 2.900 millones de usuarios de internet (según la Unión Internacional de Telecomunicaciones), la realidad se hará presente.
Sólo 39% de la población mundial tiene acceso a internet y el resto se está quedando fuera de la revolución de la información haciendo crecer la brecha digital, esa que dará más oportunidades a quienes tengan acceso a la red y cerrará las puertas a los analfabetas digitales.
En América Latina el panorama no es muy diferente. Se estima que un 41% de la población usa internet lo que deja a casi 350 millones de habitantes sin acceso a la red.
Informe de David Cuen para BBC Mundo

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Un video lleno de ‘aparatos’

En la trastienda de un estudio en la ciudad posindustrial de Essen, en Alemania, el autoproclamado biohacker Tim Cannon se hizo implantar un chip de computadora que puede grabar y transmitir sus datos biométricos.

El dispositivo subcutáneo, llamado el Circadia 1.0, consiste en una caja sellada -de un tamaño considerable- con una batería que se recarga en forma inalámbrica.

El procedimiento no fue realizado por un médico sino por un amigo de Cannon, y sin anestesia. El implante registra sus datos biométricos y los transfiere a cualquier dispositivo móvil que cuente con el sistema operativo Android. Es de código abierto, y permite al usuario un control total sobre cómo se recogen y utilizan los datos.

¿Signos de una revolución en ciernes, o señal de que estamos realmente complicados?

Fuente: Vice.com

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La retórica de la derrota (nuestra)

La reunión de Bruselas es uno de los tantos ejemplos de cómo la educación suele estar sujeta a los vaivenes de explicaciones que tranquilizan el sentido común, pero contradicen un análisis más cuidadoso de las razones que permiten comprender el desarrollo de las naciones y el éxito de las personas en el mercado laboral.
En efecto, el debate allí planteado parte de un sorprendente truco de magia retórico: la milagrosa inversión de la consecuencia de un fenómeno en la causa del mismo. El desempleo es una de las tantas secuelas de la crisis económica. Sin embargo, los ministros de educación de Europa y quizás los de buena parte del mundo, parecen entusiasmarse con la idea de que el desempleo es el factor principal que produce la crisis. De tal forma, acciones educativas destinadas a combatirlo podrían funcionar “eficazmente” para superar los infortunios vividos. El desempleo se vuelve la causa del problema y la crisis económica su consecuencia. Estamos como estamos porque las personas de manera general, y los jóvenes en particular, carecen de las competencias y de los atributos cognitivos necesarios para volver nuestras economías más dinámicas y competitivas. No es el desempleo la consecuencia de un fracasado modelo de desarrollo; por el contrario, es el déficit de una fuerza de trabajo debidamente capacitada lo que permite explicar nuestra incapacidad por desarrollarnos como deberíamos. Si no deja de ser sorprendente que el ministro de educación griego explique la solución de los problemas que enfrenta Europa, tampoco lo es que todos los ministros y ministras de educación de buena parte del mundo parezcan estar convencidos que los fundamentos de la crisis estructural que enfrentamos encuentra su origen, nada menos, que en el supuestamente improductivo trabajo que realizan cotidianamente nuestras escuelas. (…)

Foxconn, por ejemplo, es la mayor productora mundial de insumos electrónicos. Casi todos los productos de informática y telefonía que usamos o consumimos, de casi todas las marcas, los ha producido esta empresa china, que emplea a más de 1.200.000 personas y factura más de 100 mil millones de dólares por año. ¿Alguien podría suponer que esta enorme corporación existe gracias a la alta “calidad educativa” de la mano de obra china y no al hecho de que paga salarios miserables, de la inexistencia de sindicatos y derechos laborales mínimos, gracias al abuso (decenas de veces denunciado) de trabajo infantil y a un sistema empresarial opresivo que difícilmente estaríamos dispuestos a aceptar en cualquier sociedad democrática? Pensar que el iPad que tanto nos deslumbra se fabrica allí y no en Latinoamérica, simplemente porque los taiwaneses se sacan mejores notas en matemática o ciencias que los jóvenes argentinos o brasileños, parece una explicación demasiado simple para ser cierta.
(Pablo Gentili, en «La educación como coartada»)

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Las condiciones de Facebook que aceptamos sin leer

lupaEn nuestras charlas sobre privacidad en internet dedicamos un momento a hablar sobre el hecho de que aceptamos las condiciones de uso de los programas que instalamos o las redes de las que participamos, sin prestarles mayor atención.

Las condiciones de servicio o «términos de servicio»ToS, por sus siglas en inglés-, son un conjunto de cláusulas a las que nos obliga un proveedor cuando nos registramos en un servicio, usamos por primera vez una aplicación o instalamos un programa. Se trata básicamente de la descripción de los derechos y obligaciones legales que tienen tanto el usuario como el prestatario del servicio en cuestión, y al que ambas partes se comprometen con la sola aceptación por parte del usuario. Es decir, cuando hace clic en «Aceptar».

Estas condiciones de servicio suelen ser de tal complejidad, tan difíciles de leer y cargadas de términos jurídicos, que la mayoría de nosotros las pasa de largo. Craso error.

A partir del análisis de unos pocos casos -algunos graciosos, otros serios, todos preocupantes-, vamos demostrando en nuestras charlas como es que surgen las sorpresas, los malos entendidos y aun los problemas al momento de hacer uso de tales herramientas o servicios.

En relación con está problemática, el sitio de tecnología ALT1040 acaba de publicar un artículo, titulado «Condiciones de Facebook: todo lo que aceptaste sin leer, explicado de forma clara» en el que desgranan, en un lenguaje llano y despojado de la terminología legal complicada propia del original, las condiciones de uso de esta red social que cumplió 10 años esta semana y cuenta ya con más de 1230 millones de usuarios.

El artículo pone las cosas en claro desde el comienzo, afirmando que si bien centra el análisis en Facebook, «cualquiera de las redes sociales que usamos también tienen sus clausulas abusivas».

Un detalle importante a tener en cuenta es que si bien las clausulas que definen las condiciones de uso de Facebook están en castellano, la red social deja en claro que lo que estamos leyendo es una traducción de un texto escrito en inglés de Estados Unidos y que, por lo tanto, el que finalmente prevalecerá como vinculante es su versión original. Esto significa que si hay errores en la traducción, no se tendrán en cuenta.

El texto está estructurado en 19 bloques que se expanden en una cantidad de «páginas aclaratorias», a su vez con más ramificaciones -todas pueden ser modificadas cuando la empresa lo crea necesario, con la sola condición de informarle al usuario tales cambios-. Todo ello para explicar qué es lo que hacen con los contenidos generados por nosotros en su plataforma, lo que nosotros publicamos.

Acerca de esta cuestión, Facebook especifica que somos los propietarios de los derechos de los contenidos que subimos, pero ellos se atribuyen una licencia mientras seamos usuarios del servicio, de modo tal que pueden usar nuestros contenidos o los que generemos en aplicaciones conectadas con Facebook. La única restricción a esto es posible configurando correctamente nuestra privacidad para acotar la visualización de nuestros contenidos. De todos modos, Facebook se asegura de mostrarnos qué información y acceso requiere la aplicación conectada, y queda de nuestro lado aceptar estas condiciones de la aplicación o no.

Por otra parte, en el caso en que eliminemos un contenido publicado por nosotros, Facebook nos avisa que guarda copias de seguridad y las retiene durante un tiempo para poder, de ser necesario, recuperar información.

Otro aspecto importante que señala el artículo, es que para Facebook somos un «producto» de los anunciantes de la plataforma. De este modo, al registrarnos estamos aceptando tácitamente que Facebook use nuestra foto de perfil, nuestro nombre o nuestros contenidos para sus campañas publicitarias o algoritmos de segmentación. Usarán entonces nuestros datos para modelar la publicidad que vemos o la que verán otros usuarios, ya que también le indicarán a nuestros amigos nuestros gustos por una determinada marca. Esto es obligatorio, y sin ningún beneficio económico para nosotros.

Otro dato importante: dado que consentimos a que nuestros datos se almacenen en Estados Unidos, se aplicará la legislación vigente en el país. En caso de demanda, el fuero que aplica es el del tribunal del Distrito Norte de California o un tribunal estatal del Condado de San Mateo.

Más perlitas: Facebook no garantiza que su plataforma sea segura, aunque sí es cierto que impone ciertas «reglas de uso» y mecanismos para informar sobre actividades fuera de las normas establecidas.

Para poder registrar una cuenta en Facebook, el usuario debe ser mayor de 13 años y ofrecer información real. Ellos se reservan el derecho de retirar contenidos publicados si consideran que violan sus políticas o si alguien ha denunciado una violación de derechos de propiedad intelectual. Para los usuarios reincidentes, Facebook puede desactivar una cuenta sin previo aviso.

Si somos nosotros quienes desactivamos o eliminamos nuestra cuenta, las copias de seguridad se mantendrán en los servidores de la empresa. No sólo eso: Facebook mantendrá vigentes algunas cláusulas de sus condiciones de servicio, los «me gusta» que hayamos hecho y los contenidos que compartimos como «públicos».

Estas son algunas de las condiciones de uso que la mayoría de los usuarios, si no todos, ignoran. Eso no debería ser así, dado que nuestra aceptación de las condiciones nos obliga a cumplirlas.

Un último párrafo para poner en claro la seriedad con que ellos sí se toman estas cuestiones. La frase final de las condiciones de uso dice lo siguiente: «Nos reservamos todos los derechos que no te hayamos concedido de forma expresa». Esto significa que ellos tendrán siempre la última palabra, porque nosotros les hemos dado ese derecho. Aun habiendo dado nuestro consentimiento a ciegas.

Fuente:
ALT1040

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El significado del término ‘hacker’

200px-Glider.svgEn estos días los medios vuelven a usar el término «hacker» de modo erróneo o al menos confuso, a partir de la noticia de la aparición de un personaje acusado de difundir fotos comprometedoras de personajes mediáticos.

Independientemente del giro que tome la causa, el personaje en cuestión no es un hacker. No, al menos en el sentido técnico y aún filosófico del término.

Levanto del sitio de la Red Costarricense de Software Libre una definición clara y sintética sobre el asunto:

El término hacker trasciende a los expertos relacionados con la informática, para también referirse a cualquier profesional que está en la cúspide de la excelencia en su profesión, ya que en la descripción más pura, un hacker es aquella persona que le apasiona el conocimiento, descubrir o aprender nuevas cosas y entender el funcionamiento de éstas.

«Hacker, usando la palabra inglesa, quiere decir divertirse con el ingenio [cleverness], usar la inteligencia para hacer algo difícil. No implica trabajar solo ni con otros necesariamente. Es posible en cualquier proyecto. No implica tampoco hacerlo con computadoras. Es posible ser un hacker de las bicicletas. Por ejemplo, una fiesta sorpresa tiene el espíritu del hack, usa el ingenio para sorprender al homenajeado, no para molestarle.» Richard Stallman.

Hacker es toda aquella persona con elevados conocimientos informáticos independientemente de la finalidad con que los use. Aquellas personas que tienen fines maliciosos, son llamados Crackers. Éstos últimos son los delincuentes informáticos.

De esta simple definición -que se puede ampliar usando Wikipedia-, surge a todas luces que el personaje en cuestión es de todo menos «hacker».

Los medios deberían tomar más en serio el uso correcto de algunos términos, en particular los referidos a la tecnología. Usar palabras difíciles podrá hacerlos sentirse muy cancheros, pero la realidad es que sólo son ignorantes voluntarios con micrófono.

Fuentes:
Red Costarricense de Software Libre
– Entrada del término «hacker» en Wikipedia

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Caducidad vs. actitud problematizante

El carácter caduco de un objeto, una idea, un discurso no está dado en contraposición a la ventaja de la novedad. ¿Está caduco el libro; es caduco el cine, el teatro? Creo que la caducidad se presenta cuando algo se ha agotado. Cuando no activa imaginaciones ni ya es capaz de generar problema alguno. Algo caduca cuando pierde toda sensibilidad de conectarse con lo que está vivo, con lo que podría crecer. Entro a un aula y veo a los chicos conectados a sus netbooks: este mero dato no me dice nada. Aun llenos de actualización tecnológica podríamos asistir a un tiempo en el que nada pasa, en el que nada movilizante ni desafiante entre ellos acontece, pero también todo lo contrario. Si hubiera alguna caducidad, la encontramos en los modos reiterados y automatizados de hablar, de enseñar y pensar las cosas. (…) Lo opuesto a lo caduco no es la novedad sino la actitud problematizante. Pensar qué formas de agrupamiento podemos darnos para investigar juntos. En el aula, fuera del aula, en los pasillos, en la puerta de la escuela, en la calle, en el barrio. No es el espacio, es lo que nos pasa mientras compartimos un tiempo. El punto es: ¿qué queremos compartir con los pibes? ¿Qué problema podría crear una zona común entre las generaciones? ¿Qué pregunta, qué pasión me toma como maestra? El despliegue de inquietudes no se responde consumiendo compulsivamente capacitaciones ni aplicando prescripciones aggiornadas, sino investigando y probando posibilidades.
Silvia Duschatzky, especialista en educación.

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Inversión tecnológica con inversión pedagógica

Actualmente, la inversión en dispositivos tecnológicos por parte del gobierno con programas nacionales y provinciales es enorme. Pero eso no asegura una nueva escuela, sino una escuela llena de computadoras que, en algunos casos, sólo se usan para ver videos o escribir un texto. El cambio es más profundo y no conviene permanecer al margen. Hemos llegado a un punto en el cual ya no nos preguntamos si debemos integrar o no la tecnología a la educación. Hay que acompañar la inversión tecnológica con inversión pedagógica que le dé sentido a la primera.
Laura Suárez, profesora de Informática Educativa, en el artículo «Informática, una materia necesaria».

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Todos éramos felices

1_-adolescentes-en-asilaCuando yo era chico, preadolescente digamos, nos juntábamos con los amigos de siempre, todos los días en la esquina de casa. Cacho era el distraído del grupo y Pablo el peleador. Emilio era el blanco de todas las cargadas porque tenía el cierre del vaquero más claro que el resto del pantalón, de tanto pasarse la mano por ahí. Luis era el más revoltoso: no podía quedarse quieto y estaba siempre corriendo y pateando cosas, además de la pelota de fútbol. Yo era del promedio, nada sobresaliente, sólo me destacaba por tenerle miedo a las alturas.

Pero todos éramos felices. Eso fue a principios de los ’70.

Hoy estaríamos complicados: Cacho sería diagnosticado con un Sindrome de Déficit de Atención. Pablo, en cambio, estaría muy adecuadamente definido dentro del modelo del abusador, gracias a una correcta comprensión de la problemática del bullying. Emilio estaría siendo tratado por su Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) mientras que Luis sería convenientemente medicado por su Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDHA). Yo hubiera ocultado mi acrofobia no subiendo más a los árboles.

Pero ya nadie sería feliz. Tal vez sólo los terapeutas.

Esta es una historia imaginaria, pero es un poco la historia de todos nosotros. Todos tuvimos algún Cacho, Pablo, Emilio o Luis de amigo. Pero así están las cosas hoy, no sólo en la esquina del barrio sino también en nuestras escuelas.

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Las caras de Facebook

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The Faces of Facebook es un proyecto personal de la argentina Natalia Rojas quién, según aclara, encontró «una forma inofensiva» de mostrar las foto de perfil de Facebook y organizarlas en orden cronológico. Afirma no almacenar ningún dato personal, y habrá que creerle.

El funcionamiento es muy sencillo: una vez logueados en FB, la aplicación muestra la foto del perfil de todos los usuarios registrados hasta el momento, marcando con un ‘pin’ la propia foto, el número de orden en que nos suscribimos a FB y los perfiles de nuestros amigos.

La aplicación se encuentra en http://app.thefacesoffacebook.com/. Es bastante impresionante observar la velocidad en la que crece el número de personas que se suscriben. Y todos están en «The Faces of Facebook» a un clic de distancia, un detalle no menor.

Es evidente que cualquiera puede tener acceso a lo que sucede en FB, sin necesidad de ser una agencia gubernamental o una corporación de Internet. Cada uno sacará sus propias conclusiones.

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El placer de hablar de uno mismo

Facebook-Like-Button-Made-of-3-Tons-of-ChocolateLa pregunta recurrente de los adultos cada vez que presento la charla «Internet no olvida» en alguna escuela o institución, es -con algunas variantes- «¿por qué les gusta tanto a las personas mostrarse en las redes sociales, exponiendo su vida y también poniendo en riesgo su privacidad?»

La respuesta no es sencilla, y muchos profesionales sociólogos y psicólogos vienen tratando de responderla elaborando varias teorías pero sin una despuesta definitiva. Así de compleja es la pregunta y así de complicada es la respuesta.

Pero según parece, la ciencia puede comenzar a darnos ahora algunas respuestas: según investigaciones de la Universidad de Harvard, las personas sienten un placer similar a comer o tener sexo cuando hablan de sí mismas en las redes sociales.

Diana Tamir, la autora de este estudio manifestó que el estímulo al cerebro es mayor cuando se encuentra hablando de sí mismo a otros usuarios en la red a comparación de cuando opina de otras personas.

Para explicar por qué a los usuarios les gusta navegar por las redes sociales como Facebook y Twitter, los expertos realizaron una serie de experimentos con los cuales medieron las reacciones de la gente cuando hablaban de sí mismos. Llegaron así a la conclusión de que la satisfacción en el cerebro es similar a la que se siente al ingerir un alimento o tener sexo.

Por otro lado, la investigación también concluyó que la mayoría preferiría ganar menos dinero a verse privados de contar sobre ellos en las redes sociales.

Sin embargo, sigue sin estar claro el real motivo detrás: «No pudimos definir si las personas hablan de sí mismas por el placer que les da per se o porque se sienten satisfechos de tener una audiencia que los lea y escuche», admitió Tamir.

Fuente: LaRepublica.pe

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Una mirada sobre el futuro de la educación

Si bien no es posible -ni justo- generalizar del modo en que lo hace la viñeta a continuación, es igualmente cierto que hay mucho de este pensamiento que ya está enquistado en el sistema -y más se nota cuanto más se sube en la «pirámide» de responsabilidades-.

Unos minutos después de hallar y republicar esto en mi perfil en Facebook me encuentro con un artículo de Adrián Paenza en Página/12, en el que bajo el título de «Alfabetización siglo XXI» este matemático, docente y periodista habla sobre algunos de los cambios, ya no necesarios sino imprescindibles, de la educación argentina.

A partir de la noticia del aumento del presupuesto de Ciencia y Técnica recientemente anunciado por el gobierno, del 0,65% al 1,65% por ciento, el Dr. Paenza dice cosas como estas:

No reniego de nuestros recursos naturales tradicionales: muy por el contrario. Pero teniendo tanto potencial, ¿podemos seguir dependiendo de si sube o no la soja? Creo que podemos permitirnos ilusionarnos con algo más, pero para eso hacía falta dar un primer paso, un enorme primer paso, y eso fue lo que anunciaron Cristina Kirchner y Lino Barañao: aumentar el presupuesto de Ciencia y Técnica. Llevarlo del 0,65 por ciento del PBI que se invierte ahora al 1,65 por ciento. (…) El país, de acuerdo con este plan, apunta hacia algunos objetivos muy concretos y estratégicos, pero yo me quiero detener en uno muy especial: la generación de software.

¿Contestaría usted que una persona se define hoy como alfabeta si sabe leer y escribir? Creo que es fácil detectar que esa definición estaba bien hace 50 años… o 100 años, pero ¿y hoy? ¿Podría afirmar que una persona que solamente sabe leer y escribir es una persona preparada para enfrentar la vida sin dar ventajas como lo estaba hace un siglo? Ciertamente son condiciones necesarias, pero ¿suficientes?

A continuación, el autor elabora una lista de la A a la Z con algunos de los avances tecnológicos que identifican a esta verdadera revolución digital, desde los teléfonos inteligentes hasta los vehículos robotizados y los sistemas de reconocimiento de voz. Y continúa con dos párrafos de un informe preparado por la Fundación Sadosky:

Estos sistemas, herramientas y servicios pertenecen a un dominio muy vasto, que continúa creciendo, conocido bajo la denominación de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Pero estas tecnologías no se limitan a esas aplicaciones y son en gran parte responsables de la revolución de la biología molecular, con impacto en la salud y la alimentación, o de que muchas industrias hayan mejorado sus productos y los han hecho más seguros y eficientes.

Y añade:

Es obvio que hay muchísimo para debatir porque esto recién empieza, pero propongo de entrada sumarme a lo que está sucediendo en el mundo: ¡hay que enseñar a programar en las escuelas! Sí, a programar. Y cuando digo escuelas, me refiero a las escuelas primarias y secundarias.

Esta cierta concepción utilitaria, a mi personalmente no sé si me cierra del todo. Enseñar a programar «para» en vez de «por qué» tiene sus riesgos. Pero sin dudas la propuesta es interesante aunque no innovadora. Muchos docentes enseñamos a programar: si no programación «dura», sí seguramente algo de código y lógica de programación. Y concluye:

La pregunta que yo quiero hacerle a usted (y me la hago a mí también) es: ‘¿Queremos subirnos al siglo XXI o no?’. El propósito es empezar a discutir los cambios que debería sufrir (o disfrutar, para elegir un término mejor) el sistema educativo. Tal como está, no sólo atrasa, sino que corremos el peligro de quedarnos afuera de la nueva revolución. Y lo peor es que tenemos todas las herramientas para que eso no suceda.

Hace algunos años, en los comienzos del proyecto que después se convertiría en «Conectar Igualdad», el Dr. Paenza fue un entusiasta impulsor. Luego, y sin ser nuestra intención siquiera mencionar aquí sus razones, dejó de apoyar el proyecto.

Esperemos que una nueva decepción no lo aparte esta vez. Dr. Paenza, los que estamos en el llano contamos con usted.

Fuente: Página/12

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Facebook: nuestra personalidad se muestra en cada ‘me gusta’

Según se publicó en el blog de Dattatec.com esta semana, un estudio de la Universidad de Cambridge consiguió determinar con más de un 80% de efectividad el coeficiente intelectual, orientación sexual, ideologías políticas y creencias religiosas de 58 mil usuarios de Facebook basándose en sus clicks en «me gusta» de fotos, actualizaciones de estado y Páginas.

Luego de analizar las distintas variables, los responsables del estudio compararon sus resultados con los perfiles demográficos ofrecidos por los mismos usuarios y otras evaluaciones psicométricas. En total, consiguieron identificar la orientación sexual de cada persona en el 88% de los casos, su raza en el 95% de los casos y sus ideologías políticas en el 85% de los casos, basándose en cada aprobación dejada sobre fotos, actualizaciones de estado y comentarios de amigos, además de páginas sobre deportes, músicos y libros.

«Este estudio demuestra el grado al cual registros digitales relativamente básicos del comportamiento humano pueden ser utilizados para estimar automática y correctamente un amplio rango de atributos personales que la gente típicamente asumiría que son privados», explican los responsables del estudio, que puede leerse en su totalidad haciendo clic aquí.

«Los clicks en Me Gusta representan una clase muy genérica de registros digitales, similares a búsquedas web, historiales de navegación y compras con tarjetas de crédito«, y destacan que «empresas comerciales, instituciones gubernamentales o, incluso, nuestros propios amigos de Facebook podrían utilizar un software para conocer atributos como el nivel de inteligencia, orientación sexual o ideologías políticas que un individuo puede no tener intenciones de compartir. Es posible imaginarse situaciones en las que dichas predicciones, incluso si fueran incorrectas, podrían resultar en una amenaza al bienestar, libertad o, incluso, la vida de un individuo», advirtieron.

Sin embargo, en las conclusiones del estudio también destacan aspectos positivos: predecir atributos y preferencias de un usuario puede servir para mejorar un amplio rango de servicios y productos. «La importancia del marketing y las recomendaciones de productos podría mejorarse agregando dimensiones psicológicas a los modelos de usuario actuales. Por ejemplo, las publicidades online de seguros podrían concentrarse en la seguridad al tratar con usuarios inestables emocionalmente y poner foco en las potenciales amenazas frente a los que son estables emocionalmente».

Fuente: Dattatec Blog

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Sentido común e ironía en una serie de ‘leyes’ compiladas

@Manz sorprende una vez más en su excelente Emezetablog: ahora compila, bajo el título «Leyes de Internet ocurrentes y divertidas», una serie de frases muy ingeniosas algunas, sorprendentes otras, llenas de sentido común e ironía todas, muy al estilo de las Leyes de Murphy.

Leyéndolo, se me ocurrió que este post debería ser el contenido de una materia de cursada obligatoria en carreras como «Community manager» y similares. Pero claro, como es seguro que estoy exagerando, me voy a limitar a repetir algunas aquí, y solamente eso:

Primera Ley de Parkinson: El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para realizarlo.

Principio de Hanlon: Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez.

Principio de Meta-Pareto: Al menos el 80% de la población piensa que está entre el 20% más capaz de la misma.

Ley de Stigler: Ningún descubrimiento científico recibe el nombre de quien lo descubrió en primer lugar. (La cita es realmente de Robert K. Merton, y no de S. Stigler)

Principio de Peter: En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta llegar a su nivel de incompetencia.

Ley de Danth: Si en una discusión en Internet tienes que insistir en que ganaste, es probable que hayas perdido miserablemente.

Ley de la controversia de Benford: La pasión asociada a una discusión es inversamente proporcional a la cantidad de información real disponible.

Excepción al primer corolario de McCandlish: Si una discusión se ha caldeado lo suficiente, todos los cambios de tema o de dirección de la discusión serán a peor.

Ley de Poe: Si no se utiliza un emoticono (u otra demostración obvia de intención humorística), es imposible crear una parodia del fundamentalismo que alguien no confunda con fundamentalismo real.

Ley de Finagle: Si algo puede ir mal, irá mal en el peor momento posible.

Ley de Herblock: Si es bueno, dejarán de hacerlo.

Ley de la exclamación: Cuantos más signos de exclamación se utilicen en un mensaje, más posibilidades hay de que sea todo mentira.

Ley de Steiner: En Internet, nadie sabe que eres un perro.

Ley de Cunningham: La mejor manera de conseguir la respuesta a una pregunta en Internet no es realizando la pregunta, sino escribiendo una respuesta equivocada.

Ley de Quays: No importa que tan claramente cierto, demostrado u obvio sea un hecho, siempre habrá alguien, en alguna parte, que no estará de acuerdo.

Ley de Skarka: En Internet, no hay tema tan detestable o indefendible que asegure que no saldrá alguien en su defensa

Ley de Shaker: Si un usuario anuncia notoriamente el fin de su participación en una discusión, es probable que nunca lo llegue a hacer.

Ley de Upton Sinclair: Es difícil conseguir que un hombre entienda algo, si su sueldo depende de cuando no lo entiende.

Ley de Pommer: La opinión de una persona puede cambiar tras leer información al respecto en Internet. La naturaleza del cambio es tal que se pasa de no tener opinión a tener una opinión equivocada.

Ley de DeMyer: Cualquier persona cuyo argumento consista principalmente en citas enormes puede ser ignorado sin miedo, ya que se considera que perdió la discusión antes de haber empezado.

Ley de Muphry (no es un error, está bien escrito…): Todo mensaje que corrija el mensaje de otro usuario, contendrá a su vez al menos un error.

Todas las frases, con su origen y explicación, en «Leyes de internet ocurrentes y divertidas», en Emezetablog.

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