El capitalismo corporativo de libre mercado es por su naturaleza un desastre a la espera de suceder. Su esencia es la transformación de la naturaleza viva en montañas de mercancías y las mercancías en montones de capital muerto. Cuando se le deja hacer lo que quiera, el capitalismo endosa sus deseconomías y su toxicidad al público en general y al entorno natural – y termina por devorarse a sí mismo.
Michael Parenti, «El Apocalipsis autoinfligido del capitalismo»
Un tecnólogo en Macondo - 16. página
Desbaratando el pensamiento mágico en la tecnología
‘Europeos y chinos utilizan nuestros subproductos de la soja, pero sus plaguicidas quedan acá’
Quién esto afirma es Raúl Montenegro, biólogo ambientalista y activista argentino, uno de los más de cien entrevistados para «Pueblo Verde, La Pelicula», un viaje documental por las principales provincias agrarias del país.
Escrita y dirigida por Sebastián Rodrigo Jaurs, y producida Amalia Florencia Herdt, la película propone un viaje hacia el interior del modelo de producción de transgénicos y su abanderada, la soja genéticamente modificada.
El recorrido se inicia en Buenos Aires y visita Córdoba, Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe y Entre Ríos. Médicos, ingenieros agrónomos, vecinos de los pueblos, profesores universitarios, integrantes de comunidades indígenas y campesinas, científicos, pequeños productores, cada uno aporta su testimonio y sus vivencias, construyendo un relato coral que crece en la diversidad.
¿Qué son los agronegocios?¿Qué es un transgénico? ¿Somos conscientes de qué es los que comemos? ¿Qué factores sociales, económicos y ambientales están en juego con este modelo de producción de alimentos? ¿Qué dicen las leyes y la justicia al respecto?¿Qué rol tomamos como ciudadanos? ¿Ejercemos nuestros derechos? Interrogantes que la películas plantea, dejando una puerta abierta para que el espectador se informe y decida en que tipo de país quiere vivir.
«Pueblo Verde, La Pelicula» se estrenó el 26 de Enero pasado en el cine Gaumont de la ciudad de Buenos Aires, y continuará su exhibición allí hasta el 1° de febrero. Esperamos su pronta llegada a las salas del interior del país.
Fuente: Página en Facebook
Reconocer y resistir
La promesa de Amazon [de eliminar todo tipo de intermediación] se basa en dos estrategias retóricas que aman los solucionistas. La primera es la del «discurso de la innovación», que consiste en tratar a la innovación en general como buena en sí misma, más allá de sus consecuencias sociales o políticas. En definitiva, la innovación es progreso ¿y cómo puede ser malo el progreso? La segunda estrategia es el «discurso de las herramientas», que busca reformular cualquier debate sobre la tecnología para presentarlo como un debate sobre herramientas y, por extensión, sobre cómo esas herramientas podrían empoderar a los usuarios. Ambos discursos empobrecen nuestro debate sobre las tecnologías digitales; se debe reconocer a ambos tempranamente, y oponerles resistencia.
Evgeny Morozov, fragmento de «Los peligros de la mediación algorítmica», en «La locura del solucionismo tecnológico», Ed. Katz, Cap. 5
A las tecnológicas no les interesa tu opinión ni tus problemas
Psafe, la compañía de servicios gratuitos de seguridad online, decidió discontinuar la actualización de su software antivirus para computadoras de escritorio. Esta medida fue decidida por la empresa de acuerdo a sus términos de uso, en forma unilateral e inconsulta.
«Vaya y consígase otro antivirus», es la consigna. No importa el problema que esto le provoque al usuario, justamente esa persona que está al otro lado de la línea y que confió en el producto para usarlo durante largo tiempo.
Usted dirá, «están en su derecho». O tal vez piense que después de todo, no es un problema. Sin embargo, imagine por un momento que todos los servicios que usted usa, al mismo tiempo y del mismo modo dejen de proveer soporte o discontinúen esos productos que usted usa. ¿Lo afectaría a usted de algún modo? ¿Se siente con ganas y conocimiento suficiente como para salir disparado a buscar los reemplazos?
Claro, no es la primera vez que sucede: nos hemos quedado en el pasado, de un golpe y sin aviso previo, sin Buzz, Wave o Reader, por citar ejemplos de otra empresa a la que suele no importarle a quién afectan estas decisiones, como lo es Google.
Días atrás mencionábamos el problema de la pérdida de datos a causa del error, y del deterioro y la obsolescencia de los soportes. Decisiones como las de Psafe son la otra pata del problema sobre el que se asienta la fragilidad de los sistemas: las empresas deciden qué les conviene o no, y el usuario debe adaptarse o perder.
Porque, según parece confirmarse, también para las empresas el eslabón más débil de la cadena es justamente, el usuario.
Una conspiración de algoritmos
Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección (…) Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada. Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.
Martin Hilbert, Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación, a The Clinc On Line
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