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Opinión - 13. página

Comentarios y opiniones

Wikileaks, o el lado para el que gira el mundo

Hoy se entregó Julian Assange a las autoridades británicas, en momentos en que pesaba una orden de captura sobre el atribulado editor de Wikileaks por un asunto que nada tiene que ver con la difusión de los ahora famosos documentos diplomáticos.

Digo atribulado, porque el hombre no tiene tranquilidad desde que difundió esa especie de radio pasillo de la diplomacia mundial: le cancelaron la cuenta de PayPal con la que recauda los aportes para su proyecto, le cerraron sus cuentas en Suiza -algo bastante insólito, por cierto, si se tiene en cuenta las características del sistema bancario de ese país-, entre otras varias delicias. ¿El sistema entero contra el bueno de Julian? Mmm… puede ser.

La cuestión es que ninguno de los documentos revelados va a cambiar el estado actual de cosas, tal la entidad de ellos. Esta primera tanda de documentos, cargados de obviedades y cuestiones menores, sólo mantienen a la movediza Hillary dando más explicaciones que su esposo Bill en ocasión del famoso asunto del cigarro, y a los políticos de todo el mundo enmudecidos por el temor a lo pudieran decir los documentos que Wikileaks difunda en el futuro. Y claro, justifican las muchas caras largas de los políticos, quienes creyeron que la charla entre amigos era posible.

Pero no mucho más que eso. Es decir, nada que una buena novela de Graham Greene o John Le Carré no hayan dicho ya, y en forma mucho más entretenida por cierto. Otro notable silencio es el de las organizaciones de derechos civiles.

Tal vez lo único rescatable en todo esto, y que realmente tiene unas implicancias notables por lo novedoso, es la cuestión de la democratización de la información. «No more secrets», pregonaba en una vieja película el personaje de Robert Redford, en la que el susodicho se enfrascaba en una sorda lucha con lo más subterráneo del poder. Ese parece ser el sentido de esta pequeña revolución en nuestra forma informarnos para entender para que lado gira el mundo.

Parece, digo. Cuando se difundan documentos que realmente digan cosas, tal vez podamos sacar alguna conclusión más seria.

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La Red Social: una lectura simplista y vacía… como Facebook

Anoche estuve invitado por la firma Dattatec, auspiciantes de nuestras charlas sobre seguridad en la red de redes, para el preestreno de La Red Social, la película de David Fincher –Alien 3, Seven, The Game, Fight Club, entre sus trabajos más reconocidos- sobre los inicios de Facebook y la invención de la leyenda Zuckerberg.

Desde lo técnico y visual, la película es maravillosa. Ciertas tomas y encuadres son de una belleza y construcción francamente perfectas. Fincher conoce muy bien el oficio y logra un producto redondito. Pero claro, si el cine de este director tiene algo de poético, en este caso acaba en sólo eso, buenas tomas. El resto, por la misma naturaleza del tema, lo despoja de cualquier lirismo posible.

El argumento de La Red Social se basa en fuentes diversas -que pierden toda credibilidad cuando se aclara que todos los involucrados firmaron acuerdos de confidencialidad- y se desarrolla entre los cuartos de Harvard hasta desembocar en las oficinas propias en Palo Alto, en el seguimiento de la idea original que generó lo que hoy conocemos como Facebook.

El personaje central es, claro, Mark Zuckerberg, un alumno -según se muestra- genial y obsesivo compulsivo en dosis identicas. Eduardo Saverin, traicionado ex amigo y capitalista inicial de la idea; Sean Parker, el fundador de Napster, personaje oscuro que atrajo a los inversores de Silicon Valley; y los gemelos Winklevoss, personajes anacrónicos y despechados por el supuesto robo de la idea por parte del pícaro Mark, son los ejes de una historia que teje el entramado de un fenómeno de difícil análisis, por la falta de acuerdo en cuanto a sus alcances e implicancias. Y sobre todo, por la falta de distancia histórica.

Se podría decir que no hay buenos en esta película. Todos los personajes viran de lo admirable a lo detestable, a veces en el mísmo diálogo, y lo que queda es una sensación algo perturbadora que recuerda por momentos a la vieja Wall Street de Stone. ¿Escrupulos? No gracias. No al menos en estos estamentos en los que la traición es moneda corriente y lo único que importa es que el propio ombligo no tenga pelusas.

El personaje de Zuckerberg, conflictuado y obsesivo, sólo responde a líneas de código y a su orgullo herido. Para el resto de las cosas, según se ve en el film, es casi autista.

El propio Mark -el real- cuando habló -todos pensaron que saldría con los botines de punta y finalmente eran ojotas-, pareció más preocupado por la vestimenta del actor que por ciertas cuestiones de fondo. Según relata elmulticine.com,

En una conferencia ofrecida en la Universidad de Stanford, Mark Zuckerberg calificó como sesgada y poco realista la película dirigida por David Fincher. Eso sí, resaltó que las camisetas y sudaderas que el actor que le representa porta en ella, estaban estupendamente reflejadas y que coincidían plenamente con su estilo de vestir, pero poco más.

Creo que la cuestión planteada en la película podría resumirse en los motivos que mueven a los personajes. Ya desde el arranque, en la discusión inicial entre Mark -el personaje- y su novia -bonita, mucho carácter-, la película muestra al futuro creador de la red social con 500 millones de miembros como un ser detestable obsesionado en denostar a su chica por su supuestamente escasa inteligencia y su preferencia por remeros musculosos. Y termina la película con el mismo personaje obsesionado con… no, mejor verla.

La cuestión es que el origen de la idea de lo que después fue Facebook -según la película- tiene que ver con la violación de la privacidad. Ya desde su origen, la idea fue meterse en bases de datos, levantar fotos, publicarlas sin permiso, difamar, insultar y otras bellezas. Y la traición, claro. Eso es lo que cuenta esta ficción.

¿Ficción?

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De mineros, rescates y sensaciones

Seguí con preocupación e interés el largo proceso hasta el momento del rescate de los 33 mineros atrapados en las profundidades de la desidia de corporaciones inescrupulosas, y me emocioné con las 24 hs. y monedas que duró la vuelta a salvo, maravillado por la precisión y meticulosidad del rescate. Y claro, debo confesar que sentí un poco de sana envidia también.

El pueblo chileno puede mostrar con orgullo cómo y cuánto puede trabajar mancomunadamente en pos de un objetivo, como también lo demostró en el terremoto de meses atrás. Nosotros podemos mostrar, por ejemplo, un Cromañón o un Tartagal, cómo para apreciar diferencias más allá de signos políticos.

El 5 de agosto esos 33 hombres eran un grupo de mineros explotados y abandonados a su suerte, trabajando en condiciones más que precarias. Entraron en la mina de San José sólo para comenzar otra jornada dura. Setenta días después asombraron a un planeta entero -que en cifras record siguió el rescate- con sus alegrías a cara lavada y convertidos en héroes. Pero ellos sólo fueron la punta del iceberg de una empresa fenomenal, que contó con tecnología de última generación, colaboración internacional y la intervención de especialistas de varias disciplinas interactuando con un único objetivo: la supervivencia de cada uno de esos 33 hombres.

Se dice que el presidente Piñeda sacó rédito político de esto. Pero poco parece importar eso ante tamaño éxito. Si lo logró, si estuvo ahí, ¿qué podría reprochársele?

Según informa BBC Mundo, el doctor Pedro Arcos González, director de la Unidad de Investigación en Emergencia y Desastres de la Universidad de Oviedo, España, le dijo a ese medio que,

Esta operación será un ejemplo de cómo hacer bien las cosas. Todas las cosas se han hecho de una manera muy profesional y correcta. Estas personas han tenido mucho apoyo familiar, social, médico, etc. y no ha habido, que sepamos, a lo largo de su encierro, ningún episodio que sugiera que podría haber grandes problemas a la salida.

En opinión de otro especialista, David Seath, secretario del Instituto de Minería de Escocia y ex jefe del servicio británico de rescate de minas,

Fue una operación extraordinariamente compleja. Estuvo plagada de problemas técnicos. Sin duda éste es un día extraordinario para todas las comunidades mineras del mundo por la forma como este rescate ha sido conducido, de manera muy profesional. La habilidad de los técnicos perforadores es otro ejemplo de éxito en esta operación por su capacidad de mantener la perforadora en la dirección correcta hacia el objetivo, que es un área relativamente pequeña a 700 metros bajo la superficie. Manejar una máquina del tamaño de una perforadora no es fácil. Pero como éste es el tipo de equipo que se utiliza en la industria petrolera se tiene mucha experiencia en el manejo de perforadoras para posicionarlas de manera precisa hacia un objetivo.

Según este mismo experto, esta operación marcará un récord porque nunca antes de había logrado rescatarse a tantos mineros atrapados durante tanto tiempo y a tal profundidad.

Se menciona también entre los especialistas que el diseño de la cápsula Fénix fue también clave en el éxito de la operación, al contar con sistemas de comunicación y equipo de oxígeno.

Por supuesto, también se alzan voces de alerta: muchas llaman a no olvidar que cada año varios cientos de mineros mueren en todo el mundo debido a malas condiciones de seguridad en las minas. El reclamo generalizado entre ellos es que se pongan en vigor en todo el mundo regulaciones adecuadas de seguridad.

También se escuchan alertas en el país trasandino, con respecto a que el enorme costo del rescate -u$s 22 millones- lo ha financiado el pueblo chileno, principalmente a través de Codelco. Mientras tanto, el gobierno ha iniciado acciones contra los activos y accionistas de la mina en el Consejo de Defensa del Estado, a fin de que los verdaderos responsables de esta desgracia con suerte se hagan cargo de los costos de su desidia.

Fuentes: BBC Mundo y El Universal

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Peter McLaren: ‘La educación debe proveer lenguajes críticos, para construir alternativas’.

El doctor y profesor universitario de Educación Peter McLaren se encuentra en Argentina para una conferencia sobre “Pedagogía radical” en la Universidad del Salvador (USAL). Para la ocasión fué entrevistado para el suplemento iEco de Clarín, entrevista que reproducimos en parte aquí, en la que reflexiona sobre la tecnología y se pregunta si de alguna manera no crea «una ilusión de conectividad».

Este magíster de Brock University y doctor de la Universidad de Toronto nacido en Canadá, es reconocido internacionalmente como el creador de la pedagogía crítica, la cual reconoce él mismo como tributaria del trabajo de Paulo Feire y al propio educador brasileño como su mentor.

Afirma que la pedagogía crítica no es una metodología sino que se trata de algo que tiene lugar en todos los espacios públicos. Y asegura que la ve «como un movimiento social y como la introducción a una forma de vida”.

Periodista: Pero, ¿tiene implicancias metodológicas?

McLaren: Sí, las tiene. Una sería valorar los conocimientos, las experiencias y las historias de vida de los estudiantes, en cualquier nivel de educación. Valorarlas significa volver la educación relevante para sus vidas.

P: ¿De qué forma?

M: Las experiencias que traen los estudiantes y las interpretaciones que tienen de ellas no hablan por sí mismas: necesitan ser entendidas y desafiadas. Porque tal vez esas experiencias y conocimientos los condicionaron de manera racista o patriarcal o autoritaria. Hacer la educación relevante y crítica quiere decir desafiar las historias y discursos de los estudiantes, pero de tal modo que no desaparezcan sus voces.

P: ¿En qué consiste la pedagogía crítica?

M: El arte de la pedagogía crítica es proveer lenguajes variados, lenguajes de posibilidad, lenguajes críticos, lenguajes de esperanza, de tal forma que los estudiantes puedan empezar a entender mejor cómo fueron creadas sus subjetividades y puedan construir alternativas. Una manera de hacerlo es, como propone Walter Mignolo (profesor argentino que trabaja en la Universidad de Duke), des-ligarse de las epistemologías de la colonización. Esta desvinculación es posible mirando otro tipo de epistemología para crear distancia y generar otros modos de pensamiento y traerlos a una conversación con las epistemologías occidentales. Esta aproximación, sin embargo, no es suficiente. No es sólo cuestión de cambiar nuestro modo de pensar: tiene que ser también un cambio material.

P: ¿Cómo afecta esta posición pedagógica a la relación alumno-profesor?

M: Mi mentor fue Paulo Freire (teórico de la educación brasileño), a quien mucha gente entiende mal. Creen que él habla de la relación entre profesor y estudiante como si el profesor fuera un facilitador. No creo eso y Freire tampoco lo creía. Los profesores han ganado el derecho de hablar con autoridad, no de manera autoritaria pero con una forma particular de autoridad para trabajar con temas críticos. Para mí, y esta es la clave, profesores y estudiantes son co-participantes en un proyecto mayor. La conciencia crítica no es algo que ocurra antes de las luchas: no te volvés crítico en un aula leyendo libros. Por eso, tanto profesores como estudiantes necesitan ser parte de una causa mayor, y esto puede ser en un vecindario, en una comunidad, puede ser local, nacional o, incluso, trasnacional.

P: ¿Cómo es vista esta pedagogía en los EE.UU.?

M: Allí no pensamos por fuera de la “caja”. La palabra “socialismo” no es siquiera articulada. Después de la Gran Depresión, algunos educadores se preguntaron si la educación podía construir un nuevo orden social. Esta pregunta debe volver a formularse en este particular momento del capitalismo global en crisis.

P: ¿Cómo ve el rol de la tecnología en la educación?

M: Solía ir a las clases de Marshal McLuhan cuando era estudiante y todavía me interesa, pero no he podido dedicarme al tema. Creo que las tecnologías tienen que ser miradas específicamente para entender sus efectos. Se asume que la tecnología está bien y se piden más computadoras, más televisores y videos. Pero debería haber más estudios específicos. Hay usos muy interesantes de la tecnología. Pero me pregunto también si de alguna manera no crea una ilusión de conectividad…

Fuente: Suplemento iEco del diario Clarín

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