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sociedad - 19. página

‘Europeos y chinos utilizan nuestros subproductos de la soja, pero sus plaguicidas quedan acá’

Quién esto afirma es Raúl Montenegro, biólogo ambientalista y activista argentino, uno de los más de cien entrevistados para «Pueblo Verde, La Pelicula», un viaje documental por las principales provincias agrarias del país.

Escrita y dirigida por Sebastián Rodrigo Jaurs, y producida Amalia Florencia Herdt, la película propone un viaje hacia el  interior del modelo de producción de transgénicos y su abanderada, la soja genéticamente modificada.

El recorrido se inicia en Buenos Aires y visita Córdoba, Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe y Entre Ríos. Médicos, ingenieros agrónomos, vecinos de los pueblos, profesores universitarios, integrantes de comunidades indígenas y campesinas, científicos, pequeños productores, cada uno aporta su testimonio y sus vivencias, construyendo un relato coral que crece en la diversidad.

¿Qué son los agronegocios?¿Qué es un transgénico? ¿Somos conscientes de qué es los que comemos? ¿Qué factores sociales, económicos y ambientales están en juego con este modelo de producción de alimentos? ¿Qué dicen las leyes y la justicia al respecto?¿Qué rol tomamos como ciudadanos? ¿Ejercemos nuestros derechos? Interrogantes que la películas plantea, dejando una puerta abierta para que el espectador se informe y decida en que tipo de país quiere vivir.

«Pueblo Verde, La Pelicula» se estrenó el 26 de Enero pasado en el cine Gaumont de la ciudad de Buenos Aires, y continuará su exhibición allí hasta el 1° de febrero. Esperamos su pronta llegada a las salas del interior del país.

Fuente: Página en Facebook
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Documento sobre la contaminación con pesticidas en la cuenca Paraguay-Paraná

En el mes de julio pasado, como publicáramos en la oportunidad, se dio a conocer una investigación que encendió varias alarmas: la cuenca del río Paraná está altamente contaminada con herbicidas.

La investigación, realizada por los científicos argentinos M. Etchegoyen, A. Ronco, P. Almada, M. Abelando y D. Marino, del CONICET, se llevó a cabo entre los años 2011 y 2012.

El resultado fue publicado 4 años después por la revista Environmental Monitoring and Assessment, y desde el pasado día 17 de enero puede leerse en el sitio de Springer International Publishing (en inglés) haciendo clic aquí.

Resumiendo, los investigadores afirman que la utilización de plaguicidas en la región se ha incrementado un 900% en las dos últimas décadas, asociados con la introducción de los cultivos transgénicos y las técnicas de siembra directa. Se analizaron veintitrés compuestos pesticidas mediante cromatografía de gases. Los resultados indican una distribución generalizada pero variable en las concentraciones detectadas en toda la cuenca.

Todas las concentraciones detectadas en el agua superan las pautas recomendadas para la protección de la biota acuática. Y la conclusión a la que arriban no deja lugar a dudas: la actividad agrícola es el origen. Los pesticidas se transportan por los afluentes hasta el curso de agua principal, alterando la calidad del ecosistema acuático.

Fuente: Occurrence and fate of pesticides in the Argentine stretch of the Paraguay-Paraná basin
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Reconocer y resistir

La promesa de Amazon [de eliminar todo tipo de intermediación] se basa en dos estrategias retóricas que aman los solucionistas. La primera es la del «discurso de la innovación», que consiste en tratar a la innovación en general como buena en sí misma, más allá de sus consecuencias sociales o políticas. En definitiva, la innovación es progreso ¿y cómo puede ser malo el progreso? La segunda estrategia es el «discurso de las herramientas», que busca reformular cualquier debate sobre la tecnología para presentarlo como un debate sobre herramientas y, por extensión, sobre cómo esas herramientas podrían empoderar a los usuarios. Ambos discursos empobrecen nuestro debate sobre las tecnologías digitales; se debe reconocer a ambos tempranamente, y oponerles resistencia.
Evgeny Morozov, fragmento de «Los peligros de la mediación algorítmica», en «La locura del solucionismo tecnológico», Ed. Katz, Cap. 5

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A las tecnológicas no les interesa tu opinión ni tus problemas

Psafe, la compañía de servicios gratuitos de seguridad online, decidió discontinuar la actualización de su software antivirus para computadoras de escritorio. Esta medida fue decidida por la empresa de acuerdo a sus términos de uso, en forma unilateral e inconsulta.

«Vaya y consígase otro antivirus», es la consigna. No importa el problema que esto le provoque al usuario, justamente esa persona que está al otro lado de la línea y que confió en el producto para usarlo durante largo tiempo.

Usted dirá, «están en su derecho». O tal vez piense que después de todo, no es un problema. Sin embargo, imagine por un momento que todos los servicios que usted usa, al mismo tiempo y del mismo modo dejen de proveer soporte o discontinúen esos productos que usted usa. ¿Lo afectaría a usted de algún modo? ¿Se siente con ganas y conocimiento suficiente como para salir disparado a buscar los reemplazos?

Claro, no es la primera vez que sucede: nos hemos quedado en el pasado, de un golpe y sin aviso previo, sin Buzz, Wave o Reader, por citar ejemplos de otra empresa a la que suele no importarle a quién afectan estas decisiones, como lo es Google.

Días atrás mencionábamos el problema de la pérdida de datos a causa del error, y del deterioro y la obsolescencia de los soportes. Decisiones como las de Psafe son la otra pata del problema sobre el que se asienta la fragilidad de los sistemas: las empresas deciden qué les conviene o no, y el usuario debe adaptarse o perder.

Porque, según parece confirmarse, también para las empresas el eslabón más débil de la cadena es justamente, el usuario. 

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Haciendo visible a un país invisible y envenenado

Están ahí. Aunque no los veamos, están ahí. Mejor dicho, tal vez estén todavía ahí justamente por eso: porque son invisibles. Porque ni siquiera sabemos que están. Sin embargo, nos acompañan cada día de nuestras vidas, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir (…) una carga química tan ignorada como potencialmente peligrosa, y de la que ni siquiera los organismos de control parecerían tener demasiado control.

Así comienza la periodista y docente Fernanda Sández su libro «La Argentina fumigada. Agroquímicos, enfermedad y alimentos en un país envenenado», que amablemente la autora me entregó en mano con una muy cálida dedicatoria.

Y parece ser cierto: lo único a la vista son las víctimas -muertos, intoxicados y olvidados de los que habla la autora-, mientras el perpetrador de tal crimen goza de la impunidad que brinda aquella invisibilidad gestionada por empresas, Estado y organismos de control. Mientras tanto, lo consumimos a diario.

En los últimos 20 años, el sector de los agroquímicos que se utilizan para producir lo que comemos y vestimos creció casi un mil por ciento. Este dato y otros igualmente llamativos y preocupantes fueron los disparadores de una investigación de varios años y cientos de kilómetros recorridos en busca de datos y testimonios. El resultado es este libro, que habla de realidades, consecuencias, intereses varios y negocios que se pagan con la salud de todos nosotros.

«La Argentina fumigada», una edición de Editorial Planeta, se convierte así en una lectura necesaria para una indispensable toma de conciencia. Por nosotros, por nuestros hijos, por todos.

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El consumo bajo la manipulación del entorno

La «Transferencia Gruen» o «Efecto Gruen», es el momento en que los consumidores responden a las señales de «desorientación guionada» por el entorno. La conciencia espacial juega un papel clave, al igual que el sonido, el arte y la música circundantes. Un diseño del espacio deliberadamente confuso conduce a la pérdida de las intenciones originales del consumidor, haciéndolo más susceptible a las compras impulsivas. 

Hablamos, claro, de los centros comerciales. Pero también de los casinos. Y de los hipermercados y la razón por la cual los alimentos de primera necesidad están al fondo. Es decir, del llamado «tercer espacio» -el hogar es el primero, el trabajo el segundo-,  aquellos lugares públicos capaces de generar comunidad reducidos hoy al mecanismo obsesivo-compulsivo por consumir que caracteriza a esos lugares. Muy a pesar de su creador, Víctor Gruen.

Gruen fue un arquitecto austriaco que se trasladó a Nueva York huyendo de la ocupación alemana de Viena en 1938. Allí comenzó a diseñar lugares de venta, y buscando la manera de atraer a los clientes en los difíciles tiempos de la recesión, en 1956 terminó concibiendo lo que hoy conocemos como centro comercial.

Más tarde se arrepentiría del monstruo que había creado. Con el tiempo, los diseñadores comenzaron a crear espacios para fomentar deliberadamente una actitud de compras, desorientando y abrumando al visitante con recorridos complicados y muchos elementos distractivos. Gruen se opuso a esto, pero su nombre quedó asociado a la manipulación comercial.

Fuente (contenido y foto): Arquine
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Una conspiración de algoritmos

Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección (…) Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada. Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.
Martin Hilbert, Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación, a The Clinc On Line

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Excusas inexcusables

Nunca pensé que podía ser una cuestión de privacidad.
Serguéi Brin, cofundador de Google, sobre el fracaso de Google Buzz por problemas, justamente, de privacidad. Citado por Evgeny Morozov en «La locura del solucionismo tecnológico».

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La Unión Europea propone seis Leyes de la Robótica

Cuando Isaac Asimov propuso por primera vez en 1942 las tres leyes de la robótica, aquellas «formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro de los robots» actuando como una especie de código moral para su comportamiento, la humanidad apenas imaginaba una sociedad habitada por máquinas pensantes solo en las páginas de los libros de ciencia ficción.

Llegando ya a los albores de la tercera década del siglo XXI, la ficción se afirma contundentemente como una realidad en máquinas automatizadas creadas por el hombre para diversas tareas, desde la producción de otras máquinas hasta el control de procesos de la industria y el hogar. La omnipresencia esta en su horizonte.

Por todo esto es que no nos asombra el artículo publicado esta semana en Computer Hoy, sobre la propuesta de la Unión Europea de legislar la utilización de los robots dentro de la Unión. Para ello se han elaborado las seis leyes de la robótica  con la intención de regular su interacción con los ciudadanos y empresas dentro de su territorio.

El debate legal deberá darse en el seno de la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión, y allí se decidirá si regularlos o no.

Las leyes propuestas son las siguientes:

  • Todo robot deberá tener un interruptor de emergencia. Ante la pregunta lógica de si puede llegar la inteligencia artificial a constituirse en un peligro, una de las propuestas consiste en proveerlos de un interruptor de emergencia para desactivarlo si fuera necesario.
  • Ningún robot podrá hacer daño a un humano, una variante de las Leyes de Asimov. Quedaría expresamente prohibido crear robots que tengan como intención hacer daño a los humanos.
  • Prohibido crear vínculos emocionales con ellos, ley que remite a películas como Her o Ex Machina, en las que el protagonista desarrolla lazos emocionales devastadores con máquinas e inteligencia artificial. Parece que la UE está muy convencida al respecto de esta posibilidad.
  • Seguro obligatorio para los de mayor tamaño, por parte tanto del fabricante como del propietario del robot.
  • Los robots tendrán derechos y obligaciones como “personas electrónicas”, tal la figura legal elegida para definir a los aparatos que operen con inteligencia artificial. Es probable que esto implique que son responsables ante la ley de sus actos, tanto como su propietario y su fabricante.
  • Deberán pagar impuestos, uno de los puntos más controvertidos de la propuesta, como una forma de reducir el impacto social del desempleo provocado justamente por el uso de robots.

En las historias de ficción de Asimov, el robot «moría» si intentaba siquiera desobedecer una de las leyes. Su cerebro positrónico resultaba dañado irreversiblemente. Tal vez sea esa -el lector me permitirá este pensamiento en voz alta-, la mejor forma de controlar a estos artefactos, en vista de la dificultad que tenemos los humanos para ponernos de acuerdo en el uso de aquellas tecnologías que implican un riesgo para nosotros mismos. Pienso por ejemplo, en las arduas y casi infructuosas negociaciones en cuanto a la proliferación de las armas nucleares.

Una vez más, nuestros respetos al gran Isaac Asimov, un adelantado.


Fuente (texto e imagen): Computer Hoy
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EE.UU. estrena transporte público eléctrico y autónomo

[Navya Shuttle Las Vegas from Keolis Commuter Services on Vimeo]

La ciudad de Las Vegas es la primera ciudad de EE.UU. en contar con transporte público eléctrico y autónomo.

La responsable de este proyecto es la compañía francesa Navya -Europa ha sido pionera en proyectos de autobuses autónomos-, que en octubre de 2015 presentó sus pequeños autobuses autónomos que ya circulan por las calles de París.

Gracias a una inyección de capital de 34 millones de dólares -principalmente de Keolis, la compañía privada de transporte más grande de transporte de Francia-, Navya logró llevar su proyecto a Las Vegas, lo que la convierte en la primera compañía extranjera en implementar estos sistemas de transporte en tierra estadounidense.

El pasado día 12 entraron en operación los autobuses, bautizados como ‘Arma’. Cuentan con un sistema eléctrico, software de conducción autónoma y una capacidad de doce pasajeros. Para estas pruebas circularán a 20 km/h.

El proyecto forma parte de un plan mayor de la ciudad de Las Vegas, de convertirse en ‘El Distrito de la Innovación’. Recientemente han implementado un mecanismo de energía cinética y solar que abastece al alumbrado público, en su búsqueda por convertirse en la primera ciudad de Estados Unidos en operar sólo con energía renovable.

Fuente: Xataka
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Burro se escribe con b y a veces con v

  1. «Rebelar»: Incitar, perturbar, agitar, azuzar, hostigar
  2. «Develar»: Manifestar una cosa que estaba oculta o secreta
  3. «Revelar»: Descubrir lo secreto
  4. «Debelar»: Ponerle los títulos a las noticias en C5N

[NdR: Si usted, querido lector, se siente algo confundido con el título de la entrada, le recuerdo que es un viejo chiste. «Burro se escribe con b y a veces con v«, como aquel otro de decía, «Jirafa se escribe con j pero generalmente con g«. De nada.]

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El bullying y la banalización de la violencia

El psicólogo Mario Goldenberg, docente de la UBA, fue entrevistado en el programa «TV Pública Noticias» en ocasión de la presentación del libro «Bullying, acoso y tiempos violentos», una compilación de trabajos de distintos profesionales al respecto de la problemática del bullying o acoso escolar.

En la breve conversación con los conductores, Goldenberg propone algunas claves para la comprensión del fenómeno y su recrudecimiento actual. Por caso, la declinación de la autoridad y la banalización de la violencia, como algunas de las causas.

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Zygmunt Bauman y la metáfora de la liquidez

La nuestra es una sociedad de consumo: en ella la cultura, al igual que el resto del mundo experimentado por los consumidores, se manifiesta como un depósito de bienes concebidos para el consumo, todos ellos en competencia por la atención insoportablemente fugaz y distraída de los potenciales clientes (…) La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir (…) La gente que se aferra a la ropa, las computadoras y los celulares de ayer podría ser catastrófica para una economía cuyo propósito principal, así como el sine qua non de su supervivencia, es el desecho cada vez más rápido de los bienes adquiridos: una economía cuya columna vertebral es el vertedero de basura (…) El progreso, en resumen, ha dejado de ser un discurso que habla de mejorar la vida de todos para convertirse en un discurso de supervivencia personal.
Extractos de «La cultura en el mundo de la modernidad líquida» (2011), por Zygmunt Bauman (Polonia, 19 de noviembre de 1925 – Reino Unido, 9 de enero de 2017)

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Ensayando algunas razones del porqué de los padres sindicalistas

En la entrada anterior, titulada Padres sindicalistas, publiqué una frase tomada de una entrevista al psicoanalista, ensayista y profesor universitario Massimo Recalcati en la que afirma, en el contexto de un pacto entre los padres y los profesores que se ha roto – ya no trabajan juntos en la educación de los jóvenes-,  que los padres, en vez de apoyar el trabajo de los profesores, se han convertido en sindicalistas de sus propios hijos.

En uno de los debates que se abrió en las redes sociales al respecto de esta afirmación, un comentarista se preguntó las razones de semejante cambio. Me permití acercar algunas ideas:  la injerencia de los padres en la escuela es un asunto complejo y tiene varias aristas. Creo que la principal es el escaso nivel de tolerancia a la frustración en el que vivimos, y los padres atraviesan la situación escolar como propia exposición y riesgo de fracaso. Otra de esas aristas es la desvalorización de las instituciones en general y la escolar en particular. Y hay más, seguramente.

En ese contexto, otro comentarista aportó el video a continuación, en el que Simon Sinek, escritor y motivador inglés, se refiere al cambio cultural que surge con la generación de los llamados Milenials, aquellos los nacidos a partir de 1984. Hay mucho para debatir al respecto, pero muchas de las características -que se aplican no sólo a los de esa generación,  afirmo sin dudar- son parte del origen del problema.

¿Vivimos en la cultura de lo instantáneo, de la solución inmediata? ¿Es esa la causa? Son temas para debatir, creo, porque en ellos va el futuro de la educación.

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Padres sindicalistas

El hecho novedoso es que se ha roto el pacto generacional y esto ha incidido en el discurso educativo. Los padres y los profesores ya no trabajan juntos en la educación de los jóvenes. Los padres más bien son los aliados de los hijos contra los profesores. Es un cambio inaudito: los padres, en vez de apoyar el trabajo de los profesores, se han convertido en sindicalistas de sus propios hijos. Para Freud existía un vínculo espiritual entre padres y docentes. Hoy, este vínculo se ha deshecho. Cuando un profesor asume la responsabilidad de suspender a un alumno o iniciar un procedimiento disciplinario, las familias lo miran con sospecha. Se preguntan: ¿No estará abusando de su posición de poder? ¿No estará infravalorando la calidad de nuestro hijo?
Massimo Recalcati, psicoanalista, ensayista y profesor universitario, a El Mundo de España.

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