La policía también está encontrando poderosos aliados en Silicon Valley. Las compañías como Facebook han comenzado a utilizar algoritmos e historiales de datos para predecir qué usuarios podrían cometer delitos haciendo usos de sus servicios. Funciona de la siguiente manera: los propios sistemas predictivos de Facebook pueden indicar que ciertos usuarios son sospechosos estudiando algunas pistas de comportamiento: el usuario solo escribe mensajes a menores de dieciocho años; la mayoría de sus contactos son mujeres; el usuario escribe palabras como ‘sexo’ o ‘cita’. El personal luego puede examinar cada caso e informar a la policía sobre los usuarios según sea necesario. La preocupación de Facebook por su propia marca en este caso es directa: nadie debería suponer que la plataforma aloja delincuentes. (…) Es curioso pero Facebook justifica el uso de algoritmos aduciendo que suelen ser menos intrusivos que los humanos.
Evgeny Morozov, en ‘La locura del solucionismo tecnológico».
seguridad - 13. página
Tus datos no son tuyos, son el negocio de otros
El Congreso de Estados Unidos ha eliminado las garantías de privacidad en Internet. Si, así como se lee: la Cámara de Representantes de aquel país ratificó el pasado martes 28 de marzo una ley impulsada por el Senado que permite a los proveedores de conexión a internet comercializar los historiales de búsqueda de los usuarios sin su conocimiento.
El texto de la ley, de hecho una de las mayores desregulaciones del sector de las telecomunicaciones en EE.UU., fue aprobado en menos de un mes. No hubo debates ni audiencias, y tampoco se ha escuchado la palabra de los expertos en la materia.
Esta ley que el presidente republicano está a punto de firmar representa una importante victoria para las compañías que proveen la conexión a Internet en Estados Unidos. Empresas como Comcaest o Verizon, que venían rechazando todos los intentos previos de protección de la privacidad y el principio de la neutralidad en la red, finalmente tendrán su victoria de manos de Trump.
La exigencia previa a los proveedores de conexión a Internet de que obtengan el permiso de los usuarios para vender sus datos -el historial de búsqueda, las aplicaciones que descargan, desde que dispositivo navegan, el tiempo que pasan en una página concreta, etc.- queda sin efecto. En cuanto la nueva ley entre en vigor, las compañías podrán vender a los anunciantes los datos de los usuarios sin necesidad de obtener su consentimiento. Es decir, dejan de pertenecer al usuario.
El principal problema, según lo explican los defensores de la privacidad online, es que las empresas que ofrecen conexión pueden conocer todas las actividades del usuario mientras esté conectado. Es decir, se le ha entregado a las grandes empresas proveedoras en bandeja de plata la privacidad de los usuarios.
Fuente: El País (España)
Imagen: nCubeHome
La paradoja de los analfabetos digitales
Es ciertamente una paradoja de estos tiempos: sobredosis de tecnologías de última generación para analfabetos digitales… Llenamos a nuestros chicos y jóvenes de tecnología dando por sentado que son quienes mejor se manejan en el cibermundo, pero parece que este panorama está bastante alejado de la realidad.
De esto habla el artículo «Jóvenes analfabetos digitales: Cuando las apariencias engañan», escrito por Fernanda Sández para Border Periodismo, y para el que pudimos aportar nuestro punto de vista.
Esperemos que nuestras autoridades tomen nota, y no como un ataque sino como un aporte.
El artículo completo se lee haciendo clic aquí.
Excusas inexcusables
Nunca pensé que podía ser una cuestión de privacidad.
Serguéi Brin, cofundador de Google, sobre el fracaso de Google Buzz por problemas, justamente, de privacidad. Citado por Evgeny Morozov en «La locura del solucionismo tecnológico».
La Unión Europea propone seis Leyes de la Robótica
Cuando Isaac Asimov propuso por primera vez en 1942 las tres leyes de la robótica, aquellas «formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro de los robots» actuando como una especie de código moral para su comportamiento, la humanidad apenas imaginaba una sociedad habitada por máquinas pensantes solo en las páginas de los libros de ciencia ficción.
Llegando ya a los albores de la tercera década del siglo XXI, la ficción se afirma contundentemente como una realidad en máquinas automatizadas creadas por el hombre para diversas tareas, desde la producción de otras máquinas hasta el control de procesos de la industria y el hogar. La omnipresencia esta en su horizonte.
Por todo esto es que no nos asombra el artículo publicado esta semana en Computer Hoy, sobre la propuesta de la Unión Europea de legislar la utilización de los robots dentro de la Unión. Para ello se han elaborado las seis leyes de la robótica con la intención de regular su interacción con los ciudadanos y empresas dentro de su territorio.
El debate legal deberá darse en el seno de la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión, y allí se decidirá si regularlos o no.
Las leyes propuestas son las siguientes:
- Todo robot deberá tener un interruptor de emergencia. Ante la pregunta lógica de si puede llegar la inteligencia artificial a constituirse en un peligro, una de las propuestas consiste en proveerlos de un interruptor de emergencia para desactivarlo si fuera necesario.
- Ningún robot podrá hacer daño a un humano, una variante de las Leyes de Asimov. Quedaría expresamente prohibido crear robots que tengan como intención hacer daño a los humanos.
- Prohibido crear vínculos emocionales con ellos, ley que remite a películas como Her o Ex Machina, en las que el protagonista desarrolla lazos emocionales devastadores con máquinas e inteligencia artificial. Parece que la UE está muy convencida al respecto de esta posibilidad.
- Seguro obligatorio para los de mayor tamaño, por parte tanto del fabricante como del propietario del robot.
- Los robots tendrán derechos y obligaciones como “personas electrónicas”, tal la figura legal elegida para definir a los aparatos que operen con inteligencia artificial. Es probable que esto implique que son responsables ante la ley de sus actos, tanto como su propietario y su fabricante.
- Deberán pagar impuestos, uno de los puntos más controvertidos de la propuesta, como una forma de reducir el impacto social del desempleo provocado justamente por el uso de robots.
En las historias de ficción de Asimov, el robot «moría» si intentaba siquiera desobedecer una de las leyes. Su cerebro positrónico resultaba dañado irreversiblemente. Tal vez sea esa -el lector me permitirá este pensamiento en voz alta-, la mejor forma de controlar a estos artefactos, en vista de la dificultad que tenemos los humanos para ponernos de acuerdo en el uso de aquellas tecnologías que implican un riesgo para nosotros mismos. Pienso por ejemplo, en las arduas y casi infructuosas negociaciones en cuanto a la proliferación de las armas nucleares.
Una vez más, nuestros respetos al gran Isaac Asimov, un adelantado.
Fuente (texto e imagen): Computer Hoy
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