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información - 13. página

Los documentos de investigación de Marie Curie, radiactivos por 1500 años

Los cuadernos, la ropa, los muebles y casi todos los objetos que permanecen en la casa de Marie Curie, la científica que junto a su marido Pierre descubrió el polonio y el radio, y dio a luz a la idea de la física de partículas, estarán radiactivos durante al menos 1.500 años.

El matrimonio Curie conocía acerca de la radioactividad pero no sus peligros. Su investigación buscaba averiguar qué sustancias eran radiactivas y por qué esos elementos -torio, uranio, plutonio-  brillaban en la noche«como ligeras hadas luminosas“, según describe la propia Marie en su autobiografía. Ella y su marido llevaban ropa de laboratorio común, sin protección.

Marie Curie murió a los 66 años en 1934, a causa de una anemia aplásica -un trastorno raro en el que la médula espinal no produce suficientes células nuevas-, atribuida a su investigación con material radiactivo. La casa continuó siendo utilizada por el Instituto de Física Nuclear de la Facultad de Ciencias de París y la Fundación Curie hasta 1978, cuando los vecinos reclamaron por las altas tasas de cáncer entre ellos. El laboratorio y el edificio fueron descontaminados en 1991, y un año después se permitió el acceso a las notas y materiales de Curie, que habían sido retirados de la casa.

Marie Curie fue la primera mujer en ganar un Premio Nobel en 1903 y la única en ganar un segundo Nobel en 1911. Fue además la primera mujer en convertirse en profesora de la Universidad de París y la primera mujer en ser enterrada en el Panteón de París en honor a sus méritos. Marie continuó con sus investigaciones luego del fallecimiento en 1906 de su marido Pierre en un accidente callejero, logrando importantes avances.

Para tener acceso a sus manuscritos, los investigadores deben firmar una exención de responsabilidad con la Biblioteca Nacional de Francia. Recién entonces pueden acceder a la caja forrada de plomo que contiene sus notas.


Fuente: Openculture.com
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Internet no olvida, en el SMI@R

El video a continuación es un extracto o resumen -el tiempo asignado en la ocasión fue de 15 minutos- de mi charla titulada Internet no olvida, presentada en la ocasión como parte del ciclo Social Media Inclusive de Rosario el 2 de Junio de 2016, realizado en la Sala Lavardén de nuestra ciudad.

Esperamos que lo disfruten. Consultas e invitaciones a presentar la charla serán recibidas con gusto. El lector puede usar el formulario de contacto, aquí mismo. 

Muchas gracias a Daniel Krichman por la organización del evento y la edición de este video.

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La diferencia conceptual entre un alumno escolarizado y el alfabetizado

Leyendo a Michel Serres, filósofo y ensayista francés, en Pulgarcita -reconozco que tardíamente, es un trabajo de 2012- se mezclan muchas convicciones y algunas tristezas. Serres promueve y augura los cambios necesarios en la educación al tiempo que reconoce la dificultad central en esa cuestión: quienes organizan las reformas lo hacen según modelos perimidos desde hace largo tiempo. Mientras tanto –pensamos- el actor principal sigue creando su propio ecosistema -o «digitosistema»– a su ritmo y frente a las incertidumbres -o inoperancia- de los adultos.

No puedo más que coincidir con esa mirada. Históricamente, la escuela fue un ámbito mayormente cerrado, un mundo particular girando en su propia galaxia ajena y aislada de lo cotidiano.  El mundo no entraba en la escuela, la escuela salía a él para mirarlo como un espectador, y en el mejor de los casos, analizarlo pero sin mezclarse. Ya en una excursión, una vista a una fábrica o un recorrido por el museo, eran todas excursiones al afuera como turistas de una realidad que de todos modos habitábamos, pero después de la campana de salida.

Hace varios años escribí un artículo que titulé El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar, a partir de algunas ideas que fueron surgiendo mientras preparaba una serie de talleres que presenté luego en una escuela local, sobre algunas herramientas y servicios digitales que los docentes teníamos -tenemos- a la mano para utilizar en nuestras clases. Ese texto se convirtió luego en el eje de mi tesis final de la capacitación docente, así de relevante me resultó.

La experiencia viene a cuento porque aquel escrito tuvo una cantidad de comentarios entusiastas -en el mismo post y en charlas personales-, todos ponderando el acceso a esos recursos y el conocimiento de ellos. Pero uno en particular me llamó la atención: una docente innovadora, con años de experiencia en el aula y en la gestión, me hizo la salvedad de que reconocía el valor de los recursos digitales, pero reivindicaba espacio-aula como el lugar más relevante de la escuela. Siempre creí que esa, aun en boca de una hacedora, fue una confesión de incertidumbre.

La escuela, o mejor dicho los adultos que la habitan, necesitan, anhelan, se exigen cerrarse sobre si mismos y proteger ese territorio que temen perder. 

Pero años después la realidad demuestra lo que ya sospechábamos: aquella resistencia fue vencida y el mundo -el digital- se metió con toda su prepotencia en la escuela, y aquella incertidumbre convirtió a sus referentes adultos, en muchos, tal vez demasiados casos, en espectadores absortos, que solo atinan a criticar aquello que los confunde: la nueva realidad de chicos hiperconectados que reclaman nuevas maneras de organizarse, de aprender, de cuestionarse, de actuar y aún de ser. 

En palabras del propio Serres, «hoy la pedagogía cambia por completo con las nuevas tecnologías, cuyas novedades son sólo una variable cualquiera dentro de la decena o la veintena que (…) podría enumerar. Este cambio (…) repercute poco a poco en todo el espacio de la sociedad mundial y el conjunto de sus instituciones caducas».  De allí es que entendemos aquella insistencia de los reformistas de la educación: opinan, proponen, legislan y arriesgan sobre los viejos modelos perimidos, concebidos para una escuela que ya no existe, porque es aquella sociedad que los propuso la ya no existe. Como en una noria, cada propuesta parece ser una vuelta más en redondo sobre las mismas viejas ideas. Los avances no son avances, son solo una vuelta más. Rascando la superficie de cada novedosa teoría vuelve a emerger el pasado.

Algunos ejemplos de decisiones desacertadas por lo anacrónico -como la prohibición de uso de los celulares en la escuela o la eliminación del espacio específico para adentrarse en el mundo digital-, y aun la cara del especialista que hablaba loas del pretendido cambio del libro por la netbook de Conectar Igualdad cuando le pregunté «¿Y eso que cambia?», hablan a las claras, entendemos, de aquella incertidumbre a la que nos referíamos párrafos más arriba.

Los nuevos paradigmas englobados en «neologismos pedagógicos» que pueblan las propuestas en apariencias innovadoras, suelen esconder otros propósitos, algunos comerciales -onerosas conferencias, elevadas cuotas escolares, etc.-, otros desviados de la realidad -meritocracia y evaluaciones que solo sirven para llenar estadísticas-, ninguno de ellos orientados, presumo, a lograr consensos y cambios genuinos.

La educación experimenta hoy un cambio cultural que necesita de la reflexión y la participación de todos sus actores, con la certeza de que en la base de ese cambio se encuentra la enorme diferencia conceptual que existe entre un alumno escolarizado -en tanto parte del sistema- y el alfabetizado que cuenta con recursos para enfrentar las realidades y exigencias del siglo XXI. 


Imagen: Blog Biblioteca UniZar
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Una alfabetización para el pizarrón

Hoy nadie puede considerarse alfabetizado si está en situación de comprender mensajes simples, saber firmar o leer libros con léxico y sintaxis simplificada. Desde finales del siglo XX estamos asistiendo a una revolución en la que la digitalización de la información es parte de la vida cotidiana y la escuela ni se ha dado cuenta. Entonces sigue preparando para leer un conjunto limitadísimo de textos, sigue haciendo una alfabetización para el pizarrón. Trabajar con la diversidad de textos y alfabetizar con confianza y sin temor a circular a través de los múltiples tipos de textos y de soportes textuales del mundo contemporáneo es indispensable.
Emilia Ferreiro, educadora, en una entrevista para La Web del Maestro.

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Tus datos no son tuyos, son el negocio de otros

El Congreso de Estados Unidos ha eliminado las garantías de privacidad en Internet. Si, así como se lee: la Cámara de Representantes de aquel país ratificó el pasado martes 28 de marzo una ley impulsada por el Senado que permite a los proveedores de conexión a internet comercializar los historiales de búsqueda de los usuarios sin su conocimiento.

El texto de la ley, de hecho una de las mayores desregulaciones del sector de las telecomunicaciones en EE.UU., fue aprobado en menos de un mes. No hubo debates ni audiencias, y tampoco se ha escuchado la palabra de los expertos en la materia.

Esta ley que el presidente republicano está a punto de firmar representa una importante victoria para las compañías que proveen la conexión a Internet en Estados Unidos. Empresas como Comcaest o Verizon, que venían rechazando todos los intentos previos de protección de la privacidad y el principio de la neutralidad en la red, finalmente tendrán su victoria de manos de Trump.

La exigencia previa a los proveedores de conexión a Internet de que obtengan el permiso de los usuarios para vender sus datos -el historial de búsqueda, las aplicaciones que descargan, desde que dispositivo navegan, el tiempo que pasan en una página concreta, etc.- queda sin efecto. En cuanto la nueva ley entre en vigor, las compañías podrán vender a los anunciantes los datos de los usuarios sin necesidad de obtener su consentimiento. Es decir, dejan de pertenecer al usuario.

El principal problema, según lo explican los defensores de la privacidad online, es que las empresas que ofrecen conexión pueden conocer todas las actividades del usuario mientras esté conectado. Es decir, se le ha entregado a las grandes empresas proveedoras en bandeja de plata la privacidad de los usuarios.


Fuente: El País (España)
Imagen: nCubeHome
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