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escuela - 13. página

Informe sobre «Los celulares y los chicos»

Hace algunas semanas me entrevistaron para el programa «Bien Temprano», que se emite por Canal 5 de Rosario, acerca de los celulares en la escuela y las diferentes problemáticas que aparecen a partir de la presencia permanente de ese dispositivo en las actividades de los chicos.

Extractos de esa entrevista salieron en un informe, junto con las opiniones de especialistas, padres, docentes y aun los mismos chicos, titulado «Los celulares y los chicos», que se emitió al aire en el programa del 26 de junio pasado.

Aquí, el mencionado informe:

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1a1 + de lo mismo = Nada

Confieso que la excelente disertación de Dardo Ceballos en el ciclo Tips y TICs, en la que presentó una investigación realizada por la UNR sobre la implementación del programa Conectar Igualdad en las provincias de Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos, logró confirmar lo que ya sospechaba pero me dejó mudo. Desde ese día estuve intentando describir, sin éxito, la catarata de ideas, confirmaciones y aun sensaciones que me atraviesan sobre esta cuestión, y a pesar de la amabilidad de Ceballos en responder mis preguntas y escuchar mis consideraciones al respecto, no pude ponerlas por escrito. Hasta hoy.

Ahora me encuentro con un artículo titulado «Los desvaríos de Papert» y escrito por Eleonora Badilla Saxe, catedrática, para la edición on line de La Nación de Costa Rica, en el que la autora pone en palabras muchas de mis propias convicciones al respecto de esta cuestión. Tomo algunos párrafos para ilustrar lo que considero es el problema de base de la implementación del plan Conectar Igualdad: la inserción forzada de las nuevas tecnologías en el aula.

Debo decirlo una vez más: Seymour Papert, matemático, científico de la computación, pionero de la inteligencia artificial, inventor del lenguaje de programación y autor del enfoque educativo para el uso de la tecnología digital en educación al que denominó Construccionismo, es un visionario. (…) La genialidad de Papert le hizo advertir (a la vez que predecía la ubicuidad de las computadoras) que las máquinas por sí mismas, no garantizarían ni aprendizaje relevante, ni mejoramiento de la educación. Por eso, repetía que hay un mundo de diferencia entre lo que las computadoras pueden hacer y lo que una sociedad decide hacer con ellas. Desde que publicó su primer libro, “Desafío a la mente” en 1980, en el que abogaba por el uso de computadoras en educación, también prevenía que no se debía esperar que la máquina tuviera un efecto en la educación, y más bien aconsejaba que se aprovechara su presencia para repensar fundamentalmente el sistema. Solía decir: “Mientras en las escuelas confinemos la nueva tecnología a simplemente mejorar lo que ya existe, en vez de realmente cambiar el sistema, nada significativo va a suceder”.

Sin embargo, el mundo se apresuró a confiar a ciegas en la solución de todos los problemas, incluidos los de la educación, a partir de la inclusión de la computadora. Pero,

El objetivo con las computadoras en educación en casi todos los países y regiones era hacer más de lo mismo, con un poco de maquillaje. El implacable tiempo, de nuevo, evidenció que Papert tenía razón. Aunque se reconocen efectos positivos personales e individuales por el uso de las herramientas digitales, nada significativo sucedió en los sistemas educativos nacionales; nada en relación con los contenidos de siempre; poco con el aprendizaje prescrito en planes y programas. Casi nada nuevo se manifestó a través de las evaluaciones tradicionales, con los instrumentos conocidos. Las muy públicas, recientes evaluaciones de programas de uso de computadoras en educación en otros países, así lo confirman.

La conclusión de la autora es coherente con aquellos principios elementales que pensaron Papert y otros:

Tal vez si las instituciones financieras, los Gobiernos y el sector educación (a nivel internacional y nacional) pusieran más atención a los desvaríos y predicciones de visionarios como Papert, se hubieran ahorrado gastos millonarios en evaluaciones y mediciones tradicionales inútiles buscando efectos de las computadoras en la educación que sabemos de antemano que no se darán, mientras no se repiense de manera cualitativa todo el sistema.

El ofrecer a cada joven, niño y niña (más que a cada estudiante) un dispositivo digital para que pueda crear, diseñar, programar, construir y colaborar es un deber ineludible para garantizar equidad de oportunidades. Pero no podemos buscar efectos diferentes ni esperar resultados distintos si se utilizan para hacer más de lo mismo en educación o para evaluar los mismos contenidos desarticulados de siempre.

Sin embargo, la solución parece estar al alcance de la mano, si es que nos detenemos a pensar en los cambios necesarios en la manera en que estamos educando a nuestros pibes, antes que en la inserción forzada de las nuevas tecnologías en el aula:

Antes de que el implacable nos cobre no haber hecho en educación lo que ya sabemos que hay que hacer, deberíamos poner atención a los desvaríos de visionarios como Papert, que insisten en que en pleno siglo XXI el modelo educativo pluricentenario y fabril ha cumplido su misión y que debe ser repensado profundamente. Y que el enorme potencial de las tecnologías digitales es una buena excusa y brinda una excelente oportunidad para hacerlo.

La computadora se ha metido en el aula con la prepotencia de un plan oficial que luce alejado de los verdaderos intereses de la educación y las reales necesidades del aula. Pareciera que sólo vamos en camino a arruinar otra oportunidad brillante más.


Fuente: La Nación.

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Meras abstracciones

La gran mayoría de los jóvenes nacidos en el mundo hoy no está creciendo como nativos digitales. Existe una enorme brecha entre los que son nativos digitales y los de la misma edad, pero que no están aprendiendo tecnologías digitales y viviendo sus vidas de la misma manera. Para miles de millones de personas en todo el mundo, los problemas que enfrentan los nativos digitales son meras abstracciones.
John Palfrey y Urs Gasser en el libro «Born Digital», citados por Pablo Maas en «Inmigrantes y nativos digitales: problemas de un estereotipo.»

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Einstein, ese alumno excelente

Certificado con las notas obtenidas por Albert Einstein en 1896

Un lugar común en el que se suele caer, sobre todo a la hora de cuestionar a la educación formal, es el de afirmar que Albert Einstein fue un estudiante mediocre que acabó siendo un genio brillante.

Sin embargo, esto está lejos de la realidad: fue un excelente alumno. La idea equivocada proviene, por un lado, de la confusión de sus primeros biógrafos con respecto al sistema de calificación escolar suizo, en el que un seis era la mejor nota, a diferencia del sistema alemán. Por otro lado, la atención del joven Einstein se reducia en aquellas asignaturas que menos le interesaban, como Francés, Geografía o Dibujo, lo que llevaba a algunos de sus profesores a considerarlo como un «alumno mediocre».

Por supuesto que puede hacerse, aun a la distancia, un análisis crítico de la educación formal a partir de ciertos prejuicios y rigideces del sistema, pero es mejor usar hechos concretos y reales en lugar de una leyenda urbana. Tienen más peso específico, y al final no avergüenzan.

Fuente: Meridianos

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