En cuanto a Google, cuyo número de usuarios sobrepasa los mil millones, dispone de un impresionante número de sensores para espiar el comportamiento de cada usuario: el motor Google Search, por ejemplo, permite saber dónde se encuentra el internauta, lo que busca y en qué momento. El navegador Google Chrome, megachivato, envía directamente a Alphabet (empresa matriz de Google) todo lo que hace el usuario en materia de navegación. Google Analytics elabora estadísticas muy precisas de las consultas de los internautas en la red. Google Plus recoge información complementaria y la mezcla. Gmail analiza la correspondencia intercambiada, lo cual revela mucho sobre el emisor y sus contactos. El servicio DNS (Domain Name System, o Sistema de Nombres de Dominio), de Google, analiza los sitios visitados. YouTube, el servicio de videos más consultado del mundo, que pertenece también a Google y, por tanto, a Alphabet, registra todo lo que hacemos en él. Google Maps identifica el lugar en que nos encontramos, adónde vamos, cuándo y por qué itinerario… AdWords sabe lo que queremos vender o promocionar. Y desde el momento en que encendemos un smartphone con Android, Google sabe inmediatamente dónde estamos y qué estamos haciendo. Nadie nos obliga a recurrir a Google, pero cuando lo hacemos la empresa sabe todo de nosotros. Y, según Julian Assange, inmediatamente informa de ello a las autoridades estadunidenses.
[Ignacio Ramonet, periodista español]
derechos - 22. página
El etiquetado de los niños
Tiempo atrás, hablábamos en este blog acerca de nuestra preocupación por cierta tendencia al determinismo y un llamativo apresuramiento en el diagnóstico por parte de algunos terapeutas, particularmente en las escuelas.
Basados en un listado predefinido de alteraciones del comportamiento y carentes de pruebas y estudios médicos que confirmen la existencia o no de la patología, esos diagnósticos suelen transformarse en etiquetas que estigmatizan a nuestros niños con trastornos psiquiátricos que en ocasiones son incluso medicados, beneficiando a una industria farmacéutica que mueve casi 5 mil millones dólares al año.
A este respecto, una ONG denominada Citizens Commission on Human Rights (C.C.H.R.) International, cuya misión según declaran en su sitio web es la restauración de los derechos humanos en el campo de la salud mental, produjo bajo el título «La infancia no es un trastorno mental» el siguiente video en el año 2010, que se refiere precisamente a este problema y lanza un pedido que es casi un ruego: detengamos el etiquetado psiquiátrico de los niños.
Para ver y reflexionar.
Habla con tus hijos acerca del grooming
Con el video titulado «Habla con tus hijos, antes que otro lo haga», Grooming Argentina dio inicio en 2015 a la primera campaña nacional contra el «grooming» o acoso sexual virtual.
Grooming Argentina es una ONG dedicada a prevenir, concientizar y erradicar el acoso sexual virtual a niños y adolescentes en Argentina. A continuación difundimos el mencionado video, que seguramente nos ayudará a comprender mejor la problemática y reflexionar sobre los modos de prevenir este delito en el cuidado de nuestros chicos y adolescentes.
Fuente: Grooming Argentina
Una foto que habla de nuestros prejuicios
Esta foto aparece cada tanto en las redes sociales desde hace algún tiempo, para intentar demostrar el daño que están produciendo las nuevas tecnologías en la juventud. Claro, quien publica asume -esto es lo usual- que los chicos y chicas están distraídos y absortos con sus dispositivos digitales mientras a sus espaldas sucede Rembrandt. Que «no hay futuro», que «la juventud está perdida», que «la tecnología nos convierte en bestias», etcétera, es el pretendidamente lúcido análisis que muchos observadores hacen.
Sin profundizar en el asunto, suelo responder a esta publicación -hecha siempre por adultos, cabe aclarar- que si ese fuera el caso, la falla más evidente que salta a la vista es la ausencia del adulto. Es en esas instancias en las que debería entrar en juego la función del adulto ayudando, mostrando, apoyando, interesando, a fin de convertir esa experiencia en una provechosa.
Recuerdo que en nuestros tiempos escolares íbamos a esas excursiones y visitas, y actuábamos de modo muy similar al que se supone muestra la foto, aunque no tuviéramos celulares hace 40 años atrás. Pero siempre había un profesor, una maestra que acompañaba y con mucha paciencia nos iba mostrando cómo era la cuestión, hasta que crecimos y solitos nos dimos cuenta de qué iba la cosa. Porque éramos adolescentes y ellos, los púberes de ayer y de hoy, actúan así, y esa clase de ayuda de nuestra parte es imprescindible.
Sin embargo, la verdad parece ser más profunda y si se quiere, más aleccionadora aun. Encontramos en Redes Abiertas una explicación sobre el momento y las circunstancias en las que se tomó la foto, y lo que se observa es francamente revelador -revelador de los prejuicios de algunos, claro.
Sintetizando, el artículo muestra que lo que estamos viendo es justamente lo contrario de lo que ligeramente creemos ver: estos niños estaban siendo educados mediante el uso de una aplicación.
En lugar de usar cuadernos y apuntes -como hacíamos nosotros-, hoy se usan las nuevas tecnologías para realizar ejercicios con los que comprender mejor las obras o adquirir un lenguaje artístico.
El museo en custión que visitaban estos chicos, el Rijksmuseum, es uno de los museos pioneros en implementar las nuevas tecnologías como herramientas didácticas y pedagógicas, adaptadas a diversos públicos.
La experiencia se puede leer completa haciendo clic aquí.
Por eso, el título: la foto, más que mostrar lo «perdida» que está la juventud, debería hacernos pensar y reflexionar acerca de cuan distraída y livianamente observamos las cosas, mientras dejamos correr libres nuestros prejuicios.
Cómo debe actuar la escuela frente al bullying
Es necesario evaluar las situaciones con calma y sin juicios express. Trabajar padres y docentes juntos, sin culpabilizar a nadie y buscando los espacios comunes de intercambio sin hacer de las situaciones de bullying un “pasacalles” para toda la comunidad. La confidencialidad es fundamental para abordar eficazmente el bullying. Hay que escuchar y creerle a quien logra hablar. Luego, buscar información entre todos los implicados. Quien agrede debe recibir claramente el mensaje de que eso debe terminar. Debe cesar inmediatamente el hostigamiento y comprometerse a un cambio. Las sanciones deben ser reparatorias, educativas y no humillantes. Si humillamos, devolvemos aquello que queremos modificar. No podemos enseñar a no humillar humillando. (…) En el bullying, el silencio es el mejor cómplice de quien hostiga. Cuando nadie habla, el hostigador crece, aumenta su poder. Entonces se puede pegar, humillar porque “nadie dice nada”. Al no decir nada, aumenta la amenaza de que si se habla se será el próximo elegido.
[María Zysman, Licenciada en psicopedagogía. Dirige el equipo “Libres de Bullying”. Es autora del libro “Cómo prevenir e intervenir en situaciones de acoso escolar” (Paidós, 2014)]
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