Saltar al contenido

Paradojas y obsesiones

El suplemento de Informática de Clarín publica una nota sobre la «Correo-dependencia», que puede ser leída también en nuestro sitio, en la sección «Alerta navegantes».

En la nota se hace una crónica sobre una variación posmoderna de un mal antiguo: la obsesión.

Seguramente muchos enviarán por correo esa nota a sus allegados, sospechados estos de sufrir tan malvado sindrome. Débiles como son -no como uno- ellos sucumben a la tentación de revisar el correo tres mil veces por día.

Dicen los que saben, incluso, que se descubrió que el e-mail es un importante catalizador del estrés laboral. Es decir, uno se obsesiona con el correo para sólo recibir spam, pero haciendo feliz a un jefe aun más obsesivo e hincha pelotas que uno.

Por supuesto hay una cantidad de profesionales, tanto de la salud como de distintas ramas de la tecnología, que están abordando este problema en forma seria, intentando traer una solución. En definitiva, se repite la vieja y noble causa por ayudar a las personas a liberarse de las adicciones.

Ahora bien: mucha de esa ayuda se brinda a traves de Internet. Hay foros, sitios de consultas, test on line de detección del problema, consultorios, etc. Y aquí es donde nos entra la duda.

¿No es paradójico que el mismo instrumento y objeto de la obsesión sea el medio para intentar resolverla?

A veces pienso que proponer ayudar a los adictos a internet con internet es como organizar las reuniones de Alcoholicos Anónimos en un bar, o prevenir los suicidios organizando reuniones en una cornisa.

Es, al menos, raro. Quizás uno diga esto desde la ignorancia, porque no se es más que un intuitivo, sólo leído, en estos asuntos. Pido perdón a los profesionales por esto.

Si alguien tiene una respuesta al respecto, le estaré muy agradecido por ayudarme a entenderlo… antes que se convierta en una obsesión.

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

La historia de nunca acabar.

En el campo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, cada tanto se repiten las discusiones y los análisis sesudos sobre competencias, liderazgos de mercado y avances de nuevos productos.

Cambian los nombres y las tecnologías, pero en esencia se trata de lo mismo.

Cuando aparecen estas discusiones no puedo dejar de recordar la vieja rencilla Netscape-Explorer o, aun más atrás en el tiempo, los largos artículos buscándole la vuelta a la penetración de mercado del DOS o las críticas hacia lo mal que funcionaba Excel en sus inicios frente a Lotus o Quatro Pro. En el ’96 el SO para redes que se decía se impondría era el Novell 4.1… aunque ud. no lo crea -o lo haya olvidado-.

Todavía guardo un ejemplar de una revista especializada que se preguntaba, ya desde la tapa, quien ganaría la batalla de los SO, si Windows 95 o el OS/2 Warp -¿se acordaban del OS/2?

Y hay más, mucho más que seguramente me estoy olvidando.

Las luces encandilan hoy con Google y su increíble capacidad de imponer titulares. Mientras tanto, Microsoft -raramente MS no ha sido el centro o alguna de las partes en alguna cuestión-, eterno perdedor en las preliminares, termina siendo el ganador absoluto.

Hagamos un poco de historia: MS vs. Apple; Ms vs. IBM; MS vs. UNIX; MS vs. Borland; Ms vs. el gobierno de EE. UU.; MS contra el mundo. Y el mundo, finalmente, a sus pies.

Tengo un par de soluciones como para no hacerse más problemas con estas batallas perdidas -por nosotros, no por ellos:

A nivel personal y como medida de salud mental, estoy a punto de decidir no leer más sobre Google, Microsoft o los varios etcéteras que hay.

Con respecto al resto de los mortales comunes y corrientes que usan computadoras sin saber cómo, y que lógicamente tienen problemas y no sabe cómo salir de ellos, les recomendaríamos volver a la vieja máquina de escribir. ¿O acaso usarían su automovil sin saber manejar, total, aprendemos sobre la marcha?

No, un curso no es una buena opción. Siempre habrá alguien a quien molestar, no importa la hora -el celular aniquiló ese problema de que el otro esté ocupado, por ejemplo.

Conste que ahora no menciono marcas, porque temo que comience de nuevo la historia con una guerra tipo «Olivetti vs. Remington».

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

Windows Vista… Gorda.

El fundador de Microsoft está en la ciudad de Bugsy hablando del nuevo Sistema Operativo de la compañía en la Feria Internacional de Electrónica CES 2006.

Si, ese que desde 2001 está llegando para reemplazar al XP, y que antes se llamaba Longhorn y ahora fue bautizado como Vista. Bueno, pero no se confundan: Windows 95 era Chicago antes de salir, así que es probable que en la empresa sufran como padres para encontrale un nombre al niño.

Los requerimientos mínimos (eufemismo para referirise a esa instalación que NUNCA funciona) para instalar Windows Vista son:

CPU de 1.6Ghz; 512MB de RAM; 64MB de video; disco de 7200 RPM con 16 de buffer.

Bueno, nada del otro mundo, dirá usted. Pero eso es lo MÍNIMO.

Lo recomendado para que funcione perfectamente (lo cual también es un eufemismo para referirise a que tendrá algunos cuelgues menos), es:

CPU 3.0Ghz; Ram 2 Gb; Video de 256Mb; HD de 15000 RPM

¡Dos Gigas de RAM! ¡Es una locura!

Dos Gigas de RAM, ¿para qué? ¿para tener ventanas que además eructan o botones con los colores del arcoiris con forma de la hebilla que usa mi hija para el pelo?

Lo que la compañía aun no aclaró es si todo esto sirve para evitar las terrorificas pantallas azules de colapso que AUN siguen apareciendo en XP, fieles compañeras del SO más vendido desde la época del 3.1.

Imaginemos: nos compramos una PC con 2 Gb de RAM -todavía me da escozor pensarlo-, con un disco de 2000 millones de revoluciones -porque siempre tememos que sea poco-, un procesador de la próxima generación; instalamos el WVista y en el primer reinicio… ¡aparece la pantalla azul!

Segudo escenario: Al día siguiente de instalarlo leo en mi web favorita, en la sección Catástrofes, que hay un nuevo virus que se mete por un agujero de seguridad que MS sabía que existía desde 1983, y me toma 4 hs. bajar el parche.

Escenario 3: Me dejo de joder, instalo cualquier otra cosa, y que MS se vaya a fabricar juntas para motores -esto dicho con todo respeto hacia los fabricantes de tan noble producto.

En un momento me pareció la opción 3 la más adecuada, pero después recordé los noticieros del ’95, ’98 y ’01 mostrando gente haciendo cola para comprar los respectivos Sistemas Operativos de la marca, y me deprimí.

Me volvió el aliento pensando en los esfuerzos de mucha gente por mejorar los sistemas basados en software libre, pero me volví a deprimir cuando recordé el tiempo y los esfuerzos que pierden discutiendo en los foros intentando convencernos de que Windows es una basura.

El mundo es un caos, es cierto, y sería muy pretencioso pedir que el ambiente informático no estuviera atravesado por ese caos. Pero, ¿habrá otro ámbito en el que se observe tanto esfuerzo de tanta gente para que sólo unos pocos se llenen de plata vendiendo espejitos -o ventanitas o pingüinitos o lo que sea- de colores?

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

Año nuevo. Chiche. Amplio. A estrenar.

Como cada año, en este tiempo se renuevan expectativas.

Uno, porque está vivo, quiere seguir, crecer -aunque ya esté grande-, mejorar, continuar.

Uno quiere también que el milenio que le dijeron comience de un vez por todas porque, contrariamente a lo que se decía sobre las ventajas de entrar al siglo XXI, no se ve nada, todavía.

Con sólo cinco añitos, el siglo favorito de la ciencia ficción ya ha mostrado demasiada destrucción y terrorismo y catástrofes y mucha muerte.

Muchos de los avances tecnológicos, sobre todo los relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación, sólo siguen trayendo más desigualdad, ampliando la brecha entre los que pueden y los que no, en flagrante contradicción con lo que la tecnología debería lograr para el hombre.

Aumentan las cifras de un sida que le encontró la vuelta a su supervivencia de la mano de laboratorios voraces y gobiernos apáticos, mientras más gente mira en las vidrieras -y sólo eso- los precios de DVDs y fantasías varias.

«Dale, empezá pronto», le digo al 2006. Este 2005 fue largo, pero pese a su resistencia a dejarnos intentarlo de nuevo, como a cada año, le llega inevitablemente su fin, gracias a Dios. Ahora llega otro, nuevito, a estenar.

Hagamos algo bueno con este 2006 que comienza.

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo