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Trabajo

Hay gente que realmente tiene un buen humor fantástico.

Hacé lo siguiente:

1- Abrí http://www.google.com.
2- Escribí: «Encontrar un trabajo digno».
3- No pulses Enter, sino sobre «Voy a tener suerte».
4- Leé con atención el resultado.

Un aplauso, muchachos!!!

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Un sitio en minutos

Google lanzó «Page Creator», una sencilla herramienta en su versión beta para el desarrollo de un sitio web. Es muy fácil de usar, y además gratuita. El único requisito para poder usarlo es tener una dirección de GMail, el servicio de e-mail de Google. El usuario tiene 100MB a su disposición.

El Google Page Creator se encuentra en www.pages.google.com. No hace falta saber programación para usarlo: el sistema ofrece una plantilla muy fácil de usar, y en unos pocos clics el sitio ya está online, con una dirección con el formato http://nombredeusuario.googlepages.com.

Como suele suceder, este nuevo producto de esa fabrica de ideas que suele ser Google, ya sumó adherentes y detractores. Para algunos su extrema sencillez es su principal ventaja, aunque para otros es un producto de escasa calidad.

Si bien se puede afirmar que las platillas que ofrece son bastante pobres, hay que reconocer que para quien quiera publicar un sitio sencillo sin saber nada de programación, es la herramienta ideal.

Sin embargo, tal como suele suceder con cualquier herrramienta informática, no se puede usar sin conocimientos elementales y, en este caso, una cuota de buen gusto.

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Funda-mental-ismos

Caso 1: Hay blogs que te explican como debe ser tu blog personal y como tenés que «comportarte» como blogger.

Como si la misma esencia del blog no fuera que hago lo que quiero en mi blog, porque es personal. Si te gusta lo leés, si te gusta participás, si no te gusta me puteás o te vas… ¡hacé lo que quieras!

Pero lo mejor sería que viendo que yo lo hice vos también cuelgues tu propio blog. Ponele tu foto si querés. Ponele tu perfil si querés. Y si no querés, está bien igual. Así es el blog.

Querés escribir sobre un tema en particular, está bien. Querés escribir de acuerdo a como te levantás, también está bien.

Ah, por supuesto te puedo ayudar a armar el tuyo, pero vos decís. Y si lo decís en forma inteligente y con onda, mejor. Pero no hay forma de regular o «decretar» sobre esto. No hay marketing, no hay academia, no hay imposiciones. Así es el blog. Sos vos y tu lector. Y si nadie te lee, igual decilo así queda.

Y no digo más porque sino parece que estoy «dogmatizando» o «bloggerizando» (perdón por la aberración idiomática).

Caso 2: Hay gente muy ecológica… que advierte que el mundo se cae a pedazos porque recibió un mail sobre las papeleras. Y está bien. Algún día había que darse cuenta.

Pero también se «fundamentaliza», desde políticos «ecologizados» (sigo con los neologismos caseros…) de golpe hasta los opinólogos de turno. ¿De que se trata, que me opongo?

Si, ya sé que todo suma, pero alguna vez hasta se organizaron mundiales que ocultaron la tortura o distrajeron de una guerra… y ahora hay un mundial pronto.

¿Seguiremos hablando del tema en junio, o recordaremos todo junto la próxima vez que nos quieran poner la basura del primer mundo en el patio de atrás?

Todo esto se puede discutir. Esta bien discutirlo. No está mal no estar de acuerdo. Mientras estemos «desfundamentalizados» y seamos coherentes.

Que bueno es el equilibrio, y que difícil. Pero hagamos la prueba.

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Un argumento irrefutable.

Este es uno de los panfletos que se distribuyen durante los cortes de ruta contra la instalación de las papeleras.

Para hacer oidos sordos a un argumento como este, ¿cuan contaminadas se deberán tener las entrañas?

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No cometamos los mismos errores

Y cuando vinieron por mi,
ya no quedaba nadie que alzara la voz
para defenderme.

La cuestión de las papeleras sobre el río Uruguay es una oportunidad única.

Los medios importantes sólo hacen crónicas del conflicto sin tomar partido. Los políticos toman posiciones ambiguas y contradictorias sospechosamente tibias. En el congreso parece que se discute en un clima de cosa cocinada -al menos es la impresión que tiene el observador externo.

La cuestión de las papeleras debe ser nuestra oportunidad.

Hemos recibido de las generaciones pasadas un país devastado por las malas políticas, la entrega espúria, el desprecio por el medio ambiente; en fin: un país al que no le importaron, salvo honrosas excepciones, las generaciones por venir.

La cuestión de las papeleras no puede dejar de ser nuestra oportunidad.

Oportunidad de reclamar un alto en el desmanejo de los recursos en aras del enriquecimiento de unos pocos. De impedir con medidas claras y valientes que mueran niños y ancianos sólo porque alguien se hizo el distraído. De observar atentamente alrededor y reclamar que se cuide el suelo, el agua, el aire para muchas generaciones más.

La entrega, la cobardía, el desinterés, la pereza mental, el abandono, la desidia, el interés sólo electoral, el mirar sin ver, el hacerse el distraído y mirar para otro lado, el esperar que otro haga lo que se debe hacer, la apatía, el desgano, la traición, la inacción son estigmas de una nación que no es, aunque debería.

La cuestión de las papeleras sobre el río Uruguay es una oportunidad única.

Oportunidad de que, de una vez por todas, todos demostremos que el futuro nos interesa.

Y un último pensamiento: si las papeleras no se instalan sobre el río Uruguay pero sí unos kilometros más arriba o más abajo sin resolver el peligro de la contaminación, igual nos vencieron, porque seguimos entregados al egoísmo y la dispersión.

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