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Pegarle a MS, ¿no será una redundancia?

De vez en cuando, darse una vueltita por You Tube trae muchas satisfacciones, porque suelen encontrarse algunas «perlitas» que son realmente fantásticas, como las que publicamos a continuación. Si bien están en idioma inglés, se entienden bastante bien ambas.

Seguramente el lector recordará el fiasco de la presentación de Windows 98. ¿No? Bueno, aquí está:

El concepto que mucha gente tiene sobre Windows está sustentado generalmente por la propia compañía, en todo sentido. Y lo que en un comienzo era sólo un comentario entre entendidos, desde hace un tiempo es vox populi.

Sino, detengamonos a ver este informe de Letterman:

Para ver algunas joyitas más, sólo hay que escribir «Bill Gates» en el buscador de You Tube. Joyitas como la presentación de ActiveX con el juego Doom.

Pero eso es otra historia, porque para pegarle a MS nada mejor que MS.

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Aunque lo nieguen, no deja de ser

Apenas comenzó el Mundial y la batalla ya está perdida. Y quedó claro que la ganaron los chicos: aún en los colegios donde se permitió ver el partido de Argentina de ayer (el primero del torneo en día hábil), las aulas estuvieron vacías.

Esto fue particularmente notorio en el Nivel Polimodal (los más grandes), aunque en EGB también se hizo sentir, pero menos. En este último todavía los padres tienen el poder de decisión en la mayoría de los casos.

Soy testigo de que muchos docentes y directivos le dieron un contenido, un perfil muy interesante a la cuestión del Mundial. Incluso podría decirse que el CD que elaboró el Ministerio de Educación contenía un material por demás interesante.

Otros, en cambio, fueron la negación total: pusieron reuniones a la hora del partido, prohibieron los televisores o forzaron situaciones francamente absurdas y fracasaron aun más estrepitosamente.

Este último es el «Sindrome Sebrelli-Savater», más conocido como el del «Perro del Hortelano»: no les gusta el Mundial y hacen todo lo posible para que el resto de los mortales nos sintamos los más idiotas del mundo por «seguir una pelotita». Por supuesto, de Fontanarrosa, Soriano y otros por el estilo, que hacen una defensa apasionada de «un juego de brutos que embrutece a las masas», ni hablar.

En cambio a mi, ¡cómo me gusta el Mundial! ¡Cómo me emocioné cuando Argentina salió a la cancha, cuando cantaron el Himno, cuando les «llenaron la canasta» a los pobres «Serbios y etc.»! Ví los goles cerca de 10 veces, casi en cada repetición y casi con la misma pasión con que veo el gol del Chango Cárdenas al Celtic o la gambeta de Maradona en el ’86.

Aunque lo nieguen no deja de ser. Aunque nieguen la locura, los goles, las camisetas, los cantitos, las caras albicelestes, los trapos, los papelitos; en fin, la pasión del futbol, no deja de ser. Como tantas pasiones populares convertidas en fenómenos sociales, el futbol no puede ser ignorado.

En general somos un país de «ignoradores»: suelen dejarse de lado e ignorarse personajes y hechos históricos y populares, muchas veces por actitudes funcionales a los poderes de turno.

Estemos de acuerdo o no, no se pueden negar. Estemos de acuerdo o no con Rosas, con Perón, con el Che; de acuerdo o no con los movimientos populares, con el tango, el floclore o el rock, o con cualquier otra manifestación del fervor popular, no dejan de ser.

Se pueden analizar, rechazar, criticar o amar, pero no negar. Y el futbol, en tanto expresión popular, tampoco puede ser ignorado. Lo que sucedió con el partido de Argentina, en algunos casos, fue querer tapar el sol con la mano, porque el fenómeno emergió igual con toda su fuerza.

Y mientras tanto escuela y sistema quedaron afuera, perdiendo la enorme oportunidad y perdiendo por goleada.

Resultado: Escuelas vacías – Alumnos fuera.

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Un cacho e'cultura

Hoy leía en un blog sobre el mundial un comentario a un post, en el que alguien describía amargamente algunas actitudes triunfalistas y en el límite con la soberbia que solemos tener los argentinos con el futbol en particular, y con la vida en general.

Esta persona muy enfáticamente afirmaba que las razones de este mal son culturales, en un texto con una cantidad de faltas de ortografía asombrosas.

Está bien, una tilde menos o una x por un par de c pueden no ser signos de incultura. Escribir «companía», como escribió una colega días atrás en una nota puede ser sólo distracción. Pero se está escribiendo mal, muy mal, esa es la realidad.

Se han multiplicado los medios para expresar las ideas y opiniones, gracias a la cantidad de avenidas que abre la red para ello. Habría que tener un poco más de cuidado y usar un poco más el diccionario si se tienen dudas.

Después de todo, lo que decimos es importante. Pero cómo lo decimos (o escribimos), también.

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Cerca del bicentenario, lejos del ideal

Hoy los argentinos celebramos una fecha muy especial: el aniversario de la Revolución de Mayo de 1810 y la formación del primer gobierno patrio, la ‘Primera Junta’.

La Semana de Mayo es parte fundamental de nuestra historia por varias razones: por el espíritu revolucionario de los patriotas, por las cintas celestes y blancas repartidas bajo la lluvia, por el pueblo queriendo saber de qué se trataba todo aquel barullo, y por tantas otras cosas más.

Con los años fuimos aprendiendo a bajar del bronce a aquellos personajes y hechos que la escuela nos puso «allá arriba», tan lejos que los hizo inalcanzables, y que vamos descubriendo humanos, falibles, sencillos pero también héroes.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero el disgusto del pueblo con los Gobierno de turno parece haber sido siempre (o casi) el mismo desde hace 196 años; el mismo que en la época de la colonia: la gente en la calle sabe que las cosas se «cocinan» en otro lado y quiere saber de qué se trata.

Me siguen molestando los actos escolares, no sólo porque ahora a los docentes nos «apretan» con el «ausente» (que no es otra cosa que un apriete con el sueldo, porque nos descuentan el día), sino porque salvo raras excepciones se sigue hablando de negras pasteleras y vivas en el Cabildo. Pareciera que seguimos negando que esa es nuestra historia; somos hijos de ella; nos pasó a nosotros. Y nosotros seguimos con esta imposibilidad de ver que lo que tenemos y nos falta está en una misma línea con nuestra historia.

Finalmente, nuestros anhelos en el cumpleaños de la patria:

– Trabajo digno para todos los argentinos.
– Educación igualitaria y de excelencia para todos.
– Transparencia, solidaridad y eficiencia en los actos de gobierno.
– Tecnología eficiente con calidad ambiental para todo los habitantes.
– Que el bicentenario nos encuentre alcanzando los ideales de Mayo y no sólo celebrando una fecha más.

Que cada uno haga su propia lista de anhelos por el bien de todos.

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¿La prohibición educa?

Ya lo hemos dicho en algún otro espacio: no creemos en la prohibición. Seguramente prohibir es mucho más fácil que educar, por eso muchos eligen aquel camino para reducir los esfuerzos que implican la educación y el logro de una toma de conciencia de las personas.

Esto se relaciona también con esta cuestión de CAPIF y otras cámaras e instituciones relacionadas con la publicación de música, que salieron ahora, en lo que parece una virtual caza de brujas, a perseguir a los que bajan música en forma ilegal.

Hay varias cuestiones que deberían ser tenidas en cuenta en esta cuestión:

Dicen que «uno de los objetivos de la campaña es que los padres se involucren con el uso de Internet que hacen sus hijos…» etc., etc. Pero, ¿se trata de una campaña de bien público? No parece.

Una impresión muy fuerte es que, a la hora de reprimir el delito, se castiga (si se me permite el sentido figurado del ejemplo) con cadena perpetua tanto al que pasa un semáforo en rojo como al asesino, porque las multas son enormes, sobre todo teniendo en cuenta esta cuestión de que los padres y jefes estarían siendo educados.

No estoy a favor, por supuesto, de que se baje música en forma ilegal. Mi padre es músico y compositor, y yo estoy registrado en SADAIC como intérprete, así que sé exactamente como cuesta vivir de la música. Por cada canción que se baja alguien, es dinero que el músico no cobra.

Pero también es cierto que los precios de la música enlatada son elevadísimos, sin contar casos como por ejemplo el CD nuevo de Callejeros, que cuesta $45 por el sólo hecho de tener una desgracia atrás y no poder tocar en público.

Veía días atrás en una disquería el cd «Elija y gane» de Spinetta a… ¡once pesos! ¿El Flaco no merece vivir de la música? ¿Cuál es el precio real? ¿Los 45 de Callejeros o los 11 de Spinetta?

Me acuerdo ahora de la publicidad de una empresa de internet cuyo «gancho» era «bajate toda la música». Por supuesto el slogan duró nada, pero el daño ya estaba hacho.

Si hay tantos actores involucrados en esto, ¿por qué paga siempre el usuario? Se lo espía, se lo investiga, se lo usa, se lo exprime y se lo tira.

El tema de espiar al usuario, a ver que hace en su pc, ¿está siendo observado por algún juez? Digo, no sea cosa que alguien se extralimite.

Y volviendo a la frase inicial: ¿cuando se empezará a educar en vez de reprimir?. Es obvio que si alguien hace algo fuera de las normas debe aceptar que tendrá consecuencias por ello, pero, ¿y si en este caso no fuera el único culpable?

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