Postergados, castigados, discutidos, negados, olvidados. Solos, sufridos, escasos, culpados.
Imprescindibles.
Por esa sola sonrisa, la que devuelve la pasión cuando ya no quedan fuerzas,
El LHC, Gran Colisionador de Hadrones por sus siglas en inglés, se pone en marcha el 10 de septiembre en el Laboratorio Europeo para la Física de Partículas (CERN), situado en un túnel bajo tierra entre la frontera de Francia y Suiza. O sea, más o menos dentro de un rato.
Se trata del acelerador de partículas más grande y potente del mundo. Cerca de dos mil físicos de 34 países participaron en su desarrollo y construcción.
Lo particular -valga la redundancia- del caso, es que un grupo de científicos encabezado por el científico alemán Otto Rössler, un teórico del caos, afirma que existe un 50% de posibilidades de que se formen agujeros negros en la Tierra capaces de succionar nuestro planeta por completo. Por supuesto el CERN desmintió esto, pero pero a medias, ya que advierten que es posible que se manifiesten agujeros negros, aunque tan pequeños que se disolverían antes de existir.
En el siguiente video se explica en formato divulgación y subtitulado, de qué se trata este proyecto.
Por todo esto, querido amigo, en vez de perder tiempo leyendo esto, antes de que una fuerza extraña lo agarre de las patas y lo chupe hacia vaya a saber uno donde, haga algo más, otra cosa que lo llene de gusto. Si fuera mentira y mañana el mundo estuviera todavía ahí, al menos se habrá divertido bastante.

Reemplazar el vocabulario es como reemplazar la mirada sobre el mundo. Susana Reyes.
Susana es coordinadora de un Centro Educativo público, el Isauro Arancibia, ubicado en el barrio porteño de San Cristobal. Los alumnos del centro son chicos, adolescentes y adultos, 126 en total, en situación de calle.
Los maestros del Centro respetan ciertos códigos de la calle, pero no todo se acepta como viene. Ponen acento, por ejemplo, en lo expresivo: puertas adentro no se habla igual que afuera, rescatando de este modo la noción de que otra mirada es posible, que el lenguaje refleja el modo en que entendemos el mundo, y que es la escuela un espacio necesario para propiciar el cambio.
Fuente: Revista Viva, hoy
En ocasiones, es preferible estar callado y parecer tonto que abrir la boca y despejar todas las dudas.
Groucho Marx
En la versión digital del diario Clarín se publica hoy un artículo titulado «Barreras en el siglo XXI: escuelas analógicas para estudiantes digitales», de contenido francamente revelador. Con formato de reportaje, así se nos introduce al tema en cuestión:
Entre los desafíos del sistema educativo, que incluye temas tan ásperos como el hecho de que en nuestro país sólo el 48 por ciento de los adolescentes termina la secundaria, la distancia entre docentes y alumnos que impone la tecnología sigue sumando kilómetros. Chicos que aprenden a leer y escribir con el MSN, que navegan horas en Internet, que entablan relaciones virtuales a cada click, que pasan horas con una consola de juegos y que luego, en la escuela, se encuentran con el mismo mundo que encontraba una generación anterior, que no era digital y que de Internet, ni noticias.
¿Qué impacto tiene esto en la relación docente alumno? ¿Qué se puede hacer desde la política educativa? ¿Qué lugar darle en el aula al entretenimiento, fetiche de este siglo?
A esta y otras preguntas responden Juan Carlos Tedesco, ministro de Educación argentino; Mónica Jiménez, ministra de Educación chilena; y María do Pilar Lacerda, secretaria de Educación Básica de Brasil.
Analicemos los discursos, comenzando con Tedesco:
Acabo de decidir quedarme con Chrome, el navegador que presentó Google esta semana, que aunque en pañales todavía -está en su versión beta-, llama la atención por su interfaz simple -de diseño muy Google, minimalista- y por su rapidez.
Algunos datos interesantes: