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Recursos sin método, o saltando de la sartén al fuego.

Este excepcional video que publicó Iván Esteban en su Aula Mágica, titulado «¿Tecnología o metodología?», refleja no sin ironía lo que sucede con la incorporación de las nuevas tecnologías en el aula sin saber para qué, es decir, sin que se modifiquen métodos y prácticas, una cuestión que abordamos en este espacio con insistencia.

Está en portugués, pero ante la universalidad de la cuestión es imposible no entenderlo. Salvo, claro, que uno sea de aquellos peores sordos.

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Cómo eran Google y la red en el año 2001

Otro logo, 3 años de existencia y mucho por hacer: eso era Google hace nada más que 7 años. En concordancia con su décimo aniversario, el buscador más famoso y omnipresente nos permite volver hacia atrás en el tiempo, a su más antiguo índice disponible.

Valen la pena una mirada y un par de búsquedas, como para ver como han cambiado muchas cosas en tan corto tiempo.

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Arma de distracción masiva

La televisión hoy es como tener a la escudería Ferrari en una carrera de embolsados.
Berugo Carámbula, cómico y conductor de TV

Esta frase dicha por el propio Berugo hace algunos días en una entrevista en TV -en su vuelta al ruedo en medio del infierno del Parkinson-, aparece como muy ajustada a lo que se ve desde hace tiempo en la pantalla más entrometida. Podría decirse que la remanida frase «televisión basura» toma otro sentido: basura no es la la tele sino mucha de la gente que la hace. El instrumento no tiene la culpa. ¿Obvio? Puede ser.

En estas cuestiones siempre recuerdo a una directora de escuela, a quién los alumnos le propusieron en un festejo del día de la primavera hacer una parodia de un programa de TV. Su respuesta fué, «el programa de Fulano jamás va a entrar en esta escuela», eliminando toda posibilidad de consideración, crítica y elaboración de alternativas al problema con los chicos. Es más fácil negar o culpar a la televisión basura.

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Las ideas como patrimonio de la humanidad

La Cámara del Crimen sobreseyó el viernes a Santiago Kovadloff en un juicio por presunto plagio, asegurando que «las ideas consideradas en sí mismas no son obras y su uso es libre», porque forman «el fondo común de la humanidad». En primera instancia, Kovadloff había sido sobreseído con la expresa constancia de que la causa «en nada afecta su buen nombre y honor», algo que ratificó el tribunal de apelaciones.

Patricia Zas había denunciado penalmente a Kovadloff porque en su conferencia «El dilema de los valores en el mundo de hoy», el escritor y ensayista argentino repitió ideas que ella había desarrollado en su artículo «La identidad puede provenir del futuro».

Según se informa en la Revista de cultura «Ñ»,

La Sala Cuarta de la Cámara descartó la existencia de una violación a la ley de Propiedad Intelectual, que ‘protege sólo la forma, el modo de expresión, y deja dentro del dominio público la idea’. ‘Las ideas consideradas en sí mismas no son obras y su uso es libre’, dijeron los magistrados (…) ‘La protección del derecho de autor abarcará las expresiones, procedimientos, métodos de operación o conceptos matemáticos en sí’, sostuvieron los camaristas citando textos legales y fallos de tribunales superiores que ya habían zanjado la cuestión.

Hasta aquí, todo conforme a derecho. Pero de alguna forma Zas se sintió afectada por la utilización de su idea. ¿Por qué? ¿No fue citada, y por lo tanto el crédito fue tácitamente otorgado a Kovadloff? ¿Fue dicha fuera de contexto y entonces cambió el sentido? ¿Quiso sacar partido? Vaya uno a saber.

Lo cierto es que este concepto de las ideas como patrimonio de la humanidad está íntimamente ligado a la ética. Y eso, ciertamente requiere de otro tipo de juicio: el juicio de valor.

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Google festeja su décimo cumpleaños

Hace sólo 10 años Google no existía. Suena raro, ¿no es cierto? La gente no hablaba de Google; los medios no hablaban de Google; los fanáticos eran fanas de otra cosa, simplemente porque Google no existía.

Hace 10 años buscabamos en la red con Altavista o Yahoo!, y con Copernic para búsquedas más puntuales. Las fotos se quedaban en el álbum porque escanearlas era muy poco práctico. El correo electrónico público era casi monopólicamente de Hotmail y sus 2Mb de espacio, y la publicidad en la red eran los banners de Yahoo! y la pequeña fortuna que cobraban por 15 minutos de exhibición.

Eran épocas preburbuja, de El Sitio y de 56Kbps gracias a la conexión dial up. La palabra bitácora sólo tenía sentido para nosotros si era pronunciada por el capitán Kirk.

En fin, en sólo 10 años cambió el mundo, internet y la cuenta bancaria de dos estudiantes de Stanford que hacian realidad una idea que hasta pocos meses antes era una tesina.

Así lo festeja el buscador hoy:

¿Cómo será la cosa dentro de 10 años? ¿Quienes serán los jóvenes que hoy están soñando, los Page y Brin de ese futuro?

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