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Sociedad - 229. página

Tecnología y sociedad

Creative Commons: En casa de herrero…

Me entero por el blog de Mariano Amartino sobre el caso de un medio que usó fotografías alojadas en Flickr sin respetar las licencias Creative Commons.

Según se explica en la Galería de vik407 en Flickr,

Flickr permite a cada una de las fotos agregarles su copyright, algunas no pueden ser copiadas, sin el consentimiento del autor y otras lo mínimo que se pide es que el crédito del fotógrafo sea respetado. Si bien este caso de la revista Gente Joven del diario local EL País de Cali sea un evento presuntamente sin intención debido a la falta de conocimiento del que redactó la nota, debe quedar muy claro para todo aquel que intente copiar o utilizar las fotos del grupo caleño en Cali o de cualquiera de los usuarios de flickr que SE DEBEN RESPETAR LOS CRÉDITOS Y LOS DERECHOS SOBRE LAS FOTOS CONTENIDOS EN EL APARTE DE LICENCIAMIENTO QUE PARA CADA FOTO PUBLICADA EN FLICKR EL SISTEMA BRINDA.

FLICKR esta creado para compartir imágenes y no puede ser catalogado solo un Banco Fotográfico. Para el menos experimentado en temas sobre sistemas, internet y computadoras, si por algun medio se pueda bajar o descargar una foto, la acción al realizarlo NO LE DA DERECHO de disponer del contenido de forma ilimitada.

Se comenta además en Global Voices que:

Se está considerando tomar acciones legales en contra de El País, y ya se ha creado un grupo de facebook para todos aquellos interesados en apoyar esta causa en contra de El País de Cali y su ignorancia respecto a las licencias Creative Commons.

Es muy interesante el seguimiento que este blog hace de este y otros casos.

Los derechos establecidos por licencia CC son totalmente válidos y deben ser respetados por todos. No se entiende que aquellos quienes están habituados a manejar estas cuestiones usurpen la creación de otro, sin siquiera pedir permiso.

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Cómo es Google por dentro, según la TV

Estos videos fueron producidos y presentados por Canal 13 y sus medios satélites. Resulta que se fueron hasta las oficinas centrales de Google para mostrar como es trabajar allí y produjeron estos videos.

Federico Wiemeyer, el periodista que hizo el reportaje, explica en su blog sobre Internet detalles sobre las notas y publica algunas tomas personales que hizo con su celular, como una especie de fisgón tecnológico.

No soy de comprar espejitos de colores; simplemente me parece interesante verlos y conocer como se trabaja en una empresa que hoy es global, multimillonaria y que hace sólo 10 años no existía. Es al menos curioso. Ahora, entre nos, ¿Google es toda esa tecnología, o las sandalias con medias?

Seguramente, ambas cosas…

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3 años de Cromañón

cromañonDicen que uno recuerda con exactitud qué estaba haciendo en el momento de ser sacudido por una noticia impactante, y es cierto. Recuerdo que en el momento de enterarme de la tragedia de Cromañón estaba en un taxi que venía escuchando las noticias en la radio, el 31 a las 7 de la mañana. Se decía en ese momento que había 175 fallecidos, cifra que con el correr de los días llegaría a 194.

¿Por qué me impactó tanto la noticia, ahora que aparece como licuada por las urgencias diarias de los medios y una «naturalización» de las desgracias? Bueno, primeramente porque no puedo ni quiero aceptar la muerte de 194 personas como un imponderable. Pero además porque tengo hijos adolescentes. Y también porque en mi adolescencia es bastante probable que yo mismo haya estado en lugares en aun peores condiciones que el tugurio llamado Cromañón, viendo a las bandas de rock del momento.

Y la verdad es que sigo estremecido con el hecho. Es por eso que cada año desde entonces dedico un espacio en la fecha para recordar a las victimas.

¿Y que hay 3 años después? Los responsables (intelectuales, los de hecho y aquellos por omisión) están libres o están ocupando cargos, o en los mismos puestos esperando la próxima oportunidad para hacerse los distraidos y volver a matar con la indeferencia, literalmente.

Esto último demuestra que se ha criticado y culpado a quienes, con ingenuidad o inconsciencia, o descuido en algunos casos, pero inocentes al fin todos ellos, eran simples espectadores de una actividad artística popular, y quienes fueron reales responsables por la seguridad de esas personas miraron para otro lado, siendo «premiados» por eso con la impunidad.

Nuestro recuerdo por las victimas y nuestro cariño incondicional a los familiares. El 30, físicamente los que puedan o en el corazón los que no, estaremos con ellos en la marcha.

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Londres: con el celular, del auto a la celda sin escalas

En línea con la idea de nuestro post de días atrás, nos enteramos por Engadget en español que desde hace un tiempo los conductores británicos son penados con dos años de cárcel si los descubren enviando un SMS mientras manejan. Ahora, mejor aun, hablar sin un manos libres también tendrá la misma pena.

En los casos más extremos las personas sorprendidas infringiendo el código de circulación podrían ser acusadas de conducción temeraria, cargo que va asociado a una sentencia máxima de dos años de prisión y una sanción económica no definida. Anteriormente, lo más que le podía pasar a uno era tener que pagar una multa y perder tres puntos del permiso. Otras conductas con el mismo castigo serán ajustar el GPS sobre la marcha y escuchar música con los auriculares puestos.

londres.jpg

En un tránsito como el nuestro, en el que algunos deberían ir presos por el solo hecho de tocar el volante, vendría muy bien una medida por el estilo que obligue a los inescrupulosos y distraidos a pensar antes de hacer. Que no es poco.

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Accidentes e incidentes

Ante la noticia de la muerte de otro de los docentes involucrados en el incidente de la explosión en la Planta Piloto de la Facultad de Ingeniería en Río Cuarto, el diario Clarín publicó el martes 18 una editorial titulada «Río Cuarto exige responsabilidades», que nos parece oportuno reproducir aquí y con la que coincidimos en parte. Copio y pego, y después explico:

La explosión fatal en la Universidad de Río Cuarto ha causado un justificado estupor por la falta de previsiones y por las circunstancias en las que se produjo la tragedia. El laboratorio de la Facultad de Ingeniería de la universidad cordobesa explotó al derramarse sustancias altamente inflamables que provocaron un incendio y estallido en cadena. El accidente podría haberse evitado o atenuado de advertirse que la acumulación en tal cantidad de tambores con hexano resultaba incompatible con el tipo de actividades y las condiciones de seguridad en las que éstas se desarrollaban.

Lamentablemente, esta clase de tragedias se reiteran en nuestro país y encuentran sus motivos en la imprevisión, la irresponsabilidad y el deterioro de los espacios edilicios y públicos. Pequeños accidentes o conductas de riesgo terminan ocasionando graves consecuencias y pérdidas de vidas. Lo ocurrido en Río Cuarto evoca así el incendio de Cromañón, voladuras en establecimientos fabriles o motines sangrientos en las cárceles.

Recién cuando sobreviene una tragedia se cobra súbita conciencia de las múltiples situaciones de riesgo grave con las que convivimos a diario. Lo ocurrido en la Universidad de Río Cuarto reclama responsabilidades y es otra invitación urgente a reemplazar la desidia, la negligencia y la indolencia por el cumplimiento de las condiciones mínimas requeridas para desarrollar, en este caso, actividades académicas y de investigación.

Días atrás escuchaba las declaraciones de una señora, miembro de una organización que pelea a brazo partido por la cuestión de la seguridad vial (lamentablemente no registré el nombre), que decía que no se puede hablar ya de accidentes sino de incidentes viales.

Explicaba con mucho criterio que ya no se puede llamar accidente, con todo lo casual y fortuito que este tiene, a lo que a todas luces esta relacionado con la imprudencia, la falta de sentido común, la desidia y la falta de aprecio por la vida humana, que son los componentes centrales en la mayor parte de los incidentes viales. Por eso ella los llama así.

En el caso de la explosión en Río Cuarto, podía hablarse casi con total seguridad en los mismos términos: descuido, imprudencia, desatención e improvisación son términos que tiñen cualquier análisis al respecto.

Pero en este caso no estamos hablando de comerciantes o empresarios inescrupulosos o autoridades desaprensivas, sino de profesionales instruídos en la materia que aprendieron (no me animo a escribir «que sabían»…) sobre riesgos y precauciones en el tratamiento de los materiales que estaban manipulando.

¿Tan distraídos estamos? ¿Tan escaso valor tiene la vida humana? ¿Tan inevitable es actuar sin pensar o con temor? ¿Tan importante es un cargo como para ver y callar? ¿Tan ocupados estamos como para no supervisar?

Es cierto: lo sucedido en Río Cuarto reclama responsabilidades. Pero también reclama que los que tienen que pensar lo hagan. De otra manera estaremos yendo directo a matarnos unos a otros por… accidente, digamos.

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