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Opinión - 8. página

Comentarios y opiniones

Cumplimos 10 años

Con un artículo titulado «¿Que puede hacer una computadora?», comencé hace 10 años con este blog «Apuntes e ideas sueltas sobre tecnologías y otros asuntos».

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Luego de varias migraciones, cambios, actualizaciones, errores, mejoras y el resto de las complejidades y satisfacciones que se suman en este intento de sostener una idea durante tanto tiempo, el blog sigue vivito y coleando. No sólo hemos sobrevivido a nuestras propias limitaciones y dificultades sino también a la misma muerte anunciada -y frustrada- del blog como plataforma.

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Son 1.381 entradas. Es es mucha información. Hay cosas que reflejan la preocupación o el entusiasmo de un momento, otras que expresan adhesiones y apoyos, muchas que analizan o critican o ponderan. Todo hecho siempre desde la mejor intención y con todo el cuidado y atención que me fue posible, usando en todo momento referencias verificadas y con el mayor respeto hacia el potencial lector.

Agradezco a cada uno de los lectores y también a cada persona que dejó sus comentarios, sus aportes, sus recomendaciones y sus críticas. Un afectuoso saludo a cada uno.

¡Gracias a todos! ¡Qué sea por muchos años más!

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Los verdaderos creadores de la brecha digital

La brecha digital va a seguir porque resulta de la brecha económica y política, que es mucho mas larga y profunda. Es algo que lo digital no va a resolver.
Hervé Fischer, artista y filósofo francocanadiense

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Comienzo preguntándome: los verdaderos creadores de la brecha digital, ¿no somos nosotros mismos, por culpa de nuestros hábitos de consumo irreflexivos?

Salimos disparados, por ejemplo, a gastar el dinero que nunca fue ni será nuestro -hablo de la tarjeta de crédito, claro-, para tener un celular que no entendemos y al que un par de semanas después estaremos insultando porque no hace lo que se suponía.

Y así vamos destilando existencia, inconsistencias y convicciones varias heredadas de una pantalla, con tal de tener.

He allí un cambio cultural enorme: en lugar de mirarnos al espejo nos miramos en una pantalla. El espejo nos devuelve lo que somos -paso del tiempo incluido-, pero la pantalla nos devuelve la imagen de aquel/aquella que alguien necesita que creamos que somos: básicamente consumidores. Y ávidos.

Se puede observar que un consumidor compulsivo sólo estará satisfecho con su nuevo chiche hasta el instante siguiente en que note que alguien en su entorno tiene lo mismo que él pero más grande, más moderno, más lujoso, más algo. Y allí va, con su desgraciada falta, a conquistar el mundo. No vaya a ser cosa.

¿Puede usted, lector, decirme en una sola palabra, cuál es la diferencia entre necesidad y deseo?

Le doy tiempo.

Por si no lo descubrió, la palabra que explica la diferencia entre necesidad y deseo es publicidad.

Tenemos la necesidad de calzado. La publicidad nos convence de desear determinada marca, asociada generalmente a cifras siderales. ¿Queremos un televisor para entretenernos? La pantalla nos convencerá de desear uno que nunca aprenderemos a manejar. Porque si no lo notó, son cada vez más complicados.

Y así en más.

¿Sabía usted que las publicidades de automóviles suelen venir acompañadas de bellas señoritas, básicamente porque los publicitarios saben que el sexo y los autos transitan por los mismos carriles de la psiquis?

Pero no quiero aquí elaborar una crítica de la publicidad, porque nosotros, los ciudadanos de a pie, somos el problema.

Jaime Semprun, el ensayista francés, lanza en ‘El abismo se repuebla’ un desafío con el que suelo cerrar mis charlas sobre los riesgos de internet. Dice: «Cuando el ciudadano-ecologista pretende plantear la cuestión más molesta preguntando: ‘¿Qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos?’, evita plantear esta otra pregunta, realmente inquietante: ‘¿A que hijos vamos a dejar el mundo?’»

Por eso suelo preguntarme si le he enseñado bien a mis hijos, si saben que son lo que ven en el espejo y no en una pantalla. Y a mis alumnos, si les he enseñado que lo importante es la cultura, el bien pensar, el uso inteligente de las cosas, el deseo -aquí sí, bien usado- de saber, de conocer, de aprender.

La humanidad ha aprovechado, diseñado, utilizado, mejorado, desarrollado productos tecnológicos desde que aprendió a tomar un trozo de árbol, por caso, para convertirlo en una herramienta. Después de tantos siglos, tanto crecimiento -y tantos desmadres-, no hemos aprendido aun que somos lo que hacemos de nosotros mismos y no los productos que la sociedad de consumo nos obliga a tener. Vaya forma de confundir las cosas.

Continuemos expiando culpas a través de las empresas, del mercado, de las corporaciones y varios etcéteras más. Pero hasta tanto sigamos disociando nuestras necesidades de nuestros deseos en pos de tener, los verdaderos responsables de cualquier brecha seguiremos siendo nosotros mismos.

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El significado del término ‘hacker’

200px-Glider.svgEn estos días los medios vuelven a usar el término «hacker» de modo erróneo o al menos confuso, a partir de la noticia de la aparición de un personaje acusado de difundir fotos comprometedoras de personajes mediáticos.

Independientemente del giro que tome la causa, el personaje en cuestión no es un hacker. No, al menos en el sentido técnico y aún filosófico del término.

Levanto del sitio de la Red Costarricense de Software Libre una definición clara y sintética sobre el asunto:

El término hacker trasciende a los expertos relacionados con la informática, para también referirse a cualquier profesional que está en la cúspide de la excelencia en su profesión, ya que en la descripción más pura, un hacker es aquella persona que le apasiona el conocimiento, descubrir o aprender nuevas cosas y entender el funcionamiento de éstas.

«Hacker, usando la palabra inglesa, quiere decir divertirse con el ingenio [cleverness], usar la inteligencia para hacer algo difícil. No implica trabajar solo ni con otros necesariamente. Es posible en cualquier proyecto. No implica tampoco hacerlo con computadoras. Es posible ser un hacker de las bicicletas. Por ejemplo, una fiesta sorpresa tiene el espíritu del hack, usa el ingenio para sorprender al homenajeado, no para molestarle.» Richard Stallman.

Hacker es toda aquella persona con elevados conocimientos informáticos independientemente de la finalidad con que los use. Aquellas personas que tienen fines maliciosos, son llamados Crackers. Éstos últimos son los delincuentes informáticos.

De esta simple definición -que se puede ampliar usando Wikipedia-, surge a todas luces que el personaje en cuestión es de todo menos «hacker».

Los medios deberían tomar más en serio el uso correcto de algunos términos, en particular los referidos a la tecnología. Usar palabras difíciles podrá hacerlos sentirse muy cancheros, pero la realidad es que sólo son ignorantes voluntarios con micrófono.

Fuentes:
– Red Costarricense de Software Libre
– Entrada del término «hacker» en Wikipedia

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Todos éramos felices

1_-adolescentes-en-asilaCuando yo era chico, preadolescente digamos, nos juntábamos con los amigos de siempre, todos los días en la esquina de casa. Cacho era el distraído del grupo y Pablo el peleador. Emilio era el blanco de todas las cargadas porque tenía el cierre del vaquero más claro que el resto del pantalón, de tanto pasarse la mano por ahí. Luis era el más revoltoso: no podía quedarse quieto y estaba siempre corriendo y pateando cosas, además de la pelota de fútbol. Yo era del promedio, nada sobresaliente, sólo me destacaba por tenerle miedo a las alturas.

Pero todos éramos felices. Eso fue a principios de los ’70.

Hoy estaríamos complicados: Cacho sería diagnosticado con un Sindrome de Déficit de Atención. Pablo, en cambio, estaría muy adecuadamente definido dentro del modelo del abusador, gracias a una correcta comprensión de la problemática del bullying. Emilio estaría siendo tratado por su Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) mientras que Luis sería convenientemente medicado por su Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDHA). Yo hubiera ocultado mi acrofobia no subiendo más a los árboles.

Pero ya nadie sería feliz. Tal vez sólo los terapeutas.

Esta es una historia imaginaria, pero es un poco la historia de todos nosotros. Todos tuvimos algún Cacho, Pablo, Emilio o Luis de amigo. Pero así están las cosas hoy, no sólo en la esquina del barrio sino también en nuestras escuelas.

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Día de la Diversidad Cultural Americana

Día de la Diversidad Cultural 03El 12 de octubre, fecha en la que tradicionalmente se conmemoraba la llegada de Cristobal Colón a América, sirve hoy para promover la reflexión histórica y el diálogo intercultural acerca de los derechos de los pueblos originarios.

En aquel día de 1492 comenzó el contacto entre Europa y América, uno de tal magnitud que transformaría las vidas humanas, tanto europeas como americanas, para siempre.

En el año 2010 el Poder Ejecutivo Nacional envió al Congreso un proyecto de ley para modificar el nombre de «Día de la Raza» por «Día de la Diversidad Cultural Americana», y tal es el nombre con el que conmemoramos aquel primer contacto.

Fue aquel un encuentro de culturas completamente diferentes, que modificó la economía mundial y desató cambios demográficos en todo el continente americano.

El Día de la Diversidad Cultural Americana busca entonces promover, desde distintos organismos, una reflexión permanente acerca de la historia.

Una reflexión que nos encamine hacia el diálogo necesario para una diversidad cultural, así como también para la promoción de los Derechos Humanos de nuestros pueblos originarios.

Tales derechos, declarados en nuestra Constitución Nacional, marcan la igualdad de las personas a partir de brindarles la garantía del respeto a la identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural.

Es muy importante la decisión de cambiar el nombre del feriado del 12 de octubre, ya que el término utilizado anteriormente (“Día de la Raza”) es ofensivo y discriminatorio, y carente de toda base científica y sociológica.

Por eso no se trata sólo de un cambio de nombre: implica nada menos que armonizar la legislación nacional con el derecho de los pueblos indígenas, consagrando y reconociendo que los derechos humanos tienen un carácter universal, indivisible e interdependiente.

Implica también reorganizar, de ser necesario, nuestra concepción del otro, del igual, en nuestro propio sistema de convicciones.

Un texto de Augusto Monterroso ilustra, jugando entre la ficción y la realidad, aquel encuentro de dos culturas, dos cosmogonías, dos maneras de mirar. Dice así:

Augusto Monterroso, «El eclipse»:

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte.

Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

El 12 de octubre, fecha en la que tradicionalmente se conmemoraba la mirada eurocéntrica que nos supieron imponer, sirve hoy para darnos cuenta de que una reflexión histórica es necesaria, a fin de cambiar aquella mirada relativa en una que se transforme, por propia convicción, en el necesario diálogo intercultural acerca de los derechos de los pueblos originarios.

Fuentes:
– Ciudad Seva
– Argentina.ar

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