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En el aula - 33. página

El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar

¿Cuál es la razón de la tan mentada «brecha tecnológica»?

No es esta una pregunta para la cual tenga una respuesta final y definitiva. No puedo tenerla porque descreo del discurso demagógico de, por ejemplo, prometer computadoras a personas que no tienen siquiera luz. O descreo de noticias como la que acabo de leer, que dice más o menos así:

«Con el objetivo de acortar la brecha digital existente en el país, el Banco Nación anunció que brindará financiamiento para la compra de equipos de Hewlett-Packard y Compaq. Además, HP planea acercar la tecnología de última generación al interior de la Argentina, adaptando los productos a las necesidades de cada uno de sus consumidores. Así, la entidad financiera lanzó una promoción a través de la cual sus clientes podrán adquirir…» etc., etc.

Consumidores, financiera, productos. Que palabritas.

Hace unos meses Hector Ciapuscio decía en un reportaje que «la tecnología es buena cuando actúa como herramienta de igualación social; no lo es cuando acentúa las diferencias entre los poderosos y los débiles, entre los ricos y los pobres.»

Si la «brecha digital» fuera la distancia existente en el acceso a la tecnología entre ricos y pobres, habría entonces una tecnología que no sólo puede fracasar en cerrar la brecha sino, peor, profundizarla, acentuarla.

Vuelvo a Ciapuscio: «Hasta mediados del siglo XX, la tecnología proveyó abundantemente bienes socialmente niveladores: la luz eléctrica, la heladera, la radio, el teléfono, las vacunas, las fibras sintéticas, los antibióticos, la televisión… Fueron factores de igualación social. Beneficiaron la vida de ricos y pobres, disminuyeron la brecha entre unos y otros. Pero en los últimos cuarenta años no ha sido tan así: el desarrollo tecnológico no ha venido de la mano de la equidad.»

Habría que destacar en esto que la tecnología, neutra como es en su contenido semántico, no es la causante de la brecha. El uso que se hace de ella sería en todo caso lo que la hace que la inequidad y la desigualdad se acentúen, o que las posibilidades y expectativas se acerquen.

Personalmente no me parece que con créditos o financiamiento, ni siquiera regalando las computadoras la tan mentada brecha vaya a cerrarse.

Cierro con Ciapuscio:»Es entender que no hay desarrollo de un país sin un amplio movimiento cultural y socioeconómico que lo sustente y políticas estatales que lo promuevan.»

Los docentes tenemos mucho que ver en esto.

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Efectos colaterales no deseados de OLPC

Otra de Engadget:

«Parece que no han habido noticias muy interesantes hoy, porque la que más llama la atención es el asombro que los reporteros de Reuters demostraron al saber que los estudiantes nigerianos estaban usando los OLPC XO para hacer lo que cualquier otro adolescente, lleno de hormonas, ha hecho desde el principio de los tiempos: intentar ver mujeres desnudas. Claro, estos ordenadores no fueron diseñados para permitir ese uso, pero tampoco se pensó en prohibirlo, aunque en todo caso, pronto se empezarán a instalar filtros para que los malcriados niños no vayan a sitios que no sean educativos y didácticos. Con esto, no estamos diciendo que lo que hacen está bien, pero tampoco nos parece que debería causar tanto asombro.»

Coincidimos. Y agregamos, como diría la abuelita, «no hay peor ciego que el no quiere ver»

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¿Una laptop por chico o una confusión a lo grande?

Admiro y sigo con entusiasmo el trabajo de la gente de Educ.ar. He tenido algún contacto con ellos participando en presentaciones y cursos, y suelo meterme a opinar a veces.

Pero en este asunto del proyecto ‘OLPC’ (‘Una computadora por niño’, tal el significado de las siglas en nuestro idioma), tengo mis dudas y disiento con cierta perspectiva pseudo-utópica, como que todos tienen el interés puesto en la tecnología y en el proyecto pedagógico, únicamente.

Alguien dijo una vez, no recuerdo quien, ‘No soy pesimista. Soy un optimista informado’, y algo de eso me sucede con este asunto. Pero hay algunos en Educ.ar que ven operaciones de prensa detrás de las críticas.

Por lo pronto, hace un par de días se informó que el precio no es 100 dólares sino 150. Si bien en el blog oficial del proyecto se explica la cuestión de esta diferencia, el asunto sigue sin estar claro.

Educ.ar publicó fotos del aparato en cuestión, desde la caja cerrada hasta gente usandola, al mejor estilo de un padre primerizo que le saca fotos hasta al cordón umbilical. Poco serio.

¿Por qué Educ.ar no está girando por el país mostrando la máquina, informando sobre la verdadera esencia del proyecto y escuchando nuestras dudas, preguntas y comentarios?

Adrián Paenza dice en un video publicado por Educ.Ar, mientras pregunta como se dice ‘laptop’ en castellano, que apoya el proyecto siempre y cuando no aparezca nada extraño. No lo dice exactamente así pero casi. El hombre ha visto algunas manchas en la cosa pública, seguramente, y lanza el alerta.

Creo que nadie duda de la genialidad de mucha de la producción del MIT. Son innovadores, geniales y artífices de gran parte de los avances en materia de computación e informática. Ese es su arte y en eso descollan. Si quisieran fabricar computadoras con latas vacías y botellas recicladas, y lo lograran, nuestra admiración no podría más que crecer.

Pero en este caso entran a jugar otros factores: los ministerios de educación se entusiasman, los gobiernos compran el paquete, circula gran cantidad de efectivo, y ni una sola consulta con los interesados, leáse docentes, niños, técnicos, etc. etc.

Ya sé que alguien al leer esto podría decir ‘¿quién es este para opinar?’, y creo que es ese justamente el meollo de la cuestión: falta el ‘ciudadano común’. ¿Cuando se tomarán decisiones consensuadas, con intervención de, en este caso, los usuarios finales?

Un párrafo aparte para hablar de sensaciones. Adivino que a nadie le importan las mías, pero las comparto porque quizás alguien siente lo mismo: que rara sensación me produce ver las fotos ‘oficiales’ con esas caritas de chicos de piel oscura y apariencia ‘no-desarrollada’, es decir, en vías de desarrollo.

Tengo que ser franco y decir que vi cierta preocupación de parte de ciudadanos comunes en los EEUU. En los comentarios al artículo del blog mencionado antes, una señorita se queja porque no se les entregarán a los niños en ese país. Dice así: ‘What about the children in OUR country? I donated my old laptop to a hispanic family (el énfasis es mío) who’ve never had a computer.»

No, si son unos tipos bárbaros. ¿A gente como esta, con estas ideas, le vamos a confiar la tan mentada alfabetización tecnológica de nuestros chicos?

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¿De qué hablamos cuando hablamos de 'Nuevas Tecnologías'?

En una revista dominical de la ciudad se publicó un artículo interesante, sobre cómo la irrupción de las nuevas tecnologías en la vida diaria cambió nuestros hábitos.

Entre nativos e inmigrantes digitales (por cierto, una división discutible, por subjetiva y bastante antipática), comparaciones nostágicas (típicas de los que pasaron los treinta…) y opiniones de opinólogos, en el mencionado artículo se entremezclan Biblia y calefón.

Los que saben dicen que la tecnología, en una aproximación elemental, nace de necesidades, responde a demandas e implica el planteo y la solución de problemas concretos, ya sea de las personas, empresas, instituciones, o del conjunto de la sociedad. Esto incluye computadoras, celulares, chat e i-pod, por supuesto, pero no se restringe a estos artilugios, sino que se extiende a todo desarrollo o creación humana tendiente a mejorar la calidad de vida (si, ya se, no siempre funciona…)

El encandilamiento que producen estos chiches (gadgets en inglés), hace que muchas veces, parafraseando a Les Luthiers, ‘ellos se quedan con el oro y nosotros con las baratijas…’

Es indudable que el mundo ha cambiado vertiginosamente desde la invención del transistor. Basta con revisar una «Mecánica Popular» de los años ’50 para darse cuenta de que el planeta ha girado al revés de lo que los especialistas y futurólogos imaginaban en esas épocas.

Quizás esos cambios han mareado a todo el mundo, por eso se termina confundiendo las llamadas «nuevas tecnologías» con «el planteo y la solución de problemas concretos» que viene brindando la tecnología desde que alguien dejó de hacer las cosas con las manos para usar una herramienta.

Deberíamos llamar a las cosas por su nombre, y sobre todo recordar cuando escribimos que, al decir de D. Dickson, «los problemas sociales asociados a la tecnología provienen de la utilización que de ella se hace y no de la propia naturaleza de la tecnología». Sea antigua o moderna, electrónica o a vapor.

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¿Por qué será que no le gusta a Gates?

Bill Gates se expresó en forma negativa acerca del proyecto OLPC y las notebooks de u$s 100.- del MIT. Algunos diarios llegaron a referirse a dichos comentarios como «burlones».

Sin entrar en juicios de valores acerca de la campaña o las cualidades del producto que promueve, he aquí dos de las razones por las que intuyo el porqué de los comentarios de Mr. Gates:

Sensación mía 1: El fundador de Google, Larry Page, anunció este año que su compañía respaldaba el proyecto del MIT. ¿Será que no pueden apoyar los dos las mismas campañas por una cuestión de competencia? En todo caso, bravo por Larry.

Sensación mía 2: Dijo Negroponte: «El software (Windows) ocupa demasiado y no es fiable, así que comenzamos con Linux». ¿Será que Gates se enteró por este comentario que hay gente que prefiere Linux a Windows? Si es así, no se desquite con Negroponte, Sr. Gates. Hay bastante más gente con la misma opinión.

«Por interés baila el mono», decía la abuela… ¿Y la cuestión solidaria del proyecto?

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