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Humormática - 48. página

Paradojas y obsesiones

El suplemento de Informática de Clarín publica una nota sobre la «Correo-dependencia», que puede ser leída también en nuestro sitio, en la sección «Alerta navegantes».

En la nota se hace una crónica sobre una variación posmoderna de un mal antiguo: la obsesión.

Seguramente muchos enviarán por correo esa nota a sus allegados, sospechados estos de sufrir tan malvado sindrome. Débiles como son -no como uno- ellos sucumben a la tentación de revisar el correo tres mil veces por día.

Dicen los que saben, incluso, que se descubrió que el e-mail es un importante catalizador del estrés laboral. Es decir, uno se obsesiona con el correo para sólo recibir spam, pero haciendo feliz a un jefe aun más obsesivo e hincha pelotas que uno.

Por supuesto hay una cantidad de profesionales, tanto de la salud como de distintas ramas de la tecnología, que están abordando este problema en forma seria, intentando traer una solución. En definitiva, se repite la vieja y noble causa por ayudar a las personas a liberarse de las adicciones.

Ahora bien: mucha de esa ayuda se brinda a traves de Internet. Hay foros, sitios de consultas, test on line de detección del problema, consultorios, etc. Y aquí es donde nos entra la duda.

¿No es paradójico que el mismo instrumento y objeto de la obsesión sea el medio para intentar resolverla?

A veces pienso que proponer ayudar a los adictos a internet con internet es como organizar las reuniones de Alcoholicos Anónimos en un bar, o prevenir los suicidios organizando reuniones en una cornisa.

Es, al menos, raro. Quizás uno diga esto desde la ignorancia, porque no se es más que un intuitivo, sólo leído, en estos asuntos. Pido perdón a los profesionales por esto.

Si alguien tiene una respuesta al respecto, le estaré muy agradecido por ayudarme a entenderlo… antes que se convierta en una obsesión.

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El fixture del mundial es justo y transparente

Mientras la FIFA asegura que el sorteo se llevó a cabo en forma transparente y con total justicia, la conformación final de algunos de los grupos (como los que vemos en la ilustración más abajo) demuestran que, esta vez, sí es posible pensar que finalmente se nos dé… salvo un doping, lesión o arrugue (¡Dios nos libre de Verón!) de nuestros muchachos, por supuesto. No deberíamos temer que la FIFA a la Selección de (Casi) Todos la deje afuera. Que juego de palabras raro, ¿no?

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El técnico de nuestra selección hizo llegar su mensaje de aliento a sus seguidores y admiradores. Dijo: «Si usted es un jugador profesional y juega en el torneo local, no deje de participar del mundial de Alemania 2006… por TV.» ¿De qué otra forma, sino?

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Confirmado: la culpa siempre es del otro.

Se conoció recientemente una encuesta sobre lo que más enoja a los argentinos, una especie de ‘top ten’ de las cosas cotidianas que nos sacan de quicio.

La investigación fue realizada por la revista Selecciones, que buceó entre los hechos que desatan la ira de nuestros compatriotas y los comparó con ciudadanos de otros países.

En Argentina se relevó el testimonio de 2.443 personas de todo el país. Aquí vamos:

– El 72% de ellas aseguró que lo que más logra sacarlos de las casillas es que alguien se cuele en la fila. Si tenemos en cuenta que entonces sólo se cuela el 28% restante, significa que sería muy raro ver a alguien colándose. No sé de que se quejan.

Los colados lideran el ranking de enemigos públicos en nuestro país, pero no en Europa: allí caen al tercer puesto. La gente allá se cuela menos, o se queja menos por los que se cuelan. O no hacen cola. No lo sabemos.

– Aquí en Argentina ensuciar los lugares públicos ocupa el segundo lugar. Eso significa que la gente que ensucia los lugares públicos es muy sucia, porque sino no sería posible acumular tanta basura como se ve en las calles. Tienen razón, che.

– El tercer lugar es para los cortes de calle. No sé que decir. No encuentro piqueteros para preguntarles, porque son tan pocos…

– El cuarto, para las violaciones a las normas de tránsito. Ah, eso si. Son unos guachos. Todos manejan mal, doblan sin hacer señales, te tiran el auto encima. Ellos manejan realmente mal.

La lista es larga y distinguida: siguen los que fuman en lugares prohibidos -esos son los peores-, los que se hacen los dormidos para no ceder el asiento -no tuvieron madre, che-, las demoras en el transporte público, los peatones imprudentes, la impuntualidad, los autos estacionados en doble fila y los que hablan a los gritos por celular, ventilando en el colectivo o en el restaurante los detalles de su conversación. Toda esa basura de conducta. Que porquería.

Por supuesto, internet no escapa a las actitudes molestas. Los internautas opinaron: el 77% detesta los avisos que se le abren en la pantalla (pop-ups) y a siete de cada diez los pone de pésimo humor el correo no deseado. La verdad es que admiro al 23% restante, cómo siendo tan pocos hacen tanto despelote.

Dice al respecto una especialista de la Asociación Argentina para el Estudio y la Prevención del Estrés: «Creo que es un buen síntoma que las cosas que más nos enojan tengan que ver con la transgresión. Implica que la gente está tratando de soltar el estereotipo clásico del argentino avivado, aprovechador. Es un buen signo».

Cuando termine de reirme sigo.

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