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Gente que dice - 12. página

Gente que nos hace pensar.

Ken Robinson: ‘Necesitamos repensar nuestra visión de la inteligencia’

Sir Ken Robinson es un reconocido experto en creatividad y educación, justamente ordenado caballero en junio de 2003 por sus logros estudiando estas temáticas.

En este video, la presentación del especialista en la TEDTalk 2006, en la que hace una apasionada y divertida argumentación sobre la importancia de la creatividad frente a los desafíos del futuro.

Una verdadera maravilla. Que lo disfruten.

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El olvido como mecanismo

En el contexto de nuestra campaña Reinventando el olvido en Internet, los cambios que se proponen en cuanto al olvido digital no son caprichosos: estan relacionados con recuperar en el reino digital un mecanismo que es vital en el mundo real. Desde el punto de vista fisiológico, el olvido es un mecanismo:

Si nuestro sistema nervioso no hubiese desarrollado mecanismos para evitar formar ciertas memorias irrelevantes y para intentar olvidar algunas otras, sería difícil no sucumbir en un estilo de vida como el de Funes.

Quién esto afirma es el Dr. Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro, en una columna del diario Clarín de hoy, titulada Poder olvidar es tan importante como poder recordar. Y la referencia, claro, es a aquel personaje que era incapaz de convertir recuerdos en pensamientos, en el cuento Funes, el memorioso de Jorge Luis Borges,

Borges describe en su cuento a un joven que, como consecuencia de un accidente, pierde su habilidad para olvidar. Tiene una memoria tremenda, pero está tan perdido en los detalles de todo lo que sabe que es incapaz de convertir la información en conocimiento y no puede crecer en sabiduría.

Trazando el paralelismo que planteamos en el primer párrafo, podríamos afirmar que estar atados a nuestro pasado digital podría tener costos personales y sociales tales que no nos permitieran evolucionar y aprender de nuestros errores. Algo que podría considerarse antinatural en el mundo real, no es tomado en cuenta en el mundo digital a la hora de pensar y establecer criterios sobre como usamos nuestra información persona sensible.

Continuemos con el artículo del Dr. Manes para aproximarnos a una comprensión cabal de la importancia del olvido:

El olvido es quizás el aspecto más prominente de la memoria. Podemos contar toda nuestra infancia y adolescencia (aun siendo estas etapas en las cuales vivimos aspectos críticos de nuestras vidas) en no más de unas horas. Aunque durante ese tiempo hayamos aprendido a hablar, a caminar, a experimentar el calor de nuestros padres, el amor, la tristeza y la amistad, lo olvidamos casi todo.

En el célebre cuento de Borges, ‘Funes el memorioso’, lo que se pone en cuestión no es tanto lo que el pobre Ireneo era capaz de recordar, sino, más bien, lo que era incapaz de olvidar. O mejor, su imposibilidad de transformar los vastos recuerdos en pensamiento (‘Pensar, dice el narrador, es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer’). Ireneo Funes no podía pasar por alto lo irrelevante, ni establecer asociaciones, ni construir ideas generales de las cosas. Para los seres humanos, poder olvidar es tan importante como poder recordar.

Si nuestro sistema nervioso no hubiese desarrollado mecanismos para evitar formar ciertas memorias irrelevantes y para intentar olvidar algunas otras, sería difícil no sucumbir en un estilo de vida como el de Funes. Algunos olvidos son intencionales, establecidos por sistemas inhibitorios en el cerebro para suprimir memorias. En un estudio reciente de la Universidad de Stanford, se observó a través de neuroimágenes que cuando se pedía a los participantes que activamente suprimieran ciertas memorias, había una gran activación de la corteza prefrontal (la parte más anterior de nuestro cerebro) y una menor activación del hipocampo (una estructura que es central para la consolidación de nuevas memorias). Estos mecanismos inhibitorios comparten estructuras con los mecanismos involucrados en la inhibición de los movimientos: por ejemplo, si vemos que una maceta está por caerse del marco de la ventana, tendemos a intentar atraparla, pero podemos inhibir ese movimiento si nos damos cuenta de que la planta es un cactus.

‘Otros olvidos son producidos por nuestro cerebro por cuenta propia sin que le pidamos nada; el cerebro se encarga de tornar inaccesible la evocación de ciertas memorias’, dice Iván Izquierdo, un gran investigador argentino. Esto no ocurre con memorias asociadas a emociones intensas. Todos recordamos qué estábamos haciendo cuando se sucedieron los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York en el 2001 y, sin embargo, apenas podemos recordar la tarde de ayer. Múltiples experimentos han demostrado que las memorias asociadas a una carga emocional intensa logran una mejor consolidación, puesto que dichas emociones disparan cascadas químicas y fisiológicas en nuestro organismo que favorecen la formación de nuevas memorias. Esto último ha permitido el desarrollo de originales líneas de investigación destinadas al tratamiento de pacientes con estrés postraumático. En el cuento de Borges, Ireneo Funes le confiesa al narrador: ‘Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras’. En el sabio provecho del recuerdo de ese pasado en el presente -eso que Funes el memorioso no pudo lograr- se encuentra una de las claves de nuestro futuro.

El mecanismo del olvido nos permite un sabio aprovechamiento del pasado. Es decir, descartando lo superfluo o lo negativo, nos quedamos con lo útil para el aprovechamiento futuro. Y también para comenzar de nuevo, llegado el caso.

Estoy repitiendo mucho ultimamente, porque es una inquietud que se repite en los interlocutores, que no estamos hablando de conductas ilícitas. Es decir, este olvido no se refiere a conductas delictivas o ilegales -que se resuelven en los terrenos de la Justicia- sino a conductas lícitas pero fuera de norma -por así llamarlas: una foto inconveniente en Facebook, un tuit del tipo «mi jefe es un plomazo» o un comentario inadecuado en un foro, por ejemplo. Esas son cosas que no son extrañas en el ámbito de lo privado, pero que en Internet toman un auge y un alcance que sale de nuestra posibilidad de control, y que pueden hacer que nos arrepintamos a futuro, de haber sido tan ingenuos al publicarlo.

Después de todo, amigo lector, se trata de que nuestro pasado no nos persiga, y poder comenzar de nuevo cuando sea necesario. También en Internet.

Fuente: Clarin.com

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Peter McLaren: ‘La educación debe proveer lenguajes críticos, para construir alternativas’.

El doctor y profesor universitario de Educación Peter McLaren se encuentra en Argentina para una conferencia sobre “Pedagogía radical” en la Universidad del Salvador (USAL). Para la ocasión fué entrevistado para el suplemento iEco de Clarín, entrevista que reproducimos en parte aquí, en la que reflexiona sobre la tecnología y se pregunta si de alguna manera no crea «una ilusión de conectividad».

Este magíster de Brock University y doctor de la Universidad de Toronto nacido en Canadá, es reconocido internacionalmente como el creador de la pedagogía crítica, la cual reconoce él mismo como tributaria del trabajo de Paulo Feire y al propio educador brasileño como su mentor.

Afirma que la pedagogía crítica no es una metodología sino que se trata de algo que tiene lugar en todos los espacios públicos. Y asegura que la ve «como un movimiento social y como la introducción a una forma de vida”.

Periodista: Pero, ¿tiene implicancias metodológicas?

McLaren: Sí, las tiene. Una sería valorar los conocimientos, las experiencias y las historias de vida de los estudiantes, en cualquier nivel de educación. Valorarlas significa volver la educación relevante para sus vidas.

P: ¿De qué forma?

M: Las experiencias que traen los estudiantes y las interpretaciones que tienen de ellas no hablan por sí mismas: necesitan ser entendidas y desafiadas. Porque tal vez esas experiencias y conocimientos los condicionaron de manera racista o patriarcal o autoritaria. Hacer la educación relevante y crítica quiere decir desafiar las historias y discursos de los estudiantes, pero de tal modo que no desaparezcan sus voces.

P: ¿En qué consiste la pedagogía crítica?

M: El arte de la pedagogía crítica es proveer lenguajes variados, lenguajes de posibilidad, lenguajes críticos, lenguajes de esperanza, de tal forma que los estudiantes puedan empezar a entender mejor cómo fueron creadas sus subjetividades y puedan construir alternativas. Una manera de hacerlo es, como propone Walter Mignolo (profesor argentino que trabaja en la Universidad de Duke), des-ligarse de las epistemologías de la colonización. Esta desvinculación es posible mirando otro tipo de epistemología para crear distancia y generar otros modos de pensamiento y traerlos a una conversación con las epistemologías occidentales. Esta aproximación, sin embargo, no es suficiente. No es sólo cuestión de cambiar nuestro modo de pensar: tiene que ser también un cambio material.

P: ¿Cómo afecta esta posición pedagógica a la relación alumno-profesor?

M: Mi mentor fue Paulo Freire (teórico de la educación brasileño), a quien mucha gente entiende mal. Creen que él habla de la relación entre profesor y estudiante como si el profesor fuera un facilitador. No creo eso y Freire tampoco lo creía. Los profesores han ganado el derecho de hablar con autoridad, no de manera autoritaria pero con una forma particular de autoridad para trabajar con temas críticos. Para mí, y esta es la clave, profesores y estudiantes son co-participantes en un proyecto mayor. La conciencia crítica no es algo que ocurra antes de las luchas: no te volvés crítico en un aula leyendo libros. Por eso, tanto profesores como estudiantes necesitan ser parte de una causa mayor, y esto puede ser en un vecindario, en una comunidad, puede ser local, nacional o, incluso, trasnacional.

P: ¿Cómo es vista esta pedagogía en los EE.UU.?

M: Allí no pensamos por fuera de la “caja”. La palabra “socialismo” no es siquiera articulada. Después de la Gran Depresión, algunos educadores se preguntaron si la educación podía construir un nuevo orden social. Esta pregunta debe volver a formularse en este particular momento del capitalismo global en crisis.

P: ¿Cómo ve el rol de la tecnología en la educación?

M: Solía ir a las clases de Marshal McLuhan cuando era estudiante y todavía me interesa, pero no he podido dedicarme al tema. Creo que las tecnologías tienen que ser miradas específicamente para entender sus efectos. Se asume que la tecnología está bien y se piden más computadoras, más televisores y videos. Pero debería haber más estudios específicos. Hay usos muy interesantes de la tecnología. Pero me pregunto también si de alguna manera no crea una ilusión de conectividad…

Fuente: Suplemento iEco del diario Clarín

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Primero de mayo

Del historiador Felipe Pigna (Editorial Caras y Caretas, mayo 2006)

Mayo es un mes marcado por una historia, una tradición de lucha que arrancó un primero de mayo de 1886 allá en Chicago, cuando un grupo de trabajadores organizó una movilización popular en reclamo de la jornada de ocho horas en una época en que lo “natural” era trabajar entre 12 y 16 horas por día. La mayor democracia del mundo respondió brutalmente y, fraguando un atentado, encarceló a un grupo de militantes populares en los que intentó escarmentar a toda la clase trabajadora de los Estados Unidos y por qué no, de todo el mundo.

Tras un proceso plagado de irregularidades, fueron detenidos los dirigentes anarquistas Adolph Fisher, Augusto Spies, Albert Parsons, George Engel, Louis Lingg, Michael Schwab, Samuel Fielden y Oscar Neebe. Los cuatro primeros fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887. Lingg prefirió suicidarse con una bomba que él mismo había preparado en la cárcel antes de padecer la “justicia del sistema”. Miguel Schwab y Samuel Fielden fueron condenados a prisión perpetua y Oscar Neebe a 15 años cárcel. Miguel Schawb dijo al escuchar su condena que reconocía a aquel tribunal ninguna autoridad y que su lucha y la de sus compañeros era de una justicia tan evidente que no había nada que demostrar y que ellos luchaban por las 8 horas de trabajo pero que: “Cuatro horas de trabajo por día serían suficientes para producir todo lo necesario para una vida confortable, con arreglo a las estadísticas. Sobraría, pues, tiempo para dedicarse a las ciencias y el arte». Porque, claro, las ciencias y el arte deben ser para todos.

Pasaron 109 años de aquellos crímenes de Chicago y pasó mucha agua y mucha sangre bajo el puente. Los obreros de todo el mundo eligieron el primero de mayo como jornada de lucha, de recuerdo de sus compañeros y de lucha por sus derechos, de ratificación de su condición de ciudadanos libres, con plenos derechos, según decían las propias constituciones burguesas que regían la mayoría de los Estados modernos. En nuestro país cada primero de mayo nuestros trabajadores tomaron las calles desafiando al poder, recordándole que existían y que no se resignarían a ser una parte del engranaje productivo. La lucha logró la reducción de la jornada laboral, las leyes sociales y la dignificación del trabajador. El poder se sintió afectado y en cada contraofensiva cívico-militar como las del 55; 62; 66; 76 y 89 (esta vez a través del voto), pretendieron y en ocasiones lo lograron, arrasar con las históricas conquistas del movimiento obrero.

Persecuciones salvajes, secuestros, torturas y desapariciones, durante los gobiernos golpistas, amenazas de despidos, rebajas salariales, precarización laboral y la complicidad de algunos dirigentes sindicales, son en los últimos años las armas del poder para mantener y aumentar su tasa de ganancia a costa del sudor ajeno. Un incendio, un “accidente” en un taller textil puso a la vista de una sociedad que tiene una cierta tendencia a la mirada para otro lado: hay esclavos en el siglo XXI, y los hay acá, en Argentina. Trabajadores esclavos, sin derechos pero con muchas obligaciones. El capitalismo salvaje, para algunos una redundancia, nos extorsiona: quieren ropa más barata, éste es el precio. La realidad es otra, márgenes de ganancia escandalosos, avaricia sin límites, un Estado que hace la vista gorda, pero sobre todo la pérdida de valores básicos como la solidaridad, abonada en los 90, épocas hasta donde las leyes que protegían a los trabajadores se volvían tan “flexibles” como inflexibles se volvían las leyes que garantizaban el enriquecimiento ilícito de los funcionarios a los que se les pagaba sueldos y sobresueldos con la excusa de defender los derechos de los ciudadanos e inflexibles se volvían las seguridades jurídicas que, como sabemos, sólo son para los dueños del poder y las cosas.

La esclavitud debe dolernos a todos, debemos volver a aquel humanismo que supimos conseguir, a dolernos y solidarizarnos con los más desprotegidos, aquel humanismo que proclamaba el Libertador San Martín cuando abolía la esclavitud en el Perú un 12 de agosto de 1821: “Una porción numerosa de nuestra especie ha sido hasta hoy mirada como un efecto permutable, y sujeto a los cálculos de un tráfico criminal: los hombres han comprado a los hombres, y no se han avergonzado de degradar la familia a la que pertenecen vendiéndose unos a otros. Las instituciones de los pueblos bárbaros han establecido el derecho de propiedad en contravención al más augusto que la naturaleza ha concedido».

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

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Sistémico e integral

El fin último para proponer que el diseño curricular sea sistémico e integral desde el origen (en oposición a diseñarlo fragmentado y tratar de unirlo a posteriori) no es el diseño en sí mismo; ni siquiera la interconexión de los saberes, sino el proveer condiciones y contextos favorables y coherentes para el desarrollo del pensamiento complejo.

Estas condiciones favorables, deben ofrecerse a lo largo de toda la educación de las nuevas generaciones desde la educación inicial y primaria hasta la universitaria. Es muy importante iniciar desde la educación básica, puesto que el pensamiento complejo está presenten en cada niño y niña, y en vez de coartarlo con planes y programas escolares lineales, es necesario alimentarlo con diseños curriculares sistémicos.

Estos diseños sistémicos, integrales y coherentes, de acuerdo con el pensamiento de Edgar Morin, y en procura de estimular el pensamiento complejo tendrían que abordar los contenidos disciplinares, en constante interrelación pero no como una representación exacta de la realidad, sino como una interpretación de la misma. Idealmente, se presentarían problemas globales que contextualizan sus informaciones parciales y locales. Un aspecto medular sería aprender sobre la diversidad y la unidad de condición humana lo que implica establecer diálogos con y entre las ciencias naturales, las ciencias humanas, la literatura, las artes y la filosofía. Imprescindible también asumir una conciencia planetaria, conocer la historia y la complejidad de las diversas realidades y las implicaciones globales de la crisis planetaria. En palabras del mismo Morin: ‘Hay que aprender a navegar en el océano de las incertidumbres a través de los archipiélagos de las certezas.’
(Eleonora Badilla Saxe en «Diseño Curricular: de la Integración a la Complejidad». Publicado en la Revista Electrónica “Actualidades Investigativas en Educación”, Universidad de Costa Rica. Agosto de 2009)

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Think again, part II

Repasemos:

Podríamos decir que la cultura tecnológica es casi la antítesis de la sociedad de consumo, de la sociedad de lo descartable, de la sociedad que considera a los objetos como cajas negras, de las que solo sabe para que sirven. Por el contrario, la cultura tecnológica abarca el conocimiento de los aspectos conceptuales del funcionamiento de esos objetos. (…) Actualmente el hombre no puede desprenderse de sus creaciones técnicas, de sus extensiones, sean estas de sus manos, de su cuerpo o de su mente. Tampoco de las consecuencias que le acarrean. (…) Además, a esto se suma un pequeño problema: la velocidad de incorporación a la vida diaria de los recursos provistos por la tecnología suele ser tan rápida, que muchas veces supera nuestra posibilidad de entender, con el mismo ritmo, el proceso y la problemática que genera. Cuando la fascinación pasa y vemos las consecuencias, generalmente, ya es tarde.
Luis Doval y Aquiles Gay en «Tecnología. Finalidad Educativa y acercamiento didáctico»

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Mirar diferente

En un post anterior me aventuré a pensar en voz alta y a admitir que la solución a determinadas situaciones de la vida suele no estar en ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino en el desafío de mirar diferente: respirar profundo, tomarse el tiempo, pensar, buscarle la vuelta a la cosa.

Revisando como siempre entre los pliegues de uno de mis blogs tecnológicos favoritos, Microsiervos, encontré este video llamado How round is your circle?, basado en los ejemplos presentados en el libro How round is your circle? Where engineering and mathematics meet. Las ideas más sencillas e ingeniosas no siempre están a la vista, y uno debe aprender a mirar diferente para poder verlas.

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Rotos los diques de la inteligencia, las palabras surgen como armas

Sucedió en el término de dos o tres semanas y la sociedad lo tomó casi como una humorada. Pero al leerlo todo junto, se entiende por qué surgieron voces de alarma sobre el nivel de violencia verbal de algunos personajes públicos. En su edición de hoy Clarín desanda esta realidad a partir de un concepto sumamente preocupante: «Según los expertos, el lenguaje ya no es mediador: es el arma que dispara conflictos». ¿Incontinencia verbal? Veamos:

«Que la chupen. Que la sigan chupando, que la sigan mamando».
Diego Maradona durante una conferencia de prensa, hablándole a sus críticos.

«Me entregaron estos hijos de puta».
Néstor Kirchner, acusando a Sergio Massa y a Florencio Randazzo, luego de perder en las últimas elecciones.

«La verdad me importa tres pitos. Si lo hicieron para bajarme de la supuesta candidatura, me importa recontra tres pitos. Que se la recontra metan en el medio del culo».
Carlos Reutemann, hablando sobre una supuesta operación para obligarlo a renunciar como candidato para el 2011

«Son todas morochas, ni una rubia contratan».
Jueza Rosa Elsa Parrilli mientras intentaba que dos empleadas de tránsito del gobierno de la Ciudad le devolvieran el auto que había sido secuestrado por estar mal estacionado.

Si, así todo junto suena feo. Pero esto fué dicho en los medios por personajes públicos. Lo escuchamos todos, aun sin desearlo, porque no hubo programa o medio gráfico que no lo reprodujera.

Claro que suena feo.
Pero no es lo único que se dice. Son raros los programas de TV, por mencionar un ejemplo, que no incluyan un lenguaje chabacano y hasta soez, no importa el tema sobre el que estén hablando. Sea un personaje público o un opinador callejero, nadie mide las palabras y, mucho menos, la sensibilidad del oyente circunstancial. En una especie de desvalorización de la comprensión del interlocutor, se echa mano de la mala palabra para expresar una idea, o mejor dicho, la falta de ellas.

Sin embargo, no sólo la mala palabra es violenta. Por caso, sin usar malas palabras las expresiones de Parrilli son un flagrante ejemplo de violencia verbal: están cargadas de la discriminación, humillación y desprecio que tiñen los discursos de muchos personajes públicos.

Algunas reflexiones que recoje Clarín en el mencionado artículo son por demás alarmantes:

No es casual que en un mes podamos contar estas dos historias (la de Parrilli y la de Maradona) porque es un síntoma claro de los tiempos que vivimos como sociedad. La palabra, como herramienta para dirimir conflictos, está debilitada. Ahora es al revés: el lenguaje se convirtió en el arma que dispara el conflicto. Incluso, basta un tono o una seña para agredir al otro.
María Elena Qués, licenciada en Letras y docente de la UBA y de la Universidad Del Salvador, especialista en Discurso político.

Es interesante un aspecto de la reflexión de la especialista que la autora del artículo ilustra del siguiente modo:

Los protagonistas de estas historias de intolerancia verbal tienen orígenes distintos, pero algo que los vincula: el poder.

Es por esto que la violencia verbal no reconoce nivel social y actividad: deportistas, jueces y también políticos y conductores de TV, todos personajes con alguna cuota de poder, pierden los estribos y estallan. Pero, ¿es eso excusa?

En ninguno de los dos casos la situación emotiva los avala. El deportista genial, mimado y apaleado, que dice lo que piensa porque es ‘Dios’. Una jueza que, en actitud ambivalente, usa un leguaje detestable que nada tiene que ver con su cargo. Y en el medio, los imperativos, los insultos o, dicho de otra manera, sacar lo más grosero de sí para horrorizar, no para conciliar.
Susana Anaine, licenciada en Letras y subdirectora del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filología de la Academia Argentina de Letras

El problema de estas situaciones es que perdieron su excepcionalidad: ya están naturalizadas.

Hay un problema de registro, porque no existe adecuación del lenguaje al rol que se ocupa. Aunque en el caso de Maradona es menos grave: su declaración es, en definitiva, de la jerga futbolística. Lo inesperado es que se dio en medio de una conferencia de prensa. Está tan naturalizada la agresividad que en cualquier hecho cotidiano intercambiamos palabras violentas. Pensemos ¿Quién le dice ‘buenos días’ a un taxista? ¿Quién le pide amablemente un café al mozo?
Martín Menéndez, doctor en Lingüística, docente de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA e investigador del Conicet.

Estos niveles de agresión verbal, según surge del análisis de los especialistas, tendrían por objetivo reducir al otro al silencio o, por el contrario, ir en escalada para que la palabra termine de perder su poder de ser mediadora.

Esta naturalización no sería sino la evidencia del grado de deterioro del lazo social.

Fuente: Clarin.com

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La torre que come gente

Últimamente, cada vez que escucho las noticias recuerdo las palabras de Peter Gabriel al presentar la canción del título en Buenos Aires:

Entre más protegidos estamos,
más atrapados estamos en ello.

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El fragmento de la canción que habla de esto dice más o menos así:

Siento el edificio a mi alrededor
Como una envoltura de piel blindada
Pero cuanto más nos protejemos
Más estamos atrapados dentro

Ladrillo a ladrillo a ladrillo
estamos construyendo.

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¿Las condiciones determinan?

«La vía del progreso educativo se asemeja mas al vuelo de una mariposa que a la trayectoria de una bala.»
Jackson (1968)

Cuando escucho a un docente decir que en ciertas circunstancias ya no se puede hacer nada por el alumno, o a un individuo con un cargo ministerial afirmar que las escuelas menos favorecidas sólo pueden ocuparse de dar de comer y despiojar (sic) -como me sucedió en esta última semana-, me surge la certeza de que el nudo del problema actual de nuestro deteriorado sistema educativo pasa, en gran medida, porque está enfermo, atragantado de opinión pública -esa que desbordada por los medios dice que la educación es un desastre porque nuestros pibes no recuerdan la fecha en que murió Hernandarias- y ya opina, no desde un marco teórico sino desde lo que le patea el estómago.

Escribo esto y recuerdo -apelando a las experiencias de colegas de áreas de mi interés- a aquel docente que enseñaba TIC en una escuela de Traslasierra sin recursos, y usaba el locutorio del pueblo para las prácticas, a partir de un convenio con los encargados del lugar. Aseguro a los lectores que este docente es el primero -o anda por entre los primeros- en reclamar la atención del estado, autoridades y directivos para que la situación cambie, pero no se quedó en el lamento: su empuje y creatividad impidieron que una generación más perdiera oportunidades.

Está claro: la lucha primaria debiera ser por un individuo mejor. Luego, lo demás.

Saliendo del pozo con Pozo.

En un trabajo del año 1998, titulado «Lo que muchos profesores están deseando saber sobre el aprendizaje y nunca saben a quién preguntar», el reconocido investigador Juan Ignacio Pozo desarrolla algunos conceptos referidos a las circunstancias condicionantes en el proceso de enseñanza aprendizaje. Comencemos a desgranar algunos:

Uno de los rasgos mas característicos del proceso de enseñanza es que es ante todo un proceso social, en el que hay personas interactuando. Las características de esas personas y la forma en que interactúan constituyen otro elemento condicionante de la enseñanza. Este segundo elemento -quien enseña y quién aprende- sería el objeto de estudio principal de la psicologia educativa y constaria de tres partes: la psicologia del profesor, la del alumno y la naturaleza específica de su interacción social. Aunque solo recientemente haya comenzado a atraer el interés de los investigadores, en la actividad de enseñar influyen poderosamente no sólo los conocimientos disciplinares del profesor sino otros rasgos como sus motivaciones, su personalidad, las teorias implicitas o modelos que utiliza para establecerse objetivos e interpretar lo que sucede en el aula, etc.

Estos rasgos de la psicologia del profesor condicionan el tipo de enseñanza que es capaz de realizar ya que en primer lugar, derterminan el tipo de interacción establecida con los alumnos, pero también los modelos o tipos de enseñanza que ese profesor está en condiciones de utilizar.

Es decir, también aquello que lo constituye como persona y profesional es factor fundamental en esta ecuación, mucho más de lo que muchos de los propios docentes parecen considerar conscientemente. Sigamos:

(…) La elección de una estrategia de enseñanza o incluso de un simple recurso didáctico, está también condicionada por las condiciones en que se enseña, que serian algo asi como los complementos circunstanciales del acto de enseñar. Influyen en primer lugar las circunstancias inmediatas. Se enseña siempre en un sitio, a una hora, con unos medios determinados, ante un número dado de alumnos. Además, el centro escolar en el que uno enseña se halla inmerso en un contexto social que condiciona lo que uno puede o debe hacer. No es lo mismo dar clase en un centro de una zona marginada del extrarradio que en una zona más acomodada, en una escuela rural o urbana, etc. Finalmente, hay otras condiciones sociales más distantes, pero no por ello menos exigentes. Hay una sociedad que rodea al sistema educativo, que es la que establece determinadas demandas a través de la estructuración del curriculo.

Para la mayoría de los docentes estos conceptos pueden ser reiterativos y hasta obvios, pero permítaseme destacar la cuestión central en esta exposición: Pozo habla de estos elementos como aquellos que pueden condicionar la elección de una estrategia o recurso, pero no la determinan.

Las posiciones educativas reduccionistas, que no tienen en cuenta alguno de los supuestos anteriores, suelen conducir a fracasos didácticos (…) Entendiendo que la forma en que los alumnos aprenden condiciona necesariamente lo que es posible hacer en un aula, pero no lo determina por completo, ya que existen también otros elementos que el profesor debe tener en cuenta.

Por ejemplo, su propia creatividad en función de desarrollar estrategias para recuperar la noción de que todos nuestros chicos merecen las mismas oportunidades, aun en medio de la batalla por mejores recursos y mejores oportunidades para todos.

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Video en homenaje a Pocho Lepratti

El grupo de música Skatos, rosarinos ellos, están presentando en estos días su nuevo disco, «Aliento a mate amargo», que incluye el tema «Requiem para San Pocho de Ludueña». Se trata de un emotivo y a la vez vibrante testimonio sobre la labor de este militante social que fuera muerto durante los eventos del 19 y 20 de diciembre de 2001. Esa canción se convirtió a su vez en un video testimonial de las actividades de Pocho en su trabajo social.

Compartimos con nuestros visitantes la entrevista que le hicimos al guitarrista y cantante de la banda para nuestro programa de radio on line, en la que cuenta los motivos que los inspiraron para este doble homenaje a Pocho Lepratti.

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Y a continuación, el video recién estrenado:

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‘Reinventando el olvido’, en el blog de Tíscar Lara

Tíscar Lara es una periodista y docente, licenciada en Cs. de la Información y formadora docente en TICs. Tíscar escribe su blog Tiscar.com, de seguimiento altamente recomendado para interesados en la inclusión de las nuevas tecnologías en el aula.

En una entrada titulada «Sentido y sensibilidad en la Red», dedicada a cuestiones de seguridad y sentido común en cuanto al uso de información personal sensible en el mundo digital -redes sociales y ámbitos similares-, Tíscar escribe:

En la era del storage, el datamining, la ubicuidad y la nanotecnología, es curioso que surjan iniciativas como la que llega desde Harvard: “Que los ordenadores tengan olvido al igual que las personas” (…) Más tarde, Enrique Quagliano recogió la idea y lanzó la campaña “Reinventando el olvido en internet“. Tiene un punto entre luddita y romántico. Está claro que la solución no pasa por intervenir en la tecnología para que merme sus capacidades, pero al menos merece la pena preocuparse por su uso.

Hace entonces un llamado a pensar:

Los ordenadores no se programarán para la amnesia, así que mejor será que nos programemos nosotros para la prudencia.

Me permití agregar en la entrada un comment con algunas consideraciones que me parece, hay que tener en cuenta al analizar este trabajo de Mayer:

Es cierto que tiene algo de romántico la propuesta, pero esta “intervención en la tecnología” como la llamas, tendría por objeto, de acuerdo a la propuesta de Mayer, funcionar a modo de alerta, de “despertador” al momento de dejar datos sensibles, que lleve a la persona a pensar que sus datos son importantes, y qué hacer con ellos. Y eso se lograría EN PARTE con un sencillo cambio técnico, que es el de agregar un campo más en los formularios online, por ejemplo, que le pida a la persona que decida cuanto tiempo quiere que esa información se almacene.

Más información sobre la campaña «Reinventando el olvido en Internet», haciendo clic aquí.

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Sobre indiferencias, delegaciones y responsabilidades

El diario Clarín de Buenos Aires, publicó este fin de semana una entrevista al sociólogo francés Claude Giraud, profesor de sociologia de la Universidad de Lille 1 y autor, entre otros libros, del recientemente publicado «Las lógicas sociales de la indiferencia y la envidia» (Biblos, 2008).

Transcribo algunos párrafos, para pensar:

La indiferencia respecto de los otros parece condenable, pero al mismo tiempo la racionalización de nuestras sociedades provoca una creciente indiferencia. Los jueces no tienen compasión hacia las partes, los maestros no tienen mucha compasión respecto de sus alumnos. Entonces, vivimos de manera esquizofrénica, entre la indiferencia y la compasión. Prácticamente toda nuestra vida profesional transcurre en la indiferencia. Y es una capacidad social. Y para el resto de las dimensiones, y de manera puntual, somos compasivos y, por lo tanto, también protestamos. Pero la protesta es de corta duración, como el compromiso (…)

Las tres cuartas partes del tiempo la gente delega. Delega a los otros la manera de hacer las cosas. De alguna forma, ellos saben de qué manera se van a hacer esas cosas. Pero, en un sentido, son todos como Poncio Pilatos: se lavan las manos. Y esa delegación le transfiere la responsabilidad al otro y, al mismo tiempo, descompromete (…) porque la delegación permite en un momento ser actor, y en otro momento ser indiferente respecto de la manera como las cosas ocurren (…)

La indiferencia es un elemento funcional, porque separa, deja de lado. En un sentido, en nuestras sociedades se les permite a los individuos ser autónomos y no responsables, pudiendo adjudicar a las instituciones la responsabilidad de aquello que se ha hecho. Entonces, yo soy responsable de mi vida, pero no soy responsable de mis actos, porque esos corresponden a las instituciones a las que se les imputa, sea la escuela, la empresa, la policía, la justicia, la televisión. Y eso es muy importante, porque permite, efectivamente, no soportar el peso de todos los hechos (…)

Cuando se analizan las organizaciones y las instituciones, se encuentra en ellas un pedido contradictorio. Se les pide a sus miembros, al mismo tiempo, que sean indiferentes a ciertas informaciones y propiedades, que hagan el trabajo que corresponde, cumpliendo las reglas establecidas; y, al mismo tiempo, se les pide que se comprometan totalmente de alguna forma, y en ese compromiso, y para ese compromiso, se crean modelos de éxito social. Y esos modelos de éxito social son los que posibilitan el desarrollo de las formas de envidia. Se generan así preferencias, comparaciones y deseos. Entonces, este proceso funciona un poco como la figura del snob en la literatura de Marcel Proust, en la cual se ve muy bien que hay un imitador y una persona a imitar. Pero no se desea el objeto de esa persona; se desea el deseo de aquel al cual se imita. Entonces, en términos sociológicos, podría decirse que la envidia y la indiferencia son correlativas.

Fuente: Clarin.com

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