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Gente que dice - 13. página

Gente que nos hace pensar.

Golombek en Rosario, o el placer de hablar de ciencia

Lo cuento, tarde pero seguro. El 28 de octubre pasado estuvo en nuestra ciudad el Dr. Diego Golombek. Tal como anticipáramos días atrás, Aula Santillana nos invitó al encuentro “Ciencia en el aula. Del laboratorio a su mesa y viceversa”, que tuvo lugar en el Salón Blanco de la Sede de Gobierno, y en el que Golombek nos fascinó, divirtió y emocionó hablando de… ¡ciencia!

Fue una jornada realmente excepcional. El Dr. Golombek nos paseó por una casa imaginaria para que veamos ciencia en cada rincón, en los objetos, en las acciones y reacciones de nuestro cuerpo, siempre fiel al estilo al que nos ha acostumbrado desde su programa de TV «ProyectoG»: por qué movemos los ojos al dormir, por qué cantamos en la ducha, los cambios en el concepto de belleza -con algunos ejemplos y juegos sorprendentes-, y muchas curiosidades más. Nos llevó, y en el camino nos cruzamos con Poe, Snow, Sax, Popper, Huxley, Einstein y tantos otros, que nos fueron contando cosas por boca de Diego. Y también con Jim Morrison, por qué no.

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Los usuarios de internet

Yo no romantizaría la cultura en internet. Si bien en muchos casos internet sirve de vehículo para la organización de redes con agendas propositivas, también es verdad que en muchos países lo que más se encuentra en internet es una cultura de la pornografía. Y en todo caso, internet no es un medio en que el individuo se encuentra con una diversidad de perspectivas. Al contrario, los usuarios buscan en internet lo que les confirma lo que son, lo que satisface sus gustos, conformados de antemano. Tomá los blogs como ejemplo: ¿cuánta gente lee blogs que tienen perspectivas diferentes de las suyas?

George Yúdice, investigador y uno de los principales teóricos mundiales sobre la industria cultural

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Recursos sin método, o saltando de la sartén al fuego.

Este excepcional video que publicó Iván Esteban en su Aula Mágica, titulado «¿Tecnología o metodología?», refleja no sin ironía lo que sucede con la incorporación de las nuevas tecnologías en el aula sin saber para qué, es decir, sin que se modifiquen métodos y prácticas, una cuestión que abordamos en este espacio con insistencia.

Está en portugués, pero ante la universalidad de la cuestión es imposible no entenderlo. Salvo, claro, que uno sea de aquellos peores sordos.

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TICs y Estado: discursos sin sentido y pocas acciones concretas

En ocasiones, es preferible estar callado y parecer tonto que abrir la boca y despejar todas las dudas.
Groucho Marx

En la versión digital del diario Clarín se publica hoy un artículo titulado «Barreras en el siglo XXI: escuelas analógicas para estudiantes digitales», de contenido francamente revelador. Con formato de reportaje, así se nos introduce al tema en cuestión:

Entre los desafíos del sistema educativo, que incluye temas tan ásperos como el hecho de que en nuestro país sólo el 48 por ciento de los adolescentes termina la secundaria, la distancia entre docentes y alumnos que impone la tecnología sigue sumando kilómetros. Chicos que aprenden a leer y escribir con el MSN, que navegan horas en Internet, que entablan relaciones virtuales a cada click, que pasan horas con una consola de juegos y que luego, en la escuela, se encuentran con el mismo mundo que encontraba una generación anterior, que no era digital y que de Internet, ni noticias.

¿Qué impacto tiene esto en la relación docente alumno? ¿Qué se puede hacer desde la política educativa? ¿Qué lugar darle en el aula al entretenimiento, fetiche de este siglo?

A esta y otras preguntas responden Juan Carlos Tedesco, ministro de Educación argentino; Mónica Jiménez, ministra de Educación chilena; y María do Pilar Lacerda, secretaria de Educación Básica de Brasil.

Analicemos los discursos, comenzando con Tedesco:

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80 blogs rosarinos

En realidad llegué tarde, porque se trata de un video de casi un año, pero sucede que recién lo descubro en Rosario Bloggers. Se trata de un informe visual del programa «Gente que hace», del Canal 4 de Cablehogar Rosario, que muestra 80 blogs rosarinos, entre ellos el nuestro con el diseño anterior. El informe ilustró una nota sobre el Rosario Blog Day.

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El Libertador de América, un hombre sencillo

La imagen corresponde a uno de los dos daguerrotipos tomados en serie en París, en febrero de 1848, a pedido de su hija Mercedes. Esto es, dos años antes de su muerte. Al respecto de esos tiempos cuenta Felipe Pigna hoy en su habitual columna de los domingos en Clarín:

El general que había liberado medio continente, vivía en su exilio europeo de la renta que le producía el alquiler de una casa en Buenos Aires y de la solidaridad de algunos amigos como el banquero Alejandro Aguado, quien lo ayudó a comprar una casa en Grand Bourg, a siete kilómetros de París y le aseguró una vejez tranquila cediéndole parte de su fortuna, según lo cuenta San Martín: «Esta generosidad se ha extendido hasta después de su muerte, poniéndome a cubierto de la indigencia en lo porvenir».

Hacía tiempo que los gobiernos de Argentina, Chile y Perú no le pagaban puntualmente sus pensiones. Así describía San Martín su vida en Francia: «Paso, en la opinión de estas gentes, por un verdadero cuáquero; no veo ni trato a persona viviente; ocupo mis mañanas en la cultura de un pequeño jardín y en mi pequeño taller de carpintería; por la tarde salgo a paseo, y en las noches, en la lectura de algunos libros y papeles públicos; he aquí mi vida. Usted dirá que soy feliz; sí, mi amigo, verdaderamente lo soy. A pesar de esto ¿creerá usted si le aseguro que mi alma encuentra un vacío que existe en la misma felicidad? Y, ¿sabe usted cuál es? El no estar en Mendoza. Prefiero la vida que hacía en mi chacra a todas las ventajas que presenta la culta Europa».

Para que su corazón «descanse en Buenos Aires», tal su última voluntad, hubo que esperar hasta el 28 de mayo de 1880. Semejante demora, dice Pigna, quizás tuvo que ver con que a los poderosos de entonces los perseguía la frase de don José:

«En el último rincón de la tierra
en que me halle
estaré pronto a luchar
por la libertad».

José de San Martín
1850 – 17 de Agosto – 2008

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Una mirada necesaria sobre las TIC en la educación

Conocí a Boris Mir gracias a que creó, junto a Alejandro Tortolini, el grupo «ÑBlog» en EduBlogger. Este profesor del IES Arraona, de Sabadell, Barcelona, es autor del blog La Mirada Pedagógica, un espacio personal de opinión y reflexión sobre enseñar y aprender, como el mismo lo define.

Recientemente escribió allí un post titulado «Las TIC deben cambiar el reloj por la brújula», en el que analiza la problemática de la incorporación de las TIC en la educación. Selecciono algunos párrafos, al tiempo que recomiendo la lectura completa de su análisis como una mirada necesaria para no perder de vista lo central del asunto:

Hay muchos intereses cruzados en el tema TIC, algunos legítimos y otros no tanto. A veces las mejores intenciones alentan un entusiasmo digno de encomio, pero todavía hay demasiado discurso apologético y poca legitimación basada en resultados generalizables. Los únicos profesores que han convertido las TIC en valor para sus alumnos son aquellos que tenían elevados horizontes educativos, aquellos que ya tenían aspiraciones pedagógicas ricas y diferentes y para los cuales la incorporación de hardware o software ha dado alas a sus proyectos. La verdad, no creo que las TIC hagan, de profesores mediocres, mejores profesores.

Seguramente deberíamos dedicar todo este esfuerzo a repensar cómo trabajamos con nuestros alumnos en clase, qué les proponemos para que aprendan y qué estimulantes proyectos llevamos a cabo –con o sin la TIC…- para que aprendan más y mejor. Es más, ocuparnos de las TIC nos distrae de replantearnos a fondo la educación, que es una tarea mucho más sustancial. Por favor, no dilapidemos los escasos presupuestos educativos en adquirir “un ordenador por alumno”, dediquémoslos a crear espacios de reflexión y aprendizaje para que los profesores (y alumnos…) transformen de forma radical sus concepciones sobre la enseñanza y sus métodos de trabajo. Es muy probable que las TIC nos ayuden a ello y por lo tanto deben formar parte permanente de nuestra agenda y de nuestro discurso, pero creo que debemos resituarlas.

Repensar la escuela es mucho más urgente y necesario que incrementar el parque TIC. Y para repensar la escuela, deberíamos también repensar la incorporación eficiente de software y de hardware.

Decíamos aquí mismo en alguna oportunidad que «la tecnología en la escuela siempre cambió cuando se ‘llenó’ de contenido -nuevas teorías, nuevos usos, nuevas disciplinas, nuevas necesidades. Ahora parece no hacer falta el contenido: con que esté de moda basta. Cuando hablan los tecnólogos, ‘mercadólogos’, economistas, gurúes y otras especies dentro de la fauna de opinólogos- la escuela siempre está errada». Y también pedíamos en aquella ocasión que «no nos equivoquemos: la escuela va a incorporar todas estas tecnologías nuevas cuando pueda -podamos- ‘llenarlas’ de contenidos en función de mejorar los aprendizajes, razón última de ser de la escuela».

Adhiero a la idea de que las TIC no hacen a un buen profesor. Si basamos nuestro desempeño en la cantidad y calidad de recursos tecnológicos disponibles, sin la convicción de que la educación debe promover la distribución igualitaria y democrática del acceso al conocimiento, nuestra práctica se habrá vaciado de sentido.

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Meritocracia vs. creatividad

El sumplemento de economía iEco publica una entrevista a Gary Hamel, consultor de management y autor del libro El futuro de la administración. Hamel dice lo siguiente sobre los cambios que promueven las nuevas tecnologías, en particular la web, en el mundo de las ideas y el trabajo:

Uno de los principios fundamentales de la Web es que lo que importa son las ideas de uno, no su posición ni su credencial. Cuando alguien escribe en un blog o sube un video a YouTube nadie pregunta a qué escuela fue, cuál es su titulación o en qué trabaja. Lo que preguntan es, ‘¿Tiene esta persona algo interesante para decir?’

El que creció con esos valores de la Web no va a buscar trabajo en empresas donde lo descalifiquen por ser joven o donde los ejecutivos tengan más credibilidad solo por su título. Todos los managers saben que Internet cambió su logística, su atención al cliente y su soporte técnico. La mayoría también sabe que cambia su modelo de negocio, como ocurre con la banca, los medios o las telecomunicaciones. Pero muy pocos quieren admitir que además está cambiando la forma en que se toman las decisiones y se colabora, el lugar del poder y el de la información.

Es indudable que debemos repensar también nuestra concepción de creatividad, trabajo y formas de enseñar y de aprender en nuestra actividad docente. Cambio, adaptación y crecimiento no son malas palabras. Por el futuro de nuestros chicos, más nos vale reconocerlo.

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Pobreza, deformación y economía del lenguaje no son sinónimos

En una de las ocasiones en que participé en «Plan A» como panelista, había en el programa una invitada de lujo: la escritora Angélica Gorodischer. Desde hace un tiempo tenía ganas de publicar, vía transcripción, algunos de los conceptos que la escritora virtió en sus intervenciones. En estos días de quejas varias hacia los nuevos medios me pareció oportuno hacerlo.

Al preguntársele si «las tecnologías, como el teléfono celular, internet, los mensajes, el chat, ¿deforman el lenguaje? ¿tienen una influencia negativa sobre él?», la escritora respondió:

A mi esas cosas no me preocupan demasiado porque el lenguaje vive deformándose, porque resulta que el lenguaje está vivo. Menos mal que se deforma. Menos mal que se agregan nuevas palabras de otros idiomas. En realidad el castellano que nosotros hablamos es un idioma extranjero. El idioma no es puro, por suerte; no hay nada puro ni en la naturaleza ni en la cultura. Y es una suerte que el idioma sea mestizo e impuro porque se va acrecentando, va creciendo, va evolucionando.

Todas las palabras que usamos vienen de otros idiomas. De repente una vidriera dice: ‘Gran Parrilla El Churrasco Argentino’, y abajo dice ‘Delivery’. Me parece perfecto. ‘Delivery’ es mucho más práctico que ‘Reparto a domicilio’. Y algún día ‘delivery’ estará en el diccionario, como estará ‘sale’ o como estará cualquier otra cosa, y se convertirán en palabras castellanas. Si yo le digo a usted ‘tráigame un almohadón’, estoy diciendo una palabra árabe; y si yo le digo que Fulano ‘hizo un gol’, estoy diciendo una palabra inglesa. Y si hablo del ‘budín’ o si hablo de ‘fideos al graten’, estoy usando una palabra francesa.

Hay otra cosa que a mi me preocupa, que es el empobrecimiento del idioma. Eso si me preocupa y mucho. Quiero decir que de los 380.000 vocablos que tiene el castellano, la gente joven está usando 400 y mal. Cuando a mi un profesor me dice ‘mirá, encontré en la tarea de una muchacha una palabra de tres letras con dos errores de ortografía. Digo, ‘no puede ser’. ‘Si’. ‘¿Qué palabra?’ ‘Decía: ‘oi llueve».

Cuando el conductor sugirió, «no sé si pobreza, pero sí economiza el lenguaje la tecnología…», la respuesta de Gorodischer fué una pregunta que quedó en el aire: «¿Y adonde está el límite?»

Pensando en esto

Reflexionando sobre estas cuestiones, es interesante considerar la transferencia que los chicos hacen entre diferentes modelos y soportes en la comunicación. Esto es, en muchos casos trasladan las formas a las diferentes instancias sin adecuar el estilo a las particularidades específicas de la comunicación en la que están interviniendo.

No es extraño que los docentes leamos en un examen respuestas del tipo ‘eso es cuando vos hacés tal cosa…’ -que además demuestran una grave dificultad para conceptualizar-, o que usen abreviaturas al estilo SMS en un artículo o en un trabajo práctico. Esa imposibilidad de reconocer estilos y formas adecuadas a determinadas instancias de comunicación no parecen ser culpa del medio, sino el producto de una falta de criterio. Pero ese criterio se aprende.

En todo caso, no estaría mal que se comuniquen como deseen en el chat o el SMS -en ese estilo que les permita la necesaria identificación con el grupo-, pero deben saber que al cambiar el receptor deben adecuar el estilo, no por una pérdida de libertad sino para una mejora sustancial en la forma que interactúan con los otros fuera de la tribu.

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Un gesto de interrupción

Gracias a una de mis directoras, Silvia, me encuentro con este texto:

amaneceLa experiencia, la posibilidad de que algo nos pase, o nos acontezca, o nos llegue, requiere un gesto de interrupción, un gesto que es casi imposible en los tiempos que corren: requiere pararse a pensar, pararse a mirar, pararse a escuchar, pensar más despacio, mirar más despacio y escuchar más despacio, pararse a sentir, sentir más despacio, demorarse en los detalles, suspender la opinión, suspender el juicio, suspender la voluntad, suspender el automatismo de la acción, cultivar la atención y la delicadeza, abrir los ojos y los oídos, charlar sobre lo que nos pasa, aprender la lentitud, escuchar a los demás, cultivar el arte del encuentro, callar mucho, tener paciencia, darse tiempo y espacio. (Larrosa, 2003)

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Escritora se pregunta: ‘¿A la escuela le importa la escritura de sus docentes?’

Quién se pregunta esto es la escritora y docente Angela Pradelli, premio Clarín de novela, en una columna de opinión publicada ayer por ese diario. Pradelli afirma allí que «existe escasa estimulación, cuando no desdén o boicot, para que maestros y profesores desarrollen textos con riqueza y claridad en beneficio propio y de sus alumnos».

El punto de partida de esas reflexiones según ella misma lo explica, es la entrega de premios del concurso literario organizado por la Dirección General de Escuelas y dirigido a los docentes escritores de la provincia de Buenos Aires, que hace unos días se llevó a cabo en la Feria del Libro. Y afirma: «que las autoridades bonaerenses promuevan la escritura de sus maestros y profesores y que los premien por eso es un signo social que reconforta y que las escuelas deberían apoyar con gestos claros y concretos.»

Que importante es que alguien con oficio de escritor lance semejante desafío, porque ese es otro tema que necesita ser revisado. Y si bien la escritora se refiere primariamente a textos literarios, inmediatamente me hizo pensar en el enorme esfuerzo que significa para la mayoría de los docentes escribir, ya no literatura sino simplemente los textos con los que se va a trabajar en clase, porque el sistema remunera solamente las horas frente al aula y muchos deben sumar horas para poder subsistir. Mientras tanto, editoriales en un extremo y fotocopiadoras, en el otro, de parabienes.

Pero no quiero desviar la atención del punto focal que aborda la escritora, quién cuenta su experiencia y dice:

Ni la publicación de los libros ni el ingreso al mundo editorial me empujaron a dejar la cátedra. Por eso duele escuchar la pregunta de por qué sigue una escritora enseñando en las escuelas secundarias. La inquietud revela una construcción social: la noción de que la escritura y la docencia son dos prácticas que no conviven. Y la idea también de que la escuela es un lugar del que hay que irse lo antes posible. Son pocos los que entienden que la escritura, como una savia que corre por vasos comunicantes, alimenta también la cátedra. La escritura es un instrumento con el que construimos pensamiento y es también el vehículo para que las ideas se liberen de prejuicios, se aclaren, se enriquezcan, se ahonden.

Es la escuela la primera responsable de enseñar a escribir y garantizar en las aulas las prácticas de la escritura. Imaginemos un país en el que maestros y profesores sean verdaderos productores de textos, escribas eficaces que tomen la palabra y construyan textos de circulación social. En la realidad diaria, no sólo estamos lejos de alcanzar ese estado sino que, aun peor, en algunas escuelas las autoridades se envalentonan en su propia mediocridad y menoscaban la práctica de la escritura.

Convengamos también que tampoco abundan estos concursos y que es una rareza que los organismos oficiales los convoquen. ¿No es en la escuela acaso donde deberíamos entrenarnos todos, alumnos, maestros y profesores, como escribas eficaces de textos que argumenten con solidez, que describan con precisión, que expliquen con claridad y que narren historias con soltura y pericia? ¿No debería la escuela ser ella misma una usina verdadera e inagotable de textos?

Sin embargo, y decir esto también es un dolor, algunas instituciones se empeñan en negar tanto la importancia de la escritura como la necesidad básica de convertir las escuelas en verdaderas canteras de escritores. Conozco de cerca la situación de los docentes cuestionados en sus escuelas por intervenir con sus escrituras en los espacios sociales. Son instituciones incapaces del diálogo propio de sociedades democráticas y, necias a aceptar ideas distintas a las suyas, pretenden ejercer la censura de otras voces. Entre sus funciones más importantes los directivos deberían priorizar la promoción de la escritura en sus comunidades educativas y la preocupación por alcanzar un nivel de excelencia en la escritura institucional.

Pero estamos tan lejos de eso. A cambio tengo una colección cada vez más completa de textos redactados por directivos que avergüenzan por su prosa, tan defectuosa y desarticulada que hasta los mismos alumnos, estudiantes del secundario, detectan los errores. Son escrituras que ponen en relieve el grado de ignorancia respecto al lenguaje de quienes deberían ser los primeros en asesorarnos en el uso de la palabra.

Finalmente, Angela Pradelli se permite un anhelo:

Trabajemos para que en la docencia se escriba cada vez más y mejor, y que las obras desborden los certámenes. Para ello, los organizadores tendrán que superar los obstáculos que ponen aquellos que dentro de las escuelas se empeñan a diario en hacer abortar las propuestas superadoras y liquidan su responsabilidad de difusores y motivadores colgando la información en una cartelera, seguros tal vez de que la delgadez del alfiler sostendrá por poco tiempo esa convocatoria que pronto hará aumentar la pila de papeles que se archivan.

La columna completa se puede leer haciendo clic aquí.

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El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar

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Este chiste gráfico de Nik está atravesado por varias verdades y también por varios mitos, en cuanto a lo que sucede con nuestros chicos hiperestimulados por las nuevas tecnologías.

Personalmente creo que el humorista ha captado y capturado la fantasía y los temores que sobrevuelan el ámbito educativo, que dicen que los docentes hemos perdido la batalla; que estamos viejos y no vamos a entender jamás como piensan nuestros chicos. Y hasta hay un cierto discurso oficial tecnófilo, muy académico y elaborado por cierto, que justifica esos temores vaya uno a saber -o a no querer saber- con qué fin. Un discurso tecnófilo que genera docentes tecnófobos. Vaya paradoja…

Definitivamente, no se trata de hacer cualquier cosa para que los niñitos nos presten atención en el aula, sino de recuperar la noción de que aprender puede ser emocionante y entretenido, y que es una tarea que llevamos a cabo trabajando todos juntos, respetando roles y en forma responsable. Al decir de Juan I. Pozo, se trata de aprender a aprender, un aprendizaje para la vida.

El docente es un mediador que tiene que ayudar a los chicos a construir su mirada del mundo, a gestionar la duda, a hacerse buenas preguntas y guiarlos a buscar mejores respuestas, partir de su realidad para poder cambiarla. (…) Tenemos pocas certezas pero una es clara: nuestros alumnos van a tener que seguir aprendiendo, por eso hay que aprender a aprender y enseñar capacidades que sean utilizadas en distintas situaciones.

Incorporar las nuevas tecnologías en el aula, a mi humilde entender, es incorporar a esa mediación de la que habla Pozo, nuevas formas de comunicarnos y de acceder a la información, formas de un dinamismo y alcance nunca antes siquiera soñado. El lector atento ya habrá notado la obviedad de esta declaración. «Claro», dirá. «Por eso se llaman TICs – Tecnologías de la Información y la Comunicación». Entonces, si es tan obvio ya desde el nombre, ¿por que insistimos en meter las nuevas tecnologías por la fuerza en el aula?

Por eso digo, otra vez a mi humilde entender porque hay gente muy prestigiosa que afirma lo contrario, que no me convencen los Webquest, por ejemplo. El argumento esgrimido por sus promotores, aquel que dice que «Internet como recurso pedagógico tiene algunos inconvenientes derivados de la dificultad para encontrar la información deseada», sería justamente la razón del desafío de enseñar a aprender. Si creamos nosotros el medio ideal -suponiendo que eso fuera totalmente posible- para que aprendan determinados contenidos, es muy probable que nunca encuentren nada valioso por si mismos. Aquella función del docente como mediador pareciera implicar, en cambio, el sumergirse juntos, docentes y alumnos, en esos espacios, y descubrir, analizar, desechar, criticar, decidir y seleccionar juntos.

Además está la cuestión del uso de diferentes soportes igualmente valiosos y útiles: sigo proponiendo el uso de la carpeta o cuaderno con las propias notas y apuntes del alumno; sigo usando la biblioteca para lectura de manuales y libros; sigo usando el papel y lápiz para escribir consignas, dibujar un bosquejo o tomar notas.

Uno de los problemas más elementales que surgen de esta cuestión es que pareciera que sólo los docentes de TIC tenemos que hablar de estas cosas. El maestro está tiza y pizarrón todo el día, hace un paréntesis de 80 minutos semanales para los chicos tengan Computación, y después sigue cuaderno, plasticola, cartulina y manual. Por supuesto que hay muchas y brillantes excepciones, pero el que niegue esto que arroje la primera tiza… sin que lo vea la maestra.

Por eso deberán confluir en este punto varios actores: el estado, brindando capacitación gratuita y recursos pedagógicos genuinos y despojados de intereses ajenos al ámbito educativo; los propios docentes, ponderando estos aprendizajes como una oportunidad; los informáticos, «bajando a la tierra» e involucrándose; los padres, apoyando, participando, observando; las empresas, dando oportunidades a escuelas donde el estado está ausente o no hay medios para informatizar, etc. etc.

antartida.pngFinalmente, en referencia al título del post, que hace alusión justamente a este aspecto de las nuevas tecnologías, que son el alcance y la ubicuidad -a toda la gente en todas partes-, estuve revisando algunas de las herramientas de la Web 2.0 de fácil acceso, gratuitas y de sencilla aplicación en un proyecto pedagógico. Escribo esto y pienso en las hermanas Cossetini y la escuela serena; sus bancos de arena y sus salidas al mundo para ver el arte, las matemáticas y las ciencias allí donde están: en las plazas, en el barrio y en la gente. En lugar de mostrarles el mundo a los chicos desde manuales, fotos y figuras, salían a mirarlo juntos para aprender. Yo quiero hacer eso con las TICs; mirar el mundo virtual juntos y «ver que pasa…»

A propósito: busqué «Cossetini» en Google, y la primera página y media habla de propiedades en venta en Puerto Madero porque, eso sí, le pusieron el nombre de Olga Cossetini a una calle de ese barrio porteño. ¿Cuántas lecturas se podrían hacer de este sencillo incidente de haber sucedido en clase?

Vuelvo: varias de las herramientas de Google, tanto de búsqueda como de «comunicar, mostrar y compartir», como las llaman ellos, son muy sencillas de usar, muy creativas, gratuitas y se accede a todas ellas con una única cuenta de Gmail. Por ejemplo:

  • Blogger: Crear y sostener un blog en el tiempo es muy sencillo, y se puede usar para una variedad de proyectos casi ilimitada. Nosotros lo usamos el año pasado en una escuela para las crónicas de un viaje de estudios, y tuvo un impacto en toda la comunidad educativa enorme.
  • Calendar, permite organizar una agenda y compartir los eventos, salidas, fechas límite, etc. con todos los involucrados.
  • Docs: Escribí sobre esto ayer, así que no me voy a explayar aquí demasiado, sólo agrego que es una herramienta de ofimática en línea. Es como tener -para que todos entiendan- Office gratis en cualquier computadora y en cualquier lugar con nuestros archivos guardados para usar en cualquier momento. Y eso que no me iba a explayar demasiado…
  • Gmail. Lo menciono aquí, aunque haya muchos otros como Hotmail o Yahoo, porque tiene 2,8GB de espacio, menos spam, y además es indispensable para usar las herramientas de Google.
  • Picasa, para editar y compartir fotografías.

tvbrasil.pngSe pueden usar además otras herramientas como Talk para mensajes instantáneos -otro tema en el que nos negamos a discutir y nos apuramos a prohibir-; Traducir, para visualizar páginas web en otros idiomas -los profes de Inglés podrían trabajar con esto para enseñar sobre traducción e interpretación, por ejemplo, porque traduce «Mi Tarzán tu Jane», como es obvio-; o Grupos, para crear listas de distribución y grupos de debate. Y por supuesto, los buscadores: de palabras, de imagenes, de libros, etc.

Pero además se puede entusiasmar a los chicos en Sociales recorriendo el mundo con Google Earth; ver y escuchar calles y gentes de otras ciudades a través de webcams públicas o de estaciones de radio y televisión de todo el mundo, y más. Un maestro de música y sus alumnos podrían grabar y digitalizar su producción y subirla a MySpace para compartirlo con otros, o crear una lista de reproducción de variados origenes o estilos con PlayList.com

Este recorrido abarca mínimamente algunas de las herramientas disponibles en la web, pero hay cientos. Ud. podrá seguramente recordar y sugerir muchas más, por cierto.

Pero aun falta hablar de recursos y contenidos pedagógicos -sitios como Icarito para los más chicos o Neuronilla para los un poco más grandes; la misma Educ.ar con cientos de recursos para los docentes-, sobre lo cual también hay muchísima información esperando ser hallada, analizada, aceptada o rechazada, convirtiendo al recorrido por la web en una apasionante búsqueda del tesoro que llevamos adelante juntos, docentes y alumnos.

Algunas lecturas relacionadas:

:: Juan Ignacio Pozo: ‘El reto de la escuela es convertir la información en verdadero conocimiento’
:: Umberto Eco: ‘¿De qué sirve el profesor?’
:: Hector Ciapuscio: ‘La tecnología debería ser una herramienta de igualación social’
:: Conclusiones de la I Conferencia Internacional sobre Brecha Digital e Inclusión Social
:: Diego Levis: ‘La computadora nos permite reencontrarnos en la plaza.’
:: Manuel Castells, «El poder tiene miedo de internet»
:: Equipos virtuales de trabajo, ¿cómo hacerlos funcionar?

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‘Sin educación, la tecnología no sirve para nada’

Quien dice esto es Manuel Castells, sociólogo español, en una entrevista de ElPaís.com a la que llegué gracias a que mi lector de feeds (FeedReader, por si interesa…) me tiene al día con lo que escribe Diego Levis.

Con un pensamiento claro y directo que llama a las cosas por su nombre, Castells dice cosas como estas:

Yo he estado en no sé cuántas comisiones asesoras de gobiernos e instituciones internacionales en los últimos 15 años, y la primera pregunta que los gobiernos hacen siempre es: ¿cómo podemos controlar Internet? La respuesta es siempre la misma: no se puede. Puede haber vigilancia, pero no control.

El más importante factor de exclusión seguirá siendo el acceso al trabajo y a la carrera profesional, y antes el nivel educativo, porque, sin educación, la tecnología no sirve para nada.

En realidad, Internet amplifica la más vieja brecha social de la historia, que es el nivel de educación. Que un 55% de los adultos no haya completado en España la educación secundaria, ésa es la verdadera brecha digital.

Muchos municipios han puesto puntos Wi-Fi de acceso, pero si al mismo tiempo no son capaces de articular un sistema de participación, sirven para que la gente organice mejor sus propias redes, pero no para participar en la vida pública.

La entrevista completa se puede leer haciendo clic aquí.

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Richard Stallman y el Software Libre en las escuelas

Este es un fragmento de una conferencia de Richard Stallman en la Universidad de Palma de Mallorca en el año 2004, en el que explica con su particular visión y en español, las cuatro razones por las cuales las escuelas deberían usar software libre.

Haciendo un poco de historia, en 1985 Richard Stallman fundó Free Software Foundation y lanzó el concepto copyleft. Por ese motivo se lo conoce como el padre del software libre, del cual Linux es hoy su expresión más conocida pero por supuesto, no la única.

Para quienes deseen conocer con mayor profundidad el pensamiento de Stallman y el concepto de software libre, recomendamos leer su libro «Software libre para una sociedad libre». Un ejemplar del mismo se puede bajar en este link en formato PDF.

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Eco, la escuela e internet

Extraigo un fragmento de una entrevista a Umberto Eco, que publicó La Nación y que se puede leer completa aquí, a propósito del título. Dice así:

Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).

El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones.

El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.

Fuente: Diario La Nación
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