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TICs - 10. página

Cosas de la viralidad

La cosa es más o menos así: una señorita llamada Marina Schifrin renunció a su trabajo en una productora de videos porque su jefe la presionaba con la cantidad de vistas que tenían sus trabajos.

No tuvo mejor idea que despedirse -no sin una importante dosis de bronca– con un video que suma, a la fecha, 9.817.992 vistas. Toda una ironía viral.

Ese es el video de la renunciante. El tema musical es Gone, de Kanye West:

Marina lo explica así: «Trabajo para una empresa increíble que hace videos de noticias. He puesto toda mi vida a este trabajo, pero mi jefe sólo se preocupa por la cantidad, la rapidez con que escribimos y cuántas visitas recibe cada video. Creo que es más importante centrarse en la calidad del contenido. Cuando se aprende a mejorar esta situación, las vistas vendrán. Aquí está un pequeño video que hice explicar mis sentimientos.» Dicho esto, pegó el portazo.

Es muy simpático el modo en que su jefe le responde: le dice adiós con un video idéntico.

A propósito, ¿no les suena como un pedido para que vuelva?

Fuente: Cuaderno de estilo.

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Las caras de Facebook

you facebook

The Faces of Facebook es un proyecto personal de la argentina Natalia Rojas quién, según aclara, encontró «una forma inofensiva» de mostrar las foto de perfil de Facebook y organizarlas en orden cronológico. Afirma no almacenar ningún dato personal, y habrá que creerle.

El funcionamiento es muy sencillo: una vez logueados en FB, la aplicación muestra la foto del perfil de todos los usuarios registrados hasta el momento, marcando con un ‘pin’ la propia foto, el número de orden en que nos suscribimos a FB y los perfiles de nuestros amigos.

La aplicación se encuentra en http://app.thefacesoffacebook.com/. Es bastante impresionante observar la velocidad en la que crece el número de personas que se suscriben. Y todos están en «The Faces of Facebook» a un clic de distancia, un detalle no menor.

Es evidente que cualquiera puede tener acceso a lo que sucede en FB, sin necesidad de ser una agencia gubernamental o una corporación de Internet. Cada uno sacará sus propias conclusiones.

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JustDelete.me hace más sencillo el borrado de datos en la web

justdelete

El sitio JustDelete.me se presenta como «un directorio de links directos para borrar tu cuenta de servicios web».

Borrar nuestros datos personales de los muchos servicios que utilizamos en la web -desde redes sociales hasta sitios de empresas con bases de datos, un verdadero reguero de información que vamos dejando- puede ser tarea ardua y en ocasiones, imposible. Crear un perfil o cuenta para conocer un servicio por curiosidad o invitación suele ser sencillo, pero una maraña de clics y preguntas a responder es la actividad tediosa y frustrante que le espera al arrepentido.

La buena noticia es la oportuna aparición del sitio JustDelete.me, que hace del trabajo de hacernos desaparecer de la web uno mucho más fácil. Creado por británico Robb Lewis, JustDelete.me es un directorio de enlaces a páginas de las que podríamos querer darnos de baja, incluyendo sitios como Facebook o Dropbox.

Cómo para que sepamos que esperar, el sitio cataloga la dificultad de borrado por colores: verde para el de borrado fácil -Delicious o Facebook-, anaranjado para el de dificultad media –Klout, por caso-, rosa para el difícil -como Skype o Spotify– y negro para el imposible. Pinterest y Netflix están entre estas últimas.

JustDelete.me se convierte así en un asistente útil y necesario a la hora de borrar nuestros datos personales de la web. Pero nunca será tan bueno como pensar antes de publicar.

Fuente: Mashable

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‘La educación necesita de gente que pueda pensar de otra forma’

¿Mejorar la escuela? No, hay que reinventarla.

Sugra_mitraQuién afirma esto es el Prof. Sugata Mitra, docente de Tecnología Educativa en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Newcastle, en el noreste de Inglaterra. En una columna publicada originalmente en el periódico británico The Guardian y reproducida este domingo por el diario Clarín, asegura que «si en los exámenes se planteara a los alumnos resolver problemas tal como se lo hace en la vida real en la actualidad, el sistema educativo cambiaría para siempre».

El Prof. Mitra se pregunta, al comparar las habilidades que se enseñan en la escuela con las que no, si una persona que tenga buena letra, buena ortografía, buena gramática y buena memoria para las tablas de multiplicar es un candidato mejor para un empleo que, por ejemplo, alguien que sepa configurar una red de elementos, establecer un calendario Google para toda una organización o determinar dónde están las fuentes de capital de riesgo más confiables.

Y claro, la respuesta está a la vista: cuando nuestros jóvenes terminan sus estudios y empiezan a trabajar, se les pide -y se les recompensa por ello- que resuelvan problemas en equipo y con todos los recursos que puedan imaginar. Sin embargo, en la escuela se les enseñó a reproducir datos de memoria y a resolver problemas valiéndose sólo de la mente y el papel. Y por supuesto, también están los exámenes: durante las evaluaciones no deben hablar entre sí ni mirar el trabajo de los demás; no pueden usar ningún recurso educativo ni, por supuesto, Internet.

Y concluye:

No tenemos que mejorar las escuelas, sino reinventarlas para nuestra época, para nuestras necesidades y para el futuro.

En un párrafo de su columna, el especialista se detiene a analizar, a modo de ejemplo, la enseñanza de las matemáticas:

La multiplicación de cifras con papel y lápiz se considera un logro intelectual valioso. Usar un celular para multiplicar, no. Para la gente que la inventó, la multiplicación manual era sólo una tecnología conveniente. No creo que implicara ninguna otra emoción. Para nosotros, la implica. Seguimos enseñándola como una celebración del intelecto humano. A los chicos no se les enseñan los algoritmos que hacen posible la existencia de Google, sino que se les dice que Google está lleno de basura. Tenemos un apego romántico por las habilidades del pasado.

Se hace evidente, según su análisis, que los métodos de hace siglos se vuelven obsoletos y hay que reemplazarlos.

Y propone un cambio que, aun siendo muy elemental y sencillo, se presenta como toda una revolución pedagógica por sus implicancias y trascendencia: que los alumnos que resuelvan problemas tal como se lo hace en la vida real en la actualidad, a partir de un pequeño cambio de política: permitir el uso de Internet y la colaboración durante los exámenes.

En ese caso, los programas de estudios tendrían que ser diferentes. No haría falta hacer hincapié en hechos, cifras ni fechas, sino que el programa tendría que convertirse en preguntas que tienen respuestas extrañas e interesantes: ¿De dónde salió el lenguaje? ¿Por qué se construyeron las pirámides? ¿La vida en la Tierra es sostenible? ¿Cuál es el propósito del teatro?

Algunos de los logros que el Prof. Mitra anticipa de una enseñanza como esta: la capacidad de encontrar cosas con rapidez y exactitud como habilidad predominante, además de la capacidad de seleccionar entre alternativas y luego utilizar los datos para resolver problemas.

El especialista concluye afirmando que la educación necesita de gente que pueda pensar de otra forma. Tal vez sea ese, concluimos nosotros desde nuestro humildísimo espacio, el mayor desafío de la educación actual.

Fuente: Clarin.com

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Emilia Ferreiro y los ‘oficialmente ignorantes’

emilia-ferreiroLa Dra. Emilia Ferreiro es una psicóloga, escritora, y pedagoga argentina, con un doctorado por la Universidad de Ginebra bajo la orientación de Jean Piaget.

En ocasión de uno de sus viajes a Argentina -vive en México- para presentar un trabajo llamado “Los niños piensan sobre la escritura”, fue entrevistada por Nora Veiras para Página/12 (1).

Quisiera destacar aquí algunos párrafos de la entrevista, la que se puede leer completa en el link al pié de esta entrada. La Prof. Ferreiro dice cosas como estas:

Una de las cosas siempre difíciles para dialogar con el ámbito escolar es que la escuela tradicional parte de la suposición de que los que recibe son oficialmente ignorantes y en caso de saber alguna cosa, eso es irrelevante respecto de los contenidos escolares. Todo mi trabajo de investigación ha consistido en mostrar que los chicos cuando llegan a la escuela ya tienen un camino andado y ese camino no es irrelevante respecto del contenido fundamental del primer año de primaria, que es la alfabetización.

Todos hablamos del respeto hacia la infancia. El respeto más difícil es el respeto intelectual porque supone reconocer que el chico es un interlocutor válido y yo adulto inteligente puedo dialogar con un pequeño que también es inteligente. Ese respeto intelectual es muy difícil en el ámbito escolar, en donde se tiende a perdurar la imagen clásica de la autoridad y la incapacidad del otro lado. Yo soy autoritario porque tú eres incompetente.

Si yo quiero formar un escritor autónomo y por escritor entiendo al que produce textos y no al escritor consagrado, tiene que hacerse cargo de su texto y esto supone que antes de entregarlo, de hacerlo público, se lo revise. La revisión es parte de la responsabilidad del autor. Eso no es espontáneo, requiere todo un trabajo docente para que se instale esa responsabilidad frente al texto que va a ser público de alguna manera. Mientras el docente conserve para sí mismo el rol de corrector impide que los chicos trabajen esta cosa tan importante que es hacerse responsable de su texto.

Hay muchas cosas que son propias de la revisión, por ejemplo, la puntuación aparece mucho más fácilmente en la revisión que en la producción. Ciertas reflexiones ortográficas también. En el momento de la producción están centrados en qué quieren decir. La revisión es el momento para revisar la forma. (…) Revisar es lo que es propio de una escritura responsable. Cuando la maestra se reserva para sí algunas de las funciones propias de un usuario de la lengua escrita impide ciertos aprendizajes que son esenciales. (…) La escuela no puede seguir formando gente que escriba en dictado. Eso era propio de la antigüedad clásica.

El dictado es un ejemplo típico de una situación que perdura por tradición sin que se sepa muy bien para qué sirve. En los análisis efectivos de dictados realizados uno encuentra cosas curiosas: de pronto la maestra dice estoy haciendo dictado para ver cómo está la ortografía pero da claves ortográficas, es como si no quisiera que aparecieran los errores que está anticipando. Hoy día no se justifica. Yo digo que si alfabetizar no es introducir a la cultura escrita del tiempo que vivimos, no se entiende cuál es la función de la escuela. Y el tiempo que vivimos es tiempo de Internet, computadoras, y perduran prácticas que solamente la tradición las justifica.

Con la escritura ya no hacemos más hipótesis, eso ya es otra cosa. No quiere comunicar nada, lo que tiene que hacer es copiar bien las letras y asumir la escritura como algo ya hecho que se copia y una vez que se ha convertido en un buen copista la sociedad lo autoriza a hacer algo más con la escritura. La idea es un poco revertir las prioridades, hoy día hay un montón de máquinas que se encargan del cuidado en la ejecución gráfica de las formas. La máquina de escribir ya lo hacía, la computadora lo hace de manera espectacular. Yo escribo y después decido si quiero que sea mayúscula o minúscula, cursiva o no.

Lo que digo es que (…) no pongamos todos los aspectos formales por delante porque eso no introduce bien a la cultura escrita. Y el problema de la introducción a la cultura escrita es sumamente complicado y nunca ha sido focalizado justamente por esta fijación en las formas. No avanza, no avanza, quiere decir no estoy viendo los indicadores que utilizamos desde hace siglos para percibir avances. O sea, tiene en su cuaderno ma-me-mi-mo-mu, el abecedario, y cuando le digo cosas que no tienen ningún sentido como foca, fito, flaco, las escribe con “f”, ¿eso es avance? Yo digo: es apenas uno de los indicadores, a mí me importa también que distinga lo que es una poesía de una narrativa, que sepa que una definición de un diccionario no se realiza como un cuento, que sepa qué es buscar información, que sepa cuándo la encontró.

Si hoy día nadie se asusta de que un chico de cinco años quiera entrarle a la computadora por qué nos vamos a asustar si quiere entrarle a un libro. La verdad no me parece correcto.

Con las nuevas tecnologías están pasando cosas muy interesantes, algunas las sabemos pero no hemos reflexionado quizá lo suficiente sobre ellas. En la misma pantalla tengo una tecnología instalada que me permite la comunicación a distancia, que me sugiere ‘escribe y mándalo rápido. No revises’, (…) es decir el correo electrónico. El medio suscita la rapidez y la no revisión. Ahí aparece cualquier cantidad de errores de ortografía. (…) Ahora, con la misma pantalla, el mismo teclado, entramos en el procesador de palabras y ahí tengo un corrector ortográfico que lo puedo activar y me alerta. Entonces frente a algo que llamamos la computadora en algunos casos suscita ‘ni te ocupes de la ortografía’ y en otros suscita ‘ocúpate o yo me ocupo por ti. Yo estoy alerta, tú sigue, pero luego revisa porque yo te estoy diciendo aquí pasa algo’. (…) La escuela tendría que aprender a usar inteligentemente los correctores, los chicos lo están haciendo sin problemas. Me parece que con los correctores de ortografía se está teniendo la misma reacción de rechazo que hubo con las calculadoras de bolsillo. (…) Pasaron varios años para que la escuela descubriera que se podía hacer un uso inteligente de las calculadoras. (…) Lo mismo pasa con estas cosas: en lugar de pelearse con la tecnología, la escuela debería preocuparse por hacer un uso inteligente de ella, sobre todo cuando son tecnologías que llegaron para quedarse.

A mí no es que no me importe la ortografía, lo que me pregunto es si seremos capaces algún día de pensar inteligentemente sobre la ortografía en lugar de asustarnos de los errores.

(…) No es un pecado capital cometer un error de ortografía. Me parece que en muchos casos la ortografía es inhibitoria y no le veo la ventaja. Si un chico no escribe porque tiene miedo de cometer un error de ortografía, yo prefiero distenderlo y que escriba porque además sé que hoy día hay otros recursos para controlar la ortografía que, eventualmente cuando ese chico crezca tendrán una disponibilidad mayor. Y eso a pesar de que a mí me molestan los textos con errores de ortografía.

Estamos un poco cansados del discurso que le echa la culpa siempre al nivel anterior. (…) Si yo pienso que la alfabetización es cosa de primer y segundo grado y ahí acabo, es que no estoy viendo la alfabetización como ingreso a la cultura escrita. Si la veo así sé que en cada nivel educativo voy a tener que enfrentar a los estudiantes con textos que son desafíos nuevos porque es propio del saber acumulado que quiero transmitirles en ese momento.

Cuando empecé a difundir estos resultados (…) los primeros que se animaron a ponerlo en práctica (…) fueron las escuelas privadas. Primero en Brasil. Cuando me empezaron a mostrar los resultados yo dije ‘si solamente la escuela privada lo toma, yo voy a contribuir a ensanchar la brecha que ya existe entre público y privado’, entonces fue cuando me concentré furiosamente en hablar para el sector público, insistir en la responsabilidad del sector público, porque son los sectores más postergados los que necesitan más de la escuela. Si la escuela no cumple bien su misión no hay otra instancia de reemplazo, no tienen más que a la escuela para hacer el despegue en esta vida. Si yo asumo que si no está la escuela no hay ninguna cosa de reemplazo alrededor, la responsabilidad escolar es mayor. No hay nada peor que el achatamiento de los objetivos educativos y eso está pasando.

Una maestra que tiene delante veinticinco o treinta chicos, mejor que piense que todos pueden aprender y no que esté pensando cuáles son los cinco o seis disléxicos que tengo en el grado porque va a terminar encontrándolos. Por ése es el efecto de la profecía autocumplida. Es mucho más sano desde el punto de vista del accionar docente el pensar ‘todos pueden’ que el pensar ‘vamos a ver quiénes pueden’. El maestro que consigue generar entusiasmo, compromiso, que se sorprende con las preguntas de los chicos, los deja hablar, toma nota de sus dificultades, de la información que van trayendo, ese maestro es un compañero en el aprendizaje, además enseña, ¡ojo! no deja de enseñar.

(1) Descubrimos con algunos colegas, luego de publicar esta entrada, que el artículo data de 2003 -no sabemos si la de hoy es una re publicación o un error-, lo que le da una vigencia única en vistas de lo poco que se ha avanzado en estas cuestiones.

Fuentes:
– Texto: Página/12
– Imagen: Curso alfabetización integral e inicial

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