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información - 34. página

La falsa ilusión de una red social a medida

tapita

Aunque no es la primera vez que lo hacen -el año pasado presentaron algo similar en formato de video-, los muchachos de Facebook han levantado una buena polvareda este año con su «Year in Review» o «El año de…» en nuestro idioma. Tanto, que tuvieron que salir a pedir disculpas por algún resumen que mostraba malos recuerdos a una persona dentro de lo sucedido en el año que termina.

El algoritmo utilizado por Facebook es muy simple: resalta las fotos con más “likes” o «me gusta» de la cuenta en cuestión. Cómo es lógico entonces, aquellas fotos que más simpatía o adhesión generaron entre los contactos del usuario son las que aparecen, más allá de que se traten de postales de una celebración o retratos de un dolor compartido.

Sin embargo, y he aquí el meollo de la cuestión, toda la herramienta es totalmente configurable y es posible editar tanto los textos como las fotografías que se muestran.

Pero claro, la gente de Facebook –que parece no caer en la cuenta de que este monstruo que ha creado se alimenta a pura inmediatez y fugacidad-, pretende que el usuarios se lance sin más a configurar cosas que no entiende ni desea entender.

No deberíamos olvidar, además, que Facebook arma ese muestrario de estados emocionales con la información que nosotros mismos fuimos subiendo a lo largo del año. No aparece por generación espontánea. Tampoco se trata de que Facebook vaya a recorrer internet buscando material para publicar. No, fuimos nosotros mismos quienes decoramos nuestros muros con aquello que creímos necesario, conveniente o apropiado publicar. Depositar entonces la responsabilidad -o la culpa- de ello a un algoritmo que toma sucesos que nuestros contactos transformaron en importantes para organizarlos por fecha, decorarlos y mostrarlos en nuestro propio muro todo junto es al menos, ingenuo.

No deja de mostrar cierta incoherencia de nuestra parte molestarse por algo que no sólo es automático, sino además es una recopilación de lo que nosotros mismos publicamos. El sistema tiene sus reglas y así funciona. Se puede exigir un mejor funcionamiento y un cumplimiento de aquello que se promete, pero de allí a pretender que todo cambie para ajustarse a nuestros intereses y aun caprichos, suena a autoritario. 

Si no me gusta lo que se hace u ofrece, o no me conviene, debería retirarme. Y punto.

Tal vez sea hora de pensar qué y cómo publicamos, teniendo en cuenta que la privacidad –quién y cómo lo ve- y aún la intimidad -si otros realmente necesitan o deben verlo– corren por nuestra cuenta.

Es decir, corren por cuenta de nuestra comprensión -y acción consecuente- de los derechos que nos caben en el ejercicio responsable de nuestra ciudadanía digital.

Nosotros decidimos.

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La mejor manera de proteger tu privacidad

La mejor manera de proteger tu privacidad en la red es asumir que no la tienes y modificar tu comportamiento en línea de acuerdo con ello.
[Dennis O’Reilly, informático y escritor sobre tecnología]

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Multipolar, fragmentada y descentralizada

No he visto sobre el terreno eso sobre lo que preconizan los mandamases del Silicon Valley: conversaciones globales a las que todo el mundo se uniría, fronteras que se reducen o atenúan, idiomas que se convierten en menos importantes, la cultura que se uniformiza. Contrariamente a lo que pensamos, el riesgo de especialización y de reforzar los vínculos comunitarios ya establecidos existe y es muy grande en internet. ¿Pero por qué? Porque internet refleja la vida, nuestra manera de vivir y desde ese punto de vista nos cambia menos de lo que creemos.
En el mundo hay 2700 millones de personas conectadas. En cinco años serán 5000 millones y estos que vienen hablarán menos inglés y estarán muy ligados a su pueblo. Esta fragmentación y territorialización me parece que son el futuro de Internet. La culpa no la tiene Internet, es que resulta que la gente vive así, incluso aunque existan formas de diálogo más abiertas con otras comunidades y culturas.
La novedad es que si se quiere, se puede acceder a ellas, mientras que antes no se podía porque no teníamos acceso a lo diferente. Hace mucho que podemos llamar a la India a diario si queremos, pero no lo hacemos porque no conocemos a nadie allí, no hablamos hindi, ni tendríamos nada que decir. Internet existe y permite un cambio extraordinario en la economía y otros factores, pero no por ello nos va a transformar en ciudadanos globales.
[Frédéric Martel, filósofo francés, en una entrevista con la Agencia EFE publicada hoy por lanacion.com]

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Google nos sigue las pisadas

lupa

Ayer hice la siguiente comprobación: navegué durante un rato largo en el sitio de una gran cadena de electrodomésticos, mirando por un producto específico de una marca específica. Luego abrí en otra pestaña otro sitio de un contenido totalmente diferente, y la publicidad en ese sitio era de la misma cadena con el mismo producto de la misma marca que yo había buscado. En un momento tuve 4 sitios abiertos en 4 pestañas diferentes, y todas mostraban la misma publicidad.

De algo así ya nos alertaba Eli Pariser en su libro del 2012 «The filter bubble: what the internet is hiding from you». Básicamente, lo que afirmaba el autor en aquel trabajo es que internet no es tan libre y abierta como creemos, desde el momento en que Google condiciona los resultados de las búsquedas que hacemos según nuestros hábitos de navegación. Mi experiencia de ayer va en ese mismo sentido.

Pero esto no debería sorprendernos: de todo lo que hacemos en Internet queda un registro en los servidores de Google. Y esto se vuelve más y más crítico a medida que la empresa añade otros servicios a su cada vez más amplia y compleja oferta: no se trata solamente del buscador sino también de Gmail, Drive, G+, You Tube, Maps y tantos otros servicios que ofrecen en la red.

A partir de la información que reúnen gracias al uso que hacemos de esos servicios, Google sabe de nuestros movimientos, nuestros gustos y nuestros estados de ánimo, entre otro tanto contenido de valor que le ofrecemos a diario.

La buena noticia es que podemos saber qué saben de nosotros. Al menos, es lo que suponemos.

El medio on line 24hs.cl publicó recientemente una lista de seis links que nos muestran lo que Google sabe de nosotros:

1. https://www.google.com/ads/preferences/

Este link muestra nuestro perfil básico, con información acerca de nuestros gustos, edad, género y otros datos que Google recolecta y almacena en base a nuestros hábitos de navegación.

2. https://maps.google.com/locationhistory

Si utilizamos un teléfono con Android, Google habrá registrado nuestro recorrido en todo momento. En este link accedemos a dicho registro.

3. https://history.google.com

Aquí se registra cada búsqueda que realizamos y cada click que hicimos en sus anuncios.

Circula en la red el dato de que Google borra nuestras búsquedas luego de 9 meses; sin embargo, cuando yo comencé a borrar las mías -antes de usar la opción de borrar toda la data, cosa que hice por cansancio- llegué hasta octubre de 2009.

4. https://security.google.com/settings/security/activity

Google lleva el registro de los dispositivos desde los cuales nos hemos conectado a nuestra cuenta. En este link, a través de la dirección IP podemos saber desde que equipo se ha iniciando sesión. Es útil en caso de cuentas robadas.

5. https://security.google.com/settings/security/activity

Google muestra aquí una lista de todas las aplicaciones que utilizan tu cuenta de correo electrónico para acceder a ellas.

6. https://www.google.com/takeout

Desde aquí se pueden bajar todos los datos e información que Google guarda: marcadores de Chrome, e-mails, contactos, archivos de Google Drive, tu información de perfil, tus videos subidos a YouTube, fotos, etcétera.

Existe una extensión para el navegador, gratuita y totalmente configurable, llamada Adblock Plus, que suele recomendarse en estos casos porque resulta útil para bloquear banners, ventanas emergentes con publicidad y anuncios de video, pero eso sólo evita la aparición de publicidad molesta. La información sobre nosotros y nuestros hábitos de navegación, que como dijimos son los que finalmente generan esa publicidad, seguirá acumulándose en los servidores de Google.

Así que usar este tipo de extensiones o aplicaciones sería algo así como negar que las brujas existen. Pero las hay.

Fuente:
– 24hs.cl
– Reseña del libro «The filter bubble: what the internet is hiding from you», de Eli Pariser.
– La conferencia de Pariser en TED, presentando el tema del libro.

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