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información - 33. página

La ‘internet de las cosas’, ¿sueño o pesadilla?

En mi columna en el programa Otra Vuelta, hablamos acerca de la llamada «internet de las cosas» y los riesgos de privacidad que conlleva, a partir del incidente de Samsung y su sistema de reconocimiento de voz en sus Smart TV.

El programa, conducido por los periodistas Lalo Puccio y Gabriela Sapienza, se emite de lunes a viernes de 18 a 20 hs. por Radio Nacional Rosario.

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Lo que dicen nuestros ‘Me gusta’

Dislike-button

En línea con lo que publicábamos tiempo atrás, referido a un estudio de la Universidad de Cambridge que determinó con más de un 80% de efectividad el coeficiente intelectual, orientación sexual, ideologías políticas y creencias religiosas de miles de usuarios de Facebook basándose en sus clics en “me gusta”, se publica ahora otro estudio en el mismo sentido, que afirma que Facebook puede saber más de una persona que su propia familia, justamente a partir del uso que hacemos de esa herramienta.

Nuevamente la Universidad de Cambridge, esta vez en conjunto con la norteamericana Stanford, se dieron a la tarea de investigar cómo la suma de los «Me gusta» que damos, ofrece información sobre quiénes somos.

Los investigadores querían obtener un perfil de un grupo de usuarios que fuera más acertado incluso que el que pudieran formar sus propios familiares o amigos, basándose únicamente en sus «me gusta». Reunieron para tal fin a 86.000 voluntarios, a quienes se les hizo un cuestionario de 100 preguntas sobre ellos mismos. Al mismo tiempo, invitaron a sus amigos y familiares a contestar un cuestionario psicológico estándar y obtener así sus perfiles. Para el análisis de los resultados implementaron el programa Apply Magic Sauce, una API que determinó los rasgos psicológicos de cada uno de los voluntarios.

Los resultados se publicaron en la revista PNAS – Proceedings of the National Academy of Sciences, bajo el título “Los juicios de personalidad basados en datos de computadora son más precisos que los hechos por humanos”.

Según los resultados, analizando tan solo 10 “me gusta”, el programa sabe más de una persona que lo que sabe un compañero de trabajo. Con 150 “me gusta”, el programa es capaz de saber más que la madre del participante. Con 300 “me gusta” de un perfil el programa, según afirman, sería imbatible.

Teniendo en cuenta que, por ejemplo, hoy en día es normal que los empleadores miren el perfil de Facebook de un aspirante a un puesto para saber si ese candidato es apto para el trabajo, no es difícil comprender el alcance de esto: con sus «me gusta», las personas revelarían bastante más acerca de sí mismos que escribiendo o publicando fotos.

Se sabe de sitios de citas, por mencionar otro caso, que analizan los «me gusta» de las personas para establecer grados de compatibilidad. Todo esto, sin mencionar aquellas situaciones en las que un «me gusta» en la foto equivocada ha destruído parejas en un arranque de celos.

Paradojas de la virtualidad mediante, un «me gusta» distraído o al pasar, o por un simple deseo de popularidad puede poner nuestra privacidad en riesgo, mucho más que otras acciones posibles en la red social.

Fuente: Telemundo

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Facebook y un riesgo por omisión

nornas fb

Desde hace varios días, junto con algunos colegas y contactos en Facebook estamos denunciando una página en esa red social sin obtener una respuesta satisfactoria hasta el momento.

Por medio de un contacto en común me llegó la queja de un usuario que alertaba sobre la existencia de una página en Facebook llamada «Jovencitas & Niñas Hermosas de 10 a 17 años». Según observó, dicha página consistiría en «una repugnante exhibición de niñas menores de edad que no sólo atenta con la dignidad de ellas sino que promovería la pederastía y la trata de menores entre otras cosas».

El usuario consideró apropiado denunciar la página, método establecido por Facebook para informar acerca de contenidos inapropiados u ofensivos en esa red social. Hecha la denuncia, todo lo que obtuvo por respuesta fue que para Facebook la mencionada página «no infringe nuestras normas comunitarias».

Al momento de escribir esto y luego de varias denuncias, sólo se mostraba en la página en cuestión una foto en la que se ve a una niña pequeña posando con un vestido de dos piezas, lo que a primera vista no constituiría infracción o delito. Pero no se trata de un usuario mostrando inocentemente sus fotos familiares, sino de un sitio que, a juzgar por el nombre mismo de la página, recolectaría y exhibiría fotos de menores.

La gran cantidad de usuarios enfadados que publican sus quejas y repudios en la propia página, podría ser considerada como una demostración de que las imágenes que se mostraban indignaron a muchos. Pero no a Facebook.

Yo me sumé a las denuncias y recibí la misma respuesta:

Hemos revisado tu denuncia (…) Gracias por tu interés en denunciar algo que consideras que infringe nuestras Normas comunitarias. Denuncias como la tuya tienen una función importante en convertir Facebook en un entorno seguro y acogedor. Hemos revisado la página que has denunciado (…) pero no infringe nuestras Normas comunitarias.

En las mencionadas Normas comunitarias, sólo se hace referencia directa a los menores en un párrafo que dice lo siguiente:

La política de Facebook prohíbe terminantemente que se comparta contenido pornográfico o cualquier otro contenido sexual en el que esté implicado un menor.

Esto significaría, en una primera lectura, que la infracción debe ser flagrante, explícita y directa, lo que implicaría que cualquier forma sutil o solapada de abuso o intento de él no sería tenido en cuenta. Si para Facebook no existen grados o sutilezas para este delito, como pareciera desprenderse de este texto, se trataría de una omisión que como tal corre el riesgo de convertirse en complicidad.

Facebook bloquea y elimina fotos y aun perfiles con un criterio difícil de comprender. El adecuado criterio que utiliza para eliminar fotos de desnudos o violencia parecería no aplicarse a temáticas que requieran de inteligencia o perspicacia a la hora de observar y evaluar.

Si esa tendencia a la literalidad no constituyera por si misma una limitación importante, queda la evidencia de la gran cantidad de denuncias que fueron hechas. ¿No alcanza eso para que consideren importante detenerse y evaluar con mayor profundidad la cuestión?

Parece ser que Facebook elimina velozmente aquello que ve, pero tendría enormes dificultades para leer entre líneas y ver que hay detrás de aquello que están mirando.

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Desconectados con el debate

LN CI

Al momento de escribir estas líneas, el artículo titulado «(Des)Conectar Igualdad: un programa que inspiró elogios, pero hoy recibe críticas», escrito por Denise Rabin para La Nación, a escasas horas de ser publicado tiene más de 650 comentarios.

Si bien es cierto que es prácticamente imposible soslayar en los comentarios de artículos de este tenor la chicana política y la opinión tendenciosa -entreveradas con la buena fe de muchos-, soy de la opinión de que la cantidad de participantes indica en alguna medida lo poco que se debaten estas cosas.

Fui consultado por la periodista durante la investigación para el artículo y -más allá de ciertas reservas de mi parte con respecto al medio de origen en cuanto al abordaje de esta cuestión puntual- participé con la expectativa del debate que esto puede generar. Cómo le respondí a una colega que comentó el artículo en mi perfil de Facebook, creo que la nota tiene el valor de lo objetivo, desde que nos permitió hablar a quienes de un modo u otro vivimos la experiencia. No es el estado y tampoco son los ‘especialista’ quienes opinan, sino los trabajadores que cada día confrontan la situación en el aula.

En lo personal, escribí mi primera entrada al respecto de la entrega de notebooks en la escuela en marzo del año 2006, cuando el proyecto era parte de una idea global llamada OLPC (One computer per child), y ya iban saliendo a la luz algunas contradicciones que no habilitaban el optimismo.

Una de esas contradicciones, sobre las cuales hablo no sólo en el artículo en cuestión sino también en otros, es que el Plan Conectar Igualdad alcanza sólo a los alumnos de la escuela pública dejando afuera a los de la escuela privada, asumiendo que todas las escuelas privadas cuentan con sus propios recursos. Esta decisión ignora el hecho de que existen escuelas privadas confesionales o dependientes de otras instituciones en zonas de riesgo en las que los recursos apenas alcanzan. De este modo, se deja afuera de esta especie de «paraguas digital» a una gran porción del alumnado que supuestamente está favorecido por tener una computadora en su casa.

Esta situación generó un hecho para nada inocente: fue aprovechado por algunas poderosas editoriales escolares, que comenzaron a ofrecer a ciertas escuelas privadas con poder adquisitivo su propio modelo, las llamadas «aulas digitales».

Otra objeción de mi parte tiene que ver con la capacitación: si hacemos con la notebook lo mismo que con un libro o una calculadora, sin el valor agregado de la experimentación, la búsqueda, la innovación, la creatividad, entonces sólo cambió el formato y hubo una simple transferencia de lo analógico a lo digital. Pero para ello se requiere capacitación. Amplia, abarcativa, creativa, dinámica. Y presencial, desde ya.

Es innegable que la entrega de las máquinas, aun parcializada y con fallas, es siempre ventajosa. Puso el dispositivo en manos de los chicos, y eso siempre es un avance. Si era el dispositivo correcto y adecuado -no se fabrican más las netbook, ¿no hubiera sido conveniente entregar tablets?- es otra discusión. Lo importante es que las máquinas están y ayudan de alguna manera a cerrar la brecha digital, al menos en los sectores más postergados.

La pregunta entonces, es: ¿alcanza sólo con el aparato, o se necesita también un proyecto que le brinde contenido, que lo haga provechoso, con sentido? Alli, sin dudas, se encuentra la deuda fundamental del Plan.

La nota completa puede leerse haciendo clic en este link.

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Tecnología, capitalismo y control

Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas y utilizarlas. Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas, poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje;
las sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería o la introducción de virus. Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún, una mutación del capitalismo.
[Gilles Deleuze en “Posdata sobre las sociedades de control”]

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