Saltar al contenido

educación - 25. página

Del dicho al hecho…

…Hay mucho trecho. Esa frase, típica de la abuelita, se ajusta muy adecuadamente a los dichos de ciertos teóricos de la tecnología. Y ni que hablar de los políticos.

En el último seminario del que participé se habló de aulas virtuales, nuevas tecnologías, etc. Todas cosas maravillosas a las que muchos dedicamos tiempo, estudio y trabajo. Pero mientras hablaban los disertantes (en particular, cuando lo hizo una representante del estado), se me ocurrió que cuando quisiera aplicar algunas de esas teorías sería bastante difícil de lograr, algo así como pretender teorías de Europa del norte en Africa central.

Me explico. Cuando el docente necesita quitarle tiempo y recursos a otras cosas para poder capacitarse, para desarrollar proyectos, para investigar, porque las escuelas (el sistema en general) pagan solo las horas frente al aula, es difícil reconocer que las nuevas competencias tecnológicas para todos los docentes son una realidad para la cual el docente debe capacitarse. Y estas son teorías que son sólo aplicables con docentes dedicados tiempo completo, que no tenga que correr de una escuela a otra para completar un sueldo magro.

Con sueldos pobres y sin soporte económico para el estudio, la investigación y la capacitación, es sumamente difícil progresar. Podría decirse, y con serias dudas que eso sea totalmente así en todos los casos, que sólo la universidad provee un margen para las actividades de investigación. El resto, poco y nada.

Las teorías más brillantes mueren de cara a la realidad si no se adecúan a ella. No estoy hablando de «nivelar hacia abajo», negando el avance y la capacitación tecnológica, sino de que la cuestión académica sea resuelta siendo conscientes de la situación real del país, y consideando que cada integrante de la comunidad docente es parte fundamental para que el sistema funcione.

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo

Escribimos más, pero… ¿mejor?

Los analistas del fenomeno internet de estos tiempos dicen, con razón, que el correo electrónico y el chat lograron recuperar para la humanidad (al menos para el porcentaje que puede acceder a internet) el hábito de la escritura.

El acto de escribir siempre fue común a las relaciones entre las personas; existen bibliotecas completas de libros conteniendo el registro del intercambio epistolar entre próceres, escritores, amantes, gente común, y más. Así que ver a tanta gente escribiéndose simultaneamente de un rincón a otro del planeta es ciertamente alentador, sobre todo después de un período en el que parecía que la gente dejaba todo para mirar la tele, y suplía con el teléfono los brevísimos y escasísimos contactos necesarios.

Si, es cierto, se escribe más, pero no mejor.

Cada día recibo correo con increíbles faltas de ortografía, o con una sintaxis digna de un chino hablando quechua (esto dicho con todo respeto hacia ambas culturas). Y hablo de gente preparada (eso dicen). Gente grande, che.

Así que, humildemente hago un modestísimo llamado todo aquel que escribe y envía un correo electrónico: no sólo escribamos más; también hagamos un esfuerzo por escribir mejor.

A pesar de los medios y, sobre todo, de la tele.

Si te parece que este contenido suma, te invitamos a compartirlo