Al inicio del siglo XX, pocas enfermedades daban más miedo a los padres de familia que la poliomielitis. La polio atacaba en los meses cálidos de verano, y cada cierto tiempo, las epidemias arrasaban las ciudades. Aunque la mayoría de las personas se recuperaba rápidamente de la polio, algunas sufrían parálisis temporal o permanente, e incluso morían. Muchos sobrevivientes de la polio quedaban discapacitados de por vida, y eran un recordatorio, visible y doloroso para la sociedad, de las grandes cantidades de vidas jóvenes que cobraba la enfermedad. (…) Gracias a la vacunación generalizada, la polio quedó eliminada del hemisferio occidental en 1994. En la actualidad es una enfermedad aun presente en unos cuantos países, con contagios ocasionales a los países vecinos (en 2016, los países endémicos son Afganistán y Paquistán), pero se realizan programas intensos de vacunación para eliminar estos últimos puntos. Todavía se recomienda la vacunación contra la polio en todo el mundo, debido al riesgo de los casos importados.
The History of Vaccines, The College of Physicians of Philadelphia
educación - 18. página
La educación y sus cambios a paso lento… muy lento
Mientras hacían reparaciones en una sala de clases de una escuela de Oklahoma, en los EE.UU., los constructores encontraron pizarras con escritos y dibujos que rondan los 100 años.
No puedo dejar de pensar en que, si hiciéramos la comparación entre un automóvil, un avión o una máquina de cálculo de 1917 con una actual, las diferencias serían abismales, tanto que se harían casi irreconocibles. En cambio, cuando miro estas imágenes de 1917 me remiten a lo que suele verse en muchas escuelas hoy.
No podemos negar que muchas cosas han cambiado en la educación, particularmente en cuanto a teorías pedagógicas, pero ¡qué parecidas se ven!
Fuente: Infobae
‘No cualquiera es tu amigo’
«En el mundo digital se cuentan muchas historias. No dejemos que se sigan contando historias como ésta. #ConcienciaMovistar»
Así presenta Movistar MX el spot «Love Story», un impactante trabajo que alerta sobre el riesgo de los adultos que se hacen pasar por niños para acosar a otros.
Nos alegra que las grandes empresas inviertan también en educar y difundir estas problemáticas, y no solo en vender productos. Hay una responsabilidad social, creemos, que deben ejercer, y en este caso lo hacen.
Un trabajo para ver, reflexionar y compartir.
Internet no olvida, en el SMI@R
El video a continuación es un extracto o resumen -el tiempo asignado en la ocasión fue de 15 minutos- de mi charla titulada Internet no olvida, presentada en la ocasión como parte del ciclo Social Media Inclusive de Rosario el 2 de Junio de 2016, realizado en la Sala Lavardén de nuestra ciudad.
Esperamos que lo disfruten. Consultas e invitaciones a presentar la charla serán recibidas con gusto. El lector puede usar el formulario de contacto, aquí mismo.
Muchas gracias a Daniel Krichman por la organización del evento y la edición de este video.
La diferencia conceptual entre un alumno escolarizado y el alfabetizado
Leyendo a Michel Serres, filósofo y ensayista francés, en Pulgarcita -reconozco que tardíamente, es un trabajo de 2012- se mezclan muchas convicciones y algunas tristezas. Serres promueve y augura los cambios necesarios en la educación al tiempo que reconoce la dificultad central en esa cuestión: quienes organizan las reformas lo hacen según modelos perimidos desde hace largo tiempo. Mientras tanto –pensamos- el actor principal sigue creando su propio ecosistema -o «digitosistema»– a su ritmo y frente a las incertidumbres -o inoperancia- de los adultos.
No puedo más que coincidir con esa mirada. Históricamente, la escuela fue un ámbito mayormente cerrado, un mundo particular girando en su propia galaxia ajena y aislada de lo cotidiano. El mundo no entraba en la escuela, la escuela salía a él para mirarlo como un espectador, y en el mejor de los casos, analizarlo pero sin mezclarse. Ya en una excursión, una vista a una fábrica o un recorrido por el museo, eran todas excursiones al afuera como turistas de una realidad que de todos modos habitábamos, pero después de la campana de salida.
Hace varios años escribí un artículo que titulé El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar, a partir de algunas ideas que fueron surgiendo mientras preparaba una serie de talleres que presenté luego en una escuela local, sobre algunas herramientas y servicios digitales que los docentes teníamos -tenemos- a la mano para utilizar en nuestras clases. Ese texto se convirtió luego en el eje de mi tesis final de la capacitación docente, así de relevante me resultó.
La experiencia viene a cuento porque aquel escrito tuvo una cantidad de comentarios entusiastas -en el mismo post y en charlas personales-, todos ponderando el acceso a esos recursos y el conocimiento de ellos. Pero uno en particular me llamó la atención: una docente innovadora, con años de experiencia en el aula y en la gestión, me hizo la salvedad de que reconocía el valor de los recursos digitales, pero reivindicaba espacio-aula como el lugar más relevante de la escuela. Siempre creí que esa, aun en boca de una hacedora, fue una confesión de incertidumbre.
La escuela, o mejor dicho los adultos que la habitan, necesitan, anhelan, se exigen cerrarse sobre si mismos y proteger ese territorio que temen perder.
Pero años después la realidad demuestra lo que ya sospechábamos: aquella resistencia fue vencida y el mundo -el digital- se metió con toda su prepotencia en la escuela, y aquella incertidumbre convirtió a sus referentes adultos, en muchos, tal vez demasiados casos, en espectadores absortos, que solo atinan a criticar aquello que los confunde: la nueva realidad de chicos hiperconectados que reclaman nuevas maneras de organizarse, de aprender, de cuestionarse, de actuar y aún de ser.
En palabras del propio Serres, «hoy la pedagogía cambia por completo con las nuevas tecnologías, cuyas novedades son sólo una variable cualquiera dentro de la decena o la veintena que (…) podría enumerar. Este cambio (…) repercute poco a poco en todo el espacio de la sociedad mundial y el conjunto de sus instituciones caducas». De allí es que entendemos aquella insistencia de los reformistas de la educación: opinan, proponen, legislan y arriesgan sobre los viejos modelos perimidos, concebidos para una escuela que ya no existe, porque es aquella sociedad que los propuso la ya no existe. Como en una noria, cada propuesta parece ser una vuelta más en redondo sobre las mismas viejas ideas. Los avances no son avances, son solo una vuelta más. Rascando la superficie de cada novedosa teoría vuelve a emerger el pasado.
Algunos ejemplos de decisiones desacertadas por lo anacrónico -como la prohibición de uso de los celulares en la escuela o la eliminación del espacio específico para adentrarse en el mundo digital-, y aun la cara del especialista que hablaba loas del pretendido cambio del libro por la netbook de Conectar Igualdad cuando le pregunté «¿Y eso que cambia?», hablan a las claras, entendemos, de aquella incertidumbre a la que nos referíamos párrafos más arriba.
Los nuevos paradigmas englobados en «neologismos pedagógicos» que pueblan las propuestas en apariencias innovadoras, suelen esconder otros propósitos, algunos comerciales -onerosas conferencias, elevadas cuotas escolares, etc.-, otros desviados de la realidad -meritocracia y evaluaciones que solo sirven para llenar estadísticas-, ninguno de ellos orientados, presumo, a lograr consensos y cambios genuinos.
La educación experimenta hoy un cambio cultural que necesita de la reflexión y la participación de todos sus actores, con la certeza de que en la base de ese cambio se encuentra la enorme diferencia conceptual que existe entre un alumno escolarizado -en tanto parte del sistema- y el alfabetizado que cuenta con recursos para enfrentar las realidades y exigencias del siglo XXI.
Imagen: Blog Biblioteca UniZar
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