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cultura - 3. página

Sobre cómo perder una oportunidad histórica y enterarse tarde

A finales de los años ’70 Xerox PARC, el laboratorio de I+D de la empresa Xerox en Silicon Valley , había creado la computadora moderna.

¿No me cree? Mire lo que el dispositivo, que recibió el nombre de Alto, podía hacer:

  • Fue la primera computadora con una interfaz gráfica de usuario, es decir que tenía un mouse y una pantalla en donde mover un puntero para hacer clic sobre las cosas en pantalla.
  • Fue la primera en conectarse en red, y la primera en recibir un correo electrónico interno.
  • Y fue la primera computadora en utilizar programación orientada a objetos. ¿Le suena? Todos los programas informáticos de hoy en día, con los que cuenta su computadora, su teléfono y la mayoría de los dispositivos electrónicos, se basan en ese modelo de programación.

Usted se preguntará por qué entonces nunca oyó hablar de esta maravilla, y es que hay una historia detrás que es la historia de uno de los mayores errores empresariales conocidos, y se estima que le costó a la empresa unos 1400 millones de dólares, que es aproximadamente el valor combinado de Apple, IBM y Microsoft, tres de los involucrados en esta historia.

La serie de decisiones que llevaron al desastre comenzó en 1979, cuando Xerox invirtió en Apple. Como parte del acuerdo, le dieron acceso a Steve Jobs a sus laboratorios. El resto es historia: Jobs usó este acceso a Alto para construir Lisa y finalmente el primer Mac. A su vez Bill Gates, que estaba comenzando a escribir el software de Microsoft Office para Mac, tenía en ese momento acceso al código fuente de Apple. Dos más dos es cuatro, hagamos también nosotros nuestro propio artefacto. IBM fabricó el hardware y Microsoft desarrolló el software.

Nadie en la sede central de Xerox se percató de que todo esto estaba sucediendo. En palabras de Jobs, “si Xerox hubiera sabido lo que tenía y hubiera aprovechado sus oportunidades reales, podría haber sido tan grande como IBM más Microsoft más Xerox combinados, y la empresa de tecnología más grande del mundo.”

El caso es que los directivos de Xerox no conocían su propia investigación y desarrollo, por lo que no tenían una noción cabal de su valor. Cuando un miembro del equipo de I+D de Alto en los laboratorios PARC se negó a mostrarle la tecnología a Steve Jobs, seguramente por conocer el paño, los directivos ignoraron su consejo y lo obligaron darle acceso a la valiosa información.

El resto es historia.

Fuentes
Quora en español
Creation Myth
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Tiempo de responsabilidad

«Si un hombre educado de los días de la primera revolución tecnológica -tal vez un sumerio educado o un chino antiguo educado- nos viese a nosotros hoy, sin duda quedaría totalmente estupefacto ante nuestra tecnología, pero también estoy seguro de que hallaría una cierta nota familiar en nuestra instituciones sociales y políticas actuales. Al fin y al cabo, en términos generales, éstas no son fundamentalmente diferentes de las instituciones que crearon él y sus contemporáneos. Y estoy totalmente seguro de que sólo dedicaría una sonrisa de conmiseración tanto a aquéllos de nosotros que pronostican un paraíso tecnológico, como a aquéllos que predicen un infierno tecnológico de alienación, de desempleo tecnológico, etc. Muy bien podría murmurar para sus adentros: ‘Ahí es donde llegué yo’, pero, en cambio, cabe que a nosotros nos dijera: ‘Un tiempo como fue el mío y como es el vuestro, un tiempo de auténtica revolución tecnológica, no es un tiempo de exultación, pero tampoco es un tiempo de desesperación. Es un tiempo de trabajo y responsabilidad’.»

Peter Drucker (1978)

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Videollamadas, esa novedad que no es tal

El 20 de abril de 1964, hace ya 55 años, AT&T presentaba en Estados Unidos el Picturephone, un teléfono que permitía hacer videollamadas en la oficina o un lugar público. Sres. de WhatsApp y Facebook… lo suyo, nada nuevo bajo el Sol…

El servicio requería de un cableado especial, pero se instalaron cabinas desde las que se podía llamar de Nueva York a Chicago por ejemplo, para para comunicarse con otra persona mediante un pequeño televisor. Una segunda versión también permitía transmitir documentos. Debido su poca adopción, unos años después el servicio fue dado de baja. ¿El mundo no estaba listo?


Fuente: El Comercio (Perú)
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Siempre es interesante pensar con Puiggrós

En esta entrevista en el programa Marca de radio, la reconocida pedagoga Adriana Puiggrós habla sobre el rol de las empresas tecnológicas en la educación, el estado de la escuela secundaria y los «profesores taxi», el significado de los resultados de las pruebas masivas y la capacitación del profesorado, entre otros temas. Y responde a una pregunta que molesta: ¿aprendieron algo los chicos durante la pandemia?

Siempre clara y no huyendo a la polémica, es interesante prestarle el oído y pensar con ella. A continuación, el audio de la entrevista.


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Cómo actúan las vacunas de ARNm contra el COVID-19

El video más arriba muestra una animación del modo en que actúan las vacunas de ARNm contra el COVID-19. Las vacunas de ARN mensajero (ARNm) les enseñan a nuestras células a fabricar una proteína que desencadena una respuesta inmunitaria dentro de nuestro organismo. Como todas las vacunas, las de ARNm benefician a las personas que la reciben porque las protegen contra enfermedades como la enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19) y evitan el riesgo de que sufran consecuencias potencialmente graves si se enferman.

Las vacunas de ARNm recién ahora están disponibles para el público. Sin embargo, hace décadas que los investigadores estudian y trabajan con ellas. Debería usarse la misma vacuna de ARNm contra el COVID-19 para ambas dosis del esquema principal de vacunación de dos dosis y para la dosis principal adicional, si fuese necesaria. Sin embargo, puede usarse cualquiera de las vacunas contra el COVID-19 para la dosis de refuerzo. La vacuna utilizada para la dosis de refuerzo no tiene por qué coincidir con la vacuna del esquema de vacunación principal.


Fuente: Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health
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Los vikingos, 471 años antes

La isla canadiense de Terranova fue testigo de que los vikingos llegaron primero a nuestro continente. Hasta ahora no estaba claro el momento de la llegada y construcción del asentamiento en L’Anse aux Meadows, pero un nuevo tipo de técnica de datación -utiliza una tormenta solar como punto de referencia-, reveló que el asentamiento fue ocupado en 1021 dC, 471 años antes del primer viaje de Colón. El estudio se realizó en tres piezas de madera cortada, con el mismo resultado.

«Muchos elogios deberían ir a estos europeos del norte por ser la primera sociedad humana en atravesar el Atlántico», afirmó el geocientífico Michael Dee de la Universidad de Groninga en los Países Bajos, quien dirigió el estudio publicado en la revista Nature.

Los vikingos poseían extraordinarias habilidades para la construcción de barcos y la navegación, y establecieron asentamientos en Islandia y Groenlandia. Muchos arqueólogos creen que la principal motivación para buscar nuevos territorios fue descubrir nuevas fuentes de madera, en particular.

L’Anse aux Meadows se descubrió en 1960, sin poderse establecer la fecha precisa por los métodos convencionales, hasta ahora: el nuevo método de datación se basa en el hecho de que las tormentas solares producen una señal de radiocarbono distintiva en los anillos de crecimiento anual de un árbol. Se sabía que hubo una tormenta solar significativa, una explosión de rayos cósmicos de alta energía del sol, en 992 dC. En las tres piezas de madera examinadas, de tres árboles diferentes, se formaron 29 anillos de crecimiento después del que mostraba evidencia de la tormenta solar, lo que significa que la madera se cortó en 1021.

Aún no está claro cuánto tiempo fue ocupado el asentamiento, aunque pudo haber sido durante una década o menos. Sus estructuras se parecían a los edificios nórdicos de Groenlandia e Islandia.


Fuentes:
Nature
Yahoo! Finanzas 
Ciencia y más

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Paulo Freire, mucha cita y pocas nueces

En estos días se cumple el centenario del natalicio de Paulo Freire, pedagogo y filósofo brasileño destacado por su defensa de la pedagogía crítica y autor del influyente trabajo Pedagogía del oprimido, uno de los textos fundamentales de aquel movimiento.

Leemos en el excelente Hipermediaciones, que según un estudio realizado en la London School of Economics en 2016 la Pedagogía del oprimido era el tercer libro más citado en las ciencias sociales. Pero de allí al aula hay un trecho larguísimo, ya que poco llega a lo cotidiano, creemos.

A modo de homenaje, he aquí una cita que nos aproxima a su pensamiento, tomada de la mencionada obra «Pedagogía del oprimido» (Siglo XXI Editores. 1º edición):

No hay palabra verdadera que no sea una unión inquebrantable entre acción y reflexión y, por ende, que no sea praxis. De ahí que decir la palabra verdadera sea transformar el mundo.

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Julio Neffa: «Se rompió la barrera entre el trabajo y el tiempo de reposo»

La revista cultural Indómita entrevistó a Julio Neffa, economista, docente e investigador, en la que comparte su experiencia y pensamiento sobre el teletrabajo en el capitalismo neoliberal.

Para Neffa uno de los mayores problemas reside en el sufrimiento que surge del trabajo intenso, de la mayor fatiga, el menor grado de autonomía y la menor libertad en el trabajo. “Todas las personas que hacen teletrabajo, trabajan por lo menos 2 horas mas que cuando estaban en la oficina», afirma.

El problema se agrava aún más para los docentes, ya que los problemas de tipo laboral ahora repercuten sobre el cuerpo pero también sobre las dimensiones psíquicas y mentales, lo que se traduce en un impacto muy fuerte sobre la salud.

Por otra parte señala que la gente que trabaje en sus domicilios, al aumentar el control de los empleadores «va a favorecer a que el trabajador esté en una situación de disponibilidad para el empleador. Se ha roto esa barrera que había entre el trabajo y e tiempo de reposo». La cuestión es más grave para las mujeres: la fatiga se multiplica por 2 o 3 veces. La duración de la jornada total de las mujeres está cerca de las15 a 20 horas.

Aquí, la entrevista:


Fuente: Revista cultural Indómita

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Michael Sandel: «Debemos criar niños que tengan un sentido de gratitud y humildad cuando tengan éxito»

En determinada manera, la meritocracia es un ideal atractivo porque promete que si todo el mundo tiene las mismas oportunidades, los ganadores merecen ganar. Pero la meritocracia tiene un lado oscuro. Hay dos problemas con la meritocracia. Uno es que en realidad no estamos a la altura de los ideales meritocráticos que profesamos o proclamamos, porque las oportunidades no son realmente las mismas. Los padres adinerados son capaces de transmitir sus privilegios a sus hijos, no dejándoles en herencia grandes propiedades sino dándoles ventajas educativas y culturales para ser admitidos en las universidades. De hecho, en las universidades de la denominada Ivy League (…) hay más estudiantes que pertenecen al 1% de las familias con más ingresos del país que al 60% con menos ingresos. Así que el primer problema de la meritocracia es que las oportunidades en realidad no son iguales. El segundo problema de la meritocracia tiene que ver con la actitud ante el éxito. La meritocracia alienta a que quienes tienen éxito crean que éste se debe a sus propios méritos y que, por tanto, merecen todas las recompensas que las sociedades de mercado otorgan a los ganadores. Pero si los que tienen éxito creen que se lo han ganado con sus propios logros, también tienden a pensar que los que se han quedado atrás son responsables de estar así. Así que el segundo problema de la meritocracia es un problema de actitud ante el éxito que lleva a dividir a las personas en ganadores y perdedores. La meritocracia crea arrogancia entre los ganadores y humillación hacia los que se han quedado atrás.


(…) Por decirlo de otro modo: en lugar de encarar directamente la desigualdad ofrecieron el mensaje de que se podía conseguir la movilidad individual si se accedía a la educación superior, decían que para ganar en la economía global había que ir a la universidad y sacarse un título universitario, porque el dinero que uno iba a cobrar dependía de lo que había aprendido y estudiado, y que si uno se esforzaba podía lograrlo.


(…) Pero aunque puede ser de algún modo un mensaje inspirador, por otro lado es insultante, porque implica que si no has ido a la universidad y estás pasándolo mal en la nueva economía, la culpa de tu fracaso es sólo tuya. Y eso, insisto, es insultante para muchos trabajadores.


(…) Los que han llegado a la cima en la era de la globalización, llegaron a creer que su éxito era todo suyo porque lo habían ganado por sus propios méritos, y que los perdedores no tenían a nadie a quien culpar de su fracaso más que a ellos mismos. Eso refleja la idea meritocrática, porque si las posibilidades son iguales para todos, los ganadores merecen sus ganancias. A medida que estas actitudes se afianzaban, la arrogancia meritocrática llevó a los ganadores a creer que su éxito era el resultado de sus propios talentos y del trabajo duro, y llevó la desmoralización y la humillación a los perdedores. Y una de las formas más potentes y poderosas de reaccionar contra eso es la acción violenta y populista contra las élites. Muchos trabajadores sienten que las élites los desprecian, que no los respetan, no respetan el tipo de trabajo que hacen.


(…) Creo que deberíamos concentrarnos menos en preparar a la gente para la competencia meritocrática y centrarnos más en la dignidad del trabajo. Debemos impulsar medidas y políticas que hagan la vida mejor y más segura para los trabajadores, independientemente de cuáles sean sus logros y títulos académicos.


(…) Pero no me malinterprete: no digo que debamos abandonar el proyecto de igualdad de oportunidades. Ese es un proyecto muy importante, moral y políticamente. El error es asumir que crear más igualdad de oportunidades es una respuesta suficiente a las enormes desigualdades de ingresos y riqueza que ha provocado la globalización neoliberal.


(…) No debemos convertir la educación sólo en un instrumento de progreso económico, porque eso privará a nuestros hijos del amor por el aprender por el placer de aprender. Y otro aspecto importante que debemos inculcarles es que si tienen éxito el día de mañana será en parte gracias a su propio esfuerzo, pero en parte gracias también a sus maestros, a su comunidad, a su país, a los tiempos en que viven, a las circunstancias, a las ventajas de las que hayan podido disfrutar. Enseñar a nuestros hijos que su éxito sólo es resultado de su propio esfuerzo podría hacerles olvidar que están en deuda con los demás, incluida su comunidad. Debemos criar niños que tengan un sentido de gratitud y humildad cuando tengan éxito.


Michael Sandel, filósofo. Extractado de una entrevista de BBC News a propósito de su nuevo libro, «La Tiranía de la Meritocracia». Imagen: Memo.com.ar

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Docencia en la pandemia: un relato que es todos los relatos

Claudia Abraham es una amiga de un amigo.

No aparece en los canales de televisión, las radios o los periódicos. No le consultan sobre la pandemia o acerca de la educación en cuarentena. Tampoco se reúne en mesa redonda con aquellos que deciden cosas, como por ejemplo exponernos a los docentes al contagio por presión de los medios o la protesta de algunos padres. Nada de eso. 

¿Quién es? Claudia se define a sí misma, qué mejor, como «solo una maestra que hace 29 años que transita por las aulas de la escuela pública y que apuesta a transformar junto a sus alumnos y sus padres este mundo tan injustamente desigual». Nada menos. 

En esa apuesta rayana a la utopía, que nos hermana a los docentes en la tarea titánica de transformar por medio de la educación, Claudia nos representa a todos los docentes, creemos. De un modo u otro y en mayor o menor medida, su experiencia nos es común y de allí que sea tan valiosa: viene desde el llano y trae consigo el fuego en el que se cocina la realidad de cada escuela, cada alumno, cada familia y que hace probable aquella transformación.

Hasta aquí, una semblanza de quien nos representa, decíamos, con el texto a continuación, que compartimos con nuestros lectores agradeciendo la deferencia de Claudia de permitirnos publicarlo:


Qué pienso, cuál es mi situación.

Partimos de un piso común, que es el de reconocer que el Estado no se hace cargo de brindar herramientas para que docentes y alumnos tengamos acceso a las tecnologías, tanto en lo que implica la compra de computadoras como en lo que refiere a lo específicamente formativo.

En el “mientras tanto” -que ya lleva más de una década y media- muchos docentes nos fuimos comprando computadoras, y las familias de los niños que concurren a las escuelas públicas, incluso aquellas que viven en los barrios más humildes, fueron accediendo a celulares. El mayor problema, en el caso de los chicos, sigue siendo la conectividad. En mi caso particular, fui aprendiendo todo por ensayo y error.

Mi primer vínculo con la tecnología se dio en la segunda mitad de los ’90, cuando tuve que presentar trabajos en la facultad. Por supuesto que para esa época era impensable que pudiera comprarme una computadora; así que escribía los trabajos a mano y me iba a la casa de mi hermana a tipearlos. Digamos que estaba ante una preciosa máquina de escribir que me permitía borrar sin dejar marcas, guardar en un archivo y presentar de manera prolija las monografías y trabajos prácticos que entregaba a mis docentes de la Escuela de Letras.

Corría el año 2005 y yo seguía siendo una maestra pobre, con nulas posibilidades de adquirir tan preciado bien. Como ya tenía varios ciber cerca de casa, me iba allá a “escribir a máquina”.

Un día fui de visita a la casa de mi hermana, y mi sobrino Mauricio -que por entonces tenía 8 años- me dijo: “Tía, ya te abrí un correo. Vení que te enseño a usarlo”. De ese modo comenzó mi primera relación con Internet, lo cual me permitió recibir y enviar mails y leer distintos diarios y publicaciones.

En el año 2007 me compré la primera computadora e instalé cable e Internet en casa. Enorme fue mi felicidad cuando pude empezar a bajar libros que ya no se editaban, videos con música o películas. Escucho lo que decís sobre los dispositivos que se crearon cuando fue la Gripe A y quedo anonadada, porque en las escuelas de periferia como en la que yo trabajo, era impensable que los niños bajaran las actividades de una página web, como sí lo hacían los de las escuelas privadas.

Lo nuestro fue totalmente artesanal. El día en que se dispuso la suspensión de clases, preparamos actividades para un mes, las fotocopiamos para cada alumno y las dejamos en la escuela para que las mamás o los papás las retiraran en dirección.

En el año 2010 abrí mi cuenta en Facebook, y eso me permitió ponerme en contacto con gente del mundo real y el virtual. Entre los de la vida real, están varias generaciones de alumnos y padres. Con esto pude solucionar un problema cuando faltaba algún chico, porque enviaba las actividades por Messenger. También les sirvió a muchas mamás que estaban terminando la escuela secundaria con el Plan Fines o el Programa Vuelvo a Estudiar y me consultaban si tenían una duda, y a otras, que cursaban las carreras de Psicología, Historia o Ciencias de la Educación para que les hiciera alguna corrección de estilo en los trabajos que tenían que presentar.

Al día de la fecha, mi vínculo con la tecnología es el que me permiten mis posibilidades económicas. He tenido que priorizar cuestiones de salud que me resultaron sumamente costosas y no pude actualizar programas ni incorporar una cámara para hacer zoom. Tengo un celular que solo sirve para hablar y enviar mensajes de texto, y la pandemia me llegó en estas condiciones.

Supongo que te preguntarás cómo trabajé este año con chicos de tercer grado a los que apenas había visto seis días (en marzo tuvimos paros de 48 y 72 horas durante las primeras semanas). Como pertenezco al siglo pasado, buena parte de mi vínculo pedagógico ha sido epistolar. Todas las semanas desarrollaba mis clases por escrito, como si estuviera frente al aula, y una vez finalizadas las explicaciones, presentaba las actividades. Utilicé como recursos diferentes tipologías textuales y videos de YouTube.

Una vez armada la clase, se la enviaba por Messenger a una mamá, que se ocupaba de mandarla por WhatsApp al grupo de padres. Esto significa que hubo una importantísima mediación de los adultos para que los chicos pudieran trabajar porque tenían que leerles los textos que yo escribía. Muchos lo hacían desde el celular. Otros imprimían los archivos en una fotocopiadora que está en el barrio. El Ministerio de Educación de la Provincia mandó cuadernillos (una sola serie) en el mes de julio. La dirección de la escuela se ocupó de repartirlos junto con la merienda; algo que se hacía cada 15 días. Como yo ya venía planificando, me pareció que lo más adecuado era seguir trabajando del mismo modo en que lo venía haciendo y seleccionar aquellas propuestas de la publicación que resultaran útiles. De Nación también nos llegó material en el mes de agosto e hice lo mismo (de un total de seis series  nos llegaron cuatro). Sé que en algunas instituciones se decidió trabajar solamente con los cuadernillos y que en otras hubo docentes que optaron por no usarlos. Para mí era importante que también tuvieran contacto con material impreso, sobre todo porque en tiempos de normalidad, siempre armé biblioteca del aula (la mayor parte de mi carrera fue con libros míos y a partir del 2010 con los libros hermosos que nos llegaron de Nación).

Hasta mediados de octubre, cada 15 días, las familias le acercaban los cuadernos a una mamá, que se encargaba de traérmelos a casa en el auto para que yo los corrigiera y a los cuatro o cinco días se los devolvía. Si algún chico tenía alguna dificultad, las mamás me enviaban mensaje por Facebook y yo me comunicaba desde mi teléfono fijo con ellas o con sus hijos para explicarles algo. Había quienes por falta de conectividad no podían bajar los videos, pero tenían las netbooks que los hermanos mayores habían recibido a través del Conectar Igualdad durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. Como podían movilizarse en moto porque sus empleos quedaban en la zona céntrica, les cargaba los videos en un pen drive. Hubo un caso de un niño que durante todo el año me mandó fotografías de sus trabajos y yo hacía la devolución por Messenger. Se dieron situaciones de mamás que no podían bajar los archivos porque tenían roto el celular y tampoco tenían dinero para las fotocopias. En esos casos, como tengo un abono mensual con la señora de la fotocopiadora, le hacía la transferencia y las pagaba yo (nada del otro mundo, porque la mayoría de los docentes de las escuelas carenciadas lo hacemos siempre).

A fines de octubre pude cambiar el aumento de los anteojos (tengo un problema severo en la vista). Como ya podía ver las imágenes con mayor nitidez, para que las familias no tuvieran que molestarse, les avisé que me mandaran las fotos con los trabajos de los chicos por Messenger o por mail a través de Google Classroom o a mi correo. Una buena parte lo hizo así. Otros prefirieron traerme los cuadernos a casa porque a los chicos les gustaba ver mi letra. No todo fue lineal a lo largo del año. Hubo momentos en los que se perdía el contacto con los chicos. Cuando esto ocurría, me comunicaba con las familias y el vínculo se retomaba. Sobre un total de 27 chicos, solo tuve dos casos en los que por más que hablé muchísimo, la respuesta fue muy escasa. Charlando con compañeras que cuentan con otro acceso a las tecnologías, me decían que mi situación no era diferente a la de ellas, y muchas de las dificultades que se presentan en la presencialidad, se replicaron en estas circunstancias.

En general, en la comunidad en la que trabajo, el acompañamiento familiar es mayor durante el primer ciclo y puede llegar hasta cuarto grado. En los últimos tres años del nivel, esto se reduce. Estimo que la idea que prima es que una vez alcanzada la alfabetización inicial, ya pueden moverse con más independencia.

Creo que es necesario pensar este momento que vivimos desde distintas aristas. La falta de conectividad es uno de los aspectos a tener en cuenta; pero no es lo único. Hay padres que ni siquiera pudieron terminar la escuela primaria; hay quienes se quedaron sin empleo (el 90% tiene formas de contratación precaria) y les costó un montón reinsertarse; otros sobreviven con changas y también están los que todavía se encuentran desocupados y ya ni siquiera cobran el IFE (que es poquísimo dinero). Esto provoca angustias, malestares y conflictos. Entonces habría que preguntarse, cuánta voluntad le queda a un adulto para ocupar un lugar que era desconocido para él, porque este trabajo nos corresponde a los docentes.

Valoro muchísimo el aporte de las tecnologías, y con un poco de suerte, para fines de mes voy a poder actualizar programas, incorporar una cámara y seguir aprendiendo más cosas; pero estoy convencida de que la presencialidad es insustituible. No sé cómo será este año, porque todo está en el plano de lo hipotético y lo que hoy es una tajante afirmación, mañana puede ser todo lo contrario.

Un abrazo.


Imagen: Politicayeducacion.com

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Transformar la educación de emergencia en la normalidad es muy peligroso

¿Cómo evitar la ruptura total entre profesores y estudiantes? La única posibilidad son los cursos a distancia, telemáticos. Yo soy contrario a esa enseñanza, pero entiendo que es la única posible ahora. Sin embargo, escucho a rectores de universidad y pensadores que dicen que el coronavirus es la oportunidad de aprender, que el e-learning es el futuro. ¡Menuda sandez! Transformar la educación de emergencia en la normalidad es muy peligroso. La verdadera enseñanza no es virtual, sino en el aula, con el profesor mirando a los ojos del estudiante. Solo la mediación física, la palabra del maestro en clase, puede cambiar la vida de los estudiantes”.
Nuccio Ordine, escritor italiano, citado por Guillermo Jaim Etcheverry, médico, científico y académico, en «Las Clases».

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