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Ciencia - 24. página

Secuencian el genoma del ‘Hombre de Hielo’

En septiembre de 1991 unos excursionistas encontraron, a 3200 metros de altura en la montaña, el cuerpo congelado de un hombre que murió allí hace 5200 años. El cuerpo momificado y en perfecto estado de conservación debido al frío extremo y perpetuo en la región, fue hallado en los Alpes de Ötztal, en la frontera entre Austria e Italia, junto al glaciar de Similaun. De allí que aquel hombre recibiera los nombres de Hombre del Hielo, Hombre de Similaun y el más familiar de Ötzi.

Las investigaciones revelaron en su momento que el hombre habría sido un cazador especializado que murió por las heridas recibidas en sus luchas con varios enemigos. Junto a la momia se halló una variedad de armas y una sofisticada vestimenta, entre la cual llamó la atención de los investigadores su calzado impermeable.

Aquí, un video con imágenes del hallazgo:

Finalmente, la semana pasada se informó que finalizó la secuenciación del genoma de Ötzi. Los investigadores han reconstruido su aspecto, como se observa en la fotografia superior, y han diagnosticado sus problemas de salud.

El análisis del genoma de la momia reveló los secretos ocultos bajo el hielo por milenios: al morir tenía cerca de 45 años, medía 1,60 metros y pesaba unos 50 kilos. Su grupo sanguíneo era 0, tenía ojos marrones y el cabello castaño, y sufría de intolerancia a la lactosa.

Los genes de Ötzi también brindaron los aspectos relativos a su origen geográfico: sus ancestros migraron de Oriente Medio y su carga genética guarda similitud con la de habitantes de islas como Córcega y Cerdeña.

La momia evidencia además una predisposición genética a padecer enfermedades cardíacas, advirtiéndose síntomas de haber sufrido arterioesclerosis. Este hecho llamó la atención de los investigadores, teniendo en cuenta que Ötzi no era obeso, no tenía una vida sedentaria y no estaba expuesto en vida a los factores de riesgo que sufre la sociedad actual. El antropólogo Albert Zink adelantó que los datos obtenidos del genoma de Ötzi serán usados para averiguar cómo se desarrollaron en origen las enfermedades cardiovasculares humanas.

Fuente: Muy Interesante.

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En la sombra de la Luna

Gracias a Microsiervos me encuentro en YouTube con el documental In the Shadow of the Moon, en el que los astronautas del programa Apolo cuentan la historia de la aventura lunar en primera persona.

En linea con trabajos más conocidos, como Moon Shoot o De la tierra a la luna -no la novela de Verne, claro, sino el documental de Hanks & cia.-, diez de los veinticuatro astronautas que estuvieron en la superficie de la Luna o la orbitaron brindan su testimonio, acompañados de imágenes de las películas originales.

Está subtitulado en español -recuerden apretar el botón CC si no aparecen los subtítulos de entrada-. Las imágenes son francamente maravillosas, y por momentos gana la emoción. El final, con todos los participantes hablando sobre la cuestión de las teorías conspirativas es admirable, por la pasión con que hablan estos hombres mayores sobre la gesta de la que tomaron parte en su juventud. ¡Que lo disfruten!

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‘El fin del calendario maya no tiene significado, sino el que nosotros le demos’

El Dr. Bruce Love es un antropólogo que ha dedicado su carrera a la investigación del mundo maya, con 35 años de trabajo en el área.

En este video explica con detalle minucioso la estructura y el sigificado de los diferentes tipos de calendarios que usó -y aun usa- el pueblo maya, despojándolo de todas las teorías, especulaciones y aun fantasías de tipo místico con el que se quiere teñir la cuestión.

Toma trabajo a los no iniciados en el tema, cómo es mi caso, seguir la exposición, pero la erudición y claridad del experto lo hacen muy comprensible. Hace falta interés, claro, y tiempo para dedicarle. Pero amigo lector, la otra opción, la de creer los delirios que se escuchan todo el tiempo por todos lados, no parece ser una opción recomendable.

El sitio original brinda la posibilidad de seguir la disertación a través de un índice, además de proporcionar detalles sobre el académico y los créditos del video.

Un detalle tipo WTF! es la pregunta de una dama al final, un signo de que muchas personas desean continuar creyendo fantasías, aun a despecho de lo que acabaron de escuchar.

Fuente: Universidad Francisco Marroquín.

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Se entregaron los premios Ig Nobel

Los premios Ig Nobel son una parodia estadounidense del Premio Nobel que se entregan en Suecia. Son organizados por la revista de humor científico Annals of Improbable Research.

La edición 2011 de la entrega de premios tuvo lugar en el teatro Sanders de la Universidad de Harvard. Con la presencia de cerca de 1.200 espectadores, y entre experimentos que celebraron el Año Internacional de la Química, cantantes de ópera y decenas de avioncitos de papel, algunos de los logros que «primero hacen reír a la gente, y luego le hacen pensar» que se premiaron, fueron:

  • En matemáticas: El premio fue para ocho personas que predijeron el fin del mundo y se equivocaron, como el locutor de radio Harold Camping que lo había anunciado para el 21 de mayo pasado.
  • En fisiología, fue para tres científicos que descubrieron que las tortugas de patas rojas no bostezan.
  • En química, lo recibieron los inventores de una alarma hecha con wasabi.
  • En medicina, un grupo de investigadores que demostraron que tener ganas de hacer pis puede condicionar la toma de decisiones.
  • El de psicología fue para un científico noruego que explicó por qué se suspira.
  • El de literatura fue para un científico de Stanford que descubrió que para alcanzar metas, “siempre hay que trabajar en algo importante, como un modo de eludir algo aun más importante”.
  • En biología, lo recibieron los descubridores de un escarabajo al que le gusta copular con botellas de cerveza.
  • En seguridad pública, un científico de Canadá recibió el premio por hacer un experimento con un casco con visera que impide ver bien.

Los premios Ig Nobel buscan «celebrar lo inusual, honrar lo imaginativo y estimular el interés de todos por la ciencia, la medicina, y la tecnología». Algunos de estos logros han alcanzado gran popularidad por lo extraño, exótico o gracioso de la idea, como el descubrimiento de que la presencia de los humanos tiende a excitar sexualmente a los avestruces, la afirmación de que los agujeros negros cumplen todos los requisitos técnicos para ser la ubicación del Infierno, o la «regla de los cinco segundos», la creencia de que la comida que cae al suelo no se contamina si se recoge dentro de los cinco segundos -cuestión que desveló a los muchachos de Cazadores de mitos.

Sin embargo, también tiene un perfil que despierta cada vez más interés, porque el hecho de recibir un IgNobel no tiene que ver con la capacidad investigadora o la excelencia científica: en muchos casos lo han recibido científicos «serios» o produce beneficios colaterales inesperados de gran valor para la ciencia. Cito dos casos:

  • Andréy Gueim, ganador del IgNobel de física en 2000 por hacer levitar a una rana, fue también galardonado con el premio Nobel de física en 2010 por sus trabajos sobre el grafeno.
  • En el año 2006 ganó el premio en el área de biología, un estudio que muestra que el mosquito que transporta la malaria es atraído por igual al olor del queso Limburger como al olor de los pies humanos. Resulta que gracias a este descubrimiento es que este tipo de queso se usa en las naciones de África para combatir la epidemia de la malaria.

La ceremonia de entrega de premios de este año puede verse en YouTube.

Asi que, en muchos casos, esta parodia al formalísimo de los Premios Nobel es para tomarse muy en serio.

Fuentes:
Clarin.com
Wikipedia

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Videojuegos y ciencia

En un artículo de Dolors Reig publicado ayer en El Caparazón, la autora relata una experiencia por demás fascinante. Una en la que, según sus palabras, juego y ciencia, en otras épocas tan apartados hoy se reúnen en torno a la tecnología en nuestro bien.

Tomo extractos para explicar de que se trata:

Diez años de investigación científica no habían logrado lo que un grupo de jugadores online: descifrar la estructura de un enzima del virus del SIDA. El exploit lo publicaban en el journal Nature Structural & Molecular Biology, en el que, de forma excepcional y por primera vez, jugadores online e investigadores aparecen como coautores. (…) Un microscopio ofrece solamente una imagen plana, así que resultan necesarias imágenes 3D que desplieguen la molécula y la hagan girar para revelar objetivos potenciales para los posibles medicamentos. Foldit, desarrollado en 2008 por la universidad de Washington, el juego en cuestión, puede ser la solución. Se trata de un juego de entretenimiento en el que los jugadores, divididos en equipos, compiten por desplegar cadenas de aminoácidos, los componentes básicos de las proteínas, a través de una serie de herramientas online. Para sorpresa de los científicos, los “gamers” producían un modelo preciso del enzima en solo 3 semanas, proporcionando nuevos insights para el diseño de drogas anti retrovirales (la medicación para los portadores de HIV).

Se atribuye el éxito, tanto a la intuición humana como al ingenio y añado, la ingenuidad de los videojugadores. Son fuerzas potentes que correctamente dirigidas pueden ser utilizadas para resolver un amplio rango de problemas científicos, decía Seth Cooper, uno de los creadores del juego al analizar por qué los videojugadores tuvieron éxito donde las computadoras fallaron.

La gente posee, además, mejores habilidades espaciales que las computadoras, así que los juegos pueden proveer un marco adecuado para combinar las fortalezas de computadoras y humanos con el objetivo de hacer avanzar la ciencia.

Compartimos con la autora su entusiasmo en cuanto a la experiencia:

Sea como sea parece que se confirma el inestimable valor de la diversidad, de la apertura, así como el del juego.

Fuente: La Caparazón

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Celulares y cáncer II: la mirada desde la ciencia

Confieso que creo que jamás podría explicar con claridad, por cuestiones propias de formación, la lógica del funcionamiento de aquellas ondas sospechadas de carcinógenas, de las que hablamos en un post anterior. Pero no me hace falta: cuando la ciencia -la verdadera, aquella despojada de factores exógenos que le dan un tinte de opinión- viene en auxilio de nuestras incertidumbres, no queda más que adherir a las certezas que nos proveen.

Todo esto para explicar la satisfacción que me produjo leer al físico Alberto Rojo, profesor de la Universidad de Oakland en Michigan, EE.UU., en una columna publicada hoy en el diario Clarín, titulada «Los celulares son tan inofensivos como el microondas». Bueno, ya desde el título queda clara la postura del científico. La nota completa se lee haciendo clic aqui. A continuación, algunos párrafos para destacar:

Tengo amigos que no usan celular. Son pocos pero son. ¿Están más a salvo del cáncer que los incontables feligreses de la telefonía móvil? No. La razón, en tres palabras: la mecánica cuántica.

Me explayo: el celular recibe y emite radiación. Al hablar de radiación hablo de “luz”, una precisa coreografía de electricidad y de magnetismo en vibración por el espacio: las proverbiales ondas electromagnéticas. (…) Lo curioso es que la luz no es un fluido continuo sino que su estructura es granular, un chorro de municiones microscópicas, los cuantos de luz, cuya existencia postuló el gran Albert Einstein en 1905, la fecha de nacimiento de la hoy famosa mecánica cuántica, o física cuántica. Cuando la luz se emite o se absorbe, dice Albert, lo hace en cantidades fijas (…) Y lo más curioso todavía es que la energía de esas municiones (los “fotones”) depende del color, o la frecuencia de la luz. Un fotón de luz azul tiene más energía que uno de luz roja y mucho menos que uno de rayos X (que es invisible), que a su vez tiene mucha menos energía que uno de rayo gamma.

Lo fundamental aquí es que estas municiones de luz alteran -dañando o beneficiando- a los organismos vivos átomo a átomo, de a uno por vez. (…) Las mutaciones del ADN que dan lugar al cáncer son alteraciones a nivel atómico creados por radiación de alta frecuencia, donde los fotones (cada uno de ellos) son de energías altas. La incidencia de este tipo de radiación en el aumento de cáncer está muy establecida. En cambio, en el caso del teléfono celular, la frecuencia de la radiación es más o menos la misma que la del microondas de la cocina, donde la energía de cada fotón es insuficiente para arrancar un electrón de un átomo. El proceso de arrancar un electrón de un átomo es bautizado en jerga física por “ionizar”, y la radiación inculpada es ionizante.

Entonces, mientras un número relativamente chico de fotones de rayos gamma (radiación ionizante) puede alterar la química celular y dar lugar al cáncer, una horda de fotones visibles (los de la bombita de luz por ejemplo) o de microondas (los del celular) golpeándonos la piel cada segundo son inocuos. (…) Mas aún, las estadísticas no muestran un aumento de la incidencia de cáncer cerebral desde la invención de celular (incluso algunas muestran disminución), ni para los obreros que trabajan en las antenas de transmisión, donde la intensidad de la radiación es grande. Es cierto que las razones precisas de la génesis del cáncer son todavía objeto de estudio. Pero también es cierto que no hay un mecanismo físico plausible que vincule la radiación del celular con el cáncer, argumento suficiente para conjurar miedos infundados, y para acaso disuadir a mis amigos reticentes heresiarcas del roaming.

Por supuesto que hay posturas más o menos alarmistas sobre el tema, como aquellas que citamos alguna vez relevando miradas sobre la cuestión. El asunto es si nos quedamos con nuestros miedos sin más, o nos permitimos aprender y razonar.

Fuente: Clarin.com

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Científicos resuelven el problema de Molyneux

En 1688, el científico irlandés William Molyneux planteaba en una carta a John Locke el siguiente problema: si una persona ciega de nacimiento adquiere la vista a edad adulta y mira un cubo y una esfera, figuras geométricas que antes sabía reconocer y nombrar gracias al tacto, ¿sería capaz de distinguir con la vista lo que ya sabía identificar con las manos?

Una respuesta afirmativa, según Molyneux, implicaría que teníamos un concepto innato e independiente de los sentidos, de conceptos como la esfera.

Tres siglos más tarde, científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) han conseguido resolver el problema de Molyneux estudiando a un grupo de niños indios ciegos de nacimiento, con edades comprendidas entre 8 y 17 años, que recuperaron la vista tras una operación.

Según explican en la revista Nature Neuroscience Pawas Sinha y sus colegas, en un principio los sujetos no supieron reconocer inmediatamente con la mirada lo que previamente habían palpado con las manos, lo que indica que el cerebro no crea una única representación de las cosas relacionando diferentes tipos de información sensorial –en este caso, visual y táctil-.

Sin embargo, adquirieron esta habilidad a una velocidad sorprendente a los pocos días de práctica, lo que sugiere que nuestro cerebro posee más plasticidad de lo que se pensaba incluso después de los primeros años de vida.

Leído en Muy Interesante

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Arte y ciencia

Más que un sustantivo la ciencia debería ser un verbo que conjugara las acciones de mirar, experimentar, hacer preguntas, maravillarse, querer conocer más y más -o sea, una parte indisoluble de la cultura. Sí, sí: de la cultura, tanto como la literatura, el teatro, el fútbol o la belleza.
Diego Golombek, doctor en Ciencias Biológicas, docente e investigador.

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