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capacitación - 18. página

La intención de sumar

Remarco, entonces, lo que me parece significativo en nuestras prácticas, en relación con el mito de los nativos digitales, necesitan que estemos a su lado como ejemplo, esforzándonos por comparar y juzgar, cada vez, como asimismo, intentando reorganizar sistemáticamente aquello que encontramos en Internet.

sumarEsta frase, que funciona a modo de conclusión de una serie de consideraciones en el análisis de la cuestión de los nativos digitales, pertenece al artículo titulado Acerca de los nativos digitales y el rol docente, publicado por Silvina Carraud Moret en su blog Contar con TIC.

El análisis de Silvina es por demás interesante e ilustrativo, al contrastar la realidad que encuentra el docente en el aula con aquella división antipática -esto lo digo yo- entre nativos e inmigrantes digitales que Marc Prensky supo acuñar allá por el 2001. Podría decirse -y sigue siendo mi opinión personal, claro- que el desconcierto y la desazón reinante en nuestra provincia de Santa Fe por caso, en cuanto a la ausencia de cualquier cosa semejante a la enseñanza de computación a partir del 3er. año del Secundario, es consecuencia directa y nefasta de aquella ya casi perimida concepción de lo tecnológico entreverado con lo social.

En fin. Más allá de estas consideraciones, quiero comentar acá que el disparador del excelente artículo de Silvina fue otro artículo publicado por otro docente e intervenido por más colegas, todos comentando, debatiendo y contribuyendo con sus experiencias y pareceres despojados de cualquier intención que no sea sumar y con quienes es un placer pensar, debatir, sumar y generar los espacios para ello.

No dejemos que nos digan que no se puede, o que sólo debemos seguir una bajada de línea. Se lo debemos a nuestros pibes.

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Inédito viable

Las instituciones educativas requieren de un adulto capaz de mostrar con ‘fuerza argumentativa’ sus ideales y pensamientos, a la vez que estar dispuesto a enfrentar, con valentía y pasión, los ideales y pensamientos de las jóvenes generaciones. (…) Un adulto que esté allí, poniéndole el cuerpo a los avatares de la lucha permanente por conservar, mantener aquellos universos simbólicos construidos y, en el mismo movimiento, abrirles grietas a los saberes tan duramente conseguidos para hacer un espacio donde empezar a transformar esos mismos universos simbólicos. Este juego de conservación y transformación se produce en un intersticio de lo real que Freire denominó ‘inédito viable’ y Winnicott ‘experiencia cultural’.
Cecilia Bixio: ‘Maestros del siglo XXI. El oficio de educar. Homenaje a Paulo Freire’, Capítulo 10: Obstáculos y desafíos, pág 105-106.

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La puerta

La viñeta es de Mana Neyestani, dibujante e historietista iraní. A modo de comentario, sólo puedo hacerme eco de las palabras de Daniel Krichman al publicarla él. Dice Daniel que el cuadro representa «algo así como un loop en el que (cuántas veces!) solemos quedar encerrados, buscando lo que no está y sin danos cuenta que la solución no es encontrar la puerta sino ser la puerta«.

Para pensar. Y en serio.

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Eco y la sobreabundancia de información en la red

Sería necesario crear una teoría del filtro, una disciplina práctica, basada en la experiencia cotidiana con Internet. Es una sugerencia a las universidades, elaborar una teoría para el filtro del conocimiento, conocer es saber separar.

Un Umberto Eco notablemente más crítico y enfático que en ocasiones anteriores al hablar sobre la cuestión de la sobreabundancia de información en Internet, avanza con propuestas como la que destacamos más arriba: convertir en una disciplina académica el necesario aprendizaje de saber seleccionar la información que se halla en la red.

En una extensa entrevista de la revista brasileña Epoca, reproducida por el periódico digital E’a, el escritor y semiólogo italiano analiza la cuestión y llega al hueso: «Todo nace en Internet sin jerarquía. La inmensa cantidad de cosas que circula es peor que la falta de información. El exceso de información provoca amnesia. La información abusiva hace mal. Cuando no nos acordamos lo que aprendemos, quedamos parecidos a los animales».

En otro párrafo de la entrevista, Eco compara crudamente a Internet con otro medio masivo, la televisión: «Los que tenemos acceso al conocimiento aprovechamos mejor la Internet que el pobre señor que compra salame en la feria. La TV era útil para el ignorante, porque ella seleccionaba la información que él podría necesitar, aunque información idiota». Y añade: «Internet es peligrosa para el ignorante porque la web no filtra nada; es buena sólo para el que sabe dónde está el conocimiento. Habrá multitudes de ignorantes usando Internet para tonterías: chat, noticias irrelevantes y juegos».

Es a partir de este crudo análisis que el escritor propone un abordaje académico de esta necesidad de aprender a seleccionar, concepto que viene desarrollando desde hace tiempo en favor de la importancia de la educación. Pero esta vez desde un lugar más terminante, al sostener que Internet «es un mundo salvaje y peligroso».

Fuente: E’a Periódico de Interpretación y Análisis

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Mayer-Schoenberger: ‘Que las personas determinen la fecha de expiración de la información’

[NdelE: En el año 2008 el periodista Alejandro Tortolini entrevistó para el suplemento de tecnología de Perfil, al especialista en temas de privacidad y protección de datos Viktor Mayer-Schoenberger, quién se encontraba en aquel momento trabajando para la Universidad de Harvard. Esta entrevista fue el punto de partida de nuestra campaña «Reinventando el olvido en Internet». Debido a que el medio que la publicó originalmente decidió eliminarla de sus archivos on line, es que decidimos publicarla aquí. Al parecer, internet no olvida pero algunos medios sí]


El riesgo de registrarlo todo
Un investigador de Harvard propone que las computadoras ya comiencen a olvidar
Por Alejandro Tortolini

Para Viktor Mayer-Schoenberger, especialista en temas de privacidad y protección de datos de la Universidad de Harvard, la información colocada en Internet debería tener fecha de vencimiento, como la leche. En sus respuestas a PERFIL, el experto señaló los riesgos de recordarlo todo y habló de las repercusiones que tuvo su propuesta. El caso de una futura maestra a la que, por una foto publicada en la Web, se le negó el título.

Gran hermano. A medida que uno navega por la Web, deja rastros. La imposibilidad de controlarlos, una amenaza latente. Internet se convirtió en una herramienta indispensable. Se busca información, se envían correos, se comparten archivos. Y a medida que uno se mueve por el mundo digital, va dejando una leve estela de información personal. Una búsqueda por aquí, un currículum olvidado por allá; datos, fotos… Esta estela puede rastrearse. La cada vez mayor capacidad de memoria de computadoras y buscadores puede parecer inofensiva; pero comienzan a oírse voces desconfiadas. Una de ellas es la del Viktor Mayer-Schoenberger, de la Universidad de Harvard, quien publicó en Internet “Vacío útil: el arte del olvido en la era de la computación omnipresente”, donde propone que las computadoras deberían ser programadas para poder olvidar, tal como hacen los humanos.

“Por milenios, lo difícil fue recordar y lo fácil, olvidar. Ahora la era digital cambió esto; la opción por defecto es conservar y memorizar. Piense en las cámaras digitales: la mayoría de la gente guarda todas las fotos en vez de gastar tiempo en elegir las que no le gustan. También pasa a nivel social: Google no olvida ni los contenidos ni las palabras que se usaron en una búsqueda”, le dijo Mayer-Schoenberger a PERFIL. Y agregó: “Sugiero una política para agregar a la información una fecha de expiración, como la fecha de vencimiento de la leche. Pero que no sea una mera solución técnica, sino que al confrontar con la pregunta ‘¿cuánto quiero que esta información dure?’ nos hagamos más sensibles al hecho de que la información no es algo para siempre.”

—¿Conoce algún caso que refleje su preocupación?

—El de Stacey Sidner, una joven de 25 años, madre soltera de dos niños, que estudiaba para maestra. Puso en su página de MySpace una foto suya sacada en una fiesta, disfrazada de pirata y con una copa plástica en la mano, y la tituló “Pirata borracha”. Su universidad vio la foto y decidió que eso no era digno de una futura maestra, y se rehusó a darle el título. Incluso habiendo quitado la foto, ya había sido almacenada y catalogada. Aunque Stacey quizo olvidar, Internet no se lo permitió.

—¿Cómo sugiere que sea el proceso de guardado?

—Propongo que las personas puedan determinar una fecha de expiración de la información. Más aún, los archivos oficiales podrían programarse para que la información no caducara, si así lo quiere la sociedad. No me preocupa que la gente quiera guardar sus datos por largo tiempo reseteando manualmente la fecha de expiración, porque eso requerirá de una acción humana, suficiente para hacernos pensar cuánto queremos que dure nuestra información.

—¿Cuál fue la repercusión a su propuesta?

—Tuve una enorme cantidad de respuestas, la mayoría positivas. Google declaró que guardaría las búsquedas por 24 meses (antes lo hacía por siempre), y Microsoft declaró que lo haría por 18 meses. A fin de año, el buscador Ask anunció que habilitaría un botón de borrado instantáneo de la búsqueda realizada… Las empresas están reinventando el olvido, y eso es enormemente alentador.

[Publicado originalmente en el diario Perfil]

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