Marcel Marceau
(1923 – Hoy)
Quien esto afirma es Silvia Bacher, especialista en comunicación y educación, en una columna para la sección Informática del diario Clarín. Dice además que «es impostergable que todas y todos los nativos de carne y hueso accedan a la escuela para que ésta cumpla con su esencia: la que la conmina a estimular el pensamiento», porque «el aula es el ámbito capaz de hacer de las tecnologías lugares de crecimiento, de desafío de acceso a la dimensión digital». Aquí, el artículo:
Diferentes investigadores afirman que los jóvenes son nativos digitales en tanto los adultos (aquellos que cuentan con más de tres décadas de historia) son considerados inmigrantes que deben aprender un nuevo lenguaje. Pero no es tan sencillo: Néstor García Canclini, experto en letras y sociología, que desde 1990 es profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, explica que si bien «millones de seres humanos se desplazan por motivos socioeconómicos y políticos, sin embargo en los últimos años aparecen otras nuevas formas de extranjería, no referidas sólo a separaciones geográficas».
Son diversas las voces que hacen alusión a los nativos digitales. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que estas nuevas migraciones digitales trascienden grupos etarios y ponen en evidencia que las nuevas fronteras están profundizando brechas sociales que ahondan las diferencias entre las nuevas infancias y las nuevas juventudes.
A pesar de haber nacido en la era de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, a muchos niños y jóvenes parece negárseles la visa de acceso a ese nuevo mundo. Se les habilitan permisos temporarios -comprables por un par de monedas en algún cibercafé- frente a pantallas y teclados que de ninguna manera se parecen en su funcionalidad a la que le asignan otros nativos digitales que navegan con un norte: ya sea buscando información, apropiándose de sus herramientas, reflexionando sobre su uso, sus potencialidades y sus riesgos.
Una computadora, por sí misma, es un pasaporte hacia ninguna parte. La visa, imprescindible hasta que algo mejor se descubra, hoy por hoy la da la escuela. Con sus limitaciones y defectos, con sus carencias pero aun así con la clara misión de formar individuos capaces de pensar, de comprender, de indagar. El aula es el ámbito capaz de hacer de las tecnologías lugares de crecimiento, de desafío de acceso a la dimensión digital.
Según datos publicados por el portal Educ.ar, ya en 2005, en promedio, un graduado universitario (especialmente en los EE.UU. pero, crecientemente, en todos los rincones del planeta) pasaba cerca de 5 mil horas de su vida leyendo, cerca de 10 mil jugando a videojuegos y cerca de 20 mil viendo TV. Son esas primeras 5 mil horas las que marcarán la diferencia para ingresar a la ciudadanía digital en pleno ejercicio de sus derechos. El carecer de educación sólo garantizará paseos turísticos por zonas navegables, sin trascendencia, a los nativos seudodigitales.
Los expertos coinciden en que la escuela cambiará sus formas, actualizará sus recursos, reconocerá nuevos soportes de lectura, digitalizará sus pantallas dejando atrás el agudo chirrido de la tiza sobre el pizarrón. Pero entretanto eso suceda, es impostergable que todas y todos los nativos de carne y hueso accedan a la escuela para que ésta cumpla con su esencia: la que la conmina a estimular el pensamiento. Tal vez, entonces, las nuevas tecnologías se constituyan en puentes y no en barreras, a través de los cuales los más jóvenes ejerzan sus derechos en tanto verdaderos nativos digitales.
Ayer leía en el blog de Clarín de Mariano Amartino sobre María Amelia, una española de 95 años que lleva su blog con lucidez y buen humor. En estos días es un poco difícil de seguir debido a que armó tal revuelo la noticia, que medios de todo el planeta le hacen entrevistas y claro, ella las publica, orgullosa.
Un poco antes, por la mañana, un hombre conocido mío de 63 años me llevó hasta una computadora cercana diciendome: «Enrique, mirá lo que estoy haciendo». Recientemente abrió un blog sobre economía y lo mostraba orgulloso.
Yo cuento siempre una anecdota graciosa, en la que un alumno de Polimodal de uno de los colegios en los que trabajo vino a reportearme para la revista escolar. Cuando le pregunté por qué quería la entrevista, de qué quería hablar, me contestó: «porque no podemos creer que a un tipo de más de 40 años le guste la computación». Divino, el nene.
Estos casos, que se enmarcarían dentro de lo que algunos llaman Inmigrantes digitales, muestran que se usa bien el medio cuando se tienen cosas para decir, independentemente del manejo o la pericia en el uso.
Generalmente los adultos mayores no son apetecibles para el mercado de los celulares, las pc, los mp3 y otros gadgets, manejado por intereses meramente mecantilistas que influyen al punto de inventar una categoría (algunos trasnochados hablan de raza… ¡Dios mío!): «Nativos digitales». El uso acrítico de esos artefactos suele ser característico de este grupo. Si sumamos a eso padres ausentes, docentes apáticos y empresas inescrupulosas, el coctel es fatal.
No me importa la etiqueta: en todo caso, nos queda a los mal llamados Inmigrantes el trabajo de pensar, llamar la atención, educar, alentar a usar bien estas «herramientas para decir».
Es habitual que cuando agregamos un link de un tercero, externo a nuestro blog, al hacer clic sobre el texto o imagen vinculado el sitio se abra en la misma ventana del sitio propio.
Algunos desarrolladores que ofrecen código para linkear suelen agregar el tag para que abra en otra ventana, pero no es lo habitual. Sea por desconocimiento, sea por desinterés, no es común que se haga.
Esta forma de linkear tiene la desventaja evidente de que saca al navegante de nuestro sitio para llevarlo al sitio linkeado.
La forma de resolver esto es sencilla: se debe ingresar al código del link y agregar al tag a href, que es el que especifica el sitio linkeado, el atributo «target=_blank». Por ejemplo:

De este modo estaremos indicando que el link abra en una ventana nueva, y por consiguiente, que quede nuestro sitio abierto en la ventana original.
La excepción a esto es si el vínculo se encuentra dentro del código en una animación de Flash. Si este es el caso, deberíamos comunicarnos con el titular o el webmaster del sitio para que lo cambie.
En su momento hablamos sobre el aumento de precio de la computadora del proyecto «One laptop per child». Volvemos sobre el tema porque el precio no se detiene, al menos en Uruguay.
Informa Engadget en español: ¿No era un portátil de 100 dólares?, pues ahora nos dicen que el precio de cada OLPC es de 188 dólares, que es aún más caro que los 176 que habían anunciado en julio. Y ahora, según OLPCNews, el mismo ordenador tiene un precio de 205 dólares en Uruguay, debido a una asociación con Brighstar Uruguay S.A. Mejor olvidarnos del sobrenombre de «100 dólares» o terminaremos muy enfadados.
A esto es a lo que nos referimos con tanta insistencia: no está claro donde va a terminar este asunto. Inicialmente pensabamos esto en cuanto a la cuestión conceptual del proyecto, pero ahora nos surge la duda también en cuanto al asunto monetario. De aquel precio inicial de 100 dólares a este de 205 hay mucho más que un incremento en los costos: se ha incrementado también la desconfianza.