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Una ley luddita

El movimiento luddita fue un fenómeno breve -duró menos de dos años- pero de enormes implicacias, en los inicios de lo que tiempo después se dió en llamar la Revolución Industrial. La sustitución radical de antiguos valores y creencias por la idea de progreso a cualquier precio que traían aparejados los desarrollos tecnológicos llevó a estos grupos, integrados principalmente por obreros textiles desempleados y por ende, caídos en la miseria, a la destrucción de los nuevos telares automáticos. El término luddita se convirtió desde entonces en un símbolo de la oposición a los avances tecnológicos y al progreso.

Que la aparición de los celulares en la escuela necesita de un profundo debate no es una novedad. Un tema que tiene tantas y tan variadas aristas, requerirá para ese debate de la intervención de especialistas de muchas áreas para lograr conclusiones y decisiones lo más acertadas posibles. Cuestiones como la inseguridad, los riesgos -si los hubiera- para la salud, los nuevos hábitos que promueven, y aun el uso pedagógico de las nuevas tecnologías -incluído el celular, claro-, son temas pendientes de una discusión que aparece como cada vez más lejana, al menos en la provincia de Santa Fe.

Paso a explicar. Volvió en estos días a circular en las escuelas, no sin visos de coerción, el texto de la Ley 12686 de la provincia de Santa Fe, sancionada en diciembre del año 2006, que en su artículo 1ro. declara:

Prohíbese el uso de aparatos de telefonía celular o equipos similares, cualquiera sea su tecnología, por parte del personal docente, no docente y alumnos en los establecimientos escolares dependientes del Ministerio de Educación de la Provincia, durante los horarios de dictado de clases.

¿Por qué nos parece que esta es una ley ludditta? Porque prohíbe sin más, destruyendo al objeto tecnológico sin ninguna consideración previa ni posterior. Por favor, amigo lector, antes de emitir cualquier juicio sobre esta afirmación, piense en esto: no estamos hablando de un delito, sino de nuevos hábitos de comunicarnos utilizando un artilugio tecnológico que los generó.

Lo paradójico, por llamarlo de alguna manera, es que tiempo después de sancionada esta ley provincial participamos con alumnos de una escuela en el “Campamento Digital 2009″, organizado por el Gobierno de la provincia de Santa Fe -con un ejecutivo de signo diferente al que gobernaba en el momento de sancionarse la susodicha ley-, en el que entre todas las maravillosas experiencias con tecnologías que disfrutamos los presentes -yo mismo le reconocí un enorme valor en su momento- había una experiencia con… ¡celulares! Si, así como lo lee, amigo lector.

La experiencia consistía en entregarles celulares con cámara a los chicos -adolescentes del secundario- para que recorrieran el lugar tomando fotos de cosas y lugares que les llamaran la atención, para después bajarlas en una computadora, editarlas con un graficador y publicarlas en la web. Magnífica experiencia, pero que llevada a una escuela santafesina es ilegal.

Me sucedió un tiempo antes, compartiendo una red social con otros docentes de TIC, que me acerqué a una experiencia maravillosa con celulares de una docente de Plástica en una escuela de Buenos Aires. Una vez más, llevarla a cabo aquí hubiera sido imposible.

Finalmente, como para impedir que una horda de ludditas siglo 21 me destruya este post, quiero reiterar mi total acuerdo con que se deben analizar y discutir cuales son las dificultades y beneficios de estas nuevas tecnologías en la escuela. ¿Riesgo para la salud? Demos datos, analicemos. ¿Riesgos ante la inseguridad que produce temor en los padres? Debatamos, creemos redes confiables que nos permitan abordar esa problemática. ¿Distracción? Discutamos sobre las causas. Busquemos soluciones.

Pero claro: estas propuestas en las actuales condiciones, nos ponen al borde de la desobediencia civil por causa de una ley luddita, pergueñada sobre la base de la simple pero devastadora decisión de primero prohibir y después ver.

Algunas lecturas y referencias:
– Los luditas y la tecnología. Lecciones del pasado para la sociedad del presente.
– Texto de la Ley 12686.
– Nuestra crónica del Campamento Digital 2009.
– La experiencia de Plástica: Uso de celulares en el aula como recurso educativo.

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Videojuegos y ciencia

En un artículo de Dolors Reig publicado ayer en El Caparazón, la autora relata una experiencia por demás fascinante. Una en la que, según sus palabras, juego y ciencia, en otras épocas tan apartados hoy se reúnen en torno a la tecnología en nuestro bien.

Tomo extractos para explicar de que se trata:

Diez años de investigación científica no habían logrado lo que un grupo de jugadores online: descifrar la estructura de un enzima del virus del SIDA. El exploit lo publicaban en el journal Nature Structural & Molecular Biology, en el que, de forma excepcional y por primera vez, jugadores online e investigadores aparecen como coautores. (…) Un microscopio ofrece solamente una imagen plana, así que resultan necesarias imágenes 3D que desplieguen la molécula y la hagan girar para revelar objetivos potenciales para los posibles medicamentos. Foldit, desarrollado en 2008 por la universidad de Washington, el juego en cuestión, puede ser la solución. Se trata de un juego de entretenimiento en el que los jugadores, divididos en equipos, compiten por desplegar cadenas de aminoácidos, los componentes básicos de las proteínas, a través de una serie de herramientas online. Para sorpresa de los científicos, los “gamers” producían un modelo preciso del enzima en solo 3 semanas, proporcionando nuevos insights para el diseño de drogas anti retrovirales (la medicación para los portadores de HIV).

Se atribuye el éxito, tanto a la intuición humana como al ingenio y añado, la ingenuidad de los videojugadores. Son fuerzas potentes que correctamente dirigidas pueden ser utilizadas para resolver un amplio rango de problemas científicos, decía Seth Cooper, uno de los creadores del juego al analizar por qué los videojugadores tuvieron éxito donde las computadoras fallaron.

La gente posee, además, mejores habilidades espaciales que las computadoras, así que los juegos pueden proveer un marco adecuado para combinar las fortalezas de computadoras y humanos con el objetivo de hacer avanzar la ciencia.

Compartimos con la autora su entusiasmo en cuanto a la experiencia:

Sea como sea parece que se confirma el inestimable valor de la diversidad, de la apertura, así como el del juego.

Fuente: La Caparazón

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