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Un tecnólogo en Macondo - 37. página

Desbaratando el pensamiento mágico en la tecnología

La polilla es un bicho

Se conoce como bug -«bicho»- a aquel error o falla en un sistema informático que desencadena un resultado indeseado. Justamente por esto, los programas que ayudan a la detección y eliminación de errores de programación de software, los denominados «depuradores» en español, conservan la referencia en inglés: debuggers.

El primer «bug» del que se tiene conocimiento ocurrió en 1947. Grace Murray Hopper trabajaba como programadora en el laboratorio de cálculo de la Universidad de Harvard y cuando trataba de averiguar la causa de un fallo descubrió que era debido a una polilla que se había colado por entre los contactos de unos de los relés del equipo. Hopper tomó nota del incidente en su cuaderno: «Primer caso real de bicho -bug, en inglés- que se ha hallado».

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La hoja de anotaciones -con la polilla- está expuesta en el museo Naval Surface Warfare Center Computer de Dahlgren, en Virginia, EE.UU.

Entre las numerosas incidencias notables causadas por este tipo de error se incluyen la destrucción de la sonda espacial Mariner 11 en 1962 y del Ariane 5 en 1996, entre muchos otros.

Fuentes:
– Wikipedia
– Errores históricos

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Vic Gundotra dejó Google

El anuncio, hecho ayer por el propio Gundotra en el servicio que él mismo creó, Google+, sacudió al mundillo tecnológico.

Ya se barajan varios nombres para sucederlo, pero según se rumorea en las redes no será ninguno de los esperados -por caso, su segundo Bradley Horowitz- sino el vicepresidente de ingeniería Dave Besbris.

En su mensaje de partida, titulado «And then», Gundotra apela a la emotividad usando una anécdota personal y agradeciendo a todos sus colaboradores en Google.

Con cierta obsesión por leer entre líneas, me llamó la atención que Vic agradezca a Page y ni siquiera mencione a Brin en el mensaje. El bueno de Larry devolvió las atenciones alabando al ahora ex empleado y asegurando que G+ seguirá adelante.

Y una duda: G+ no logra ganar terreno frente a FB y Twitter. ¿Tendrá algo que ver eso con esta partida?

Lo cierto es que habrá que esperar algunos días, probablemente, para conocer los planes futuros del renunciante empleado VIP de Google.

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Internet para pocos

Si asumimos que en el 2013 el mundo contaba con 7.200 millones de habitantes (según la ONU) y con 2.900 millones de usuarios de internet (según la Unión Internacional de Telecomunicaciones), la realidad se hará presente.
Sólo 39% de la población mundial tiene acceso a internet y el resto se está quedando fuera de la revolución de la información haciendo crecer la brecha digital, esa que dará más oportunidades a quienes tengan acceso a la red y cerrará las puertas a los analfabetas digitales.
En América Latina el panorama no es muy diferente. Se estima que un 41% de la población usa internet lo que deja a casi 350 millones de habitantes sin acceso a la red.
Informe de David Cuen para BBC Mundo

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Un video lleno de ‘aparatos’

En la trastienda de un estudio en la ciudad posindustrial de Essen, en Alemania, el autoproclamado biohacker Tim Cannon se hizo implantar un chip de computadora que puede grabar y transmitir sus datos biométricos.

El dispositivo subcutáneo, llamado el Circadia 1.0, consiste en una caja sellada -de un tamaño considerable- con una batería que se recarga en forma inalámbrica.

El procedimiento no fue realizado por un médico sino por un amigo de Cannon, y sin anestesia. El implante registra sus datos biométricos y los transfiere a cualquier dispositivo móvil que cuente con el sistema operativo Android. Es de código abierto, y permite al usuario un control total sobre cómo se recogen y utilizan los datos.

¿Signos de una revolución en ciernes, o señal de que estamos realmente complicados?

Fuente: Vice.com

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La retórica de la derrota (nuestra)

La reunión de Bruselas es uno de los tantos ejemplos de cómo la educación suele estar sujeta a los vaivenes de explicaciones que tranquilizan el sentido común, pero contradicen un análisis más cuidadoso de las razones que permiten comprender el desarrollo de las naciones y el éxito de las personas en el mercado laboral.
En efecto, el debate allí planteado parte de un sorprendente truco de magia retórico: la milagrosa inversión de la consecuencia de un fenómeno en la causa del mismo. El desempleo es una de las tantas secuelas de la crisis económica. Sin embargo, los ministros de educación de Europa y quizás los de buena parte del mundo, parecen entusiasmarse con la idea de que el desempleo es el factor principal que produce la crisis. De tal forma, acciones educativas destinadas a combatirlo podrían funcionar “eficazmente” para superar los infortunios vividos. El desempleo se vuelve la causa del problema y la crisis económica su consecuencia. Estamos como estamos porque las personas de manera general, y los jóvenes en particular, carecen de las competencias y de los atributos cognitivos necesarios para volver nuestras economías más dinámicas y competitivas. No es el desempleo la consecuencia de un fracasado modelo de desarrollo; por el contrario, es el déficit de una fuerza de trabajo debidamente capacitada lo que permite explicar nuestra incapacidad por desarrollarnos como deberíamos. Si no deja de ser sorprendente que el ministro de educación griego explique la solución de los problemas que enfrenta Europa, tampoco lo es que todos los ministros y ministras de educación de buena parte del mundo parezcan estar convencidos que los fundamentos de la crisis estructural que enfrentamos encuentra su origen, nada menos, que en el supuestamente improductivo trabajo que realizan cotidianamente nuestras escuelas. (…)

Foxconn, por ejemplo, es la mayor productora mundial de insumos electrónicos. Casi todos los productos de informática y telefonía que usamos o consumimos, de casi todas las marcas, los ha producido esta empresa china, que emplea a más de 1.200.000 personas y factura más de 100 mil millones de dólares por año. ¿Alguien podría suponer que esta enorme corporación existe gracias a la alta “calidad educativa” de la mano de obra china y no al hecho de que paga salarios miserables, de la inexistencia de sindicatos y derechos laborales mínimos, gracias al abuso (decenas de veces denunciado) de trabajo infantil y a un sistema empresarial opresivo que difícilmente estaríamos dispuestos a aceptar en cualquier sociedad democrática? Pensar que el iPad que tanto nos deslumbra se fabrica allí y no en Latinoamérica, simplemente porque los taiwaneses se sacan mejores notas en matemática o ciencias que los jóvenes argentinos o brasileños, parece una explicación demasiado simple para ser cierta.
(Pablo Gentili, en «La educación como coartada»)

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