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Un tecnólogo en Macondo - 26. página

Desbaratando el pensamiento mágico en la tecnología

Dignidad

claseEl «no te metás» ha hecho estragos en la historia de nuestro país, pero si además se combina con la repetición de discursos tan maliciosos como equivocados, la cosa se pone peor.

Cuando critiques un paro docente, pensá primero en quién se hace cargo de tus hijos durante una gran parte del día con todas las responsabilidades que eso conlleva, no sólo la de enseñarle. Pensá en dónde y con quién vos mismo aprendiste, aunque más no sea a leer y escribir, y no importa cual sea tu actividad laboral. Pensá que venimos haciendo desde siempre ese trabajo, a pesar de los escasos recursos, las corridas por el peso y las dificultades de cada día.

Creéme si te digo que gran parte de la culpa de que pienses así la tenemos nosotros mismos, por haber comprado tizas de nuestro bolsillo, dedicado fines de semana a planificar y corregir, soportado inútiles con cargo y aun así seguiendo adelante.

Y no me creo víctima, te aclaro. Hubiera cambiado de profesión hace rato si no creyera que el único cambio posible es a partir de la educación. Pero la dignidad también se educa.

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A propósito de las distopías

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La foto del Sr. Zuckerberg con la audiencia utilizando los anteojos de realidad virtual fue tomada en el reciente Congreso Mundial de Móviles de Barcelona, y se volvió viral a partir de las inquietudes que genera. Nos dimos permiso de jugar con esa idea distópica que de diversas maneras nos remite a The Matrix, la película de 1999 de los hermanos Wachowski.

[Fuente: Diario La Voz]

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Google sabe todo sobre nosotros

En cuanto a Google, cuyo número de usuarios sobrepasa los mil millones, dispone de un impresionante número de sensores para espiar el comportamiento de cada usuario: el motor Google Search, por ejemplo, permite saber dónde se encuentra el internauta, lo que busca y en qué momento. El navegador Google Chrome, megachivato, envía directamente a Alphabet (empresa matriz de Google) todo lo que hace el usuario en materia de navegación. Google Analytics elabora estadísticas muy precisas de las consultas de los internautas en la red. Google Plus recoge información complementaria y la mezcla. Gmail analiza la correspondencia intercambiada, lo cual revela mucho sobre el emisor y sus contactos. El servicio DNS (Domain Name System, o Sistema de Nombres de Dominio), de Google, analiza los sitios visitados. YouTube, el servicio de videos más consultado del mundo, que pertenece también a Google y, por tanto, a Alphabet, registra todo lo que hacemos en él. Google Maps identifica el lugar en que nos encontramos, adónde vamos, cuándo y por qué itinerario… AdWords sabe lo que queremos vender o promocionar. Y desde el momento en que encendemos un smartphone con Android, Google sabe inmediatamente dónde estamos y qué estamos haciendo. Nadie nos obliga a recurrir a Google, pero cuando lo hacemos la empresa sabe todo de nosotros. Y, según Julian Assange, inmediatamente informa de ello a las autoridades estadunidenses.
[Ignacio Ramonet, periodista español]

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Robots, empleo y reforma educativa

Según el ya famoso estudio de los economistas Carl Benedikt Frey y Michael Osborne, de la Universidad de Oxford, el 47% de las tareas que hoy necesitan a un ser humano para ser desarrolladas podrían ser automatizadas tan pronto como en 2033. Para evitar la debacle en el empleo, los tecnólogos y políticos más optimistas ponen su fe en una reforma educativa. Si se cambia la educación, dicen, ese ejército de potenciales desocupados encontrará su lugar en el mundo descartando los trabajos rutinarios y desarrollando los creativos y los de cuidado (ligados al contacto humano), las dos áreas en que seguimos ganando a los robots. Pero si la historia se repite, a los escenarios utópicos no se llega sin transiciones dolorosas. En sus primeras etapas, las dos revoluciones industriales tuvieron una cosa en común: el crecimiento gigantesco de las diferencias entre los que fabricaban fortunas millonarias y los que se empobrecían en masa. Si es cierto que estamos en las puertas de la Tercera Revolución Industrial, ¿por qué habría de ser diferente esta vez?
[Fuente: iEco]

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La lámpara que se burla de la obsolescencia programada

La obsolescencia programada u obsolescencia planificada es «la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto, este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible», según define Wikipedia.

Pues bien, parece que una lámpara de la estación de bomberos de Livermore, en California, EE.UU. no se ha enterado de este asunto de la obsolescencia: lleva a la fecha 114 años y más de 1.000.000 de horas funcionando, con algún que otro corte circunstancial, como cuando fue mudada de estación en 1974.

El video a continuación, de la BBC, lo explica mejor:

Tal es el revuelo que ha causado su longevidad que se ha convertido en una celebridad: ha establecido un record Ginness -como era de suponer-, recibe visitas guiadas y hasta tiene su propio sitio web.

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En el sitio no sólo se puede conocer la historia de la celebridad, leer algunos estudios técnicos que hurgan en las hipótesis tejidas alrededor de las causas de su duración, participar de la celebración de sus aniversarios o adquirir una réplica de ella. Como se observa en la imagen, también se la puede ver en vivo y en directo: una cámara registra la actividad incandescente de la célebre lámpara, para transmitirla en una pantalla que se renueva cada 30 segundos en el mismo sitio web.

Así qué, si está aburrido querido lector, aquí tiene un ejercicio para entretenerse: mirar la bombilla. Después de todo, han transcurrido ya 114 años. Es probable que usted mismo sea testigo -Dios nos libre- del tan temido apagón.

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