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Noticias y actualidad - 30. página

…con ojo crítico

El quitosano, una auspiciosa promesa de adiós al plástico

Muchos objetos de plástico, como los envases desechables o los embalajes, se fabrican sin considerar su larga vida útil, es decir la gran cantidad de años que permanece en el ambiente sin degradar. Según un reciente estudio, se calcula que casi 270.000 toneladas de plásticos flotan en los océanos del planeta.

El shrilk, un nuevo material producto de una mezcla a base de quitosano, presente en caparazones de crustáceos e insectos, y fibroína, una proteína de la seda, abre un escenario prometedor para la industria y la medicina por su propiedad de biodegradabilidad.

Javier Fernández, doctor en Nanobiotecnología por la Universidad de Barcelona, investigador en Harvard y docente de la Singapore University of Technology and Design, ha dedicado su carrera a reducir el consumo de plástico y es quién deposita su entusiasmo y esperanzas en el quitosano.

La introducción del plástico, un producto que el investigador califica como «el material del siglo XX», hizo que se detuviera la investigación del quitosano y otros materiales. En el caso del quitosano, se descubrió en el siglo XIX y a principios del XX se investigaron sus propiedades. Al punto que la empresa DuPont conserva patentes de esa época.

El Dr. Fernández, quién ya suma tres publicaciones científicas sobre las propiedades de este material, ha estudiado minuciosamente los caparazones de insectos y crustáceos dando con las bases para crear el shrilk. El investigador reprodujo la estructura de los insectos en la naturaleza para diseñar este material que duplica en fuerza a la del plástico y es, además, biodegradable. Lo explica de este modo: «La piel de un insecto está hecha de quitosano, proteínas y, en la parte más externa, hay una capa similar a la cera resistente al agua. El quitosano y la fibroína se combinan para dotar al esqueleto de rigidez (alas) o elasticidad (articulaciones)».

Una de las principales ventajas del quitosano, además de ser segundo material orgánico más abundante en la Tierra por detrás de la celulosa, es que se trata de uno muy barato: «Tradicionalmente, lo hemos usado como un desecho», dice el investigador. «Es el caso de cabezas y caparazones de gamba recogidos por la industria pesquera que, en su mayoría van directo a la basura».

Uno de los trabajos, publicado a principios de 2014, ahonda en las posibilidades del quitosano como material para imprimir grandes estructuras en 3D y hacer la producción escalable, aunque requiere que las empresas modifiquen su proceso productivo.

En el video a continuación se muestra cómo una semilla plantada sobre una superficie de quitosano crece y florece en 20 días, demostrando que el material se degrada en el medio ambiente y no entorpece el crecimiento de otras especies.

Fuente: Diario El País

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Te lego mis bienes… y mi perfil

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Tiempo atrás, luego de un debate en la propia red social y en un tema cargado de zonas grises, Facebook implementó las cuentas «conmemorativas» para personas fallecidas. Esto implicaba que la cuenta podía verse pero no permitía la edición por terceros -algún pariente o amigo- en forma póstuma.

En lo que parece un nuevo intento por parte de la empresa por ofrecer una respuesta más adecuada en estos temas difíciles, Facebook está dando a sus usuarios un mayor control sobre lo que ocurre con sus cuentas cuando mueren: acaba de habilitar una opción que los usuarios pueden configurar para cuando llegue ese momento, con el nombre de «Contacto legado».

Esta nueva función permite a los usuarios designar a un amigo específico como «legado», a quién Facebook permitirá acceder a la cuenta del fallecido. El contacto legado no tendrá permiso para iniciar sesión con ese nombre de usuario o leer sus mensajes privados, pero sí podrá:

– Agregar un mensaje -que se mostrará en la parte superior del timeline del fallecido-, compartir un mensaje final o una notificación sobre un servicio conmemorativo.
– Actualizar la foto de perfil.
– Responder a nuevas solicitudes de amigos.
– Descargar archivo de fotos, mensajes e información del perfil público de Facebook.

Esta función de «legado» -que inicialmente se está implementando para los usuarios estadounidenses pero con planes de expandirlo a las demás regiones-, se habilita en la opción «Contacto legado» que aparece en el menú «Configuración», opción «Seguridad».

Allí se puede añadir el contacto específico que será el legado y seleccionar las actividades podrá efectuar sobre la cuenta referida. El proceso finaliza con un mensaje a la persona elegida, quién también podrá elegir, si lo prefiere, eliminar la cuenta del fallecido.

Fuente: Segu-Info

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Je suis un être humain

Los fanatismos que más debemos temer son aquellos que pueden confundirse con la tolerancia.
Fernando Arrabal, escritor y cineasta español

leonard-de-vinci-homme-de-vitruveLuego de los atentados de esta semana en París, una nueva demostración de (des)inteligencia de la izquierda más extrema: justificar el asesinato a sangre fría de civiles con un discurso revisionista rebuscado y tendencioso.

Y una nueva demostración de (des)inteligencia de la derecha francesa: amenazar con la pena de muerte a gente que hace de la muerte un culto, recompensas incluidas.

Lo cierto es que no hay justificación para el asesinato. Lo contrario, justificarlo de algún modo, es correr un mal riesgo: dejar de decir por temor a las represalias.

Nada justifica la aniquilación del otro, de sus creencias, de sus convicciones, de su vida misma. Los argentinos tenemos 30.000 razones para nunca más pensar, como ya sucedió, que alguien merece ser aniquilado porque «algo habrá hecho». O sus variantes, como en este caso: «algo habrá creído» o «de algo se habrán burlado».

Déjenme creer en lo que yo quiera y reír de lo que me plazca. Y como alguien dijo, «puedo no estar de acuerdo con lo que digas, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo».

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La falsa ilusión de una red social a medida

tapita

Aunque no es la primera vez que lo hacen -el año pasado presentaron algo similar en formato de video-, los muchachos de Facebook han levantado una buena polvareda este año con su «Year in Review» o «El año de…» en nuestro idioma. Tanto, que tuvieron que salir a pedir disculpas por algún resumen que mostraba malos recuerdos a una persona dentro de lo sucedido en el año que termina.

El algoritmo utilizado por Facebook es muy simple: resalta las fotos con más “likes” o «me gusta» de la cuenta en cuestión. Cómo es lógico entonces, aquellas fotos que más simpatía o adhesión generaron entre los contactos del usuario son las que aparecen, más allá de que se traten de postales de una celebración o retratos de un dolor compartido.

Sin embargo, y he aquí el meollo de la cuestión, toda la herramienta es totalmente configurable y es posible editar tanto los textos como las fotografías que se muestran.

Pero claro, la gente de Facebook –que parece no caer en la cuenta de que este monstruo que ha creado se alimenta a pura inmediatez y fugacidad-, pretende que el usuarios se lance sin más a configurar cosas que no entiende ni desea entender.

No deberíamos olvidar, además, que Facebook arma ese muestrario de estados emocionales con la información que nosotros mismos fuimos subiendo a lo largo del año. No aparece por generación espontánea. Tampoco se trata de que Facebook vaya a recorrer internet buscando material para publicar. No, fuimos nosotros mismos quienes decoramos nuestros muros con aquello que creímos necesario, conveniente o apropiado publicar. Depositar entonces la responsabilidad -o la culpa- de ello a un algoritmo que toma sucesos que nuestros contactos transformaron en importantes para organizarlos por fecha, decorarlos y mostrarlos en nuestro propio muro todo junto es al menos, ingenuo.

No deja de mostrar cierta incoherencia de nuestra parte molestarse por algo que no sólo es automático, sino además es una recopilación de lo que nosotros mismos publicamos. El sistema tiene sus reglas y así funciona. Se puede exigir un mejor funcionamiento y un cumplimiento de aquello que se promete, pero de allí a pretender que todo cambie para ajustarse a nuestros intereses y aun caprichos, suena a autoritario. 

Si no me gusta lo que se hace u ofrece, o no me conviene, debería retirarme. Y punto.

Tal vez sea hora de pensar qué y cómo publicamos, teniendo en cuenta que la privacidad –quién y cómo lo ve- y aún la intimidad -si otros realmente necesitan o deben verlo– corren por nuestra cuenta.

Es decir, corren por cuenta de nuestra comprensión -y acción consecuente- de los derechos que nos caben en el ejercicio responsable de nuestra ciudadanía digital.

Nosotros decidimos.

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