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Sociedad - 29. página

Tecnología y sociedad

El documental ‘Pueblo Verde’, completo

Días atrás escribí una entrada sobre el estreno en el cine Gaumont de Buenos Aires, de “Pueblo Verde, La Pelicula”, un documental que propone un viaje hacia el interior del modelo de producción de transgénicos y su abanderada, la soja genéticamente modificada.

Al mismo tiempo, dejé en la fan page de la película en Facebook un comentario, consultándoles sobre la posibilidad de que pudiéramos verla también en el interior. Muy amablemente se comunicó conmigo su director, Sebastián González Jaurs, para comentarme que no cuentan con grandes posibilidades de difundir la película en el interior, y que la idea es publicar en unas semanas una versión adaptada para la web.

Conversamos también sobre el libro de Fernanda Sández, «La Argentina fumigada», que aborda la misma problemática, coincidiendo en que todos estos trabajos son parte del laburo de hormiga necesario para dar a conocer el tema y lograr que alcance una mayor visibilidad.

Mientras esperamos la versión web lo publicamos aquí para nuestros lectores, gracias a que Sebastián también me hizo llegar el link. Lo comparto con su permiso.

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La paradoja de los analfabetos digitales

Es ciertamente una paradoja de estos tiempos: sobredosis de tecnologías de última generación para analfabetos digitales… Llenamos a nuestros chicos y jóvenes de tecnología dando por sentado que son quienes mejor se manejan en el cibermundo, pero parece que este panorama está bastante alejado de la realidad.

De esto habla el artículo «Jóvenes analfabetos digitales: Cuando las apariencias engañan», escrito por Fernanda Sández para Border Periodismo, y para el que pudimos aportar nuestro punto de vista.

Esperemos que nuestras autoridades tomen nota, y no como un ataque sino como un aporte.

El artículo completo se lee haciendo clic aquí.

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‘Europeos y chinos utilizan nuestros subproductos de la soja, pero sus plaguicidas quedan acá’

Quién esto afirma es Raúl Montenegro, biólogo ambientalista y activista argentino, uno de los más de cien entrevistados para «Pueblo Verde, La Pelicula», un viaje documental por las principales provincias agrarias del país.

Escrita y dirigida por Sebastián Rodrigo Jaurs, y producida Amalia Florencia Herdt, la película propone un viaje hacia el  interior del modelo de producción de transgénicos y su abanderada, la soja genéticamente modificada.

El recorrido se inicia en Buenos Aires y visita Córdoba, Santiago del Estero, Chaco, Santa Fe y Entre Ríos. Médicos, ingenieros agrónomos, vecinos de los pueblos, profesores universitarios, integrantes de comunidades indígenas y campesinas, científicos, pequeños productores, cada uno aporta su testimonio y sus vivencias, construyendo un relato coral que crece en la diversidad.

¿Qué son los agronegocios?¿Qué es un transgénico? ¿Somos conscientes de qué es los que comemos? ¿Qué factores sociales, económicos y ambientales están en juego con este modelo de producción de alimentos? ¿Qué dicen las leyes y la justicia al respecto?¿Qué rol tomamos como ciudadanos? ¿Ejercemos nuestros derechos? Interrogantes que la películas plantea, dejando una puerta abierta para que el espectador se informe y decida en que tipo de país quiere vivir.

«Pueblo Verde, La Pelicula» se estrenó el 26 de Enero pasado en el cine Gaumont de la ciudad de Buenos Aires, y continuará su exhibición allí hasta el 1° de febrero. Esperamos su pronta llegada a las salas del interior del país.

Fuente: Página en Facebook
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Documento sobre la contaminación con pesticidas en la cuenca Paraguay-Paraná

En el mes de julio pasado, como publicáramos en la oportunidad, se dio a conocer una investigación que encendió varias alarmas: la cuenca del río Paraná está altamente contaminada con herbicidas.

La investigación, realizada por los científicos argentinos M. Etchegoyen, A. Ronco, P. Almada, M. Abelando y D. Marino, del CONICET, se llevó a cabo entre los años 2011 y 2012.

El resultado fue publicado 4 años después por la revista Environmental Monitoring and Assessment, y desde el pasado día 17 de enero puede leerse en el sitio de Springer International Publishing (en inglés) haciendo clic aquí.

Resumiendo, los investigadores afirman que la utilización de plaguicidas en la región se ha incrementado un 900% en las dos últimas décadas, asociados con la introducción de los cultivos transgénicos y las técnicas de siembra directa. Se analizaron veintitrés compuestos pesticidas mediante cromatografía de gases. Los resultados indican una distribución generalizada pero variable en las concentraciones detectadas en toda la cuenca.

Todas las concentraciones detectadas en el agua superan las pautas recomendadas para la protección de la biota acuática. Y la conclusión a la que arriban no deja lugar a dudas: la actividad agrícola es el origen. Los pesticidas se transportan por los afluentes hasta el curso de agua principal, alterando la calidad del ecosistema acuático.

Fuente: Occurrence and fate of pesticides in the Argentine stretch of the Paraguay-Paraná basin
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Reconocer y resistir

La promesa de Amazon [de eliminar todo tipo de intermediación] se basa en dos estrategias retóricas que aman los solucionistas. La primera es la del «discurso de la innovación», que consiste en tratar a la innovación en general como buena en sí misma, más allá de sus consecuencias sociales o políticas. En definitiva, la innovación es progreso ¿y cómo puede ser malo el progreso? La segunda estrategia es el «discurso de las herramientas», que busca reformular cualquier debate sobre la tecnología para presentarlo como un debate sobre herramientas y, por extensión, sobre cómo esas herramientas podrían empoderar a los usuarios. Ambos discursos empobrecen nuestro debate sobre las tecnologías digitales; se debe reconocer a ambos tempranamente, y oponerles resistencia.
Evgeny Morozov, fragmento de «Los peligros de la mediación algorítmica», en «La locura del solucionismo tecnológico», Ed. Katz, Cap. 5

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A las tecnológicas no les interesa tu opinión ni tus problemas

Psafe, la compañía de servicios gratuitos de seguridad online, decidió discontinuar la actualización de su software antivirus para computadoras de escritorio. Esta medida fue decidida por la empresa de acuerdo a sus términos de uso, en forma unilateral e inconsulta.

«Vaya y consígase otro antivirus», es la consigna. No importa el problema que esto le provoque al usuario, justamente esa persona que está al otro lado de la línea y que confió en el producto para usarlo durante largo tiempo.

Usted dirá, «están en su derecho». O tal vez piense que después de todo, no es un problema. Sin embargo, imagine por un momento que todos los servicios que usted usa, al mismo tiempo y del mismo modo dejen de proveer soporte o discontinúen esos productos que usted usa. ¿Lo afectaría a usted de algún modo? ¿Se siente con ganas y conocimiento suficiente como para salir disparado a buscar los reemplazos?

Claro, no es la primera vez que sucede: nos hemos quedado en el pasado, de un golpe y sin aviso previo, sin Buzz, Wave o Reader, por citar ejemplos de otra empresa a la que suele no importarle a quién afectan estas decisiones, como lo es Google.

Días atrás mencionábamos el problema de la pérdida de datos a causa del error, y del deterioro y la obsolescencia de los soportes. Decisiones como las de Psafe son la otra pata del problema sobre el que se asienta la fragilidad de los sistemas: las empresas deciden qué les conviene o no, y el usuario debe adaptarse o perder.

Porque, según parece confirmarse, también para las empresas el eslabón más débil de la cadena es justamente, el usuario. 

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Haciendo visible a un país invisible y envenenado

Están ahí. Aunque no los veamos, están ahí. Mejor dicho, tal vez estén todavía ahí justamente por eso: porque son invisibles. Porque ni siquiera sabemos que están. Sin embargo, nos acompañan cada día de nuestras vidas, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir (…) una carga química tan ignorada como potencialmente peligrosa, y de la que ni siquiera los organismos de control parecerían tener demasiado control.

Así comienza la periodista y docente Fernanda Sández su libro «La Argentina fumigada. Agroquímicos, enfermedad y alimentos en un país envenenado», que amablemente la autora me entregó en mano con una muy cálida dedicatoria.

Y parece ser cierto: lo único a la vista son las víctimas -muertos, intoxicados y olvidados de los que habla la autora-, mientras el perpetrador de tal crimen goza de la impunidad que brinda aquella invisibilidad gestionada por empresas, Estado y organismos de control. Mientras tanto, lo consumimos a diario.

En los últimos 20 años, el sector de los agroquímicos que se utilizan para producir lo que comemos y vestimos creció casi un mil por ciento. Este dato y otros igualmente llamativos y preocupantes fueron los disparadores de una investigación de varios años y cientos de kilómetros recorridos en busca de datos y testimonios. El resultado es este libro, que habla de realidades, consecuencias, intereses varios y negocios que se pagan con la salud de todos nosotros.

«La Argentina fumigada», una edición de Editorial Planeta, se convierte así en una lectura necesaria para una indispensable toma de conciencia. Por nosotros, por nuestros hijos, por todos.

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El consumo bajo la manipulación del entorno

La «Transferencia Gruen» o «Efecto Gruen», es el momento en que los consumidores responden a las señales de «desorientación guionada» por el entorno. La conciencia espacial juega un papel clave, al igual que el sonido, el arte y la música circundantes. Un diseño del espacio deliberadamente confuso conduce a la pérdida de las intenciones originales del consumidor, haciéndolo más susceptible a las compras impulsivas. 

Hablamos, claro, de los centros comerciales. Pero también de los casinos. Y de los hipermercados y la razón por la cual los alimentos de primera necesidad están al fondo. Es decir, del llamado «tercer espacio» -el hogar es el primero, el trabajo el segundo-,  aquellos lugares públicos capaces de generar comunidad reducidos hoy al mecanismo obsesivo-compulsivo por consumir que caracteriza a esos lugares. Muy a pesar de su creador, Víctor Gruen.

Gruen fue un arquitecto austriaco que se trasladó a Nueva York huyendo de la ocupación alemana de Viena en 1938. Allí comenzó a diseñar lugares de venta, y buscando la manera de atraer a los clientes en los difíciles tiempos de la recesión, en 1956 terminó concibiendo lo que hoy conocemos como centro comercial.

Más tarde se arrepentiría del monstruo que había creado. Con el tiempo, los diseñadores comenzaron a crear espacios para fomentar deliberadamente una actitud de compras, desorientando y abrumando al visitante con recorridos complicados y muchos elementos distractivos. Gruen se opuso a esto, pero su nombre quedó asociado a la manipulación comercial.

Fuente (contenido y foto): Arquine
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Una conspiración de algoritmos

Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección (…) Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada. Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.
Martin Hilbert, Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación, a The Clinc On Line

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Excusas inexcusables

Nunca pensé que podía ser una cuestión de privacidad.
Serguéi Brin, cofundador de Google, sobre el fracaso de Google Buzz por problemas, justamente, de privacidad. Citado por Evgeny Morozov en «La locura del solucionismo tecnológico».

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