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Sociedad - 115. página

Tecnología y sociedad

Más sobre copyright y copyleft

La amiga y colega Gabriela Sellart me hace llegar un trabajo publicado en Maestros del Web, sobre las principales razones por las que los aspectos de las licencias para el uso, reproducción y/o modificación de contenidos en la web deben ser tenidos en cuenta, y cuáles son los sistemas existentes para su implementación.

Este es un tema que venimos siguiendo y sobre el cual algunos lectores nos han hecho aportes valiosos. Incluso estamos trabajando con el amigo Esteban Cerioni un artículo sobre estos derechos en la producción musical, siendo Esteban un músico con trayectoria que tiene algunas cosas para decir al respecto.

El artículo mencionado al inicio, titulado «¿Contenidos libres o propietarios?» informa sobre los mecanismos existentes en tal sentido, y cita a Marco Marandola, experto en licencias electrónicas y derecho de autor, quien en su trabajo «Derecho de autor: fotocopias», señala que a los derechos de los autores se oponen no sólo los de los lectores, sino también los de la sociedad en su conjunto, haciendo hincapié, en:

la necesidad de permitir a los miembros de una sociedad moderna y democrática acceder a las obras, sin tener que pagar y pedir permiso a los autores/editores, cada vez que se quiera disponer de ellas.

Este autor señala también que deben tenerse en cuenta tanto el interés del creador de la obra, que sin incentivos económicos no podría vivir de su trabajo, como el interés de la sociedad en tener acceso a la información.

También señala como conclusión la autora del artículo, Hebe Bravo, escritora, tesista en la Licenciatura en Comunicación Social de la UNLP, Argentina y colaboradora de la Revista digital «Persona urbana», que:

Sin duda, tanto el conocimiento como la información son patrimonio de la sociedad en su conjunto. De allí que el modelo abierto en la política de gestión de contenidos en internet, crezca día a día.

Sin embargo, más allá de estas consideraciones, los intereses económicos de las cadenas de distribución de contenidos en la red, han planteado la necesidad de buscar soluciones jurídicas para la protección de los derechos de autor en el entorno digital, así como los mecanismos tecnológicos que permitan su aplicación.

Muchos de estos dispositivos han sido cuestionados, no sólo por violentar la privacidad de sus usuarios, sino también, por cercenar el derecho a la información, de quienes tienen el acceso bloqueado a la misma.

En este escenario, las licencias Creative Commons representan un soplo de aire fresco, que permite a los autores que han optado por el copyleft, una retroalimentación enriquecedora de los contenidos que distribuyen, libremente, a través de su sitio.

Invitamos a nuestros lectores interesados en el tema, a leer el articulo completo, de indudable valor para comprender la dinámica de la difusión del conocimiento en la Era de la información.

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Para padres nostalgiosos…

Aquí, dos modelos para pegar en cartulina y armar. Tener hijos pequeños sería la excusa perfecta (a pesar del seguro «Pá, ¿qué es eso?»), pero sino, adelante valientes. A armar se ha dicho.

armar-fiat-600.jpg

armar-citroen.jpg

Dos comentarios:

1) Para agrandarlos, hacer clic sobre la imagen.
2) No recuerdo de donde los saqué, así que si alguien los conoce y sabe de donde son originalmente por favor, avise.

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Jugando con Google Earth

avion.jpg

Aeroparque metropolitano, Buenos Aires, Argentina

Cabildo

El Cabildo de Buenos Aires, con ayuda de 3D

Teatro Colón

Teatro Colón, Buenos Aires, Argentina

Torre Retiro

La Torre de los Ingleses en Retiro, Buenos Aires

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Copyright y copyleft

Encuentro algunos sitios y blogs que tienen el logo de Creative Commons y el de Copyright simultáneamente, y la contradicción que existe entre ambos conceptos demuestra que no se tiene muy en claro que significa cada cosa. Por ejemplo, aparece colocado el logo de CC y al mismo tiempo se lee «prohibida la reproducción total o parcial…», etc., seguido por amenazas legales varias.

Según el sitio de la organización en español, Creative Commons,

ofrece un abanico de licencias que abarcan desde el tradicional sistema de derechos de autor hasta el dominio público. Nuestro objetivo es dar opciones a aquellos creadores que quieren que terceras personas utilicen y/o modifiquen su obra bajo determinadas condiciones. Y estas condiciones son escogidas por el propio autor. Entre una obra con ‘todos los derechos reservados’ o una con ‘ningún derecho reservado’, Creative Commons propone tener ‘algunos derechos reservados’.»

Para deleite e información de nuestros lectores, ofrecemos dos recursos que pueden ser muy útiles a la hora de saber de que se trata todo esto.

  • En el sitio mencionado anteriormente, se especifican los distintos tipos de licencias que se pueden utilizar. Se puede acceder haciendo clic aquí.
  • Haciendo clic aquí podrán bajar el trabajo de Lawrence Lessig, el creador del Proyecto «Creative Commons», titulado «Cultura libre – Cómo los grandes medios usan la tecnología y las leyes para encerrar la cultura y controlar la creatividad.»

Todo aporte a esta cuestión será muy bienvenido. Puede el lector dejarlo como comentario en este post.

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Oh God, not me!, recargado

Poniéndonos ya cargosos con la idea del «gen negro», reproducimos extractos de las declaraciones del científico James Watson, quien considera elemental que los negros son menos inteligentes que los blancos, y no estaba hablando de alfajores. Este ganador del Nobel ha argumentado también a favor de la ingeniería genética por considerar que un día será posible curar la «estupidez», en obvia autorreferencia.

Dice así:

El investigador estadounidense, de 79 años, declaró al dominical británico «The Sunday Times» que es pesimista sobre África porque las políticas occidentales se basan en la creencia de que «la inteligencia de los africanos es como la nuestra, algo que contradicen todas las pruebas efectuadas». Y remató: «La gente que tiene que tratar con empleados negros sabe que eso no es así». Esas opiniones se reflejan también en un libro que verá la luz la próxima semana y en el que Watson asegura que no hay motivo alguno para creer que «las capacidades intelectuales de pueblos separados en su evolución han tenido que evolucionar de modo idéntico». «El querer considerar un poder igual de la razón como una herencia común de la humanidad no basta para que sea así», escribe el investigador, citado por el diario «The Independent», que cuestiona sus comentarios.

Si hablamos de las formas, es impresentable. Si hablamos de contenidos, peligroso. Pero me acuerdo de uno de esos encabezados que aparecían en cada hoja de la revista «Humo(r)». Uno de ellos decía: «La inteligencia humana es limitada, pero la estupidez no tiene límites»

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Alumnos de la Escuela Sarmiento debatieron sobre convivencia

Levanto del periódico local la crónica de la experiencia llevada a cabo en la Escuela Nro. 55 «Domingo F. Sarmiento», de nuestra ciudad de Rosario:

“Tengo un vecino que sufrió mucho desde chico la discriminación porque es homosexual. Eso no debería pasar porque todos somos seres humanos”. Sin titubear el que habla es Pedro, de 9 años. A su vecino lo eligió como personaje del barrio para una clase de formación ética, donde el tema en cuestión era: “La ciudad como espacio democrático”.

Pedro es alumno de la Escuela Nº 55 Domingo Faustino Sarmiento de Rosario. Se anima un poco más y asegura también haberse sentido discriminado por su altura. “En el club, los chicos más grandes, de 12 o 13, no me dejan jugar con ellos, porque dicen que soy chico (por la estatura)”. La propuesta de dialogar sobre convivencia y democracia en la ciudad la llevó a la clase el maestro de 4º Ariel Aguirre. Es parte de un proyecto más amplio donde los chicos fueron invitados a armar maquetas que representaran su barrio o el de la escuela.

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Al hablar de convivencia los problemas de discriminación ganaron la charla. Nicolás, también de 9, nació en Rosario pero su familia es de Taiwán, contó para todos que sus rasgos físicos fueron más de una vez motivo para sentirse discriminado. Enseguida se suman Imanuel, Valentina y José Luis, todos de 9, que recuerdan que en más de una ocasión los diferenciaron “por gordos”.

Ser un niño o niña también es para los chicos una de las causas que los lleva a ser dejados de lado o pasados por alto por el mundo adulto. Así lo explica, Catalina, de 4º año, que dice que cuando va a un negocio la hacen esperar “por ser una nena”, y “pasan primero los grandes”. Apoyada sobre la pared del salón, Trinidad (9) pide la palabra para dar sus conclusiones: “Estamos en una civilización, en el 2007, no podemos discriminar por ser gordos o negros, así lo único que hacemos es que la gente se sienta mal”.

Preocupaciones

El profesor Ariel Aguirre asegura que las conversaciones con los alumnos son más que fructíferas cuando se reflexiona en común. Muestra recortes de diarios, con notas sobre el racismo y que le han servido de disparadores para dialogar con sus alumnos sobre los problemas que les preocupan, entre otros ejemplos. “Hubo mucho entusiasmo y esfuerzo puesto en este trabajo”, dice Silvia Gerlo, también maestra de 4º al referirse a la muestra de maquetas realizada por los alumnos. Y es verdad, el color y la creatividad ganan en cada trabajo expuesto en una de las salas de la escuela.

“Trabajé mucho con esta maqueta”, cuenta Agustín, de 4º y recuerda que primero ubicó su casa “y el sanatorio que está al lado”. Julio, también de 9 años, tiene otra mirada sobre lo que son espacios indispensables para su barrio. “Lo primero que me pareció importante que estuviera fue la heladería, luego la iglesia y después los edificios. La plaza es otro lugar importante para el barrio”.

Amarilis describe cómo fue su maqueta, y concluye para todos que se trata de “un lindo proyecto”. Cuando hablan de los problemas con los que convive la ciudad, los chicos tienen su mirada. “Me preocupan los robos, la inseguridad y el estrés”, dice Manuel. En cambio, para Marcos la preocupación pasa por “la desigualdad social, la gente que está en la calle. Los que viven mal mientras otros viven muy bien”.

Jimena coincide con su compañero Facundo para definir a “la inseguridad y la pobreza” como los problemas comunes. Y al final Laurita prefiere hablar del lugar por el que pasa todos los días: “Me preocupa que a la escuela no le falten cosas para enseñar”.

Fuente: LaCapital.com.ar

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Esto es todo lo que tengo para decir sobre la vuelta de Soda

No, no tenemos publicidad del concierto de regreso. No, tampoco regalamos entradas. Remeras tampoco.

No tenemos stickers, posters, cd’s ni ninguna de esas cosas que tienen su palabra en castellano pero que no sería cool decirlas de otra forma que no sea en la lengua de la madre patria de algunos de nuestros economistas más famosos.

No, che, la verdad es que no tenemos naaaa…

Pero bueno, algo había que decir sobre la vuelta de ….. (acá nosotros pusimos Soda, pero vos podés poner a The Police, Génesis, Pink Floyd, Led Zeppelin, Patricio Rey o Palega Ortito)

Eeeehhh, que bueno sería ver a Zeppelin, ¿no?

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‘Plan A’: los celulares y un debate necesario

Hoy tuve el enorme placer de participar del programa «Plan a«, en Canal 3 de nuestra ciudad, por invitación de su productor Fabián Scabuzzo.

El tema convocante fué «Los celulares y la dependencia tecnológica», con un panel multidisciplinario entre los cuales estuvo la escritora Angélica Gorodischer, entre otros notables. Un lujo.

Estas son algunas de nuestras intervenciones en el programa:

Sobre la dependencia a los celulares y la tecnología en general: «Cuando el hombre dejó de usar sus manos para usar una herramienta, ya hubo dependencia».

Falta un debate necesario sobre la influencia de los problemas de seguridad, la publicidad, la salud, etc.

Es para destacar el buen trato de todos, en especial de Fabián y de Gustavo Rezzoaglio, el conductor del ciclo, quien con mucho profesionalismo lleva las riendas de un debate a veces caliente.

Se notó el esfuerzo por abordar un tema complejo desde diferentes áreas y visiones, aunque por lo escaso del tiempo quedó mucha tela para cortar.

En definitiva, una buena experiencia.

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"Si quieres un amigo, cómprate un perro." (Gordon Gekko)

La recordada frase del detestable personaje de «Wall Street», genialmente interpretado por Michael Douglas, volvió a mi memoria al ver los ¿resultados? ¿consecuencias? de la celebración del inexplicablemente popular Día de Amigo.

«¡Qué antipático!», dirán algunos. Si. Y ni siquiera tengo perro.

Tengo algunos buenos amigos, a los cuales no molesté con mensajes, mails y esas cosas. En algún momento les mandaré un mail (a los que están lejos) o los llamaré (a los más cercanos) para decirles que los quiero, pero no por «obligación oficial».

Informa Clarín: «Como en cada 20 de julio, el servicio de SMS, no dio abasto. Así lo confirmaron hoy las empresas prestadoras de servicio de telfonía celular como Movistar, CTI y Personal».

Se hablaba esta mañana de 200 millones de mensajes (lo cual suena un poco exagerado), de los cuales deben haber llegado a distino… 4 (lo cual puede sonar exagerado también).

De todos modos, entre esto y las reservas de restaurantes, por caso, sólo puedo concluir que fué un gran negocio para pocos. Es decir (y a tono con el origen de la «celebración») nos volvieron a clavar la bandera… porque estabamos en la luna.

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Por qué el Negro nunca se fue de Rosario

NegroAlguna vez el Negro Fontanarrosa escribió esto; disculpas por no citar la fuente pero no recuerdo de donde lo saqué (si alguien lo sabe, avise por favor). Pero es una genialidad que merece la pena ser recordada en este dolor.


Somos creativos, a falta de paisaje Rosario tiene lindas minas y buen fútbol. ¿Qué más puede pretender un intelectual?. Esa es mi respuesta cada vez que me preguntan por qué vivo en Rosario. Hecho que, por otra parte, no es demasiado curioso. Un millón doscientas mil personas han tomado la misma determinación.

Lo de las mujeres, señores, es destacable. Más de una vez pensé, y hasta lo propuse, que si había que hacer una campaña publicitando Rosario como destino turístico, a falta de mar, picos nevados o juegos de azar, teníamos que hacer hincapié en lo de las mujeres. Considerando, además, que ya pasó aquel momento brillante de la ciudad, cuando se proclamaba Capital Mundial de la Prostitución y miles de turistas llegaban a la Chicago Argentina en busca del luminoso barrio de Pichincha. Momento que, por lógicas razones cronológicas, no pude vivir, lo que me recuerda aquella frase de Woody Allen: «Yo me perdí la Revolución Sexual por dos meses».

Admito que nunca encontré una frase impactante para mi propuesta publicitaria. La fellinesca «Rosario, la ciudad de las mujeres» suena un tanto obvia y sin gracia. «Rosario, Capital Nacional de la Potra», rotunda y aceptada rápidamente por la vulgaridad de mis amigos, era sin duda burda y bastante peyorativa hacia el género femenino. Buscar algo en torno a «loba», nos hubiera emparentado demasiado con Roma. La idea quedó en la nada.

Este impulso mío de resaltar la belleza de las mujeres locales se contrapone, paradójicamente, con una inquietante y reveladora teoría que estoy por lanzar en breve mediante mi ensayo Somos todos feos. Sostengo allí, valientemente, que el 90% de los seres humanos nos dividimos, estéticamente, entre normales, feos y horribles. Solo hay, lo lamento, un 10% de bellos, que son aquellos a los que se les paga por su condición de hermosos, aparecen en las tapas de las revistas, desfilan en las pasarelas y brindan sus nombres a perfumes costosos. No se les exige decir frases ingeniosas, pensar o emitir opiniones profundas. Sólo se les reclama que sean lindos. Cuando se generaliza diciendo «La mujer brasileña es bellísima» o «El hombre argentino es muy buen mozo», se habla, duro es admitirlo, de un 5% de nuestros habitantes.

Pero toda teoría tiene su excepción, mis amigos. Y debo aceptar que la mujer rosarina (como la de Cali, Colombia) está muy pero muy buena. Rebuena, dirían los chicos. Y aquí también arriesgo un par de explicaciones a tal fenómeno natural. Primero: la soja. Esta leguminosa (hoy por hoy alimento estrella a nivel mundial) es la base nutricia de la mujer rosarina, la que la hace más sólida, más maciza, más protuberante y más sabia. Segundo: la pendiente de la ciudad hacia la costa. Desde la época de las lavanderas, nuestras señoras han debido bajar hacia el río, descender hacia el Paraná por calles empinadas como Laprida o Rioja, lo que las obliga a echarse hacia atrás buscando el equilibrio, comprimiendo los glúteos, tensando los músculos del estómago y sacando pecho, para sostener, además, el canasto de ropa sobre sus cabezas. Los resultados están a la vista, mis amigos, aunque no todos al alcance de la mano.

Usted no puede darse vuelta a mirar a una señora en la peatonal Córdoba porque se pierde. Se pierde la que viene de frente. La exaltación de las mujeres, asimismo, se entronca en el recurso rosarino de defender la ciudad rescatando el paisaje humano ante la moderada oferta de atractivos geográficos mayores. Seamos realistas, el Paraná boca arriba (como poetizó Pedroni) es enorme, pero no es el mar y alrededor no tenemos ni siquiera mansas serranías, como Córdoba.

Entonces, cada vez que el rosarino habla de Rosario, menciona nombres y apellidos: el Che Guevara, Olmedo, Fito Paéz, Baglietto, el Gato Barbieri, etc. etc. etc. Por ahí va la cosa. Más que nada por el lado de la Cultura. Y sobre la cultura rosarina siempre hay una mirada curiosa, desde otras latitudes. «¿Por qué en Rosario se produce un movimiento cultural tan grande?», suelen preguntarme periodistas porteños, por ejemplo, que llegan a Rosario y no encuentran lugar en los hoteles, copados por un miniturismo atraído por la oferta de teatro y espectáculos musicales, cuando no congresos o simposios. «Porque en Rosario no hay otra cosa para hacer» contesto yo, medio en serio, medio en broma. Lo que no es absolutamente cierto, pero que algún viso de realidad tiene. Las ciudades turísticas no se caracterizan por generar cultura. En Bariloche, digamos, la gente tiene puesta su energía en alquilar esquís, elaborar chocolate, ahumar ciervos y ofrecer perros San Bernardo con los cuales sacarse fotos. En Mar del Plata la energía recaerá en ofrecer barcas para pescar tiburones, organizar un Bikini-Open, fritar cornalitos y vender choclos en Punta Mogotes. Siempre me pregunto «¿Cuántos escritores dio Las Vegas?».

Debe darse, además, en ciudades como Rosario, un condimento de contagio. «Si de acá salió Fito -se preguntará algún pibe, como el mío, que toca el bajo- y salió Baglietto y salió Litto Nebbia.¿Por qué no puedo salir yo?». Los proyectos artísticos no suenan, entonces, tan descabellados. Como nadie se asombra en Rosario si un pibe apunta para futbolista profesional. Todos conocemos varios, hijos de amigos, sobrinos o conocidos que ha aparecido en las inferiores de Ñuls, Central o Renato Cessarini.

En definitiva, Rosario es como una Buenos Aires más chica, afortunadamente más chica y con muchos menos habitantes. Soy, lo confieso, uno de los tantos rosarinos que anhelan, egoístamente, que no seamos millones. Nadie ha podido explicarme cual es la ventaja de ser muchísimos, dónde radica el beneficio de ser como San Pablo, o ciudad de México, exagerando. Rosario es una ciudad de inmigrantes, marcadamente italiana, más tanguera que folclórica, más comerciante que colonial, que busca un perfil identificatorio a través de lo que hace y produce, Pero claro, nuestra proximidad con Buenos Aires a veces nos mimetiza con ella.

Hablamos como los porteños, el tango nombra a San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo pero ignora el mnumento a la Bandera, no tenemos un cantito como cordobeses, tucumanos o santiagueños y todo esto, en ocasiones, nos acompleja, nos hace pensar que no somos diferentes ni reconocibles o que nos falta una personalidad clara y avasalladora. En verdad, nunca me desveló ese tema. «El estilo es la insistencia» dijo alguien. Y es ocioso sentarse a esperar un estilo. Poco habría producido yo si, antes de empezar a dibujar, hubiese pretendido definir mi estilo. El estilo aparecerá con el correr del lápiz. A mi juicio la identidad, como el movimiento, se demuestra andando. Con una buena cuota de creatividad. Rosario es una ciudad de creativos, mis amigos. Por algo Belgrano, para crear la bandera, eligió Rosario.

Roberto Fontanarrosa


 

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