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Educación - 99. página

Tecnología y educación

¿Ética? ¿Lo qué?

La conocida frase de Dickson, ‘Los problemas sociales asociados a la tecnología provienen de la utilización que de ella se hace y no de la propia naturaleza de la tecnología’, tiene aplicaciones de la más variada gama. Ejemplos:

Problema:

Queremos ver un DVD en clase pero no tenemos reproductor de DVD.

Soluciones posibles:

1. Consiguir el mismo material en VHS porque la escuela sí tiene reproductora de video.
2. Comprar el DVD para la biblioteca de la escuela.
3. Copiar el DVD en el boliche de la esquina o en la casa del primito de Fulanito que tiene una PC que está buenísima.
4. Buscar la misma información en otro soporte que sí podamos manejar.

La solución que seleccionemos probablemente revele nuestra postura con respecto a la tecnología en el aula.

Pero para complicarla un poco más, podríamos decir que el contenido del DVD trata sobre «Ética». ¿Que harías?

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La tecnología y la nueva ley: ¿Una 'confusión' orquestada?

En coincidencia con mi post ¿De qué hablamos cuando hablamos de ‘Nuevas Tecnologías’?, encontré en el blog del Lic. Doval, que hacía bastante que no visitaba, varios post sobre la situación de nuestro espacio curricular en la nueva ley de educación.

En una síntesis de la cuestión, digamos que la Educación Tecnológica como tal desaparece en las tinieblas de la desinformación creada por los gurúes de las llamadas «Nuevas Tecnologías», un nuevo y engañoso nombre para lo que se conoce como tecnología informática, y que constituye una noción parcializada del alcance de nuestra materia.

No voy a abundar en el análisis porque prefiero dejarlo en manos de expertos como Luis Doval, por lo que recomiendo la lectura atenta de sus post en el blog -mientras dure, porque se lo nota cansado.

Estas líneas solamente pretenden ser un llamado de alerta a todos los colegas para reflexionar juntos y alzar la voz de atención, si es que coincidimos en el análisis.

Por lo pronto, y a modo de «rebote», publico en mi sitio la propuesta de modificación a la ley, la que apunta a revisar con sentido común y criterio amplio y pluralista las omisiones que se observan en la ley. Estas propuestas pueden leerse aquí.

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¿De qué hablamos cuando hablamos de 'Nuevas Tecnologías'?

En una revista dominical de la ciudad se publicó un artículo interesante, sobre cómo la irrupción de las nuevas tecnologías en la vida diaria cambió nuestros hábitos.

Entre nativos e inmigrantes digitales (por cierto, una división discutible, por subjetiva y bastante antipática), comparaciones nostágicas (típicas de los que pasaron los treinta…) y opiniones de opinólogos, en el mencionado artículo se entremezclan Biblia y calefón.

Los que saben dicen que la tecnología, en una aproximación elemental, nace de necesidades, responde a demandas e implica el planteo y la solución de problemas concretos, ya sea de las personas, empresas, instituciones, o del conjunto de la sociedad. Esto incluye computadoras, celulares, chat e i-pod, por supuesto, pero no se restringe a estos artilugios, sino que se extiende a todo desarrollo o creación humana tendiente a mejorar la calidad de vida (si, ya se, no siempre funciona…)

El encandilamiento que producen estos chiches (gadgets en inglés), hace que muchas veces, parafraseando a Les Luthiers, ‘ellos se quedan con el oro y nosotros con las baratijas…’

Es indudable que el mundo ha cambiado vertiginosamente desde la invención del transistor. Basta con revisar una «Mecánica Popular» de los años ’50 para darse cuenta de que el planeta ha girado al revés de lo que los especialistas y futurólogos imaginaban en esas épocas.

Quizás esos cambios han mareado a todo el mundo, por eso se termina confundiendo las llamadas «nuevas tecnologías» con «el planteo y la solución de problemas concretos» que viene brindando la tecnología desde que alguien dejó de hacer las cosas con las manos para usar una herramienta.

Deberíamos llamar a las cosas por su nombre, y sobre todo recordar cuando escribimos que, al decir de D. Dickson, «los problemas sociales asociados a la tecnología provienen de la utilización que de ella se hace y no de la propia naturaleza de la tecnología». Sea antigua o moderna, electrónica o a vapor.

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Sobre el estado de la escuela media, y más

t051dh03Hoy publica Clarín una entrevista a Guillermina Tiramonti, directora de FLACSO Argentina. Se exponen en ella algunas de las causas y efectos del estado actual de la escuela media y, ante semejante diagnóstico, algunas soluciones posibles. Aquí transcribimos párrafos de la entrevista de Liliana Moreno, que recomendamos leer completa. Dice la especialista:

«—Tenemos el mismo modelo escolar que a principios del siglo XX y le hacemos exigencias para las que no fue creado. Por un lado, hay un cambio cultural muy fuerte que exige que la escuela ‘dialogue’ con otros lenguajes y se descentre de ese lugar exclusivo de la cultura letrada. Por otro, le demandamos universalización —con lo que estoy de acuerdo—, pero a una institución que se creó para seleccionar sólo a un grupo de la población. Y a esta demanda de inclusión de nuevos grupos sociales —porque la tendencia es al crecimiento y a la ampliación de la matrícula— la escuela da respuesta fragmentando el sistema. Es decir, generando circuitos diferenciados para grupos sociales diferentes.

—¿Ghetos?

—Ghetos. Grupos de escuelas que se parecen entre sí y a las familias que atienden pero que se diferencian, a veces radicalmente, de otros grupos de escuelas que atienden a otros chicos de otros sectores sociales. Un ejemplo claro son las llamadas escuelas garaje que tienen la finalidad de contener a los chicos que están en una situación social de riesgo pero que están imposibilitadas de generar una propuesta pedagógica que los incorpore al saber contemporáneo.

—¿Cómo impactan estas fronteras en los chicos?

—Un buen ejemplo es el de la construcción del otro desde el famoso valor de la solidaridad. Todas las escuelas de clase media hacia arriba tienen programas de solidaridad social, que en realidad son programas de asistencia, donde los chicos construyen a los otros más pobres como sujetos de asistencia y a ellos como sujetos de la dádiva. Si uno piensa en una sociedad democrática aquí hay una ruptura fundamental. La idea de la democracia está basada en el principio de igualdad y, por lo tanto, la solidaridad es entre iguales no entre asimétricos. Entonces, uno de los problemas del gheto es que los otros son extraños: en las escuelas de los countries, por ejemplo, los que están afuera son una amenaza a la seguridad.

—La vieja escuela pública, en cambio, permitía cierto diálogo entre sectores sociales.

—Por lo menos de las clases medias. Siempre hubo escuelas para la elite y para los sectores más bajos. Pero ha habido un espectro de escuelas muy amplio que atendía a sectores bajos integrados y a todas las dimensiones de la clase media. Esto generaba cierta garantía de cohesión social. Y esa escuela desapareció.

—En este contexto ¿Cómo encaja la propuesta de la nueva Ley de Educación Nacional de universalizar la escuela media?

—Lo ideal es pensar en una nueva secundaria. Porque para universalizarla hay que transformarla. Para no degradarla más. Para recuperarla y hacer de ella una institución que retome la heterogeneidad social e incorpore a los chicos a un efectivo diálogo con la cultura contemporánea.

—Habló del desfazaje de la escuela actual frente a los cambios culturales ¿Cómo se manifiesta?

—Insistiendo en un modelo pedagógico basado en la lectoescritura. No quiero decir que haya que abandonarlo pero hay que pensar en una escuela media con mayor diálogo con todas las manifestaciones culturales del contexto: con las imágenes, con Internet, con las nuevas formas de habitar el mundo que tienen los jóvenes, que en muchos puntos nos es extraño. Hay un discurso que dice que los docentes perdieron la voluntad de enseñar y de transmitir. Y es posible que haya algo de esto, pero creo que tiene más peso el hecho de que el docente no está familiarizado con la nueva cultura entonces duda de lo que transmite, encuentra que pisa en falso con respecto a la cultura de los chicos. Hay que retornar la confianza del docente transformándolo en un interlocutor válido de la cultura contemporánea.

—¿Hay señales de que se avanza en el buen camino?

—Hay una búsqueda de construcción de una nueva cultura pedagógica para estas nuevas exigencias. Pero tenemos que participar de esta búsqueda y me parece que no se está participando, que se está insistiendo en la inclusión sin dar otras respuestas.»

Fuente (Texto y foto): Clarin.com

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Aunque lo nieguen, no deja de ser

Apenas comenzó el Mundial y la batalla ya está perdida. Y quedó claro que la ganaron los chicos: aún en los colegios donde se permitió ver el partido de Argentina de ayer (el primero del torneo en día hábil), las aulas estuvieron vacías.

Esto fue particularmente notorio en el Nivel Polimodal (los más grandes), aunque en EGB también se hizo sentir, pero menos. En este último todavía los padres tienen el poder de decisión en la mayoría de los casos.

Soy testigo de que muchos docentes y directivos le dieron un contenido, un perfil muy interesante a la cuestión del Mundial. Incluso podría decirse que el CD que elaboró el Ministerio de Educación contenía un material por demás interesante.

Otros, en cambio, fueron la negación total: pusieron reuniones a la hora del partido, prohibieron los televisores o forzaron situaciones francamente absurdas y fracasaron aun más estrepitosamente.

Este último es el «Sindrome Sebrelli-Savater», más conocido como el del «Perro del Hortelano»: no les gusta el Mundial y hacen todo lo posible para que el resto de los mortales nos sintamos los más idiotas del mundo por «seguir una pelotita». Por supuesto, de Fontanarrosa, Soriano y otros por el estilo, que hacen una defensa apasionada de «un juego de brutos que embrutece a las masas», ni hablar.

En cambio a mi, ¡cómo me gusta el Mundial! ¡Cómo me emocioné cuando Argentina salió a la cancha, cuando cantaron el Himno, cuando les «llenaron la canasta» a los pobres «Serbios y etc.»! Ví los goles cerca de 10 veces, casi en cada repetición y casi con la misma pasión con que veo el gol del Chango Cárdenas al Celtic o la gambeta de Maradona en el ’86.

Aunque lo nieguen no deja de ser. Aunque nieguen la locura, los goles, las camisetas, los cantitos, las caras albicelestes, los trapos, los papelitos; en fin, la pasión del futbol, no deja de ser. Como tantas pasiones populares convertidas en fenómenos sociales, el futbol no puede ser ignorado.

En general somos un país de «ignoradores»: suelen dejarse de lado e ignorarse personajes y hechos históricos y populares, muchas veces por actitudes funcionales a los poderes de turno.

Estemos de acuerdo o no, no se pueden negar. Estemos de acuerdo o no con Rosas, con Perón, con el Che; de acuerdo o no con los movimientos populares, con el tango, el floclore o el rock, o con cualquier otra manifestación del fervor popular, no dejan de ser.

Se pueden analizar, rechazar, criticar o amar, pero no negar. Y el futbol, en tanto expresión popular, tampoco puede ser ignorado. Lo que sucedió con el partido de Argentina, en algunos casos, fue querer tapar el sol con la mano, porque el fenómeno emergió igual con toda su fuerza.

Y mientras tanto escuela y sistema quedaron afuera, perdiendo la enorme oportunidad y perdiendo por goleada.

Resultado: Escuelas vacías – Alumnos fuera.

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