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Ciudadanía digital, privacidad y seguridad - 56. página

Campaña “Reinventando el olvido en internet”

Rápidos reflejos de Facebook contra la defensa de la privacidad

Informa Elpais.com en su edición digital de hoy, que Facebook bloquea el acceso a su página desde dos proyectos que incitan a la gente a deshacerse de sus identidades virtuales en las redes sociales Facebook, Myspace, LinkedIn y Twitter.

Seppukoo y Web 2.0 Suicide Machine, de ellos se trata, nacieron como proyectos artísticos cuyo objetivo es el de «impulsar una reflexión sobre los conceptos de identidad y privacidad en la red, y la dificultad que entraña darse de baja de las redes sociales», según afirma la publicación española. Parece que la iniciativa no cayó para nada bien, pero la única reacción contundente ha sido la de Facebook: bloqueó de inmediato el acceso a su página desde los proyectos.

Seppukoo es una aplicación que permite al usuario volver a recuperar su identidad virtual y sus contenidos en Facebook cuando lo prefiera. Es obra de Les Liens Invisibles, un grupo de artistas italianos fundado por Clemente Pestelli y Gionatan Quintini.

Para activar el suicidio virtual hay que introducir en Seppukoo el nombre de usuario y la contraseña, tras haber redactado un mensaje de despedida que el sistema enviará automáticamente a todos los contactos. El mensaje invita todos los destinatarios a realizar la misma operación, de manera que cada suicida entra en una clasificación en la que destacan los suicidas que han sido imitados por un mayor número de contactos.

Por su parte, Suicide Machine fue creada por un laboratorio artístico de Rotterdam llamado Moddr y dirigido por el austriaco Gordan Savicic y funciona también con Myspace, LinkedIn y Twitter.

Su ejecución destruye permanente e irremediablemente la identidad virtual y todo rastro de ella. Cuando se activa la Suicide Machine, cambia la contraseña del usuario para impedir cualquier futuro intento de reactivar la cuenta. Posteriormente procede a la retirada de los datos privados, los contactos y las contribuciones y comentarios diseminados por la red social; finalmente, crea una página de conmemoración con una imagen del suicidado, una frase de despedida y un vídeo donde seguir la destrucción de la identidad virtual.

El caso es que los abogados de Facebook los acusan de utilizar los datos de la gente, de apropiarse de contenidos de Facebook y de infringir la declaración de derechos y responsabilidades que los usuarios de la red social aceptan cuando crean sus cuentas.

Hasta tanto se resuelva la situación, Seppukoo ha suspendido el servicio, el que había llegado a desconectar a unos 20.000 usuarios. Pero no dejan de afirmar que «las acusaciones de Facebook son injustificadas y ocultan la voluntad de conservar el monopolio en la gestión de los datos personales de los usuarios».

La Suicide Machine, que ha desconectado a unas 2.000 personas, ha sido más radical en ese sentido: tras quedar bloqueada unos días ha vuelto a funcionar desafiando las repercusiones legales, gracias a una red de servidores proxy que consigue sortear el bloqueo de Facebook.

Mientras tanto, Savicic establece los motivos que impulsan a SM:

Nuestro desafío se basa en la misma declaración de derechos y responsabilidades a la que se remiten los abogados de Facebook, ya que la identidad no pertenece a la red social, sino a los usuarios. Ellos son quienes ceden voluntariamente sus contraseñas; por tanto, paradójicamente Facebook tendría que actuar en contra de ellos.

Y claro, también están poniendo a punto su estrategia legal para defender su actividad artística y el derecho de la gente a disponer como mejor crean de sus datos personales.

Fuente: Elpais.com

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Los ‘valores por omisión’, o la entrega de la decisión

En un completo informe publicado hoy en Cookingideas, se explica en detalle la trampa en la que puede caer el usuario desprevenido -o perezoso, digámoslo también- al desconocer estos mecanismos llamados «valores por omisión» -incorrectamente llamados «valores por default»-, una opción que se aplica ante una decisión cuando la persona no toma en la práctica ninguna decisión. Y no sólo en el mundo digital, sino en el real también. A modo de ejemplo y para ampliar la explicación, afirma que:

En los restaurantes en los que se pueden elegir raciones grandes y pequeñas, pedir simplemente «… y unas patatas fritas» sin especificar nada más, conllevará que te sirvan la ración grande –que normalmente deja más beneficio para el restaurante– aunque tal vez hubieras preferido la otra si realmente hubieras tenido que elegir conscientemente.

Los navegadores de internet, los gadgets -como las cámaras digitales-, los sistemas operativos, el software en general y hasta la donación de órganos, todos hacen uso de los valores por omisión «porque sería poco práctico obligar al usuario a rellenar un cuestionario de cien preguntas antes de que pudiera ponerse a trabajar», como se afirma en la nota. El usuario es quien puede luego -en teoría- cambiar esas opciones a su gusto.

La razón de ser de los valores por omisión es clara: los usuarios muy raras veces cambian nada.

Ya sea la resolución con las que hace fotos la cámara digital, la página por la que arranca el navegador o el número de acceso a través del que el móvil se conecta a Internet, sólo un reducido número de personas modifica esos «valores de fábrica». De todos esos que no lo hacen, la mayor parte es simplemente porque no saben cómo hacerlo, el resto porque no lo consiguen aunque lo intenten y otro porcentaje pequeño porque sencillamente no les importa. Y entre la minoría que lo logran, la mayor parte son geeks chiflados por la tecnología que quieren conocer y manipular todas las posibilidades «secretas» de los aparatitos, frente al resto de usuarios más o menos convencionales.

Recomendamos la nota completa, que se puede leer haciendo clic aquí. Después de salir del asombro por lo que leyó, querido lector, por favor piense cuanto de lo que usa en su entorno diario -en el mundo digital y el analógico- está siendo definido, configurado, decidido y hasta vendido por otro que no es usted.

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La verdadera cara de Facebook

Las personas se sienten muy cómodas no sólo compartiendo más información y de diferentes tipos, sino que también siendo más abiertos y con más personas. Esta norma social es algo que ha evolucionado en el tiempo, y nosotros la seguimos.
Mark Zuckerberg

En pocas palabras, para el amo de Facebook a las personas no les interesa la privacidad. Pero lo que este personaje olvida -y la casi totalidad de los usuarios de las redes sociales también- es que la privacidad es un derecho -en nuestro país el artículo 19 de la Constitución Nacional lo garantiza-.

Facebook está naturalizando el error de ignorar un derecho fundamental.

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¿Murió el anonimato?

En el blog Noticias de Seguridad informática se publica un artículo titulado «Como 10 dígitos terminarán con la privacidad tal como la conocemos», en el que se nos llama la atención sobre el hecho de que tanto quienes frecuentan Internet como los moradores urbanos deben reconocer que la era del anonimato está finalizando.

El cálculo es sencillo: la población mundial es de unos 7 mil millones. Se requiere entonces sólo de 10 dígitos para etiquetar a cada ser humano.

Se habla en el artículo de la Regla de los 10 Dígitos: apenas unos 10 dígitos de información personal distintiva son suficientes para identificarnos. La Regla de los 10 Dígitos significa que andaremos por la vida llevando nuestros nombres pegados en la frente, gracias a aparatos cada vez más ubicuos y bases de datos cada vez más grandes y específicas. Dice textualmente, que:

Un estudio de la información del censo de EE.UU. de 1990 revela que el 87% de las personas en los EE.UU. era identificables únicamente con sólo tres piezas de información: los cinco dígitos del código postal (ZIP code), el género, y la fecha de nacimiento. Los navegantes de Internet actualmente emiten considerablemente mucha más información que esa. Los sitios Web pueden determinar con precisión nuestra ubicación geográfica, modelo de computadora, tipo de navegador, y pueden rastrearnos silenciosamente usando cookies. Los sitios de Bancos incluso puede confirmar nuestras identidades verificando que nuestros ingresos al sistema suceden consitentemente en ciertos momentos del día. Extractos de bases de datos, también, traen cantidades sorprendente de informacion de identificación, incluso cuando son anonimizados por privacidad.

Los pequeños microchips inalámbricos, denominados RFID están presentes en llaves de automóviles, tarjetas de crédito, pasaportes, identificaciones de entrada a edificios y pases de tránsito. Estos emiten números de serie únicos. Una vez que estos dispositivos son relacionado con nuestro nombre, estos microchips permiten que seamos rastreados sin darnos cuenta. Científicos han desarrollado técnicas anti-rastreo para teléfonos celulares y microchips:

En vez de números de serie fijos, los dispositivos inalámbricos pueden llamar cambiando los seudónimos, tal como cambian la matrícula los automóviles en las películas de espías. El problema es que las matrículas pueden cambiar pero el automóvil sigue siendo el mismo. En este aspecto, los chips son como los automóviles: es posible identificar de forma única los microchips utilizando ondas de radio y consecuentemente poder ver a través del disfraz de los seudónimos.

Es decir, es un esfuerzo inutil.

Otro aspecto de la seguridad cubierto por el artículo es el tópico de las cámaras de seguridad: eventualmente reconocerán rostros tan bien como lo hace la gente, pero tendrán el respaldo de bases de datos que contienen millones de rostros o de primeros planos que muchos publican en linea.

Con crudeza, el artículo nos advierte:

Facebook, Twitter y el blogging generalizado ya auguran una sociedad de exibicionismo reflexivo y voyeurismo. Pero las tecnologías que nos anticipan un mundo de omnisciencia también nos traeran un paso hacia atrás. Por años, las personas aspiraron a escapar de los pueblos pequeños a la gran ciudad, para un fresco comienzo de una identidad sin historia. La Internet ofreció horizontes similares de libertad. Pero la sociedad del pueblo pequeño pronto nos tendrá de nuevo en sus garras, para bien y para mal. Y en Internet, todos sabrán si uno es un bribón.

Fuente:
Noticias de Seguridad Informática – Traducción: Raúl Batista (Segu-Info) – Autor: Ari Juels (Cientifico y director de RSA Laboratories)

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‘Delete’, un llamado de atención a nuestra noción de seguridad

Ayer recibí el libro “Delete – The Virtue of Forgetting in the Digital Age”, escrito por el Prof. Viktor Mayer-Schoenberger. Este trabajo es la base e inspiración para «Reinventando el olvido en Internet», una campaña que estamos promoviendo conjuntamente con el periodista Alejandro Tortolini.

El Prof. Mayer-Schoenberger ha tenido la deferencia de hablar sobre la campaña y este blog en el libro, reconociendo en nuestro apoyo a sus ideas un aliciente para continuar su trabajo, así que nos sentimos muy honrados por eso.

Mayer-Schoenberger propone que cada persona pueda determinar una fecha de expiración de la información que publica en internet. Por milenios, lo difícil fue recordar y lo fácil, olvidar. Ahora la era digital cambió esto: la opción por defecto es conservar y memorizar.

Seguimos adelante por una internet más segura. Sumate a la campaña.

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