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Ciudadanía digital, privacidad y seguridad - 53. página

Campaña “Reinventando el olvido en internet”

Aquellos que todavía creen que borrar en Facebook es fácil, deberían leer esto

Me acerca @aletorto un artículo de Gawker.com -en inglés- que me apuro a traducir y reseñar para nuestros lectores. Lo dicho: aquellos que todavía creen que borrar en Facebook es fácil, deberían leer esto.

El artículo en cuestión se titula: «‘Borrar’ en Facebook puede tomar 16 bochornosos meses», y explica cómo una foto causante de cierto bochorno que Facebook nos permite eliminar de nuestro perfil, puede permanecer en sus servidores durante casi un año y medio.

La prueba de esto la ofrece Jacqui Cheng, del blog de tecnología Ars Technica: una foto que eliminó en mayo de 2009 -y acerca de la que escribió en julio de 2009- está todavía en los servidores de Facebook hoy, más de 16 meses más tarde. Afirma la autora del artículo, que:

La red social eliminó el enlace a la imagen de inmediato, pero nunca llegó a quitar el archivo real, es decir, alguien que tuvo o pudo obtener la URL de la imagen puede obtenerla igual de Facebook

Facebook le aseguró a Cheng en julio de 2009, que la imagen se eliminarían en un «plazo razonable» y que el resto de las personas no podrían verla. Pero la autora asegura que ambas afirmaciones resultaron falsas. El portavoz de Facebook Simon Axten le respondió a Ars por correo electrónico esta semana, afirmando lo siguiente:

Para todos los propósitos prácticos, la foto ya no existe, y no nos sería posible encontrarla si se nos solicita e incluso si se nos obliga a hacerlo. Esto es similar a lo que ocurre cuando se elimina la información del disco duro de su ordenador.

Lo que parece no tener en cuenta Axten, como bien se hace notar en el artículo en cuestión, es que a diferencia de los archivos de FB, nuestro disco rígido no está indexado por Google, ni en el caché de los navegadores, o a la mano de hackers. Y se asegura que si alguien está decidido a encontrar una foto embarazosa eliminada, tendrá mejores probabilidades de lograrlo si se publicó alguna vez a Facebook.

La imagen que Cheng borró era muy inocente -su rostro tomado por su webcam-, pero las personas con fotos más comprometidas seguramente deberían preocuparse por el hecho de que a Facebok le haya tomado 16 meses eliminar un archivo público enlazado desde un sitio de tecnología destacado. Como concluye Cheng,

Facebook tiene que hacer del «eliminar», realmente «eliminar». Ya tiene suficientes problemas protegiendo a los usuarios de las filtraciones de privacidad que se supone no deberían suceder; no hay razón para que haya filtraciones en la infraestructura de Facebook por su diseño.

Fuente: Gawker.com

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Según un estudio, el 95% de los chicos descree de los riesgos en Internet

Leo en Clarin.com esta mañana, que según un reciente estudio del Ministerio de Educación el 95% de los chicos no cree en los riesgos de Internet. Parece grave, pero escuche esto: el 75% de ellos sostiene que todo lo que se dice en la red es cierto. Las consecuencias de semejante ingenuidad son obvias: ellos mismos abren una puerta de entrada a quienes intentan conectarse con menores haciéndose pasar por otras personas.

El trabajo, que se realizó en base a testimonios de 2.000 chicos de 10 a 17 años de todo el país que usan Internet, reafirma la certeza de que para nuestros pibes no está nada claro que en el mundo virtual existen tantos riesgos como en el mundo real.

Cómo una respuesta a esta esta problemática, el programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación, publicó en Internet una guía, titulada «Los adolescentes y las redes sociales», en http://www.me.gov.ar/escuelaymedios/. En este trabajo se brinda un panorama de los riesgos de la Web y consejos para saber cómo manejarse en Internet manteniendo la seguridad personal.

La doctora Roxana Morduchowicz, una de las autoras del trabajo, afirma que,

El principal uso que le dan a Internet los chicos y adolescentes argentinos es comunicarse con sus pares, ya sea por chat o por blog. Y lamentablemente el 80% navegan solos, es decir que 8 de cada 10 chicos chatean sin que los padres sepan con quienes lo hacen

Con respecto al avance de las nuevas tecnologías, que ponen Internet en los celulares, las netbooks y las tabletas digitales, la profesional advierte:

De acá a cinco años, los chicos van a acceder más a Internet por el celular que por la computadora. Y como el celular es personal, va a ser más difícil saber para qué lo usan.

Desde aquí celebramos la iniciativa de Educación, de tomar cartas en el asunto con este tipo de publicaciones. Hay mucho por hacer, claro, pero se trata de una iniciativa que se debe apoyar y difundir. Bien por ellos.

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Comenzamos el ciclo de charlas en el Complejo Alberdi

Mañana, 1ro. de octubre, comenzamos el Ciclo de charlas sobre la privacidad en Internet, tituladas «Internet no olvida – Protegiendo nuestra privacidad en Internet”. La cita es en el Complejo Educativo de Alberdi, Bv. Rondeau 1450 de nuestra ciudad de Rosario, a las 19hs.

Con el auspicio de Dattatec.com, empresa rosarina proveedora de servicios de hosting, estamos iniciando con esta un ciclo de charlas denominado “Internet no olvida – Protegiendo nuestra privacidad en Internet”, dirigidas a padres, docentes y público en general, sobre la problemática de la seguridad de los datos personales en Internet y los riesgos potenciales de la publicación de información sensible en redes sociales, foros, blogs, etc.

Los contenidos de las presentaciones están enmarcados dentro de nuestra campaña “Reinventando el olvido en Internet”, en la que proponemos que las computadoras sean programadas para poder olvidar, tal como hacen los humanos, a fin de que el propio usuario pueda definir cómo y por cuanto tiempo quedan guardados sus datos personales en la red.

Aquellos lectores y amigos interesados en invitarnos a presentar estas charlas en sus colegios u organizaciones, no tienen más que contactarse haciendo clic aquí, a fin de establecer los detalles y acordar una fecha de presentación.

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Inauguramos el sitio ‘Internet no olvida’ para las charlas

Con el auspicio de Dattatec.com, empresa rosarina proveedora de servicios de hosting, estamos iniciando un ciclo de charlas denominado “Internet no olvida – Protegiendo nuestra privacidad en Internet”, dirigidas a padres, docentes y público en general, sobre la problemática de la seguridad de los datos personales en Internet y los riesgos potenciales de la publicación de información sensible en redes sociales, foros, blogs, etc.

Toda la gráfica de la campaña es un desarrollo de Martín Cardinali, uno de los diseñadores de la empresa, junto con el desarrollo de un blog específico dedicado a estas charlas, denominado «Internet no olvida» y que se encuentra en http://privacidadeninternet.com/

Con el correr de los días iremos ajustando las tuercas, para que cumpla con su objetivo acabadamente. Allí publicaremos además las novedades acerca de las charlas, contenidos específicos, lecturas recomenadas y mucho más.

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El olvido como mecanismo

En el contexto de nuestra campaña Reinventando el olvido en Internet, los cambios que se proponen en cuanto al olvido digital no son caprichosos: estan relacionados con recuperar en el reino digital un mecanismo que es vital en el mundo real. Desde el punto de vista fisiológico, el olvido es un mecanismo:

Si nuestro sistema nervioso no hubiese desarrollado mecanismos para evitar formar ciertas memorias irrelevantes y para intentar olvidar algunas otras, sería difícil no sucumbir en un estilo de vida como el de Funes.

Quién esto afirma es el Dr. Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro, en una columna del diario Clarín de hoy, titulada Poder olvidar es tan importante como poder recordar. Y la referencia, claro, es a aquel personaje que era incapaz de convertir recuerdos en pensamientos, en el cuento Funes, el memorioso de Jorge Luis Borges,

Borges describe en su cuento a un joven que, como consecuencia de un accidente, pierde su habilidad para olvidar. Tiene una memoria tremenda, pero está tan perdido en los detalles de todo lo que sabe que es incapaz de convertir la información en conocimiento y no puede crecer en sabiduría.

Trazando el paralelismo que planteamos en el primer párrafo, podríamos afirmar que estar atados a nuestro pasado digital podría tener costos personales y sociales tales que no nos permitieran evolucionar y aprender de nuestros errores. Algo que podría considerarse antinatural en el mundo real, no es tomado en cuenta en el mundo digital a la hora de pensar y establecer criterios sobre como usamos nuestra información persona sensible.

Continuemos con el artículo del Dr. Manes para aproximarnos a una comprensión cabal de la importancia del olvido:

El olvido es quizás el aspecto más prominente de la memoria. Podemos contar toda nuestra infancia y adolescencia (aun siendo estas etapas en las cuales vivimos aspectos críticos de nuestras vidas) en no más de unas horas. Aunque durante ese tiempo hayamos aprendido a hablar, a caminar, a experimentar el calor de nuestros padres, el amor, la tristeza y la amistad, lo olvidamos casi todo.

En el célebre cuento de Borges, ‘Funes el memorioso’, lo que se pone en cuestión no es tanto lo que el pobre Ireneo era capaz de recordar, sino, más bien, lo que era incapaz de olvidar. O mejor, su imposibilidad de transformar los vastos recuerdos en pensamiento (‘Pensar, dice el narrador, es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer’). Ireneo Funes no podía pasar por alto lo irrelevante, ni establecer asociaciones, ni construir ideas generales de las cosas. Para los seres humanos, poder olvidar es tan importante como poder recordar.

Si nuestro sistema nervioso no hubiese desarrollado mecanismos para evitar formar ciertas memorias irrelevantes y para intentar olvidar algunas otras, sería difícil no sucumbir en un estilo de vida como el de Funes. Algunos olvidos son intencionales, establecidos por sistemas inhibitorios en el cerebro para suprimir memorias. En un estudio reciente de la Universidad de Stanford, se observó a través de neuroimágenes que cuando se pedía a los participantes que activamente suprimieran ciertas memorias, había una gran activación de la corteza prefrontal (la parte más anterior de nuestro cerebro) y una menor activación del hipocampo (una estructura que es central para la consolidación de nuevas memorias). Estos mecanismos inhibitorios comparten estructuras con los mecanismos involucrados en la inhibición de los movimientos: por ejemplo, si vemos que una maceta está por caerse del marco de la ventana, tendemos a intentar atraparla, pero podemos inhibir ese movimiento si nos damos cuenta de que la planta es un cactus.

‘Otros olvidos son producidos por nuestro cerebro por cuenta propia sin que le pidamos nada; el cerebro se encarga de tornar inaccesible la evocación de ciertas memorias’, dice Iván Izquierdo, un gran investigador argentino. Esto no ocurre con memorias asociadas a emociones intensas. Todos recordamos qué estábamos haciendo cuando se sucedieron los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York en el 2001 y, sin embargo, apenas podemos recordar la tarde de ayer. Múltiples experimentos han demostrado que las memorias asociadas a una carga emocional intensa logran una mejor consolidación, puesto que dichas emociones disparan cascadas químicas y fisiológicas en nuestro organismo que favorecen la formación de nuevas memorias. Esto último ha permitido el desarrollo de originales líneas de investigación destinadas al tratamiento de pacientes con estrés postraumático. En el cuento de Borges, Ireneo Funes le confiesa al narrador: ‘Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras’. En el sabio provecho del recuerdo de ese pasado en el presente -eso que Funes el memorioso no pudo lograr- se encuentra una de las claves de nuestro futuro.

El mecanismo del olvido nos permite un sabio aprovechamiento del pasado. Es decir, descartando lo superfluo o lo negativo, nos quedamos con lo útil para el aprovechamiento futuro. Y también para comenzar de nuevo, llegado el caso.

Estoy repitiendo mucho ultimamente, porque es una inquietud que se repite en los interlocutores, que no estamos hablando de conductas ilícitas. Es decir, este olvido no se refiere a conductas delictivas o ilegales -que se resuelven en los terrenos de la Justicia- sino a conductas lícitas pero fuera de norma -por así llamarlas: una foto inconveniente en Facebook, un tuit del tipo «mi jefe es un plomazo» o un comentario inadecuado en un foro, por ejemplo. Esas son cosas que no son extrañas en el ámbito de lo privado, pero que en Internet toman un auge y un alcance que sale de nuestra posibilidad de control, y que pueden hacer que nos arrepintamos a futuro, de haber sido tan ingenuos al publicarlo.

Después de todo, amigo lector, se trata de que nuestro pasado no nos persiga, y poder comenzar de nuevo cuando sea necesario. También en Internet.

Fuente: Clarin.com

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