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Gente que dice - 35. página

Gente que nos hace pensar.

Think again, part II

Repasemos:

Podríamos decir que la cultura tecnológica es casi la antítesis de la sociedad de consumo, de la sociedad de lo descartable, de la sociedad que considera a los objetos como cajas negras, de las que solo sabe para que sirven. Por el contrario, la cultura tecnológica abarca el conocimiento de los aspectos conceptuales del funcionamiento de esos objetos. (…) Actualmente el hombre no puede desprenderse de sus creaciones técnicas, de sus extensiones, sean estas de sus manos, de su cuerpo o de su mente. Tampoco de las consecuencias que le acarrean. (…) Además, a esto se suma un pequeño problema: la velocidad de incorporación a la vida diaria de los recursos provistos por la tecnología suele ser tan rápida, que muchas veces supera nuestra posibilidad de entender, con el mismo ritmo, el proceso y la problemática que genera. Cuando la fascinación pasa y vemos las consecuencias, generalmente, ya es tarde.
Luis Doval y Aquiles Gay en «Tecnología. Finalidad Educativa y acercamiento didáctico»

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Mirar diferente

En un post anterior me aventuré a pensar en voz alta y a admitir que la solución a determinadas situaciones de la vida suele no estar en ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino en el desafío de mirar diferente: respirar profundo, tomarse el tiempo, pensar, buscarle la vuelta a la cosa.

Revisando como siempre entre los pliegues de uno de mis blogs tecnológicos favoritos, Microsiervos, encontré este video llamado How round is your circle?, basado en los ejemplos presentados en el libro How round is your circle? Where engineering and mathematics meet. Las ideas más sencillas e ingeniosas no siempre están a la vista, y uno debe aprender a mirar diferente para poder verlas.

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Rotos los diques de la inteligencia, las palabras surgen como armas

Sucedió en el término de dos o tres semanas y la sociedad lo tomó casi como una humorada. Pero al leerlo todo junto, se entiende por qué surgieron voces de alarma sobre el nivel de violencia verbal de algunos personajes públicos. En su edición de hoy Clarín desanda esta realidad a partir de un concepto sumamente preocupante: «Según los expertos, el lenguaje ya no es mediador: es el arma que dispara conflictos». ¿Incontinencia verbal? Veamos:

«Que la chupen. Que la sigan chupando, que la sigan mamando».
Diego Maradona durante una conferencia de prensa, hablándole a sus críticos.

«Me entregaron estos hijos de puta».
Néstor Kirchner, acusando a Sergio Massa y a Florencio Randazzo, luego de perder en las últimas elecciones.

«La verdad me importa tres pitos. Si lo hicieron para bajarme de la supuesta candidatura, me importa recontra tres pitos. Que se la recontra metan en el medio del culo».
Carlos Reutemann, hablando sobre una supuesta operación para obligarlo a renunciar como candidato para el 2011

«Son todas morochas, ni una rubia contratan».
Jueza Rosa Elsa Parrilli mientras intentaba que dos empleadas de tránsito del gobierno de la Ciudad le devolvieran el auto que había sido secuestrado por estar mal estacionado.

Si, así todo junto suena feo. Pero esto fué dicho en los medios por personajes públicos. Lo escuchamos todos, aun sin desearlo, porque no hubo programa o medio gráfico que no lo reprodujera.

Claro que suena feo.
Pero no es lo único que se dice. Son raros los programas de TV, por mencionar un ejemplo, que no incluyan un lenguaje chabacano y hasta soez, no importa el tema sobre el que estén hablando. Sea un personaje público o un opinador callejero, nadie mide las palabras y, mucho menos, la sensibilidad del oyente circunstancial. En una especie de desvalorización de la comprensión del interlocutor, se echa mano de la mala palabra para expresar una idea, o mejor dicho, la falta de ellas.

Sin embargo, no sólo la mala palabra es violenta. Por caso, sin usar malas palabras las expresiones de Parrilli son un flagrante ejemplo de violencia verbal: están cargadas de la discriminación, humillación y desprecio que tiñen los discursos de muchos personajes públicos.

Algunas reflexiones que recoje Clarín en el mencionado artículo son por demás alarmantes:

No es casual que en un mes podamos contar estas dos historias (la de Parrilli y la de Maradona) porque es un síntoma claro de los tiempos que vivimos como sociedad. La palabra, como herramienta para dirimir conflictos, está debilitada. Ahora es al revés: el lenguaje se convirtió en el arma que dispara el conflicto. Incluso, basta un tono o una seña para agredir al otro.
María Elena Qués, licenciada en Letras y docente de la UBA y de la Universidad Del Salvador, especialista en Discurso político.

Es interesante un aspecto de la reflexión de la especialista que la autora del artículo ilustra del siguiente modo:

Los protagonistas de estas historias de intolerancia verbal tienen orígenes distintos, pero algo que los vincula: el poder.

Es por esto que la violencia verbal no reconoce nivel social y actividad: deportistas, jueces y también políticos y conductores de TV, todos personajes con alguna cuota de poder, pierden los estribos y estallan. Pero, ¿es eso excusa?

En ninguno de los dos casos la situación emotiva los avala. El deportista genial, mimado y apaleado, que dice lo que piensa porque es ‘Dios’. Una jueza que, en actitud ambivalente, usa un leguaje detestable que nada tiene que ver con su cargo. Y en el medio, los imperativos, los insultos o, dicho de otra manera, sacar lo más grosero de sí para horrorizar, no para conciliar.
Susana Anaine, licenciada en Letras y subdirectora del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filología de la Academia Argentina de Letras

El problema de estas situaciones es que perdieron su excepcionalidad: ya están naturalizadas.

Hay un problema de registro, porque no existe adecuación del lenguaje al rol que se ocupa. Aunque en el caso de Maradona es menos grave: su declaración es, en definitiva, de la jerga futbolística. Lo inesperado es que se dio en medio de una conferencia de prensa. Está tan naturalizada la agresividad que en cualquier hecho cotidiano intercambiamos palabras violentas. Pensemos ¿Quién le dice ‘buenos días’ a un taxista? ¿Quién le pide amablemente un café al mozo?
Martín Menéndez, doctor en Lingüística, docente de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA e investigador del Conicet.

Estos niveles de agresión verbal, según surge del análisis de los especialistas, tendrían por objetivo reducir al otro al silencio o, por el contrario, ir en escalada para que la palabra termine de perder su poder de ser mediadora.

Esta naturalización no sería sino la evidencia del grado de deterioro del lazo social.

Fuente: Clarin.com

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La torre que come gente

Últimamente, cada vez que escucho las noticias recuerdo las palabras de Peter Gabriel al presentar la canción del título en Buenos Aires:

Entre más protegidos estamos,
más atrapados estamos en ello.

[display_podcast]

El fragmento de la canción que habla de esto dice más o menos así:

Siento el edificio a mi alrededor
Como una envoltura de piel blindada
Pero cuanto más nos protejemos
Más estamos atrapados dentro

Ladrillo a ladrillo a ladrillo
estamos construyendo.

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