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Gente que dice - 34. página

Gente que nos hace pensar.

Ken Robinson: ‘Necesitamos repensar nuestra visión de la inteligencia’

Sir Ken Robinson es un reconocido experto en creatividad y educación, justamente ordenado caballero en junio de 2003 por sus logros estudiando estas temáticas.

En este video, la presentación del especialista en la TEDTalk 2006, en la que hace una apasionada y divertida argumentación sobre la importancia de la creatividad frente a los desafíos del futuro.

Una verdadera maravilla. Que lo disfruten.

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El olvido como mecanismo

En el contexto de nuestra campaña Reinventando el olvido en Internet, los cambios que se proponen en cuanto al olvido digital no son caprichosos: estan relacionados con recuperar en el reino digital un mecanismo que es vital en el mundo real. Desde el punto de vista fisiológico, el olvido es un mecanismo:

Si nuestro sistema nervioso no hubiese desarrollado mecanismos para evitar formar ciertas memorias irrelevantes y para intentar olvidar algunas otras, sería difícil no sucumbir en un estilo de vida como el de Funes.

Quién esto afirma es el Dr. Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro, en una columna del diario Clarín de hoy, titulada Poder olvidar es tan importante como poder recordar. Y la referencia, claro, es a aquel personaje que era incapaz de convertir recuerdos en pensamientos, en el cuento Funes, el memorioso de Jorge Luis Borges,

Borges describe en su cuento a un joven que, como consecuencia de un accidente, pierde su habilidad para olvidar. Tiene una memoria tremenda, pero está tan perdido en los detalles de todo lo que sabe que es incapaz de convertir la información en conocimiento y no puede crecer en sabiduría.

Trazando el paralelismo que planteamos en el primer párrafo, podríamos afirmar que estar atados a nuestro pasado digital podría tener costos personales y sociales tales que no nos permitieran evolucionar y aprender de nuestros errores. Algo que podría considerarse antinatural en el mundo real, no es tomado en cuenta en el mundo digital a la hora de pensar y establecer criterios sobre como usamos nuestra información persona sensible.

Continuemos con el artículo del Dr. Manes para aproximarnos a una comprensión cabal de la importancia del olvido:

El olvido es quizás el aspecto más prominente de la memoria. Podemos contar toda nuestra infancia y adolescencia (aun siendo estas etapas en las cuales vivimos aspectos críticos de nuestras vidas) en no más de unas horas. Aunque durante ese tiempo hayamos aprendido a hablar, a caminar, a experimentar el calor de nuestros padres, el amor, la tristeza y la amistad, lo olvidamos casi todo.

En el célebre cuento de Borges, ‘Funes el memorioso’, lo que se pone en cuestión no es tanto lo que el pobre Ireneo era capaz de recordar, sino, más bien, lo que era incapaz de olvidar. O mejor, su imposibilidad de transformar los vastos recuerdos en pensamiento (‘Pensar, dice el narrador, es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer’). Ireneo Funes no podía pasar por alto lo irrelevante, ni establecer asociaciones, ni construir ideas generales de las cosas. Para los seres humanos, poder olvidar es tan importante como poder recordar.

Si nuestro sistema nervioso no hubiese desarrollado mecanismos para evitar formar ciertas memorias irrelevantes y para intentar olvidar algunas otras, sería difícil no sucumbir en un estilo de vida como el de Funes. Algunos olvidos son intencionales, establecidos por sistemas inhibitorios en el cerebro para suprimir memorias. En un estudio reciente de la Universidad de Stanford, se observó a través de neuroimágenes que cuando se pedía a los participantes que activamente suprimieran ciertas memorias, había una gran activación de la corteza prefrontal (la parte más anterior de nuestro cerebro) y una menor activación del hipocampo (una estructura que es central para la consolidación de nuevas memorias). Estos mecanismos inhibitorios comparten estructuras con los mecanismos involucrados en la inhibición de los movimientos: por ejemplo, si vemos que una maceta está por caerse del marco de la ventana, tendemos a intentar atraparla, pero podemos inhibir ese movimiento si nos damos cuenta de que la planta es un cactus.

‘Otros olvidos son producidos por nuestro cerebro por cuenta propia sin que le pidamos nada; el cerebro se encarga de tornar inaccesible la evocación de ciertas memorias’, dice Iván Izquierdo, un gran investigador argentino. Esto no ocurre con memorias asociadas a emociones intensas. Todos recordamos qué estábamos haciendo cuando se sucedieron los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York en el 2001 y, sin embargo, apenas podemos recordar la tarde de ayer. Múltiples experimentos han demostrado que las memorias asociadas a una carga emocional intensa logran una mejor consolidación, puesto que dichas emociones disparan cascadas químicas y fisiológicas en nuestro organismo que favorecen la formación de nuevas memorias. Esto último ha permitido el desarrollo de originales líneas de investigación destinadas al tratamiento de pacientes con estrés postraumático. En el cuento de Borges, Ireneo Funes le confiesa al narrador: ‘Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras’. En el sabio provecho del recuerdo de ese pasado en el presente -eso que Funes el memorioso no pudo lograr- se encuentra una de las claves de nuestro futuro.

El mecanismo del olvido nos permite un sabio aprovechamiento del pasado. Es decir, descartando lo superfluo o lo negativo, nos quedamos con lo útil para el aprovechamiento futuro. Y también para comenzar de nuevo, llegado el caso.

Estoy repitiendo mucho ultimamente, porque es una inquietud que se repite en los interlocutores, que no estamos hablando de conductas ilícitas. Es decir, este olvido no se refiere a conductas delictivas o ilegales -que se resuelven en los terrenos de la Justicia- sino a conductas lícitas pero fuera de norma -por así llamarlas: una foto inconveniente en Facebook, un tuit del tipo «mi jefe es un plomazo» o un comentario inadecuado en un foro, por ejemplo. Esas son cosas que no son extrañas en el ámbito de lo privado, pero que en Internet toman un auge y un alcance que sale de nuestra posibilidad de control, y que pueden hacer que nos arrepintamos a futuro, de haber sido tan ingenuos al publicarlo.

Después de todo, amigo lector, se trata de que nuestro pasado no nos persiga, y poder comenzar de nuevo cuando sea necesario. También en Internet.

Fuente: Clarin.com

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Peter McLaren: ‘La educación debe proveer lenguajes críticos, para construir alternativas’.

El doctor y profesor universitario de Educación Peter McLaren se encuentra en Argentina para una conferencia sobre “Pedagogía radical” en la Universidad del Salvador (USAL). Para la ocasión fué entrevistado para el suplemento iEco de Clarín, entrevista que reproducimos en parte aquí, en la que reflexiona sobre la tecnología y se pregunta si de alguna manera no crea «una ilusión de conectividad».

Este magíster de Brock University y doctor de la Universidad de Toronto nacido en Canadá, es reconocido internacionalmente como el creador de la pedagogía crítica, la cual reconoce él mismo como tributaria del trabajo de Paulo Feire y al propio educador brasileño como su mentor.

Afirma que la pedagogía crítica no es una metodología sino que se trata de algo que tiene lugar en todos los espacios públicos. Y asegura que la ve «como un movimiento social y como la introducción a una forma de vida”.

Periodista: Pero, ¿tiene implicancias metodológicas?

McLaren: Sí, las tiene. Una sería valorar los conocimientos, las experiencias y las historias de vida de los estudiantes, en cualquier nivel de educación. Valorarlas significa volver la educación relevante para sus vidas.

P: ¿De qué forma?

M: Las experiencias que traen los estudiantes y las interpretaciones que tienen de ellas no hablan por sí mismas: necesitan ser entendidas y desafiadas. Porque tal vez esas experiencias y conocimientos los condicionaron de manera racista o patriarcal o autoritaria. Hacer la educación relevante y crítica quiere decir desafiar las historias y discursos de los estudiantes, pero de tal modo que no desaparezcan sus voces.

P: ¿En qué consiste la pedagogía crítica?

M: El arte de la pedagogía crítica es proveer lenguajes variados, lenguajes de posibilidad, lenguajes críticos, lenguajes de esperanza, de tal forma que los estudiantes puedan empezar a entender mejor cómo fueron creadas sus subjetividades y puedan construir alternativas. Una manera de hacerlo es, como propone Walter Mignolo (profesor argentino que trabaja en la Universidad de Duke), des-ligarse de las epistemologías de la colonización. Esta desvinculación es posible mirando otro tipo de epistemología para crear distancia y generar otros modos de pensamiento y traerlos a una conversación con las epistemologías occidentales. Esta aproximación, sin embargo, no es suficiente. No es sólo cuestión de cambiar nuestro modo de pensar: tiene que ser también un cambio material.

P: ¿Cómo afecta esta posición pedagógica a la relación alumno-profesor?

M: Mi mentor fue Paulo Freire (teórico de la educación brasileño), a quien mucha gente entiende mal. Creen que él habla de la relación entre profesor y estudiante como si el profesor fuera un facilitador. No creo eso y Freire tampoco lo creía. Los profesores han ganado el derecho de hablar con autoridad, no de manera autoritaria pero con una forma particular de autoridad para trabajar con temas críticos. Para mí, y esta es la clave, profesores y estudiantes son co-participantes en un proyecto mayor. La conciencia crítica no es algo que ocurra antes de las luchas: no te volvés crítico en un aula leyendo libros. Por eso, tanto profesores como estudiantes necesitan ser parte de una causa mayor, y esto puede ser en un vecindario, en una comunidad, puede ser local, nacional o, incluso, trasnacional.

P: ¿Cómo es vista esta pedagogía en los EE.UU.?

M: Allí no pensamos por fuera de la “caja”. La palabra “socialismo” no es siquiera articulada. Después de la Gran Depresión, algunos educadores se preguntaron si la educación podía construir un nuevo orden social. Esta pregunta debe volver a formularse en este particular momento del capitalismo global en crisis.

P: ¿Cómo ve el rol de la tecnología en la educación?

M: Solía ir a las clases de Marshal McLuhan cuando era estudiante y todavía me interesa, pero no he podido dedicarme al tema. Creo que las tecnologías tienen que ser miradas específicamente para entender sus efectos. Se asume que la tecnología está bien y se piden más computadoras, más televisores y videos. Pero debería haber más estudios específicos. Hay usos muy interesantes de la tecnología. Pero me pregunto también si de alguna manera no crea una ilusión de conectividad…

Fuente: Suplemento iEco del diario Clarín

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Primero de mayo

Del historiador Felipe Pigna (Editorial Caras y Caretas, mayo 2006)

Mayo es un mes marcado por una historia, una tradición de lucha que arrancó un primero de mayo de 1886 allá en Chicago, cuando un grupo de trabajadores organizó una movilización popular en reclamo de la jornada de ocho horas en una época en que lo “natural” era trabajar entre 12 y 16 horas por día. La mayor democracia del mundo respondió brutalmente y, fraguando un atentado, encarceló a un grupo de militantes populares en los que intentó escarmentar a toda la clase trabajadora de los Estados Unidos y por qué no, de todo el mundo.

Tras un proceso plagado de irregularidades, fueron detenidos los dirigentes anarquistas Adolph Fisher, Augusto Spies, Albert Parsons, George Engel, Louis Lingg, Michael Schwab, Samuel Fielden y Oscar Neebe. Los cuatro primeros fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887. Lingg prefirió suicidarse con una bomba que él mismo había preparado en la cárcel antes de padecer la “justicia del sistema”. Miguel Schwab y Samuel Fielden fueron condenados a prisión perpetua y Oscar Neebe a 15 años cárcel. Miguel Schawb dijo al escuchar su condena que reconocía a aquel tribunal ninguna autoridad y que su lucha y la de sus compañeros era de una justicia tan evidente que no había nada que demostrar y que ellos luchaban por las 8 horas de trabajo pero que: “Cuatro horas de trabajo por día serían suficientes para producir todo lo necesario para una vida confortable, con arreglo a las estadísticas. Sobraría, pues, tiempo para dedicarse a las ciencias y el arte». Porque, claro, las ciencias y el arte deben ser para todos.

Pasaron 109 años de aquellos crímenes de Chicago y pasó mucha agua y mucha sangre bajo el puente. Los obreros de todo el mundo eligieron el primero de mayo como jornada de lucha, de recuerdo de sus compañeros y de lucha por sus derechos, de ratificación de su condición de ciudadanos libres, con plenos derechos, según decían las propias constituciones burguesas que regían la mayoría de los Estados modernos. En nuestro país cada primero de mayo nuestros trabajadores tomaron las calles desafiando al poder, recordándole que existían y que no se resignarían a ser una parte del engranaje productivo. La lucha logró la reducción de la jornada laboral, las leyes sociales y la dignificación del trabajador. El poder se sintió afectado y en cada contraofensiva cívico-militar como las del 55; 62; 66; 76 y 89 (esta vez a través del voto), pretendieron y en ocasiones lo lograron, arrasar con las históricas conquistas del movimiento obrero.

Persecuciones salvajes, secuestros, torturas y desapariciones, durante los gobiernos golpistas, amenazas de despidos, rebajas salariales, precarización laboral y la complicidad de algunos dirigentes sindicales, son en los últimos años las armas del poder para mantener y aumentar su tasa de ganancia a costa del sudor ajeno. Un incendio, un “accidente” en un taller textil puso a la vista de una sociedad que tiene una cierta tendencia a la mirada para otro lado: hay esclavos en el siglo XXI, y los hay acá, en Argentina. Trabajadores esclavos, sin derechos pero con muchas obligaciones. El capitalismo salvaje, para algunos una redundancia, nos extorsiona: quieren ropa más barata, éste es el precio. La realidad es otra, márgenes de ganancia escandalosos, avaricia sin límites, un Estado que hace la vista gorda, pero sobre todo la pérdida de valores básicos como la solidaridad, abonada en los 90, épocas hasta donde las leyes que protegían a los trabajadores se volvían tan “flexibles” como inflexibles se volvían las leyes que garantizaban el enriquecimiento ilícito de los funcionarios a los que se les pagaba sueldos y sobresueldos con la excusa de defender los derechos de los ciudadanos e inflexibles se volvían las seguridades jurídicas que, como sabemos, sólo son para los dueños del poder y las cosas.

La esclavitud debe dolernos a todos, debemos volver a aquel humanismo que supimos conseguir, a dolernos y solidarizarnos con los más desprotegidos, aquel humanismo que proclamaba el Libertador San Martín cuando abolía la esclavitud en el Perú un 12 de agosto de 1821: “Una porción numerosa de nuestra especie ha sido hasta hoy mirada como un efecto permutable, y sujeto a los cálculos de un tráfico criminal: los hombres han comprado a los hombres, y no se han avergonzado de degradar la familia a la que pertenecen vendiéndose unos a otros. Las instituciones de los pueblos bárbaros han establecido el derecho de propiedad en contravención al más augusto que la naturaleza ha concedido».

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

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Sistémico e integral

El fin último para proponer que el diseño curricular sea sistémico e integral desde el origen (en oposición a diseñarlo fragmentado y tratar de unirlo a posteriori) no es el diseño en sí mismo; ni siquiera la interconexión de los saberes, sino el proveer condiciones y contextos favorables y coherentes para el desarrollo del pensamiento complejo.

Estas condiciones favorables, deben ofrecerse a lo largo de toda la educación de las nuevas generaciones desde la educación inicial y primaria hasta la universitaria. Es muy importante iniciar desde la educación básica, puesto que el pensamiento complejo está presenten en cada niño y niña, y en vez de coartarlo con planes y programas escolares lineales, es necesario alimentarlo con diseños curriculares sistémicos.

Estos diseños sistémicos, integrales y coherentes, de acuerdo con el pensamiento de Edgar Morin, y en procura de estimular el pensamiento complejo tendrían que abordar los contenidos disciplinares, en constante interrelación pero no como una representación exacta de la realidad, sino como una interpretación de la misma. Idealmente, se presentarían problemas globales que contextualizan sus informaciones parciales y locales. Un aspecto medular sería aprender sobre la diversidad y la unidad de condición humana lo que implica establecer diálogos con y entre las ciencias naturales, las ciencias humanas, la literatura, las artes y la filosofía. Imprescindible también asumir una conciencia planetaria, conocer la historia y la complejidad de las diversas realidades y las implicaciones globales de la crisis planetaria. En palabras del mismo Morin: ‘Hay que aprender a navegar en el océano de las incertidumbres a través de los archipiélagos de las certezas.’
(Eleonora Badilla Saxe en «Diseño Curricular: de la Integración a la Complejidad». Publicado en la Revista Electrónica “Actualidades Investigativas en Educación”, Universidad de Costa Rica. Agosto de 2009)

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