El carácter caduco de un objeto, una idea, un discurso no está dado en contraposición a la ventaja de la novedad. ¿Está caduco el libro; es caduco el cine, el teatro? Creo que la caducidad se presenta cuando algo se ha agotado. Cuando no activa imaginaciones ni ya es capaz de generar problema alguno. Algo caduca cuando pierde toda sensibilidad de conectarse con lo que está vivo, con lo que podría crecer. Entro a un aula y veo a los chicos conectados a sus netbooks: este mero dato no me dice nada. Aun llenos de actualización tecnológica podríamos asistir a un tiempo en el que nada pasa, en el que nada movilizante ni desafiante entre ellos acontece, pero también todo lo contrario. Si hubiera alguna caducidad, la encontramos en los modos reiterados y automatizados de hablar, de enseñar y pensar las cosas. (…) Lo opuesto a lo caduco no es la novedad sino la actitud problematizante. Pensar qué formas de agrupamiento podemos darnos para investigar juntos. En el aula, fuera del aula, en los pasillos, en la puerta de la escuela, en la calle, en el barrio. No es el espacio, es lo que nos pasa mientras compartimos un tiempo. El punto es: ¿qué queremos compartir con los pibes? ¿Qué problema podría crear una zona común entre las generaciones? ¿Qué pregunta, qué pasión me toma como maestra? El despliegue de inquietudes no se responde consumiendo compulsivamente capacitaciones ni aplicando prescripciones aggiornadas, sino investigando y probando posibilidades.
Silvia Duschatzky, especialista en educación.
Gente que dice - 28. página
Gente que nos hace pensar.
Cultura
Cultura es lo que queda después de haber olvidado lo que se aprendió.
André Maurois
‘La educación necesita de gente que pueda pensar de otra forma’
¿Mejorar la escuela? No, hay que reinventarla.
Quién afirma esto es el Prof. Sugata Mitra, docente de Tecnología Educativa en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Newcastle, en el noreste de Inglaterra. En una columna publicada originalmente en el periódico británico The Guardian y reproducida este domingo por el diario Clarín, asegura que «si en los exámenes se planteara a los alumnos resolver problemas tal como se lo hace en la vida real en la actualidad, el sistema educativo cambiaría para siempre».
El Prof. Mitra se pregunta, al comparar las habilidades que se enseñan en la escuela con las que no, si una persona que tenga buena letra, buena ortografía, buena gramática y buena memoria para las tablas de multiplicar es un candidato mejor para un empleo que, por ejemplo, alguien que sepa configurar una red de elementos, establecer un calendario Google para toda una organización o determinar dónde están las fuentes de capital de riesgo más confiables.
Y claro, la respuesta está a la vista: cuando nuestros jóvenes terminan sus estudios y empiezan a trabajar, se les pide -y se les recompensa por ello- que resuelvan problemas en equipo y con todos los recursos que puedan imaginar. Sin embargo, en la escuela se les enseñó a reproducir datos de memoria y a resolver problemas valiéndose sólo de la mente y el papel. Y por supuesto, también están los exámenes: durante las evaluaciones no deben hablar entre sí ni mirar el trabajo de los demás; no pueden usar ningún recurso educativo ni, por supuesto, Internet.
Y concluye:
No tenemos que mejorar las escuelas, sino reinventarlas para nuestra época, para nuestras necesidades y para el futuro.
En un párrafo de su columna, el especialista se detiene a analizar, a modo de ejemplo, la enseñanza de las matemáticas:
La multiplicación de cifras con papel y lápiz se considera un logro intelectual valioso. Usar un celular para multiplicar, no. Para la gente que la inventó, la multiplicación manual era sólo una tecnología conveniente. No creo que implicara ninguna otra emoción. Para nosotros, la implica. Seguimos enseñándola como una celebración del intelecto humano. A los chicos no se les enseñan los algoritmos que hacen posible la existencia de Google, sino que se les dice que Google está lleno de basura. Tenemos un apego romántico por las habilidades del pasado.
Se hace evidente, según su análisis, que los métodos de hace siglos se vuelven obsoletos y hay que reemplazarlos.
Y propone un cambio que, aun siendo muy elemental y sencillo, se presenta como toda una revolución pedagógica por sus implicancias y trascendencia: que los alumnos que resuelvan problemas tal como se lo hace en la vida real en la actualidad, a partir de un pequeño cambio de política: permitir el uso de Internet y la colaboración durante los exámenes.
En ese caso, los programas de estudios tendrían que ser diferentes. No haría falta hacer hincapié en hechos, cifras ni fechas, sino que el programa tendría que convertirse en preguntas que tienen respuestas extrañas e interesantes: ¿De dónde salió el lenguaje? ¿Por qué se construyeron las pirámides? ¿La vida en la Tierra es sostenible? ¿Cuál es el propósito del teatro?
Algunos de los logros que el Prof. Mitra anticipa de una enseñanza como esta: la capacidad de encontrar cosas con rapidez y exactitud como habilidad predominante, además de la capacidad de seleccionar entre alternativas y luego utilizar los datos para resolver problemas.
El especialista concluye afirmando que la educación necesita de gente que pueda pensar de otra forma. Tal vez sea ese, concluimos nosotros desde nuestro humildísimo espacio, el mayor desafío de la educación actual.
Fuente: Clarin.com
El día de la independencia y un sueño colectivo
Había un sueño colectivo que venía desde hace tiempo: Provincias Unidas en Sud América. Origen y destino. Un solo país con capital en Cuzco. Por aquello que sangraron los cientos de miles que habían seguido a Tupac Amaru en 1780. El mandato profundo que entendieron Artigas, Belgrano, Güemes y San Martín y que, por lo tanto, los convirtió en líderes populares.
El 19 de julio, en sesión secreta, el diputado Medrano hizo aprobar una modificación a la fórmula del juramento, agregando después de “independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”, la frase: “y de toda otra dominación extranjera.” Allí se completaba la idea surgida en los campos de batalla del continente. Ser independientes “de toda otra dominación extranjera”.
(Carlos del Frade, en «Varias independencias, varias dependencias»)
- « Anterior
- 1
- …
- 26
- 27
- 28
- 29
- 30
- …
- 41
- Siguiente »


