A mí no me preocupa la evaluación, lo que me preocupa es que esas agencias de evaluación que forman parte de un mercado educativo, lo que no tienen en cuenta es que en latinoamericana, y particularmente la argentina, la educación es pública y gratuita. En este sentido, es el Estado, y no el mercado, el que financia la educación. Además, es una falacia la falta de evaluación, los profesores somos concursados y estamos siendo evaluados sistemáticamente. La evaluación es un instrumento estandarizado, para todos igual, y a veces no toma en cuenta las trayectorias educativas diversas que tienen que ver con las condiciones de origen, que no contemplan si uno tiene o no una biblioteca o una computadora en su casa o no, si los padres han estudiado o no, como pueden ayudar. Todas esas cosas suman a la trayectoria y no se pueden pensar que todos comenzamos con la misma base. Ojala fuera así, entonces estaríamos en una sociedad más igualitaria.
Carina Kaplan, Dra. en Educación de la UBA e investigadora del CONICET
Gente que dice - 17. página
Gente que nos hace pensar.
Desigualdades
Qué nadie se engañe: las pedagogías tradicionales esconden su obsolescencia gracias a la compensación social. Dicho llanamente, las pedagogías tradicionales reproducen las desigualdades y consolidan la estratificación social. Esto está más que demostrado: el principal predictor del éxito escolar en la escuela convencional es el nivel de estudios de la madre o cuidador principal del niño. Determinadas prácticas educativas están reñidas con la calidad y con la equidad y no son precisamente «innovaciones». Una enseñanza de calidad tiene otras características. (…) creo que las desigualdades escolares se deben superar reduciendo las desigualdades sociales. En la mayoría de los casos, más allá de la escuela. Hablo de justicia social, redistribución de la riqueza, servicios públicos de calidad y cosas así. Distintos ámbitos, misma lucha. No mezclemos inopinadamente innovación educativa y desigualdades.
Boris Mir, en Innovación educativa y desigualdades.
Ridley Scott y un viaje a través de la imaginación de Julio Verne
Julio Verne, es sabido, ha ejercido una profunda influencia en el género literario de la ciencia ficción. Pero no era un profeta sino un observador: los avances científicos, tecnológicos, geográficos y astronómicos de su época no pasaban desapercibidos para este visionario. Por esto, sería acertado afirmar que más que fantasía, sus ideas estuvieron basadas en sus observaciones y deducciones.
En el documental a continuación, el gran director y productor británico Ridley Scott, quién nos ha dado dos de los más grandes íconos del género -las películas «Alien, el octavo pasajero» y «Blade Runner»-, presenta este relato de la vida del escritor considerado el padre de la ciencia ficción.
Interpelar la inteligencia
(…) lo que hace que una educación sea realmente democrática es que se niega a utilizar tanto la seducción como el hecho de forzar; así que esa educación se dirigirá a interpelar la inteligencia del otro, a la capacidad del otro a entender; y lo que va a sumar será la capacidad del docente para formular las cosas de manera cada vez más convincente. Podrá así encontrar comparaciones, formulaciones que permitirán al otro entrar en la inteligencia de los seres y de las cosas. El trabajo pedagógico es eso, finalmente: buscar en forma constante y de manera renovada la vía para interpelar la inteligencia en el otro. (…) Entonces, el hombre político y el docente tienen que interpelar constantemente esa capacidad de inteligencia, para que sea la capacidad de conmoverse que tenemos los seres humanos. Creo realmente en ello y pienso que esto tiene grandes consecuencias sobre el trabajo pedagógico que hacemos día a día. En la clase, el docente no tiene razón porque es el docente y porque posee un diploma; el docente tiene razón porque sabe explicar, sabe hacer entender, sabe interceptar la inteligencia del otro; y ve cuando el otro entiende, porque en ese momento de comprensión del otro aparece en sus ojos y en su cerebro, como una luz, un brillo; y el otro muestra que encuentra un gran placer en el hecho de entender y en el hecho de desarrollar su inteligencia.
Philippe Meirieu, en ‘La opción de educar y la responsabilidad pedagógica’.
El origen de la información
Estamos todos [los periodistas] tan obsesionados en transmitir, opinar, difundir que nos olvidamos que esos derechos no son nada sin estar apoyados en la investigación y la información. El derecho a antena no es tan crítico en una sociedad de tecnologías de redes, pero se vuelve crucial la capacidad de discernir, preguntar, indagar, ir más allá de las toneladas de información que las fuentes difunden, en muchos casos como estrategia para evitar que alguien les pregunte lo que quieren ocultar. Se cita mucho esa frase de Hearst de que informar es dar a conocer algo que alguien no quiere que se sepa (que no se sepa que viene de un magnate de los medios comprueba que es más fácil repetir que cuestionar). Sin embargo, el periodista cada vez tiene menos recursos, tiempo y poder para investigar más allá de lo que viene filtrado o promocionado por la máquina de propaganda y relaciones públicas. Entre los periodistas que encuestamos en toda Argentina surge una media de 20 notas por semana. El periodismo perdió la iniciativa frente al manejo estratégico de la información de la política y las empresas. El desafío mayor del periodismo es volver a ser el origen de la información y no meramente su comentarista.
Adriana Amado, doctora en Ciencias Sociales (Flacso) especializada en comunicación pública y periodismo.
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