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Experiencias 2.0 - 43. página

Experiencias en el aula 2.0

Facebook: un 25% de los perfiles son falsos

Rompecadenas es uno de nuestros sitios favoritos en cuestiones de seguridad en la red, por la seriedad y calidad de la información que brinda.

El boletín electrónico que publican hoy trata sobre un dato que sobrevolaba la cuestión de las redes sociales y que se confirma con las últimas investigaciones: en Estados Unidos, durante el 2011 un 25% de las personas que usan Facebook falsificaron su perfil con el propósito de mantener en secreto su identidad.

Este elevado porcentaje fue determinado mediante un estudio que llevó a cabo la organización Consumer Reports y publicado en su website. En este trabajo de campo llegaron a encuestar 2.000 hogares norteamericanos. La conclusión: muchas personas han afrontado problemas de diversa índole al usar esta red social.

En el año 2010 el porcentaje alcanzaba solo a un 10% de los usuarios, cosa que evidencia que las personas se preocupan mucho más por su seguridad en estos espacios virtuales, accediendo a Facebook con un mayor cuidado para no caer en manos de personas inescrupulosas.

Algunas cifras reveladoras: en el 2011, el 41% de los usuarios tuvieron problemas de índole personal, como ser accedidos a sus cuentas por otras personas sin su consentimiento o sufrir amenazas de otro usuario de Facebook. En el año 2010 la cifra era de un 11%.

Este crecimiento parece obedecer a que muchos usuarios manejan su perfil de una manera ineficiente, por ejemplo compartiendo demasiados contenidos con terceros. Como emergente del estudio, surge que casi 5 millones de personas usaron Facebook para decir que se iban de viaje, exponiéndolos a riesgos por demás obvios al compartir información tan sensible. Los ladrones, de parabienes.

Incluso, se menciona el hecho de que nada menos que 13 millones de usuarios de Facebook nunca han modificado sus opciones de privacidad para poner límites al acceso de la información por ellos mismos publicada.

Fuente: Rompecadenas

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Doodle del trabajador

El presidente estadounidense Grover Cleveland auspició la celebración del Día del Trabajo en septiembre, por temor a que la fecha del 1ro. de mayo reforzase el movimiento socialista en los Estados Unidos.

Lo curioso de esto es que ninguna ex colonia británica lo celebra el 1ro. de mayo sino en diferentes fechas. Sin embargo Google, empresa nativa de una de aquellas ex colonias, celebra el día con el resto del mundo publicando un muy vistoso doodle con la imagen de un obrero muy pulcro sosteniendo el logo de la empresa.

Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia… ¿o será un acto fallido?

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Una transformación humana

La transformación de la educación no requiere de una gran inversión. Estamos ante una transformación humana. El cambio está en conseguir atraer a los jóvenes a través de la emoción y la creatividad, usando la imaginación. Eso no cuesta dinero. Cuando se habla de nuevas tecnologías siempre nos quedamos en llenar las clases de ordenadores, pero es absurdo. En sus casas ya tienen aparatos más avanzados. La inversión debe estar en la forma en que se usa la tecnología, sobre todo en el software y en material online, que es mucho más barato que comprar aparatos que se quedan obsoletos.
Richard Gerver, educador

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Duerme, duerme, yo velaré por tus datos…

No, no es una frase de alguna película famosa -sería de terror, por cierto-, aunque sí podría ser la letra de la canción que Google está tocando en estos días como banda de sonido de la presentación de GDrive, el nuevo servicio de almacenamiento masivo que ofrece el gigante de internet. Simplemente, se me ocurrió al leer algunos comentarios y post al respecto de lo que GDrive ofrece -y reclama- al usuario de su servicio.

Ya nos viene advirtiendo Richard Stallman, el padre del software libre, desde que se comenzó a hablar de «alojar en la nube»:

La nube es peor que la estupidez, ya que es una pérdida del control de los datos.

Stallman es un poco fundamentalista en este sentido, y está bien, creo que debe serlo por su lugar fundante en toda esta discusión. Yo no lo soy… tanto, pero creo humildemente que cae de maduro que esto es parte del «fabuloso mecanismo de control social», como refiere Diego Levis al hablar de Facebook. Aquí podría aplicarse la misma verdad intrínseca.

En las condiciones de servicio de Google, la empresa le advierte al potencial usuario -y digo «potencial» porque debería leerlo ANTES de aceptar cualquier cosa… Usted, lector, ¿lo leyó?:

Cuando suba o de otro modo envíe contenido a nuestros Servicios, otorgará a Google (y a aquellos con quienes trabajamos) una licencia internacional para utilizar, alojar, almacenar, reproducir, modificar, crear obras derivadas (como las traducciones, adaptaciones o modificaciones que hacemos para que su contenido funcione mejor con nuestros Servicios), comunicar, publicar, ejecutar públicamente y distribuir dicho contenido. Los derechos que usted otorga en esta licencia son para el objetivo limitado de operar, promocionar y mejorar nuestros Servicios, y para desarrollar otros nuevos. Esta licencia subsistirá aún cuando usted deje de utilizar nuestros Servicios (por ejemplo, de una empresa que usted haya agregado a Google Maps). (…) Asegúrese de tener los derechos necesarios para otorgarnos esta licencia para cualquier contenido que envíe a nuestros Servicios.

Confieso que estuve tentado de buscar frases del estilo «estás al horno, flaco» en el resto del texto, pero como es obvio hubiera sido una redundancia. Es un coloquialismo innecesario porque al usuario ya lo engancharon para todo el viaje, siguiendo con las expresiones de la popular. Todo lo que el usuario haya subido o suba en el futuro les pertenece. Para un uso limitado, según dicen, pero les pertenece. La pregunta que surge es ¿quién pone esos límites? Pero ya será tarde.

Usted y yo sabemos qué cosas hemos guardado en nuestra computadora de nuestra casa o de la oficina. Sabemos cuando borrarlo y, por regla general, nadie más que nosotros accede a la información almacenada en nuestra computadora. Pero sin dudas requiere un «acto de fe» de nuestra parte creer que «ellos» -usted que leyó «El Eternauta», implique- velarán por nuestra información y no van a usarla, y ni siquiera nos espiarán para ver que hacemos.

¿Quién maneja el botón de encendido -y apagado- de la computadora de Mr. Google?

Por mi parte, y reconociendo los beneficios de un sistema de este tipo, sólo lo usaré para cuestiones ligeras, como algún práctico de los alumnos o información sin mayores consecuencias. Y explicando los riesgos.

En lo profundo de mis convicciones, confieso, creo que nos siguen cambiando oro por baratijas.

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